La estrella estadounidense del rap, J. Cole, disputará el domingo el primer partido de la nueva Basketball Africa League con el equipo de los Rwanda Patriots, por el que acaba de fichar.
La presencia del rapero de los cinco álbumes de platino (un millón de ejemplares vendidos) y productor de música, de 36 años, entre los trece jugadores de los Patriots fue confirmada el viernes por su entrenador Alan Major. Jermaine Lamarr Cole llevará el número quince y jugará como alero.
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“Es un muy buen tirador. Lo hemos elegido porque tiene una muy buena inteligencia de juego”, explicó la responsable del equipo, Haydee Ndayishimiye, que no informó sobre los detalles del contrato. J. Cole soñó mucho tiempo con una carrera en el básquet, un deporte que practicó en secundaria y en la universidad.
La Basketball Africa League (BAL), nueva competición apoyada por la NBA norteamericana y la Federación Internacional de Básquet (FIBA), reúne en Ruanda de 16 al 30 de mayo a doce equipos salidos de otros tantos países africanos.
J. Cole podría ser alineado desde el partido inaugural contra los River Hoopers de Nigeria, pero solo estará en el equipo durante la duración de la competición. Su sexto álbum, ‘The Off-season’, donde evoca su amor por el básquet, salió el mercado el viernes, tres años después del anterior, ‘KOD’.
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Fuente: AFP.
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Los Harlem Globetrotters celebran 100 años de básquet y diversión
Mates de altos vuelos, asistencias increíbles y jugadas improbables: los Harlem Globetrotters celebran este año sus 100 años de vida después de haber conquistado el mundo, popularizado el básquet fuera de Estados Unidos y contribuido a la causa afroamericana, en una trayectoria no exenta de críticas. En gira tanto en su país como en varios países del mundo, empezarán marzo en Reino Unido, antes de pasar gran parte del mes en ciudades de Francia y poner rumbo hacia Turquía a principios de abril.
Aunque se constituyó en Chicago en 1926, su propietario y mánager -blanco- Abe Saperstein optó para el nombre por Harlem, un barrio de Nueva York entonces epicentro de la cultura negra estadounidense “porque quería que todo el mundo supiera que era un equipo compuesto únicamente por afroamericanos”, explica a la AFP Susan Rayl, de la Universidad del Estado de Nueva York en Cortland. El término “Globetrotters” vino porque Saperstein, visionario y con gran olfato para los negocios, “anticipaba que algún día iban a estar recorriendo el mundo”, añade esta experta académica.
Recorrer el mundo
Antes de esa conquista planetaria, el equipo viajaba por Estados Unidos para medirse a planteles compuestos únicamente por blancos, en un ambiente muy alejado de las exhibiciones y shows que ahora realizan.
Muy superiores a aquellos adversarios, los Harlem Globetrotters comenzaron, a finales de los años 1930, a realizar el espectáculo que les dio renombre mundial, en gran medida por sus acrobacias en la práctica del básquet y sus jugadas que desafían lo posible.
Esa apuesta no gustó al propietario y mánager del equipo “Black Fives”, también compuesto solo por jugadores negros, en una época en la que no podían participar en las ligas profesionales por la segregación en vigor.
“Era originario de las Antillas británicas y no le gustaban las payasadas de los Harlem Globetrotters, a los que encontraba degradantes. Para él, trasladaban una imagen de descendientes africanos analfabetos e idiotas. Muchos africanos-estadounidenses compartían esa opinión”, explica Susan Rayl.
Jugadores pioneros
Las mismas críticas se escucharon durante el periodo del movimiento de los derechos civiles de las décadas de los 1950 y 1960.
El pastor y activista Jesse Jackson, recientemente fallecido, les defendió: “Creo que tienen una influencia positiva. No muestran a los negros como estúpidos, sino al contrario, los muestran como superiores”.
Su popularidad a finales de los años 1940 les llevó a enfrentarse en 1948 y 1949 a los Lakers, entonces con sede en Mineápolis y campeones de la Basketball Association of America (BAA), una de las ligas de la época.
El objetivo es también comercial, pero las dos victorias de los “Trotters” contribuyeron a la integración de los jugadores negros en las ligas profesionales: en 1950, su integrante Nathaniel Clifton se convirtió en el primer afroamericano en unirse a la NBA, recién creada.
El mismo año, Chuck Cooper fue el primer jugador negro elegido en el draft, por los Boston Celtics en el decimocuarto lugar.
Del Papa a la URSS
A partir de los años 1950, los Harlem Globetrotters exportaron su talento al extranjero y se convirtieron casi en estrellas de rock, reuniendo por ejemplo a 75.000 personas en el estadio Olímpico de Berlín en 1951.
Mientras la NBA se limitaba a las fronteras de su país, los Harlem Globetrotters se convertían en los auténticos embajadores del básquet de Estados Unidos en el mundo.
Fueron recibidos en 1952 por el papa Pío XII y viajaron a la Unión Soviética con Wilt Chamberlain, una futura estrella de la NBA.
“En los años 1950 fueron nombrados embajadores de buena voluntad y fueron enviados por el Departamento de Estado al extranjero para mostrar la diversidad y la igualdad que se proyectaba de Estados Unidos, aunque no fuera así en realidad”, explica Susan Rayl.
Los Harlem Globetrotters de la actualidad, comprados en 2013 por una empresa de parques de ocio, aseguran “continuar con ese legado intentando tener un impacto positivo en el mundo”, según dice a la AFP “Wham” Middleton, uno de los integrantes actuales. Más allá de piruetas y acrobacias, su impacto es indudable y por algo en 2002 pasaron a formar parte del “Hall of Fame” (Salón de la Fama) del básquet en Springfield (Massachusetts).
Fuente: AFP.
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Donald Trump afirma que puso fin a ocho guerras este año
¿Donald Trump puso fin a ocho guerras desde que regresó al poder en enero, como él afirma? En la práctica, el balance de los esfuerzos de mediación del presidente estadounidense, que sueña con ganarse un día el Nobel de la Paz, es más matizado. Además, el conflicto en Ucrania, que el magnate republicano aseguraba poder detener “en un día” no da tregua a pesar de sus esfuerzos de mediación.
Camboya y Tailandia
Donald Trump se presentó como el gran artífice del “acuerdo histórico” firmado el 26 de octubre entre los dos países del sureste asiático, inmersos en una vieja disputa fronteriza. El presidente republicano ya había mediado en julio, junto a China y Malasia, un alto el fuego, tras cinco días de combates que dejaron al menos 43 muertos y provocaron la huida de más de 300.000 civiles.
Pero el acuerdo de octubre apenas se mantuvo durante dos semanas. Tailandia lo suspendió el 10 de noviembre tras la explosión de una mina terrestre cerca de la frontera. Y el domingo estallaron nuevos choques en regiones fronterizas, con un saldo de 20 muertos (11 civiles camboyanos y nueve soldados tailandeses), según balances oficiales. Los enfrentamientos son “más intensos que en julio”, dijo a AFP Lay Non, un camboyano que tuvo que huir de su pueblo. Más de medio millón de personas se han visto obligadas a evacuar las zonas de combates.
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República Democrática del Congo y Ruanda
El acuerdo firmado en Washington el 4 de diciembre, que Trump tachó de “milagroso”, no tuvo ningún efecto en el este de la República Democrática del Congo, una región fronteriza con Ruanda, rica en recursos naturales y sumido en conflictos desde hace más de 30 años.
El grupo armado M23, que combate al ejército congoleño con el apoyo de entre 6.000 y 7.000 soldados ruandeses, según expertos de la ONU, entró el martes en la estratégica ciudad de Uvira. Según el vecino Burundi, esta es una “cachetada” para Washington.
Israel y Hamás
Es el gran logro de Donald Trump: un alto el fuego -aunque frágil- que puso fin a la devastadora guerra en la Franja de Gaza, desencadenada por el ataque sin precedentes del movimiento islamista palestino Hamás el 7 de octubre de 2023 contra Israel.
Fruto de fuertes presiones de Estados Unidos, y con la mediación de Catar y Egipto, esta tregua entró en vigor el 10 de octubre. Dio lugar a la retirada parcial de las tropas israelíes de Gaza y al canje de rehenes israelíes por presos palestinos. Sin embargo, la violencia sigue sacudiendo el territorio palestino y más de 370 palestinos han perecido en ataques israelíes, mientras que Israel lamenta la muerte de tres soldados.
Hamás debe aún devolver el cuerpo de un último rehén israelí. El gobierno israelí exige su restitución antes de pasar a la segunda fase del acuerdo de tregua, destinada a consolidar el alto el fuego. El movimiento islamista, por su parte, considera que la segunda etapa “no puede comenzar” mientras Israel “siga violando el acuerdo”, según indicó el martes a AFP Hosan Badran, miembro de su buró político.
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Israel e Irán
Israel lanzó el 13 de junio un ataque sin precedentes contra Irán, con el objetivo declarado de impedir que su enemigo jurado se dote de la bomba atómica. Estados Unidos se unió a la ofensiva bombardeando tres sitios nucleares iraníes en la noche del 21 al 22 de junio.
Tras 12 días de guerra, el presidente estadounidense anunció un “alto el fuego total” entre los dos países. La solidez de esta tregua está en entredicho, ya que el programa nuclear iraní continúa siendo una fuente de tensión entre Teherán y los países occidentales. El guía supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, asegura que su país no cederá en la cuestión del enriquecimiento de uranio.
Pakistán e India
Las dos potencias nucleares se afrontaron en mayo durante 40 días. Fue su peor conflicto en décadas, con más de 70 muertos en los dos bandos. Para sorpresa general, Donald Trump anunció un alto el fuego entre los dos vecinos.
Pakistán agradeció a Washington por haber ayudado a lograr este resultado, pero India aseguró haber negociado directamente con Islamabad. Según el primer ministro indio, Narendra Modi, ningún dirigente extranjero le pidió poner fin a las hostilidades.
Egipto y Etiopía
Los dos países no están en guerra, pero las tensiones son intensas por la megapresa que Etiopía construyó sobre el Nilo. Egipto, cuyo abastecimiento de agua depende en un 97 % de este río, la considera una “amenaza existencial”. La obra fue inaugurada el 9 de septiembre. El ministro egipcio de Relaciones Exteriores, Badr Abdelatty, afirmó esta semana que las negociaciones con Etiopía están bloqueadas.
Armenia y Azerbaiyán
Los dirigentes de los dos países del Cáucaso, que se enfrentaron en dos guerras por la región de Karabaj, firmaron en agosto en la Casa Blanca un proyecto de acuerdo de paz para poner fin a décadas de conflicto. Sin embargo, la firma del acuerdo sigue siendo incierta, debido a una serie de condiciones impuestas por Azerbaiyán.
Serbia y Kosovo
Belgrado y Pristina firmaron en 2020, durante el primer mandato de Trump, un acuerdo de normalización económica, en presencia del presidente estadounidense. Pero no se trata de un acuerdo de paz y el diferendo político sigue siendo profundo entre los dos países de los Balcanes.
Fuente: AFP.
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Vuelve la Copa Rodrigo Gómez
La Copa Rodrigo Gómez de básquetbol masculino y femenino de categoría Sub-17 se disputará por segunda vez en las instalaciones del club Sol de América entre el viernes 17, sábado 18 y domingo 19 de enero.
En ese sentido, la comisión organizadora confirmó a los equipos que participarán en ambas ramas. Ciudad Nueva, Luque, San Lorenzo, Ciudad de Ayolas y Sol de América jugarán en masculino. En tanto que, en la rama femenina aseguraron su presencia los clubes Ciudad Nueva, Paranaense (de Encarnación) y Sol de América.
El torneo Rodrigo Gómez se realizará por segunda vez en 2025 tras una primera iniciativa, que se llevó a cabo antes de la pandemia del covid-19 en el año 2019.
Rodrigo Gómez Cañiza fue jugador de Sol de América y en vida integró la selección paraguaya de básquetbol Sub-15, quien falleció en el 2011 luego de una larga internación tras sufrir una lesión jugando su deporte. Fue hijo de Andrés “Chachi” Gómez, recordado exjugador del básquetbol paraguayo de la década de los 80 y principio de los 90.
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La increíble historia de cómo mil niños fueron salvados del genocidio en Ruanda
En 1994, en pleno genocidio contra la minoría tutsi en Ruanda, mil niños huérfanos o separados de sus familias fueron salvados gracias a los “convoyes de la vida” de una oenegé suiza, una historia que sale a la luz 30 años después. La escritora francoruandesa Beata Umubyeyi Mairesse, que entonces tenía 15 años, hizo el viaje junto a su madre en un convoy el 18 de junio.
Casi todo el viaje lo hizo “echada en el fondo” del camión, lleno de niños, y “cubierta con telas” para esconderse porque las autoridades ruandesas solo habían autorizado el rescate de menores de 12 años. Beata cuenta esta historia poco conocida en su libro “El convoy”, publicado recientemente, una investigación de varios años que empezó con sus propios “recuerdos difuminados” y que es al mismo tiempo la reconstrucción de lo que vivieron y un homenaje a quienes les salvaron, arriesgando sus propias vidas.
El genocidio contra la minoría tutsi en Ruanda, orquestado por el régimen extremista hutu entonces en el poder, mató a casi un millón de personas entre abril y julio de 1994. Fue un proceso de exterminio sistemático, perpetrado por los militares y los milicianos del grupo paramilitar hutu Interahamwe. Entre junio y julio de 1994, mil niños se salvaron de una muerte segura gracias a los convoyes que puso en marcha la oenegé suiza Terre des Hommes (Tdh).
También gracias al compromiso de varios extranjeros y ruandeses (una pareja de cooperantes, un cónsul, periodistas, sacerdotes y monjas) que permitieron sacarlos al vecino Burundi. La AFP habló con varios de estos huérfanos, adoptados o acogidos en el extranjero, y que han reconstruido con valentía su historia.
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Camiones abarrotados
En las fotos que Beata ha podido consultar se ven las miradas asustadas o sorprendidas de los niños mirando al fotógrafo desde el interior de los camiones o a su llegada a Burundi. Algunos habían sido internados en orfanatos o centros de acogida antes de las masacres, o eran huérfanos tutsis cuyos padres acababan de ser asesinados.
Fueron sacados del país en autobuses o camiones abarrotados, muchos eran supervivientes de las masacres y llevaban vendas. La muerte los acechaba en cada retén de las carreteras controladas por los extremistas hutus. Uno de los testigos, Jean-Luc Imhof, un cooperante que trabaja desde hace 30 años para la oenegé suiza, ayudó a la autora en su investigación.
En 1993 y 1994 estuvo destinado en Ruanda y volvió al país en 1995. La organización de estos convoyes fue “caótica”, recuerda. En ese momento el genocidio llevaba semanas en marcha. A medida que avanzaban los rebeldes tutsis del Frente Patriótico Ruandés (FPR), que acabaría poniendo fin al genocidio, los militares y la milicia Interahamwe “enloquecieron” porque sentían la derrota inminente.
“Terre des Hommes se enfrenta a una situación increíble: la responsabilidad de esos más de mil niños identificados”, recuerda el cooperante. “Eran sobre todo niños pequeños, de entre cinco y diez años, y menores de tres años. Muchos resultaron heridos, en especial por golpes de machete”, dice.
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Barreras
La oenegé tomó la decisión, en acuerdo con otras entidades humanitarias internacionales, de organizar su salida. El primer convoy, organizado a inicios de junio con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), logró llegar a Burundi. El del 18 de junio, que no se pudo hacer con el CICR, “fue aún más arriesgado”.
“El convoy avanza hacia incógnitas increíbles, hay barreras donde los militares obligan a salir a los niños, que arriesgan su vida cada vez”, relata Imhof. Recuerda las tragedias que presenciaron estos niños para sobrevivir y los “traumas que cargan”. Muchos de ellos “vieron masacrar a su familia”.
“Su vida cotidiana consistía en huir de la muerte varias veces por día”, cuenta. Treinta años después, Claire Umutoni, huérfana del genocidio tutsi junto a sus cuatro hermanas, narra esos momentos con una agudeza que estremece. “Recibimos una llamada telefónica hacia el 20 de abril de una persona cuya voz mi padre reconoció; sabía que era uno de los dignatarios de la ciudad de Butare (sur), que le dijo ‘tu hora ha llegado’”.
Los padres pidieron entonces a sus hijas salir inmediatamente de la casa. Claire, de 17 años, y sus hermanas se refugiaron en diferentes sitios de los que serían expulsadas. La joven se convierte de golpe en jefa de familia de sus cuatro hermanas tras la muerte, con una “crueldad inimaginable”, de su madre el 26 de abril y de su padre el 10 de mayo. Las hermanas se refugian en una escuela.
“Caían bombas cerca de la escuela donde estábamos con varios huérfanos; los niños habían sufrido todo tipo de heridas, en el cuerpo y emocionales, era terrible”, suspira Claire en Canadá, donde vive. El 3 de julio Claire sería llevada a Burundi en uno de los convoyes con varios huérfanos.
“Caos”
“Recuerdo que en la carretera había muchos genocidas huyendo con martillos y machetes (...) era un caos porque el FPR estaba a las puertas de Butare, pero aún había genocidas que querían matar a los tutsis”, cuenta. Recuerda también los controles de carretera a cargo de milicianos que llevaban “porras, grandes cuchillos de matadero, granadas” y su “sensación de miedo constante”.
Finalmente, Claire y sus hermanas son acogidas por unas tías. “Mi tía decidió enviarme a Canadá en 1999, a un país lejano, para empezar una nueva vida, para reconstruirme... y elegí no caer en la locura”, cuenta Claire, ahora funcionaria en la Oficina del Consejo Privado de Canadá y madre de tres hijos.
Regresó a Ruanda en 2008 para enterrar a sus padres, cuyos cuerpos finalmente fueron identificados. Para Beata, el año 2024 marca un “despertar”. “Los que eran pequeños entonces por fin están conociendo esta historia, y eso es poderoso”, dice. Tras la publicación de su libro fue contactada por varios de los niños salvados, ahora adultos. “Cuando alguien se pone en contacto conmigo, le explico que puedo enviarle fotos e intentamos averiguar en qué convoy estuvo, el libro tiene un impacto”.
“Gracias a ustedes”
Varios de los “niños de los convoyes” se reunieron por primera vez el pasado 30 de junio con cooperantes y periodistas que participaron en su exfiltración. El encuentro, al que asistió la AFP, tuvo lugar en el Memorial de la Shoah, en París. Cuando Nadine Umutoni Ndekezi -que ahora vive en Bélgica- toma la palabra, evocando sus recuerdos del convoy del 3 de julio que la exfiltró del orfanato en el que se había refugiado cuando sólo tenía nueve años, la emoción se apodera del auditorio.
Agradece “la valentía” de quienes participaron en los rescates. “Estamos aquí hoy también gracias a ustedes, porque no se dieron por vencidos”, dice esta mujer, ahora trabajadora social en salud mental y madre de un adolescente de 14 años. Agradece también a Beata, que le permitió “al fin” saber quiénes le ayudaron a escapar.
“Son nuestros héroes, hicieron un acto increíble”, abunda Claire Umutoni, en declaraciones a AFP. Al final de la entrevista, Claire resume los últimos 30 años. “Elegí vivir en nombre de nuestro pueblo, que fue asesinado cuando no era culpable. Para permanecer digna e íntegra frente a los genocidas”.
Fuente: AFP.