• Gloria Ocampos-Prieto
  • gloria.ocampos@nacionmedia.com
  • Fotos: Néstor Soto

Detrás del maquillaje, la nariz roja y las risas que reparte en cada función, hay un papá lidiando con la misma logística, dudas y desvelos que cualquier otro. Javier “Javo” Cano, el payaso paraguayo que junto a la artista suiza Séverine Moser lidera la entrañable compañía La Familia Café con Leche, nos abre las puertas de su intimidad en este Día del Padre.

A lo largo de los años, la pareja conformada por Javo y Séverine creó espectáculos participativos y educativos como “¿Dónde está Eugenio?”, “La fábrica” y “Vassilissa la hermosa”. La compañía es parte de la Asociación de Titiriteras y Titiriteros de Paraguay (Atipy) desde 2022.

Con tres hijos nacidos en diferentes rincones de Sudamérica, Miya (10, Argentina), Cloë (8, Paraguay) y Urutau (5, Colombia), Javo reflexiona sobre lo que implica criar de forma itinerante, desmitifica la supuesta perfección del arte y reivindica la inteligencia emocional como el mejor legado para dejar a los hijos en este mundo caótico.

–¿Podés contarnos en primer lugar cómo se compone tu familia?

–Comenzando por la mamá, Séverine Moser que nació en Suiza, después viene Miya, que nació en Argentina y tiene 10 años, Cloë que nació acá en Paraguay y tiene 8, y Urutau que nació en Colombia que tiene 5 añitos. Yo nací acá, somos dos contra tres.

–¿Cómo nace la Compañía Clown La Familia Café con Leche?

–Cuando empezamos a trabajar juntos Séverine y yo, lo más notable era el contraste de color de piel. No pensamos mucho y decidimos ser Café con Leche. Todavía no éramos una familia, solo éramos una pareja, pero pronto cambió la cosa.

–¿Qué actividades realizan y en qué momento se encuentran?

–Somos principalmente payasos, pero tenemos otras actividades como guiar un grupo de teatro comunitario en Areguá, yo también doy clases de kung-fu y colaboro con otros elencos como Valorarte o Kunu’u Títeres... Séverine y yo somos miembros fundadores de Atipy, que es la Asociación de Titiriteros y Titiriteras del Paraguay. Actualmente estamos levantando las paredes de nuestro propio lugar en Areguá, un lugar que aparte de ser nuestro hogar está planificado como un centro cultural de teatro, danza, acrobacia en telas, kung-fu, música y otras actividades culturales de esa índole multidisciplinaria.

–¿Cómo es la rutina de la familia? Muchos se imaginan que la rutina de un papá artista es pura diversión. ¿Cómo es realmente?

–Es muy parecida a todas las familias, desayunar, prepararnos para nuestras actividades... Lo único es que en vez de trabajar en una oficina a veces nos toca trabajar en colegios frente a un montón de niños, o en una plaza, o gestionar las actividades culturales... Uno cree que ser actor o ser payaso es así nomás, pero hay una tonelada de gestión por detrás...

PATERNIDAD EN MOVIMIENTO

–La itinerancia y el arte hacen distinta una vida. ¿Qué agregó la paternidad a la travesía que llevan adelante?

–Cambió nuestro ritmo. Antes circulábamos más en ámbitos nocturnos de lo que es el arte. Varietés en bares, obras de teatro, ensayos hasta la medianoche... todo eso es parte del pasado. Nuestros horarios de ensayo y de trabajo en sí se modificaron de acuerdo al horario de las siestas de los peques, de sus comidas... y si bien durante mucho tiempo nos acompañaron (y siguen acompañando) a diferentes actividades, siempre teníamos una doble labor ahí. Si preparábamos un taller con estudiantes de universidad, teníamos que tener también resuelto qué iban a hacer los peques durante ese tiempo. Un paquete de chipitas, jugo, dos o tres libros, una bolsa de legos...

–Cuando pensás tu paternidad, qué cosas en común sentís que tenés o que compartís con los demás padres que conocés?

–El miedo al fracaso supongo que es universal, ese “estoy pa siendo buen padre o me estoy mandando una macanada seria?”, que todo el mundo tiene. Y ver que van destacando en uno u otro ámbito, eso es el orgullo de todos.

INTELIGENCIA EMOCIONAL

–Vivís una forma de pensar. ¿Qué es lo que más querés que tus hijos aprendan de eso?

–Que tomen sus propias decisiones desde pequeños. Que sean independientes. Que sepan lo que quieren. La inteligencia emocional es algo que no siempre se fomenta en este mundo que vivimos. Y muchas veces se llega al famoso “burnout” para recién empezar a pensar en eso. Me gustaría pensar que cuando les toque la adultez sepan manejar sus ansiedades y sobre todo que sepan que este es un mundo caótico, que sepan valorarse más a sí mismos que a la fachada que nos obliga la sociedad a mantener, muchas veces una fachada vacía.

–¿Cómo convivís con la mirada de los otros ante tu apuesta de vida artística y paterna?

–Por suerte supe ir juntándome con gente que tiene miradas similares a las mías. Seguramente hay mucha gente que no comparte mi forma de vivir, pero me parece más sano ir buscando siempre gente que busca crecer con los demás y no gente que busca crecer “a costa” de los demás. De esta clase de personas por suerte no abundan tanto como la primera clase, pero son los que más sobresalen cuando te tocan.

–Podrías contarnos alguna anécdota con tus hijos que haya transformado tu manera de pensar o que haya reafirmado algo?

–Es difícil ser padre. No es para todo el mundo. Hay que tener mucho coraje para asumir los errores. No se me ocurre ahora un evento específico, pero te puedo decir que hay todo el tiempo situaciones que hacen tambalear los límites de mi paciencia... y hay que saber diferenciar cuándo ser flexible y cuándo ser estricto... Esa es la parte más difícil. Seguramente voy a llegar hasta la tumba sin haber sacado mi máster en esta materia.

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