Mary Lechenuk de Lisnichuk cumplió 22 años en la organización Hábitat para la Humanidad Paraguay. Es socia fundadora y la primera mujer en el cargo de directora ejecutiva. Estudió Teología en Argentina e Ingeniería Social en nuestro país. Siempre se sintió atraída por la parte social, de ayudar a los demás y de amor a Dios.

Todo inició con la idea de construir juntos un mejor hogar, vecindario, país. En 1996 vivía en Puerto Botánico, Asunción y una amiga le comentó acerca de Hábitat, que en ese entonces estaba iniciando reuniones con una persona de Estados Unidos y se estaba hablando de poder construir casas a las familias con menos posibilidades. Le invitó a ser parte del voluntariado. Mencionó que cuando eso tenía 2 hijas pequeñas y por la mudanza constante por la profesión de su marido, hoy en día militar retirado, una nació en Mariscal Estigarribia y la otra en Encarnación.

Trayectoria

“Vengo de una trayectoria de trabajo humanitario desde muy chica. Hice voluntariado tanto en Argentina como en Chile con organismos de varias denominaciones, no de una iglesia, sino de organizaciones que se dedican a mirar el amor de Dios, pero no solamente de rezar y leer la Biblia sino de ponerlo en acción. Por eso me invitó y empezamos a tener reuniones con varios voluntarios y la persona que es de Hábitat Internacional vino porque hubo interés de personas de Paraguay”, empezó contando a La Nación nuestra mujer destacada de la semana.

Foto: Gentileza.

Contó que Hábitat comenzó gracias a los voluntarios. Trabajaron con varios vecinos y unas 33 personas, todas voluntarias de todas las profesiones, tanto social como técnicos en arquitectura, ingenieros. “En 1998 logramos convocar a asamblea y establecimos lo que se denomina Hábitat para la Humanidad Paraguay como una asociación sin fines de lucro y siempre digo, sin fines de pérdida. Porque queremos que el fondo que tiene la organización, que es un fondo denominado rotativo, tu casa paga mi casa, por lo tanto es un fondo para la humanidad que permite lo que hoy recibí pueda compartir con algún vecino o con otra persona desconocida a poder devolverlo íntegramente”, agregó.

“Lo que la organización busca es trabajar con voluntarios y también fondearse por medio de donaciones, proyectos. Ahí constituimos y soy socia fundadora en Paraguay de Hábitat para la Humanidad Paraguay. Un año después se llama a contratar una persona porque la organización ya está establecida y necesita personas que se dediquen tiempo completo, no solamente voluntarios a tiempo parcial. Me postulé y empecé en Hábitat como secretaria y como éramos una organización muy pequeña, tenía que hacer de todo”, apuntó.

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La parte social, su fuerte

La directora ejecutiva señaló que su experticia era lo social y que Hábitat fue una oportunidad de trabajar en ayuda mutua. Empezaron a hacer las casas y como estaba a cargo de la coordinación de todos los trabajos de campo y otros más, entonces tocaba visitar, ver y acompañarles también a las familias. Hacer un pozo ciego, una cámara séptica, invitar a otros voluntarios para que vayan los fines de semana y ayuden.

“Hice de todo porque sé que Dios me llamó para servir, la tengo clara desde que tengo consciencia y me siento muy privilegiada en poder estar en una organización donde pueda aportar un granito de arena a construir una mejor ciudad, un mejor país y convertirnos a nosotros en mejores personas”, sostuvo.

Equipo de Hábitat para la Humanidad Paraguay. Foto: Gentileza.

La primera mujer en el cargo

Mary indicó que antes de ella varios hombres estuvieron en el cargo y no dieron el resultado que se esperaba. Le pidieron que se postule y se quedó. Desde el 2008 es la directora en Hábitat Paraguay y es la primera mujer que llega a ese cargo dentro de la organización. “En ese entonces ni se pensaba en eso y había una priorización de hombres y en nuestra junta directiva había mayor cantidad de hombres. Hoy en día, el staff que tiene Hábitat prácticamente es casi un 90% de mujeres”, resaltó. Hizo dirección por 6 años, estudiando y sus hijas ayudándole en las materias. A los 48 años se recibió de ingeniera social.

Continuó hablando de la organización y refirió que venían con retos fuertes de levantar, ordenar, establecer procesos. “Me tocó esa etapa de reposicionar a Hábitat Paraguay en la región y lo hicimos superbien porque después pudimos ejecutar 2 presupuestos en un solo año, porque la Organización Internacional nos había puesto algunas condiciones para seguir operando y pudimos ejecutar. Un año no construimos ni una sola casa y al siguiente año llegamos a 300 soluciones habitacionales con unas 10 personas trabajando en ese entonces. Hoy estamos cerca de 80”, destacó.

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Citó además que cuentan con una línea en la que trabajan fuertemente, lo que es la inclusión de la mujer y la oportunidad diferenciada para la mujer jefa de hogar. Aseguró que en la organización la pandemia les llevó a potenciar la colaboración al 200%. “Cuando a los seres humanos nos ponen en una situación límite y salimos de nuestra área de confort creo que ocurren milagros. Durante la pandemia fundamos con más de 40 organizaciones una red de apoyo a asentamientos”, remarcó.

Foto: Gentileza.

Su familia y lo que le gusta

Se casó joven, viajó por varias ciudades de nuestro país y también vivió en el extranjero por la profesión de su marido. Se dedicó al cuidado de sus hijas y asegura que no se arrepiente de haber tomado esa decisión, ya que hoy ve los frutos de la educación y los valores inculcados. Una de sus hijas es arquitecta y la otra es ingeniera informática. Trabajan, se sostienen solas y cada una colabora en su ámbito de experticia.

“Hace 32 años que estoy muy felizmente casada. Mi marido ya está jubilado. Me encanta trabajar, me despierto generalmente bastante temprano, me gusta hacer ejercicios, siempre hice. Cuando hago ejercicios siento que me conecto con mi yo interior, con Dios y me da una energía tan fuerte.

Mary junto a su familia. Su esposo Basilio Lisnichuk, su hija mayor Katrina, la menor Yohanna y su marido Dani. Foto: Gentileza.

Contó que cuando era chica vivía frente al río, por lo que le encanta la natación. “El agua es una de las cosas que más me gustan”, afirmó. Sus padres eran pescadores y siempre estuvo acostumbrada a pescar en red, en contacto con la naturaleza. Igualmente manifestó que actualmente le cuida a su mamá, que ella es su fortaleza espiritual y que está muy feliz de seguir teniéndola.

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Así también, confesó que le gusta correr y cuidar su salud, la alimentación. “Tengo mi huertita con cebollita, perejil. Me gustan las flores, orquídeas, tunas. Me encanta cocinar, tengo una tradición ancestral de mi abuela, ella era ucraniana y varias cosas aprendí con ella a muy corta edad. Casi no cocino para mí, sino para regalar, porque me encanta regalar las cosas dulces que hago, me gusta mucho compartir lo poco o mucho que pueda tener”, puntualizó.

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