El 24 de octubre de 1930, la muerte en circunstancias dramáticas del dos veces presidente de la República y ministro de Hacienda en ejercicio, Eligio Ayala, producía consternación nacional. A 95 años de ese suceso, la figura del estadista sigue siendo motivo de admiración y orgullo por su alta formación y calidad moral.
El Dr. José Eligio Ayala fue primero presidente provisional y luego presidente constitucional del Paraguay en el periodo 1924-1928. Fue una pieza clave en el fortalecimiento de las finanzas públicas en un periodo difícil de inestabilidad política y de preguerra, cuando el país realizaba aprestos bélicos en medio de un absoluto sigilo para una nueva conflagración internacional, esta vez contra Bolivia por la posesión del Chaco Boreal.
En este diálogo con La Nación/Nación Media, el historiador Erasmo González, autor del libro “Eligio Ayala. El presidente reformador” (2021), habla de los orígenes de esta personalidad de extracción humilde que superó numerosos obstáculos para convertirse en uno de los mejores estadistas del Paraguay del siglo XX.
Erasmo González, autor del libro “Eligio Ayala. El presidente reformador”
–¿Podrías contarnos un poco quién fue Eligio Ayala, desde su origen hasta su formación?
–El 4 de diciembre 1879, en Mbuyapey, departamento de Paraguarí, doña Manuela de Jesús Ayala traía al mundo a dos criaturas, Emilio y Eligio, gemelos cuyos caminos fueron distintos. El primero se convirtió en un maestro rural, mientras que Eligio sobrepasó las limitaciones que el contexto social le imponía y llegó a ocupar cargos públicos hasta convertirse en presidente de la República, no sin antes haber obtenido el doctorado en Ciencias Jurídicas y Sociales por la Universidad Nacional de Asunción en 1905 para luego viajar a Europa y adquirir nuevos conocimientos.
APORTE INTELECTUAL
–Ayala es recordado como un ilustrado estadista de elevada moral. ¿Cuáles son las evidencias que hay sobre esta conducta?
–Primero hay que mencionar que Eligio Ayala fue parte de la generación del 900 (el movimiento intelectual más importante en la historia política del país). Sus escritos representan el pensamiento de un intelectual que fue comprendiendo las necesidades del país, los vicios que le asechaban y las limitaciones culturales que la nación vivía. Obras como “Migraciones” constituyen una crítica a la corrupción y la desidia de aquellas autoridades. Anhelaba una doctrina social afianzada para proyectar un Estado más moderno. El doctor Ayala, a pesar de ocupar varios cargos públicos, no ostentó lujos ni privilegios, pues como decía Arturo Bray “vivió siempre con espartana sencillez, pero sobradamente digno”.
–Visto en perspectiva, ¿cómo se podría definir hoy el modelo liberal que pregonaba Ayala en su discurso y en su acción?
–Las obras emprendidas por este presidente fueron muy significativas al querer reordenar el Estado, proponiendo reformas que permitiesen modernizar a la nación e inculcar la honestidad en la administración pública. Sus discursos reflejan la visión de un doctrinario liberal interesado en la cuestión social. Además de combatir los males que condicionaban el atraso del Estado, buscó embanderar los postulados liberales de justicia, educación y participación política, problemas que aquejaban al país.
–¿Con qué país se encuentra Ayala tras la revolución de 1922?
–La revolución de 1922 demostró la fragilidad de las instituciones en el país, incluso dentro de la esfera militar. Por ello la sublevación contra las autoridades constituidas. Las consecuencias de la guerra civil de 1922-1923 fueron terribles, como la pérdida en recursos y tiempo, teniendo en cuenta lo que representó para el Estado los meses de lucha, y que terminaron por debilitarlo más en aquella década en que la incursión en el Chaco ya presagiaba conflictos de gran envergadura como lo fue la guerra.
LIDERAZGO Y AUTORIDAD
–¿Existió un espíritu fundacional en su forma de proyectar el país?
–El mérito del doctor Ayala fue demostrar liderazgo y autoridad para bregar por un país donde se afiance el respeto a las instituciones tras una lucha armada interna que fue muy complicada. Basta con considerar lo complejo que resulta administrar y gobernar un país incluso en tiempos de estabilidad política. Por ello, el mérito de establecer reformas y reordenar las instituciones optimizando los recursos e incentivando el desarrollo de las industrias lo convierte en un destacado y valorado estadista.
–¿Cuáles son las reformas más relevantes que planteó durante su mandato?
–Considerando lo necesario de realizar reformas en un país como el Paraguay, que hasta 1924 tuvo solo cuatro presidentes que lograron culminar su mandato conforme a la Constitución, el doctor Ayala, con una política austera, encaminó su gobierno a varias reformas que debieron tener proyección. Una de ellas fue la financiera, permitiendo generar excedentes en el Estado, establecer la reforma educativa con la participación del recordado pedagogo Ramón I. Cardozo y permitir participar en las elecciones a los adversarios políticos en tiempos en que el ausentismo de la oposición era la constante. Además, la reforma en el Ejército fue una decisión determinante para lo que fue luego la guerra del Chaco.
–¿Cuáles son las principales acciones políticas que hicieron de Ayala uno de los presidentes más respetados en la historia del país?
–Es recordado como uno de los estadistas más importantes del Paraguay porque sus medidas de gobierno fueron oportunas en tiempos en que el conflicto por el Chaco originaba tensiones externas e incluso internas. Además, cuidó rigurosamente los recursos del Estado, situación que en su momento le pudo generar antipatías, pero cuyo legado es recordado significativamente hasta el presente.
Obra teatral recrea el incidente pasional en que murió Eligio Ayala
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La obra de teatro “Eligio Ayala, la muerte del pensador de Rodin” continúa con funciones en Arlequín Teatro (Antequera casi Teniente Fariña, en Asunción), este sábado y domingo a las 20:30. Esta producción de Arkhé en escena seguirá el próximo fin de semana, del viernes 24 al domingo 26 de octubre, con actuaciones de Alan Jara, Chapi Leiva, Noemi Florentín, Nathaly Peláez, Natalia Silva, Camilo Sánchez, Sol Bordón, Pablo Rodríguez.
Después del éxito de “Amor platónico”, Walter Mers regresa a la dirección y lo hace en conjunto con el investigador e historiador Fabián Chamorro, cuya investigación histórica sirve de base para traer a escena uno de los episodios más enigmáticos de la política paraguaya: la trágica muerte del expresidente Eligio Ayala.
La obra reconstruye el drama íntimo que rodeó su caída. El 24 de octubre de 1930 falleció Ayala, figura central del Paraguay de los años 20 y 30, reconocido por su austeridad y sus reformas económicas. Inspirada en el manuscrito del comisario Luis Escobar —jefe de la Policía de Asunción—, entregado en su momento al presidente José P. Guggiari y divulgado décadas después por Manuel Pesoa bajo el seudónimo de Paulo Gelio.
Según el informe, Ayala había mantenido una relación con una concubina, madre de dos de sus hijos, antes de involucrarse sentimentalmente con las jóvenes Hilda Diez y su hermana, quienes habían llegado a Asunción como sirvientas en su casa. Posteriormente, buscó rehacer su vida con la joven de la alta sociedad Chona Abreu, pero sus antiguos lazos y los celos truncaron su proyecto matrimonial.
El conflicto alcanza su clímax cuando Ayala descubre que Hilda mantenía una relación con Tomás Bareiro, funcionario del Banco Agrícola bajo su órbita en el Ministerio de Hacienda. La noche del 22 de octubre de 1930, Ayala irrumpe armado en la casa de Hilda: un intercambio de disparos con Bareiro desencadena la tragedia. Entre historia y teatro, la obra muestra cómo incluso los estadistas más influyentes no escapan a la fragilidad de las pasiones humanas.
Los “profesionales de la política” que están destruyendo el país
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Improvisados en el arte de gobernar y sin ningún conocimiento de la naturaleza y funciones del Estado, disfrazaron su osadía para arremeter contra lo ignorado con el pomposo título de “profesionales de la política”.
Personas que jamás en su vida tuvieron un trabajo riguroso y sin siquiera conocer los rudimentos de cómo se administra una despensa, por azares de la vida, encontraron la puerta fácil para el enriquecimiento rápido. No por hartamente conocida, la expresión del doctor Eligio Ayala deja de tener siempre vigencia en nuestro medio, sobre todo, cuando vemos todos los días cómo avanzan los depredadores del erario para desterrar el mérito, la decencia y la virtud. Ya en 1915, el que fuera presidente de la República escribía en la ciudad de Berna, Suiza, su memorable (aunque poco difundido y escasamente leído) libro “Migraciones”. “Para fabricar salchichas, decía, se requieren aptitudes especiales; para ser legislador o ministro en el Paraguay, el talento y los conocimientos son superfluos.
La preparación, el carácter, la honestidad, a veces, estorban”. Y como si estuviera dirigiéndose a la actual administración que nos desgobierna, agrega: “Los que ocupan los puestos públicos creen saber todo, se creen aptos para todo, pierden la conciencia de su propia ineptitud”. Es notable cómo, cien años después, las mismas caracterizaciones que definían a los hombres de aquella época siguen predominando, como un retorno inagotable, en el escenario político nacional.Muchos han buscado en los cargos públicos suplir sus carencias intelectuales. Una figuración que no iban a conseguir desde otros campos de la actividad humana.
El doctor Ayala conocía a fondo nuestra idiosincrasia, que es, al mismo tiempo, una crítica a nuestro pueblo: “Cualquier mentecatillo gozará de todas las reputaciones, de la de economista, financista, jurisconsulto, poeta, estratega y geómetra, desde que le caiga en suerte un puesto público”. En nuestro medio, no son pocos los que declararon con sus acciones que no pueden sobrevivir alejados del calor del poder. Para la vanidad y la corrupción. Se acostumbraron y, a la vez, acostumbraron a toda su familia a habitar exclusivamente en la zona de confort, sin que conozcan el esfuerzo de ganarse el pan mediante el trabajo digno. Medran con el Estado. Forman parte del linaje de los presupuestívoros con sus ínfulas de castas superiores, inconscientes de que “la única aristocracia paraguaya es la aristocracia de los altos funcionarios públicos”. Desaparecido el cargo, solo queda la oscura soledad y la orfandad que desespera a quienes necesitan de la lisonjería y el halago como el oxígeno que respiran. Porque carecen de talento y de credibilidad para la distinción social.
En los últimos meses hemos presenciado una campaña sucia y violenta en contra del único proyecto interno de la Asociación Nacional Republicana (ANR) que logró extender su predominio fuera de los círculos del poder gubernamental. A diferencia de aquellos que se esfumaron por falta de liderazgo, que solo estaban vigentes por el prebendarismo clientelar, el movimiento Honor Colorado continúa incomodando a sus adversarios fuera y dentro del Partido Colorado. Y entre los de afuera hay que incluir a las cadenas mediáticas de Natalia Zuccolillo y Antonio J. Vierci, y sus periodistas que respiran el mismo aire enviciado de sus patrones. Especialmente aquellos y aquellas que han sacrificado la información por su pretendida y petulante fama. Y convirtieron la crítica en propaganda contaminada de falsedades y calumnias, sin ningún rigor analítico, intentando instalar sus opiniones interesadas como si fueran la verdad objetiva e irrefutable. Sin embargo, se desmoronan como castillos de naipes ante argumentos fundados en la evaluación comedida de los hechos.
Desde adentro, el lenguaje maniqueo y belicoso fue inaugurado por el entonces precandidato presidencial y vicepresidente de la República, Hugo Velázquez. Un mandatario descontrolado, Mario Abdo Benítez, profundizó el hilo del discurso verbalmente hostil cuando decidió pisotear la Constitución Nacional postulándose para la titularidad de la Junta de Gobierno de la ANR. Y, como era de esperarse, apareció el director de Yacyretá, Nicanor Duarte Frutos, con el único idioma que conoce: la ordinariez agreste y la obscena chabacanería. Un discurso caduco, agotado, sin poder de convencimiento, que ya hartó al electorado, especialmente a los más jóvenes, y que fue uno de los detonantes para la caída del Partido Colorado en el 2008. Se sumó, tímidamente, el precandidato a la Vicepresidencia Juan Manuel Brunetti Marcos, y ahora, el sustituto de Hugo Velázquez, el ex pastor evangélico Arnoldo Wiens, carente de toda gracia y empatía. A propósito subrayamos lo de “ex pastor”, pues, sus palabras chocan violentamente con la Palabra de Dios. Pero por algo ya eligió la política: para aumentar la legión de los ambiciosos improvisados.
Y cerramos con otra expresión del doctor Eligio Ayala, como si fuera un mensaje de un ex presidente a otro ex presidente, que está obsesionado por los cargos (“como prestigio social y fuente de ganancias y de recursos”), principalmente por su personaje de ridícula zalamería al actual jefe de Estado: “Valen más ciertas contorsiones y genuflexiones que veinte años de estudios, que la decencia y la probidad”. Visionario fue este gran estadista.
El 15 de julio de 1927 se registró un sangriento episodio que ha quedado casi en el olvido: la matanza de Puerto Pinasco. Al cumplirse 93 años de la masacre contra trabajadores de una taninera, comparto una entrevista realizada vía correo electrónico al investigador británico Andrew Nickson, autor de un artículo sobre este episodio poco conocido de nuestra historia.
En su artículo “Una historia olvidada. La matanza de Puerto Pinasco”, publicado en la revista Novapolis en octubre del 2013, el profesor de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Birmingham reseña la historia de una huelga realizada en la taninera de la empresa norteamericana International Products Corporation (IPC) en la ciudad de Puerto Pinasco, departamento de Presidente Hayes.
La medida en reclamo de mejores condiciones laborales fue respondida con una represión que derivó en una cantidad de víctimas de al menos una docena de personas entre muertos y heridos graves, según Milda Rivarola, y más de veinte, según Juan Alfredo Ramírez, señala el autor.
Nickson subraya que el gobierno de Eligio Ayala logró ocultar el episodio “con mucho éxito”. Por entonces, el ex mandatario Eusebio Ayala, quien volvería a ocupar la presidencia en 1932, se desempeñaba como vicepresidente de la firma en Paraguay y director regional en Asunción.
Las versiones sobre el suceso indican que el levantamiento fue iniciado por los hacheros, los más explotados en la cadena de la industria del quebracho. En una comparación casi obligatoria, el autor señala las similitudes con la masacre de Curuguaty y la operación llevada a cabo por las autoridades con el fin de ocultar la verdad de lo ocurrido. Al igual que en Marina Cué, no fueron investigadas ni la actuación oficial ni la de los directivos de la empresa y todo el castigo recayó en los huelguistas.
Además de las mejoras salariales, jornada de 8 horas, derecho a la sindicalización y turnos rotatorios en la fábrica, los obreros también exigían terminar con el monopolio de la despensa de la IPC y su combo de “vales”, tan bien descrito por Rafael Barrett como una estrategia de esclavización de los mensúes.
Andrew Nickson, investigador británico. Foto: Gentileza.
– Existe una controversia sobre la fecha exacta en que ocurrieron los acontecimientos. ¿Fue el 4 o el 15 de julio? ¿Por qué esta diferencia en el registro? ¿En qué se basa para sostener que fue el 15 de julio?
– Aunque no es cierto que “la prensa asuncena no se hizo en absoluto eco de estos acontecimientos”, según señala Milda Rivarola, debido a la gran distancia y pésimas comunicaciones al interior del país de entonces, solamente unas magras y muy distorsionadas noticias se filtraron en la capital sobre lo acontecido. Tres periódicos asuncenos de la época (El Diario, El Liberal y La Nación) reportaron sobre los “Sucesos de Pinasco”.
El Diario basaba su informe casi exclusivamente en las declaraciones de Eusebio Ayala, quien había viajado a Pinasco después de la matanza. “Los sucesos de Puerto Pinasco” (El Diario, Asunción, 25 de julio de 1927). Es en esta entrevista con Ayala en la que aparece una fecha exacta (15 de julio): “Los obreros no habían pedido ninguna modificación en las condiciones de trabajo, hasta después de descubrirse el complot. El mismo día de los sucesos, o sea el viernes 15, el administrador, Sr. Scott, recibió una hoja sin firma escrita con visible prisa pidiendo la jornada de ocho horas y otras mejoras”. Por otro lado, Ayala miente cuando dice al inicio de la entrevista: “En Pinasco no hubo huelga”. ¿Quizás tuvo algún motivo de ‘cambiar’ la fecha de la huelga?
Por otro lado, en “Los sucesos de Pinasco” (La Nación, 21 de julio de 1927), se dice lo siguiente: “El gobierno está en el deber de investigar la verdad de los hechos ocurridos. En Puerto Pinasco se ha producido hace unos días una huelga”. Aun cuando es impreciso, “hace unos días” se aproxima más al 15 de julio que al 4 de julio.
Es probable que la fecha del 4 de julio se basa en los informes de la diplomacia francesa de la época (Perrot a Briand) citados en el excelente trabajo de Milda Rivarola, “Obreros, utopías y revoluciones”.
Hasta ahora no existe una fuente definitiva sobre la fecha de la huelga y matanza de Puerto Pinasco. Esto refleja tanto la lejanía del lugar en esa época, pero también sigo teniendo la fuerte sospecha que la magnitud del mismo fue encubierta por razones políticas. Si tuviera que apostar, diría que fue el 15 de julio.
– ¿De qué manera un episodio de la magnitud y gravedad de la matanza de Puerto Pinasco pudo quedar en el olvido?
– Entre los factores figuran el obvio interés por parte de las autoridades de la época de tapar lo ocurrido así como la lucha entre socialistas y anarquistas para el control del movimiento sindical en panales. Para 1927 el liderazgo nacional del movimiento obrero quedó firmemente bajo el control de socialistas, quienes se oponían al liderazgo de la huelga en Pinasco, de tendencia mayormente anarquista. Las escasas referencias a la huelga de 1927 en el segundo tomo de las memorias de Francisco Gaona, fuente principal de la historia sindical paraguaya, son muy llamativas.
Asimismo, a pesar de que cubre el período, el informe –de fuerte contenido antianarquista– presentado por Rufino Recalde Milesi a la Internacional Sindical Roja en Moscú, en el año 1930, no dice nada de Puerto Pinasco. A esto hay que añadir la tradición básicamente oral del pueblo rural de entonces, cuyo idioma fue en un casi cien por ciento el guaraní. Pero aun así, llama poderosamente la atención que la llegada de aproximadamente 500 personas (entre huelguistas y familiares expulsados) en el puerto de Asunción a los pocos días de la tragedia no despertó eco alguno en la prensa local. A mi parecer, el hecho de que los periodistas de la época no hayan buscado testimonios “de primera mano” al entrevistar a los recién llegados nos habla a montones acerca de la enorme brecha social entre la intelectualidad asuncena y el pueblo en ese entonces.
El expresidente Eusebio Ayala fue directivo de la IPC. Foto: Gentileza.
Existe poca información acerca del génesis de la protesta de 1927, aunque probablemente fue liderada por los hacheros, los más explotados del personal, a quienes se les pagaba por destajo, a través de terceros, y con mucha demora. Los huelguistas marcharon al puerto, donde consiguieron la solidaridad de los obreros de la fábrica y del puerto. Sus demandas fueron la apertura del puerto, atención médica a sus familiares y un aumento salarial. Al ser negados sus reclamos, como medida de protesta ocuparon la usina y la comisaría, amenazando con incendiar los depósitos.
La respuesta de la gerencia fue contundente. El comisario local, que en la práctica actuaba como funcionario de la empresa, mandó apresar a los líderes de la “comisión directiva” de la huelga. Pero al serle imposible realizarlo, la empresa envió un mensaje por código Morse pidiendo auxilio del cuartel de Concepción, que envió un pelotón de 30 a 35 soldados quienes, en su intento de desocupar el puerto, ametrallaron a los huelguistas.
También hay una clara explicación política de autocensura por parte de la prensa asuncena, que destapa una carta con fecha 20 de julio de 1927 del cónsul francés en Asunción, Monsieur G. Perrot, dirigida al Ministerio de Relaciones Exteriores en París sobre lo acontecido en Puerto Pinasco. La misiva destaca el hecho de que la prensa haya seguido las instrucciones del gobierno de no hacer ruido sobre el tema y haber demostrado un ejemplo de disciplina periodística.
– Antes de la matanza se refiere a otras grandes huelgas realizadas bajo la inspiración de las corrientes obreristas de entonces. ¿Sabe de otros dirigentes, además del obrero Esteban Cardozo y el argentino Benigno Castaño, que hayan participado de la huelga?
– De hecho, hubo una creciente militancia de los sindicatos a partir de la segunda década del siglo veinte. El caso más emblemático fue el de los obreros marítimos, cuyo sindicato –la Liga de Obreros Marítimos del Paraguay (LOMP)– fue, sin duda, el más organizado y más fuerte. Como parte de ese auge, una serie de grandes huelgas ya habían sacudido antes a Pinasco –en 1913 y en 1922/23–, cuando hasta se fugó el comisario Wagner y se instaló en su reemplazo una guarnición militar a cargo de un Mayor Barboza. Todas estas luchas apuntaban a la introducción de derechos laborales básicos, tal como las ocho horas diarias (en vez de las doce horas que fue la norma en la fábrica).
Como nos recuerda Milda Rivarola, el segundo quinquenio de la década de 1920 también fueron años de creciente “contestación al orden liberal” y no es de sorprender que, a pesar de su lejanía, estos nuevos vientos hayan soplado también en Puerto Pinasco. No hay que olvidar que el plantel de personal de IPC –en el puerto, la fábrica, el ferrocarril y los hacheros contratados en los obrajes– era del orden de 3.000 personas, de lejos el mayor empleador en todo el país y se estima que la población total de Puerto Pinasco rondaba los 14.000 habitantes.
Vales de la despensa de la IPC. Foto: Gentileza.
–A parte de las reivindicaciones relacionadas con los salarios y las jornadas de trabajo, en su artículo menciona que uno de los motivos de la rebelión fue el sistema de “vales”.
–Además de la lucha por las ocho horas de trabajo, una reivindicación constante fue la apertura del puerto y el libre ingreso de vendedores de productos básicos para competir con el monopolio ejercido por la despensa de la empresa, que explotaba al personal mediante el sistema de compra con “vales”. Pero en su afán de mejorar sus condiciones, los obreros tropezaban con la férrea negación de IPC, durante décadas, de reconocer un sindicato.
La IPC solía contratar a “cowboys” norteamericanos, en muchos casos con antecedentes criminales en su país de origen, tal como relata el testimonio de C. W. Thurlow Craig, aventurero inglés y exempleado de la empresa en Puerto Pinasco. Es muy probable que el comportamiento de los gerentes y subgerentes extranjeros hacia el personal local fuera fuertemente influenciado por el racismo y sentido de superioridad anglosajón, propio de la época. Esta cultura empresarial de capitalismo salvaje habría inculcado una actitud intransigente respecto a las demandas laborales.
–Qué rol cumplieron Eusebio Ayala, funcionario de IPC, y Eligio Ayala, entonces presidente de la República.
–Dos aclaraciones. Primero, que los dos Ayala (ambos liberales, ndr) no fueron parientes, tal como se suele decir. Segundo, Eusebio Ayala –presidente de la República entre noviembre de 1921 a abril de 1923, además de ser rector de la Universidad Nacional –en el momento de la tragedia en julio de 1927 siguió ocupando al mismo tiempo el cargo de vicepresidente de IPC y de director regional en Asunción. De hecho, esa misma noche él viajó a Pinasco y sus declaraciones al regresar formaban la base de la escasa memoria colectiva de lo que pasó. Pero la veracidad de sus declaraciones a la prensa es muy cuestionable. Ayala habla de un duro enfrentamiento, pero no menciona en absoluto la existencia de muertos. Además, dice una barbaridad, que “no fue una huelga sino un atentado anarquista frustrado” y vuelca toda la culpa a un “grupo de exaltados liderado por un individuo de nombre Benigno Castaño, desertor del Ejército argentino”.
En fin, es entendible que destacados liberales de la época hayan tratado –con mucho éxito– de encubrir la matanza de Puerto Pinasco. No es difícil imaginar que un arreglo privado entre Eusebio y Eligio –respectivamente el principal director local de la empresa y el jefe de Estado– explique el porqué nunca hubo una investigación oficial acerca de la matanza, el porqué ningún policía fue arrestado por la matanza y el porqué el mismo IPC nunca recibió ni una amonestación por lo ocurrido.
La relación con el caso de Marina Cue en 2012 en cuanto al comportamiento del Estado es muy llamativa. En esencia sigue siendo un Estado esclerótico, cuyo elitismo se esconde detrás de una canalla de pomposos “magos”, expertos en abstracciones de “derecho constitucional”, que dan la espalda a las apremiantes necesidades de un pueblo huérfano de acceso a la justicia.
El presidente en ese entonces, Eligio Ayala. Foto: Gentileza.
–¿Qué datos se tienen sobre Mr. J. H. Scott, gerente de la empresa durante la matanza?
–Del gerente Scott, de nacionalidad canadiense, se sabe poco. Después de la matanza, el conflicto laboral en Pinasco seguía siendo tirante. En una posible represalia, el 1 de diciembre de 1929, Dr. MacDonald, un médico inglés recién llegado para trabajar en la empresa, murió en una emboscada en compañía de Scott, en las afueras del puerto, cuando inspeccionaban un obraje. Se supone que la bala, tirada por desconocidos desde un bosque, fue dirigido a Scott. Aun así Scott se quedó por muchos años más en Pinasco, dejando el puesto y despidiéndose de Pinasco finalmente el 26 de julio de 1939.
–En su texto habla de un gran mitin contra la matanza realizado el 19 de julio de ese año en el que intervinieron Hérib Campos Cervera y Obdulio Barthe. ¿Hay transcripciones de esos discursos?
–Lastimosamente creo que no hay transcripciones de sus discursos.
–¿Aún existe la International Products Corporation (IPC)?
–La empresa International Products Corporation, que en su momento tenía su sede en 120 Broadway en pleno Manhattan, Nueva York, y una oficina de tres pisos en Calle Palma 211, que ya no existe más. En 1920 había comprado un frigorífico del Farquhar Syndicate en San Antonio, cerca de Asunción, y pronto llegó a ser, con la empresa Liebigs, uno de los principales exportadores de carne en conserva. También adquirió enormes extensiones de tierra en Paraguay, pasando de 200.000 hectáreas en 1935 a 620.825 en 1946. Después de la caída del precio internacional de tanino en 1955, IPC vendió los activos en Pinasco en 1965. La venta fue dudosa y el comprador, INVICTA, pronto se fue a la bancarrota, causando mucha protesta en Pinasco en plena dictadura de Alfredo Stroessner.
En 1966 la empresa transnacional, Ogden Corporation, compró la IPC. Para 1975 siguió siendo uno de los latifundios más grandes del país con 607.000 hectáreas, de las cuales los dos tercios se mantenían sin uso. A raíz de la baja repentina en la demanda internacional de carne en conserva, la planta de San Antonio dejó de producir y se vendió en 1979. Como consecuencia de la falta total de políticas públicas de desarrollo territorial, la población de Puerto Pinasco cayó vertiginosamente de 14.000 en la década de 1920 a 2.148 en 1972, 519 en 1982, recuperándose levemente hasta llegar a los 3.313 en 1992 y 3.328 en 2002.
–¿Qué hay respecto a ese libro inubicable que menciona, “Sangre Proletaria: la Masacre de Puerto Pinasco”, de Enrique Volta Gaona, quien fuera hombre duro de la dictadura stronista?
–El título aparece en la entretapa de la segunda edición (1957) de un libro escrito por Volta Gaona, llamado 23 de Octubre, bajo una lista de “obras en preparación”. Varios intentos de ubicarlo han sido infructuosos y llegué a la conclusión de que no existe semejante obra, sino que más bien se trató de un “proyecto” no cumplido de Volta Gaona. De paso, Luis Verón nos recuerda que Enrique Volta Gaona, inspirador del sindicalismo amarillo, Organización Republicana Obrera (ORO), y “asesor legal” de la Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT) después de la huelga general de 1958, fue nada menos que primo hermano de José Asunción Flores.
El hotel construido por la IPC en San Antonio, departamento Central. Foto: Gentileza.
Anexo
Transcripción de una publicación de la época sobre los sucesos de Pinasco incluida en el texto de Andrew Nickson
Los sucesos de Puerto Pinasco: El Diario (Asunción) 25 Julio 1927. Uno de los directores de la compañía suministra a ‘El Diario’ informes completos acerca de lo ocurrido en aquel puerto. Hemos tenido oportunidad de hablar sobre los sucesos de Pinasco con uno de los Directores de la Cia., el Doctor Eusebio Ayala, quien se había trasladado a Pinasco tan luego como recibió noticias de lo ocurrido habiendo, sin embargo, llegado cuando todo había terminado.
Dice el Dr. Ayala: En Pinasco no hubo huelga. Un individuo, de nombre Benigno Castaño, desertor del Ejército Argentino, hace algún tiempo llegó a Concepción. Se empleó en casa de Antonioli, de donde poco después fue echado y denunciado a la justicia por robo. Trató de organizar el Partido Anarquista en la Ciudad del Norte, pero tuvo un choque con los obreros con motivo de la manifestación patriótica a raíz de la muerte del Tte Rojas Silva. Castaño trató de persuadir a los obreros, diciéndoles que los obreros no debían tener patria. No pudiendo medrar en Concepción, se trasladó a Pinasco, donde inició una Sociedad Secreta, con el objetivo aparente de sindicarse y con el objetivo real de hacer propaganda anarquista. Unos pocos exaltados entraron en su plan. La administración tuvo noticias de lo que se fraguaba, y despidió a Castaño y once trabajadores complicados. Este fue el origen de los incidentes. Un número de más o menos 100 obreros se solidarizó si no con las ideas con la suerte de estos promotores. Castaño y los demás complicados entonces resolvieron llevar a cabo sus planes de destrucción, atacando la fábrica, quemando las pilas de madera, prometiendo el saqueo libre del Almacén, etc., etc.
Uno de los primeros actos debía ser matar al comisario y desorganizar así la Policía. Felizmente los tiros contra el comisario no hirieron sino a un sereno. La Policía largó tiros, la mayor parte al aire, a fin de dispersar a los hombres reunidos y, también para ahuyentar a los que prendían fuego a las pilas de madera, resultando algunos heridos leves. Según todas las informaciones que se pueden recoger de toda clase de gente en Pinasco, los discursos fueron de corte anarquista. Castaño incitaba a quemar la fábrica, como una protesta contra la sociedad capitalista, otros hablaron contra la Patria, contra la bandera tricolor y, un orador dijo que era preferible que el Chaco pasase a manos de Bolivia. Los obreros no habían pedido ninguna modificación en las condiciones del trabajo, hasta después de descubrirse el complot.
El mismo día de los sucesos, o sea el viernes 15, el administrador, Sr. Scott, recibió una hoja sin firma escrita con visible prisa pidiendo la jornada de ocho horas y otras mejoras. El administrador contestó por escrito en el acto en una forma conciliadora, proponiendo someter el asunto al Directorio de la Compañía. Pero los Directores no querían discutir nada. Uno de los contadores de la Compañía, señor Augusto Mendonca, estuvo a hablar con Castaño y compañeros con el propósito de apaciguar los espíritus y tratar de encauzar en una negociación pacífica la cuestión. El señor Mendonca hubo de ser asesinado por dos de los hombres con sendos puñales y salvó la vida mediante la oportuna intervención de algunos trabajadores. Como se ve, no fue una huelga sino un atentado anarquista frustrado. La mayor parte de los trabajadores huyeron a los montes vecinos con sus familias y unos cuantos se presentaron en la Administración a ofrecer sus servicios en defensa de la Cía.
El viernes a la tarde llegó a Pinasco el Sr. Vicente Silveira, Secretario de la Delegación de Concepción con 10 agentes. De acuerdo con él, los Directores del movimiento se prestaron a salir de Pinasco, invitando y amenazando a los demás, a fin de obligarlos a abandonar el puerto con ellos. El Sr. Silveira manifestó a todos los obreros que la Cía ponía a disposición un barco para trasladar a todos los que quisieran salir hasta Concepción. Haciendo uso del ofrecimiento, se embarcaron los doce Directores y poco más de cien trabajadores con sus familias. Cuando yo llegué a Concepción, vinieron a verme una delegación de los salidos de Pinansco, pidiéndome hacerlos llegar hasta Asunción, pedido que fue concedido.
El número de individuos que se han plegado, por temor u otro causa, el movimiento, no representa sino el 5% del personal. Todos los demás continúan trabajando sin ninguna queja. La empresa de Pinasco atiende especialmente a su personal, y no creo que haya ningún establecimiento en la República en el cual los obreros tengan un trato mejor. He conversado con muchos obreros, y la impresión mía y la de cualquiera que habla con ellos sería la misma. Es muy triste que individuos que no son obreros ni paraguayos, puedan causar daños considerables a una empresa y a los compatriotas que trabajan. Sería muy deseable una investigación seria a fin de tomar las medidas oportunas para impedir el desarrollo de la acción anarquista en nuestro país.
Autoridades del Congreso Nacional junto con el intendente de Asunción, Óscar Rodríguez, inauguraron hoy la Plaza Eligio Ayala, en homenaje al expresidente de la República. Además del jefe comunal capitalino, participaron del acto el presidente de la Cámara de Senadores, Blas Llano, el vicepresidente primero del Senado, Martín Arévalo y otros parlamentarios del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA).
Llano mencionó durante su alocución que se realizó un digno homenaje a uno de los hombres más dignos no solo del Partido Liberal, sino de toda la República del Paraguay. Se refirió a Ayala como una persona que jamás abandonó sus ideales o negó sus raíces, mucho menos por intereses sectarios.
“Eligio Ayala es y será un ejemplo para los jóvenes paraguayos y paraguayas que se se forman y trabajan con la esperanza de que construyamos juntos ese país que soñamos”, mencionó en su discurso el presidente del Congreso.
La obra fue ordenada por el presidente del Congreso, el senador Blas Llano, quien mañana entregará la representación del Poder Legislativo al senador colorado Óscar “Cachito” Salomón. También fue habilitada totalmente hoy la remodelada escalinata o acceso principal del Congreso, que fue reconstruida teniendo en cuenta las malas condiciones en que se encontraban las escaleras.
Tras la renuncia de Eusebio Ayala a la presidencia de la República, Eligio Ayala fue designado por el Congreso Nacional para asumir la presidencia provisional, en abril de 1923, donde inició la pacificación del país luego de la revolución de 1921/22 y el saneamiento de las finanzas públicas.
El 3 de febrero de 1924, la Convención Liberal lo designó como candidato a la presidencia de la República y para acompañarlo como vicepresidente, nombraron a Manuel Burgos, esa sería la dupla para las elecciones de ese año.
Eligio Ayala se candidató en las elecciones presidenciales, y como no tuvo adversarios electorales, asumió la titularidad del gobierno de la República del Paraguay, el 15 de agosto de 1924.