El estrés es un mecanismo de respuesta cuando estamos ante un exceso de situaciones que superan nuestros límites y puede manifestarse de diferentes formas, tanto en el cuerpo como en la mente. Cuando aparece, además de la consulta con un profesional de la psicología, se recomienda incluir en la dieta ciertos minerales que pueden ayudar al organismo a sobrellevar los efectos de este trastorno.
Cuando uno está estresado, el cuerpo libera sustancias químicas llamadas hormonas, que se ponen en alerta y actúan afectando la salud. De esta manera esta condición va avanzando a través de dolores de cabeza, insomnio, irritabilidad, e incluso mostramos un bajo rendimiento en nuestras actividades.
Según importantes investigaciones, algunos de los efectos del estrés pueden ser combatidos parcialmente a partir de una alimentación rica y balanceada, que incluya de manera especial el consumo de ciertos minerales como el calcio, el magnesio, el hierro y el zinc. Estos nutrientes poseen efectos neuromoduladores.
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Para obtener estos minerales, es importante incluir algunos alimentos claves para la dieta diaria como, por ejemplo, el pescado o los mariscos, las legumbres, las acelgas y las espinacas. Todos estos alimentos se caracterizan por su riqueza en minerales.
Antes de incluir alimentos o vitaminas y minerales a la dieta, siempre es fundamental recibir el visto bueno de un profesional médico para determinar las cantidades correctas acordes a cada caso particular. Cuando está involucrada la salud mental, el acompañamiento de un psicólogo también es esencial.
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El estrés crónico: un enemigo silencioso que deteriora la salud física y mental
En una sociedad que suele romantizar el exceso de trabajo y la falta de descanso, el estrés se ha consolidado como una condición cotidiana peligrosamente normalizada. Personas comprometidas y altamente exigidas postergan el autocuidado y viven en piloto automático, ignorando que el organismo requiere un equilibrio indispensable para funcionar de manera óptima. La licenciada Liz Aguiar, psicóloga del Hospital IPS Ingavi, advierte cómo hábitos como el uso desmedido del teléfono celular o patrones inadecuados de alimentación repercuten directamente sobre el sistema nervioso.
Cuando el individuo permanece expuesto a tensiones continuas, el cuerpo entra en un estado de alerta permanente que desencadena una liberación sostenida de cortisol. Si bien esta hormona cumple una función protectora inicial, su presencia desmedida y prolongada genera un impacto profundamente dañino a nivel biológico. La especialista señala que el estrés crónico debilita el sistema inmunológico, incrementa la inflamación sistémica y altera el ciclo del sueño, proceso fundamental e insustituible para la reparación celular y el equilibrio orgánico.
Las consecuencias de mantener este ritmo de sobreexigencia trascienden el plano emocional para manifestarse en trastornos físicos concretos. La desregulación hormonal generada por el estrés crónico favorece la aparición de ansiedad, depresión y problemas digestivos, al tiempo que eleva el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Además, al debilitar la capacidad de respuesta del organismo, crea un entorno favorable para el desarrollo o el agravamiento de diversas patologías.
El cuerpo emite señales claras antes de sufrir un colapso, aunque en muchos casos estas alertas suelen ser pasadas por alto por imperativos laborales o sociales. Síntomas como el cansancio persistente, la irritabilidad, las dificultades para conciliar el sueño, los dolores musculares y la falta de concentración son indicadores de que el sistema nervioso se encuentra al límite. La acumulación de esta tensión demuestra que el trabajo sin pausas no constituye un signo de compromiso, sino una dinámica acelerada de desgaste físico y mental.
Frente a este escenario, recuperar la salud requiere comprender que el bienestar no es un lujo, sino una necesidad biológica prioritaria. Establecer límites, aprender a decir “no” y moderar la autoexigencia resultan pasos fundamentales para interrumpir el ciclo del agotamiento. Dormir entre 7 y 8 horas diarias, mantener una alimentación consciente y realizar actividad física de forma regular son medidas concretas para devolverle al organismo su capacidad de autorregulación.
Finalmente, la profesional del IPS Ingavi enfatiza la importancia de la prevención y el autocuidado como prácticas continuas y no como recursos de emergencia. “La salud no es solo ausencia de enfermedad, sino equilibrio físico, emocional y mental”, concluyó Aguiar, al recordar que la búsqueda de metas personales o profesionales no debe concretarse a costa del deterioro de la propia calidad de vida.
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Lo que comés también influye en cómo te sentís
¿Cuál es la conexión entre la comida y el estado de ánimo? Para responder a esta pregunta, La Nación/Nación Media conversó con la psicóloga Laura Cáceres, quien reveló la intrínseca relación entre ambos y adelantó que está ligada a varios factores.
“Los alimentos que resultan más apetecibles, a causa de su sabor, dan mayor sensación de felicidad. El aspecto hormonal también cobra protagonismo, ya que la serotonina y noradrenalina, llamadas “hormonas de la felicidad”, pueden verse aumentadas a través de la alimentación”, explicó la profesional.
Cáceres aclaró que no hay problemas cuando se tratan de alimentos sanos, que contienen nutrientes como las vitaminas, minerales, antioxidantes, proteínas, grasas saludables y carbohidratos de bajo índice glucémico, ya que estos ayudan a mantener un buen estado de las funciones vitales, favoreciendo el bienestar físico y emocional.
Sin embargo, cuando se tratan de alimentos industrializados, hay que tener cuidado, ya que estos elevan la glucosa en la sangre, disparando la insulina, que cuando está elevada se relaciona con la diabetes y el sobrepeso.
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“Esto produce una sensación de placer momentánea, que dura poco tiempo, ya que cesa cuando la insulina baja. Después se necesita volver a ingerir este tipo de alimentos para obtener la misma sensación, que hace que se pase a tener un estado de culpa y malestar emocional”, detalló.
En este escenario entra a jugar un papel protagónico “el cortisol, la hormona del estrés, que en situaciones de angustia suprime el apetito a corto plazo, pero puede tener un efecto contrario si permanece elevado de manera crónica”.
Para la psicóloga es esencial que cada persona aprenda a identificar cuándo tiene hambre emocional y cuándo el hambre es físico, conociendo los detonantes y teniendo un plan para aprender a controlar los momentos de ansiedad.
“Cuando uno se da cuenta de que no puede solo u sola, debe acudir a psicoterapia para obtener estrategias que le ayuden a tener una alimentación más sana”, recomendó Cáceres.
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Instan a fortalecer los hábitos saludables para una vuelta a clases segura
Para la vuelta a clases, el Ministerio de Salud Pública insta a las familias a fortalecer los hábitos saludables y brinda algunas recomendaciones orientadas a garantizar un regreso seguro y positivo para nueva etapa escolar que se iniciará el 23 de febrero en las instituciones públicas.
De esta manera, la cartera sanitaria, a través de la Dirección General de Promoción de la Salud, busca acompañar a la comunidad educativa en el inicio del ciclo escolar, poniendo en el centro el bienestar integral de estudiantes, familias y docentes.
En cuanto a la alimentación, sugiere incluir frutas, verduras, proteínas y cereales integrales en las comidas principales. Optar por alimentos saludables, limitando los ultraprocesados, las golosinas y las bebidas azucaradas y promover la hidratación constante, principalmente con agua.
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Destaca como otro punto importante cuidar la salud mental y emocional. En ese sentido, recomienda mantener diálogos abiertos en casa sobre las expectativas, miedos o alegrías respecto al nuevo grado/curso. Validar sus emociones. Fomentar la conexión social positiva con compañeros, el juego y las actividades al aire libre después de la escuela y estar atentos a signos persistentes de estrés, cambios de humor o conducta, y buscar apoyo profesional si es necesario.
Actividad física y prevención
Insta a promover la actividad física regular, limitando el tiempo de pantalla recreativo y fomentar el movimiento. Así también, optar por caminar o ir en bicicleta al centro educativo cuando sea posible y seguro.
Otro punto clave es la prevención, a través de controles médicos. Además de tener completo el esquema de vacunación, reforzar los hábitos de higiene como lavado frecuente de manos y no enviar al niño a la institución educativa en caso de presentar fiebre, tos u otros síntomas.
El jefe del departamento Centros Educativos Saludables, Diego Díaz, resalta que “la escuela es un espacio privilegiado para la salud; un estudiante que descansa, se nutre y se siente contenido emocionalmente, posee las herramientas necesarias para triunfar ante los desafíos académicos y sociales del año”.
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Siete pasatiempos que reducen el estrés y prolongan la vida
Ismael Cala, reconocido comunicador, autor bestseller y conferencista internacional en desarrollo humano y liderazgo, comparte algunos hobbies respaldados por estudios que ayudan a reducir el estrés hasta en un 50% y pueden sumar entre cinco y siete años a tu esperanza de vida. Prácticas simples, al alcance de todos, para vivir con mayor bienestar y plenitud.
- Escribir un diario: Escribir sobre tus emociones durante 15 minutos diarios reduce el estrés en un 40 % y mejora considerablemente la función inmunitaria. Llevar un diario baja la presión arterial, mejora la calidad del sueño y ayuda a procesar el trauma. Pero esto no es lo más interesante, las personas que escriben un diario tienen una mayor autoconciencia, toman mejores decisiones y reportan un 30 % más de satisfacción vital.
- Cocinar: Esto involucra a la creatividad y proporciona estimulación sensorial. Obtienes atención plena a través del proceso, una mejor calidad de la dieta y una menor dependencia de los restaurantes. Entonces, las personas que cocinan regularmente tienen tasas de depresión un 25% más bajas y una mejor salud metabólica.
- Bailar: El New England Journal of Medicine descubrió que bailar reduce el riesgo de demencia en un 76 %, baja el cortisol, mejora el equilibrio y mantiene la independencia por más tiempo.
- Caminar en la naturaleza: Tan solo 90 minutos de caminata en la naturaleza reducen la actividad de la corteza prefrontal asociada con la ansiedad. Las personas que caminan en la naturaleza tres veces por semana tienen una mortalidad por todas las causas un 20 % menor.
- Tocar instrumentos musicales: Los músicos tienen niveles de estrés un 40 % más bajos y mantienen la agudeza mental 10 años más. Aprender una canción a la semana crea beneficios cerebrales mensurales.
- Jardinería: La jardinería reduce el cortisol en un 30 % la hormona del estrés y mejora el estado de ánimo más que el ejercicio en interiores. Obtienes vitamina D, refuerzas la función inmunológica y la satisfacción de cultivar algo.
- Leer: Leer 30 minutos al día reduce el estrés en un 68 % según una investigación de la Universidad de Sussex. Tu ritmo cardíaco se ralentiza, la tensión muscular disminuye y tu cerebro entra en un estado de concentración que bloquea las hormonas del estrés.