Por Verónica Giménez
Lo que comienza como una oportunidad para seguir compartiendo con antiguos compañeros puede transformarse en una experiencia que involucra a toda la familia. Padres que continúan jugando después de varias décadas, hijos que crecen alentándolos desde las graderías y nuevas generaciones que esperan con entusiasmo el momento de vestir la camiseta de su promoción forman parte de una tradición que va mucho más allá de la competencia.
Osvaldo Fernández, de 47 años, egresó en 1997 del Colegio Presidente Franco y participa de los torneos del Exa Franco desde enero de 2015. Comenzó jugando en el equipo Leverkusen 97 y pasó por distintas categorías, hasta llegar a competir actualmente en Super Ejecutivo y Senior con Mercenarios, equipo con el que obtuvo varios campeonatos.
Sin embargo, para él “Es una gran satisfacción seguir participando del torneo del Exa Franco, porque después de tantos años se convirtió en una tradición. Saber que mis compañeros siguen contando conmigo es muy reconfortante”, expresó.
Con el tiempo, su participación en los torneos se convirtió en una tradición familiar, con su esposa e hijos presentes en los partidos. Su hija María Paula también pasó por el Exa Franco y actualmente juega handball profesional en España, mientras que Mauricio, de 17 años, culmina el colegio este año y espera incorporarse a las competencias en 2027.
“En la casa siempre fue un tema todos los findes gracias al exa, al verle a mi papá y a mi hermana jugar, siempre quise tener mi propia remera y no solo acompañar”, relató Mauricio. Ese anhelo está cada vez más cerca de cumplirse, para satisfacción de su papá, quien espera verlo continuar la tradición familiar y vivir su propia experiencia como jugador.
La experiencia de los Fernández refleja cómo el entusiasmo por los exas puede transmitirse de una generación a otra, convirtiéndose en una tradición que une a padres e hijos. “Es como un orgullo, dejar de ser el hijo que acompaña y ser uno más del equipo”, expresó el joven, quien espera con entusiasmo su primera participación como exalumno.
Este vínculo que se construye desde la infancia también tiene una explicación. El psicólogo Nicolás Palomino comparó esta experiencia con la identificación que desarrollan algunas familias hacia un club deportivo, donde las vivencias compartidas pueden despertar en los hijos el deseo de seguir los pasos de sus padres.
“Cuando estamos en una familia que se siente identificada con un club o una institución que refuerza el sentido de pertenencia y motiva a formar parte de ella, naturalmente esto se vuelve mucho más fácil”, explicó el profesional.
¿Por qué seguimos sintiéndonos parte del colegio?
El entusiasmo por los encuentros de exalumnos va más allá de los recuerdos y la competencia deportiva. Según el psicólogo Palomino, el sentido de pertenencia y los vínculos construidos durante la adolescencia ayudan a explicar por qué muchas personas mantienen una conexión con su etapa escolar.
Estas relaciones pueden perdurar durante la adultez y convertir los reencuentros en espacios de confianza. “Como la historia con el colegio, con los compañeros de aula, es de muchos años y formó parte importante de la vida de la persona, es más fácil sentirse cómodo, seguro y querer volver ahí”, mencionó el especialista.
“Los encuentros también refuerzan la sensación de seguir formando parte de un grupo con el que se compartieron momentos importantes”, puntualizó. Así, los partidos y las reuniones se convierten en oportunidades para mantener las amistades y sumar nuevas experiencias.
La nostalgia también cumple un papel importante en estos reencuentros, ya que permite revivir experiencias y emociones compartidas durante la adolescencia. “Hay una historia en común y entonces es mucho más fácil que uno quiera estar con alguien con quien pasó muchas cosas”, mencionó.
Lea también: El uso de pantallas cambia después de los 5 años: cuándo y dónde poner límites
Mucho más que volver a jugar
Más allá de los resultados deportivos, los exas pueden convertirse en espacios de encuentro que acompañan distintas etapas de la vida. Los antiguos compañeros regresan con nuevas responsabilidades, familias y experiencias, pero encuentran oportunidades para compartir y fortalecer relaciones que comenzaron años atrás.
Desde la psicología, estos vínculos pueden contribuir al bienestar emocional cuando la participación es voluntaria y se desarrolla en un ambiente de respeto y aceptación. El profesional destacó que sentirse escuchado, querido y bienvenido favorece la construcción de relaciones saludables y permite que las amistades evolucionen con el tiempo.
El próximo año, Mauricio espera pasar de las graderías a la cancha para competir junto a sus amigos y disfrutar de los torneos que acompañaron su infancia, una tradición que también sueña compartir algún día con sus propios hijos. “Sí me imagino también llevando a mis hijos como papá hacía con nosotros”, expresó.
Así, mientras una promoción se despide de las aulas, otra generación de exalumnos se prepara para mantener viva una tradición que encuentra en el deporte una excusa para seguir reuniéndose. Porque para quienes construyen vínculos duraderos alrededor del exa, el último día de clases no siempre significa el final de la historia compartida.