Palabra y verdad es tal vez una renovada extensión del eterno debate entre episteme y doxa. Conocimiento y opinión pareciera que siempre se enfrentan.
- Por Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos Gentileza
Damas y caballeros, todas y todos, compañeros y compañeras, se realizó en nuestra región el X Congreso Internacional de la Lengua Española. El encuentro se desarrolló en Arequipa –el pueblo natal del Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa (1936-2025)– con la presencia activa de poco más de 250 personalidades.
Las deliberaciones que se producen en ese tipo de cónclaves a los que se puede ingresar solo con invitaciones personales, los debates que se plantean, los encuentros y desencuentros entre quienes estudian la lengua, sus aplicaciones, usos y consecuencias, no pocas veces siento que son lo nuestro, colegas periodistas porque, cada año (este durante tres días), los concurrentes se ocupan de nuestro insumo y herramienta.
En esta ocasión, desde la mismísima inauguración y apertura de sesiones fue atrapante. El escritor colombiano Juan Gabriel Vázquez Velandia (52) –también articulista cuyos textos se publican en los diarios más influyentes en el mundo– fue claro y preciso. Sostuvo que hay “una crisis del lenguaje” que asoció con una situación similar en la política porque “hay fuerzas que intentan romper la relación entre la palabra y la verdad”.
Aunque me dejó con la tarea por hacer para investigar y eventualmente denunciar a quienes integran en esas “fuerzas” que no identificó ni precisó, me sacudió fuerte. Creo en su palabra. Pero avanzó aún más. Luego de definirse como “novelista y articulista de prensa”, explicó que “la literatura se escribe a partir de la duda”, mientras que “el periodismo (lo hace) desde la verdad”.
Y con esas afirmaciones (¿certezas, definiciones?), lanzó una demanda que tiene como destinatarios a quienes –como él, salvando las distancias en orden a prestigio y reconocimientos bien ganados– trabajamos con la lengua. Vázquez Velandia sostiene que quienes hacen literatura y prensa “deberían (deberíamos) tener como obsesión común restaurar la experiencia de las palabras”.
MANIPULACIÓN
Su preocupación, que la reveló unos pocos minutos después, es la “manipulación de la verdad” y, en esa línea de pensamiento, advirtió sobre la “falta de regulación” para el uso de la IA (inteligencia artificial).
José Javier Cercas Mena (63), integrante de la Real Academia Española (RAE), a la que incasablemente recurro, después de declarar que “los escritores somos rompepelotas, como dicen los argentinos”, soslayó con elegancia a la IA y las tantas preocupaciones que genera en millones de personas “la aparición de las nuevas tecnologías”.
En ese contexto, recordó que el mismísimo Platón (427-347 a. N. E.) advirtió sobre la escritura –como peligro– porque “atenta contra la memoria”. Hasta en la Antigua Grecia se cocieron habas, ¡por cierto!
Así, sin dudas son las cosas de la lengua y también así son los debates que su uso despierta y el sentido que se le otorga a cada decir de quienes dicen lo que dicen. Intensa la semana que pasó. Y rara. El equinoccio de primavera en el sur global parece demorarse. El cambio climático –sin anestesia– se hace presente en cada uno de nuestros días.
Desde las 19:15 del pasado 22 de setiembre debiéramos percibir que el invierno se va quedando atrás hasta que finalice el próximo otoño. Pero no es así. Por ello es que, en esta noche de viernes, nuevamente con amigas y amigos, apoltronado en la vieja mecedora, la tertulia nocturna se dispara con la increíble necesidad de amucharnos en torno de los leños crepitantes.
BRINDIS
Afuera, los termómetros apenas rozan los 6 grados. Los copones esperan. JM, un querido amigo paraguayo, sugiere el vino. Mientras descorcha, historiza, huele, cata y comparte. “As Bravas Malbec del 2016”, dice con impronta académica mientras propone un brindis que se acepta. “Por la primavera que deseamos”, expresa. Acompañamos sin dudarlo.
“Robert Parker y James Suckling, dos grandes enólogos, le dieron a este elixir 99 y 97 puntos respectivamente sobre 100”, dice en tono de confidencia. “Nacido y criado en la bodega El Enemigo de Catena Zapata, con 95 % de Malbec y 5 % de Semillón”, precisa. Escuchamos en un silencio casi litúrgico. Aprendimos que sus creadores buscaron con él “homenajear a las mujeres” y, para alcanzar ese objetivo, lo criaron durante “64 meses (poco más de 5 años) en fudre viejo (un recipiente de gran tamaño originario de Francia) y, finalmente, 12 meses en botellas”.
Catamos... y coincidimos con Parker que así lo presentó en The Wine Advocate. “Increíblemente armonioso, matizado y útil (…). Serio, ajustado, austero e increíblemente elegante”. Reencuentro prometedor y bien regado. “Se lavaron las manos...?”, preguntó DGT.
Repentismo de una notable académica que con frecuencia suele disparar ironías. Con esta consiguió sorprendernos. “El miércoles pasado fue el Día Mundial del Lavado de Manos”, acotó. Inmediatamente, DB le salió al cruce para explicar que “desde el 15 de octubre de 2008”, para esa fecha se procura concientizar globalmente sobre la relevancia sanitaria que tiene esa práctica.
“Cuando la pandemia esa, premisa devenida en recomendación, fue una de las herramientas de salud ante lo desconocido que más se divulgó”, agregó DB, también académico y colega periodista. Casi como si se hubiera lanzado una competencia que nadie propuso, muchas miradas iban sobre las pantallas de los móviles. Las búsquedas en la internet iban y venían vertiginosamente. Nadie quería quedarse atrás. La tertulia se desmadró.
LITURGIA
Alguna voz se alzó para poner en común que “cuando la primera celebración –en 2008– más de 120 millones de niños y niñas se lavaron las manos con jabón, por primera vez, en poco más de 70 países”. “Nada novedoso”, dijo AO, un cura y jurista muy particular que también ocupa algunos días de cada año a peregrinar por lugares sagrados para la cristiandad junto con nutridos grupos de turistas religiosos.
Silencio profundo. Una docena de ojos se posaron sobre él. “Las tres religiones escritas y monoteístas dan cuenta reiteradamente del lavado de manos. Es tan tradicional como casi litúrgico”, explicó. “Judíos, islámicos y cristianos los hacen en procura de la purificación espiritual o para estar moralmente limpios cuando se preparan para la celebración de un rito. ¡Es un acto de enorme simbolismo!”, añadió.
El tertuliano AO se sintió dueño de la escena. “Para que quede claro. Nosotros, los curas, durante la celebración de la misa, nos lavamos las manos –las purificamos con agua bendita– con profunda humildad antes de tocar las ofrendas. En las prácticas del islam el creyente debe lavar sus manos antes del Salat (la oración); y, también deben hacerlo antes y después de las comidas. Lo llaman sunnah. Así purifican su cuerpo. Las y los judíos tienen prácticas similares que alcanzan a las y los creyentes en nuestros días desde los tiempos del Antiguo Testamento, de los profetas, de Jesús caminante de Tierra Santa”, enfatizó.
“Así planteado, los mandamientos me suenan a un manual de urbanidad para enseñar buenos modales”, azuzó CR –periodista empecinadamente ateo– mientras el amigo cura, abogado y guía turístico apuraba un trago de buen vino. Algún grado de tensión se instaló en torno de la leña que nos aportaba necesaria calidez. Hubo voluntad clara para dejar pasar. Descorchar la tercera botella de As Bravas Malbec del 2016 aplacó eventuales incontinencias verbales.
TEMAS SENSIBLES
Religión, política y fútbol suelen ser temas sensibles y, por qué no admitirlo, con cierto riesgo social. “Los escucho con atención, pero creo que es importante compartir con ustedes que a Ignaz Semmelweis, médico húngaro, obstetra, se lo considera como el ‘padre de la higiene de manos’”, lanzó AAU, médico y comunicador.
“En 1847, descubrió que si médicos, matronas, enfermeras, lavaban sus manos con una solución de hipoclorito de calcio antes de atender partos se reducía drásticamente la mortalidad por fiebre puerperal entre las madres recientes”. El debate entre el tertuliano ateo y el cura quedó atrás.
AAU comentó que aquella pretensión higiénica de Semmelweis –emergente de una extensa investigación entre las mujeres que recurrían profesionalmente a él– “fue muy resistida” por sus colegas que se ofendieron profundamente porque Ignaz precisó que en aquellos casos de partos en los que solo trabajaban las matronas la mortalidad en el posparto era sustancialmente menor cuando las comparaba con las que sucedían en el hospital donde él se desempeñaba”.
MODELO MÉDICO HEGEMÓNICO
¿Qué descubrió el doctor Semmelweis?, preguntamos varios sinceramente sorprendidos. “Algo tan trágico como incomprensible. En ese hospital, médicos y estudiantes manipulaban cadáveres. Luego, atendían mujeres en trabajo de parto y, en esas prácticas, trasladaban ‘materia cadavérica’ en sus manos porque no se las lavaban”.
Increíble e histórico. Profundo silencio que solo fue quebrado por AAU. “Los estudios y las soluciones que propuso Ignaz fueron rechazados enfáticamente y ridiculizados. La comunidad médica de entonces lo expulsó. Acabó con su carrera. Lo declararon loco y lo internaron en un manicomio. Hoy diríamos que lo cancelaron. Poco tiempo después, murió. El llamado como ‘modelo médico hegemónico’ no es una novedad”.
Sin palabras. Así quedamos. El doctor AAU bajó la vista. ¿Vergüenza histórica? Tal vez. De pronto levantó su copón para proponer un brindis. “Por Ignaz Semmelweis, que a su muerte comenzó a ser llamado como ‘el salvador de las madres’ y, con el paso de los años –hasta hoy– se alude a él como el padre de la higiene de manos.
El sábado era imparable. La idea de abordar como tema central de la reunión la realización del X Congreso Internacional de la Lengua Española no pudo ser. ¿O sí? Los múltiples sentidos que se otorgan a la expresión “lavado de manos” en debate podría ser pertinente y en línea con la “crisis del lenguaje” a la que aludió Vázquez Velandia.
CONOCIMIENTO Y OPINIÓN
Siento además que “palabra y verdad”, como enfatiza ese escritor y articulista, es tal vez una renovada extensión del eterno debate entre episteme y doxa. Conocimiento y opinión pareciera que siempre se enfrentan… ¿Podrá ser de otra forma? No puse en común mi sospecha. Pienso que debo elaborar más ese pensamiento. La medianoche pasó sin penas (que siempre alguna tenemos y son bien nuestras) y sin glorias. Pero sabíamos que el nuevo amanecer, en unas pocas horas, nos arrollaría. Nuevamente se instaló el silencio. Tal vez nos haya invadido la reflexión.
“Consulto, queridos amigos y querida amiga. En esta tertulia nocturna en la que el tema pareciera ser el lavado de manos... no tenemos nada para decir sobre Poncio Pilato?”, intentó CR con sus ojos clavados en los de AO, que estaba ocupado en azuzar el alicaído fuego que apenas sobrevivía entre las cenizas acumuladas.
“¿Pongo tres troncos más?”, preguntó. Su absurda curiosidad sonó a evasión. Aunque las artes del fuego en un hogar suele ser una sensación de alto impacto y placentera para quienes habitan y trashuman complejas megalópolis.
“Pilato, gobernador romano en Judea entre el 26 y el 35 d. N. E., no hizo más que lo que cualquier político populista de izquierda, derecha o de centro hace hasta hoy”, dijo inesperadamente JJT, politólogo, amante fervoroso de la historia, memorista contagioso y lector empedernido sin siquiera mirar al voluntarioso polemista que volvió a intentar.
“Cuando percibió que el pueblo, al parecer y según los cronistas de la época, preferían que fuera liberado Barrabás y que crucificaran a Jesús, el nazareno, ostensiblemente para que todos pudieran verlo, tomó una jarra con agua, lavó sus manos y habría dicho: ‘Soy inocente de la sangre de este justo. Vosotros veréis’”.
CR, claramente, estaba presto para la réplica. “Ese es el relato de aquel momento que se verifica en el Evangelio de Mateo, un texto escrito por cronista de la época al que las y los cristianos consideran santo”, dijo el profe enfáticamente para desechar ser partícipe de un debate que –allí y entonces– aparecía como innecesario.
VERDAD VS. OPINIÓN
La noche con amigos y una amiga se esfumó. Los relojes marcaban las 4 de la mañana del día después. El ayer ya era lejano. Me asalta la soledad. Muchas de las palabras lanzadas, sin embargo, permanecen. No se las lleva el viento. El horizonte clarea. Doxa vs. episteme. Lo de siempre, siempre. Verdad vs. opinión.
Somos constructores de subjetividades. Y, pese a ello, es allí (en ese debate) donde la lengua gana protagonismo real como herramienta para la construcción de una cultura de “paz en un mundo que aparece cada hora más dividido, enfrentado y acercándose peligrosamente a la guerra”, como dice en un mensaje de Whatsapp que desde no muy lejos me envió DGT.
“No es la lengua, no. Ni tampoco los nuevos lenguajes que se desarrollan en los ecosistemas digitales”, leo en el envío siguiente. Escribe más. “Es la incertidumbre. Es la angustia. Es la pretensión de supremacía que enarbolan prejuiciosas minorías exacerbadas que procuran impunidad y se autoperciben empoderadas”, agrega.
“No hay lugar para decir cualquier cosa de cualquier forma”, puntualiza y concluye: “Como dijo Jane Fulton, ‘la locura es hacer lo mismo una y otra vez, pero esperando resultados diferentes’. Hasta pronto”. Extraño mensaje. “¿Acaso no fue Albert Einstein quien dijo esa frase?”, consulto rápidamente. “No. Es Jane Fulton, un personaje imaginario de la novela ‘Muerte súbita’ (Sudden death), que escribió y publicó Rita Mae Brown (81) en 1983”.

