Se fue especializando cuando sus colegas, que centraban su atención en perros, gatos y animales domésticos, le derivaban casos difíciles de aves tropicales, grandes felinos y una variedad de reptiles que son furor como mascotas en estas tierras lejanas. Regentea hoy su propia veterinaria, Vet Exotic, que es todo un suceso en República Checa, uno de los países del mundo donde más se crían y adoptan animales raros.

“Yo también me sentía algo exótico aquí”, dice el compatriota Sebastián Franco desde Praga, la capital de la República Checa, lugar en el que vive y trabaja desde hace 16 años.

Veterinario de profesión, cuenta en diálogo con El Gran Domingo de La Nación que su especialización fue decan­tando al entender que había todo un mundo en los ani­males exóticos que no estaba convenientemente atendido. Según entiende, esa caracte­rística se dio “porque era el principal país en un corredor de tránsito de especies exó­ticas que iban a zoológicos y colecciones privadas entre el Oriente y el Occidente euro­peos. Así fue que mucha gente comenzó a criarlos al punto de que hay un mercado importante hoy”, comenta.

“Cada dos meses hay unas expos en las que se venden e intercambian animalitos que son bastante populares”, agrega.

En ese mundo, Franco vio la oportunidad que le viene dando gratas sorpresas pro­fesionales. Por ejemplo, en estos días le tocó atender un heloderma, un reptil caracte­rístico de México: “Si te muer­den no sueltan, te agarran fuerte y meten el veneno, es muy peligroso”, cuenta expli­cando que le trajeron cuatro ejemplares de estos pequeños lagartos de unos 30 centíme­tros de largo para que pudiera identificar el sexo de los mis­mos. Este procedimiento se realiza a través de un equipo de rayos X que Sebastián incorporó a su equipamiento.

“He atendido canguros y camellos que la gente tiene en zoológicos privados y que me toca visitar”, relata el com­patriota, que también sale de la veterinaria a hacer curas a domicilio.

Así, entre sus pacientes estu­vieron tigres, leones, llamas. “Incluso atiendo cocodrilos, es peligroso, pero tiene su contrapartida que al hacer visitas permite salir de la rutina de la clínica, viajar y ver cosas nuevas”, dice.

“El animal más raro que tratamos fue una tortuga del Cabo, un animalito del que existen 30 unidades en Europa y es muy valioso”, apunta.

UNA PUERTA AL MUNDO

Trabajar en Praga es tam­bién coexistir con turistas de todas las nacionalidades que visitan una de las ciu­dades más destacadas como destino en el mundo.

“Hay muchos turistas todo el tiempo y eso tiene su impacto en el tránsito. Me levanto a las 7, llevo los niños a la escuela y de 9:00 a 11:00 hago consul­torio y de 11:00 a 14:00 ciru­gías”, relata.

“Son dos en promedio por día y después de 14:00 a 18:00 atendemos los otros clientes agendados y entre esos a los que llaman por alguna emer­gencia. Lo normal es termi­nar a las 18:00, aunque mi día rara vez termina antes de las 21:00”, cuenta de su día a día. Esa apuesta al trabajo viene rindiendo sus frutos, ya que quizá también por lo cosmopolita de la ciudad, su tienda Vet Exotic comenzó a recibir a gente de otros paí­ses que venía a hacer atender sus mascotas.

“Ahora ya es casi habitual tener gente de Alemania y Eslovaquia, pero lo más raro que me pasó fue un cliente que trajo una coto­rrita desde Vietnam, vino para una operación y des­pués se fue”, apunta no sin cierta sorpresa.

“Cada año que pasa crece­mos más y vamos agran­dando el equipo y estamos encarando la construcción de una clínica más grande para que puedan entrar más pacientes”, se entusiasma.

RECONOCIMIENTO

La calidad de su atención y su impacto motivó que la sección iberoamericana de Radio Praga Internacional, en su edición en español, le hiciera una extensa entre­vista en la que destacó que el compatriota atendió “erizos, hurones, axolotles, salaman­dras, aves, reptiles e incluso conejos”. WSu especialidad hizo incluso que lo llamara la policía cuando un canguro se escapó y merodeaba una autopista de acceso a la capi­tal. “Tuvimos que darle dar­dos tranquilizantes con una cerbatana para que duerma y poder atraparlo”, contó en la nota con los colegas. Por ejemplo, mucha gente cría el lagarto agama, “un rep­til de unos 30 centímetros”. También lo visitan clientes con boas y pitones y se dan muchos casos de desconoci­miento de los animales.

Sebastián les recomienda siempre que “antes de com­prar un animal, tienes que saber de dónde es el animal, qué come, cómo vive y cuáles son los requerimientos físicos que necesita: la jaula, la luz y todo eso. Por ejemplo, aquí en mi clínica veo que en República Checa hay unos reptiles que se venden mucho que se llaman gecko leopardo y en checo es gekončík noční, cuya traduc­ción al español sería ‘gecko nocturno’. La gente piensa: ‘Voy a comprar uno de estos, que como es ‘nocturno’ no necesita luz, rayos ultravio­leta, vitamina D ni calcio. Lo compran, lo tienen así dos o tres meses en la casa y por eso mismo agarran una enferme­dad”, le comentó al periodista Juan Pablo Bertazza.

Expone en la nota que una de las situaciones más difíciles con las que tienen que lidiar en su oficio es la conexión de la gente con sus mascotas. “Hay muchos casos en los que viene una coto­rrita pequeña que está con una señora de 80 años y llevan 10 años juntos. La cotorrita se enferma de un tumor incurable y la señora te dice: ‘Yo no quiero que se muera mi cotorra, si se muere yo me muero’. Entonces, viene toda esa cadena: tengo que salvar a esa cotorra por­que si no lo hago, la señora va a entrar en depresión y se muere ella también. Entonces, tengo que salvarlo para salvar a la per­sona, para que a su vez salve a la familia y, quién sabe, a más partes de la cadena. Entonces, es muy difícil esta parte de la profesión”.

Un oficio increíble, exótico también.

UNA FAMILIA “CHECOGUAYA”

“Extraño mucho mi familia, la comida, los amigos, el ambiente, el sentir y no extraño los baches ni el transporte público”, cuenta entre risas Sebastián Franco, el veterinario paraguayo respon­sable de Vet Exotic, una muy especializada clínica de mascotas en Praga, República Checa.

Sebastián habla perfectamente el checo, que aprendió en dos años: “Mi señora es checa y tengo dos hijos, Antonio y Rosalía, que son ‘checoguayos’. Con ellos, los fines de semana sole­mos visitar las afuera de Praga o vamos a algún evento, nos gusta más la vida tranquila, así que nos es mejor tomar distancia de la ciudad buscando un poco de paz”, relata.

El frío es otro elemento difícil en la adaptación. “Aquí en República Checa hace mucho frío y las personas también pueden ser muy frías, eso es algo que también se extraña porque nosotros somos joviales en Paraguay”.

Relata que “hace dos años cuando tuvimos un tiempo fuimos a casa de mis padres y presen­tamos a los niños a mi mamá”, dice contento. “Ella está muy orgullosa de su hijo que hizo una empresa en un país tan lejano”, comenta.

Oriundo de Capiatá, recuerda que dio sus primeros pasos en la Universidad Nacional de Asun­ción (UNA): “Estudié tres años allí y salió una posibilidad de venir a la República Checa, donde tuve que reiniciar mis estudios desde el principio. Así que hice seis años de carrera, un pos­grado en Inglaterra y después recién abrí mi clínica”.

UNA MASCOTA ESPECIAL

En el jardín de la casa de Sebastián vuelan unos ruidosos papagayos, pero el preferido de todos es Jerry, un caracal al que le salvó la vida. Se trata de un gato africano que es parecido a nuestro puma, aunque un poco más pequeño, ya que pesa unos 20 kilos.

“Vive con nosotros, duerme en el sofá, corretea por el patio”, lo describe Franco. “Es manso, no salta la verja y cuando tiene frío se para junto a la ventana y pide que le abramos”, dice.

“Come mucha carne y se lleva bien con mi señora y mis niños. Cuando viene visita, respeta. Lo que sí no le gustan son los otros gatos (risas). Cuando los ve por el patio los persigue y los echa”, relata.

Jerry llegó a la clínica hace unos cinco años: “No podía cami­nar y tenía problemas de absorción de calcio. Yo creo que era un tipo de epilepsia por la falta de calcio o por su gené­tica… La dueña anterior quería que le diéramos solo calcio, pero le hicimos unos cuantos rayos X y vimos que tenía la patita rota y que el cuadro requería internación”, le contó a Radio Praga Internacional.

“Entonces tuvimos una batalla ahí con la persona para que nos deje el gato porque teníamos que curarle, pero tuvimos muchos problemas para darle medicamentos. No por parte del gato, porque él se dejaba, pero sí por parte de la dueña porque no quería que le curemos porque luego de que le enviáramos los rayos X para que ella viera que las cosas estaban mal, nos dijo que como no era curable había que sacrificarlo”, relató.

“Estuvimos peleando como dos semanas para que nos lle­gara la eutanasia y le propusimos que si nos regalaba el animal, nosotros intentaríamos curarlo con nuestro dinero. Entonces, después de intenso tratamiento, nos vino un papel a través del cual nos donaba el gato y podíamos hacer lo que quisiéramos, por ejemplo, una cirugía. Pero en ese tiempo tuvimos muchos problemas porque un día nos rega­laba el gato y otro día volvía con lo de sacrificarlo, o nos decía que iba a venir de noche a retirar al gato y devolverlo a la persona a la que se lo compró porque no tenía sentido curarlo. Pero cuando nos dio ese papel, nosotros le cerra­mos la cuenta y llevamos al gato a un especialista en huesos y él nos dijo que había un 20 % de chances de que pudiera caminar porque tenía todo roto. Tuvo tres cirugías que cos­taron como 100 mil coronas, (unos 33.500.000 guaraníes), pero lo curamos y después estuvo con yeso mucho tiempo”.

Ahora es una mascota ideal, algo rara, pero muy cariñosa.

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