Un fabricante de gafas de Zúrich (Suiza), desbordado desde la entrevista de Oprah Winfrey a Meghan Markle y al príncipe Enrique, confesó el jueves a la AFP estar “un poco sorprendido” por su repentina notoriedad. Vista por unos 17 millones de personas en Estados Unidos y 11 millones en el Reino Unido, la entrevista en la cadena CBS a la duquesa de Sussex y a su esposo provocó una onda expansiva que sacudió a la monarquía británica.
Pero, al margen de la entrevista, el diario suizo Tages-Anzeiger señaló que una pregunta inundaba Twitter: “¿De dónde son, por favor, las gafas de Oprah Winfrey?”. El rotativo reconoció rápidamente la marca zuriquesa Götti. Con sede en Wädenswil, una pequeña localidad a orillas del lago de Zúrich, esta marca fundada en 1993 por Sven Götti produce monturas de alta gama en pequeñas cantidades, unos 10.000 pares al mes.
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Fabricadas en sus talleres en Suiza y vendidas en ópticas independientes, las monturas cuestan de media entre 400 y 500 francos suizos (entre 432 y 540 dólares), indicó el portavoz de la marca a la AFP. Sven Götti diseñó especialmente la montura “OR02” para Oprah Winfrey tras conocer a la estrella estadounidense, dueña de una impresionante colección de gafas, hace dos años a través de uno de sus ópticos favoritos en Washington.
“Le diseñé dos pares diferentes”, explica Götti a la AFP. “Pero cuando las vio, le gustaban tanto que no sabía cuál escoger y acabo quedándose ambas”, recuerda. La estrella estadounidense, a quien le gustan “por su ligereza” pese a su tamaño según el diseñador, le encargó una veintena más de monturas.
“Estoy un poco sorprendido de las reacciones”, reconoce. “Ella ya llevó monturas nuestras en otras entrevistas, con Barack Obama, Lady Gaga, Dolly Parton. Pero desde esta épica entrevista, [los pedidos] vienen de todas partes”, se exclama.
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Fuente: AFP.
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Annecy 2026: Karla Castañeda y el exilio de los “niños cuervo”
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
La animadora tapatía Karla Castañeda compite en la selección oficial del certamen francés más prestigioso del mundo con "Canción de Noche", una fábula en stop-motion sobre la ausencia, la migración y el perdón. Tras dos años de aislamiento en Zacatecas y su paso por el equipo de Guillermo del Toro, Castañeda desnuda los sacrificios de la animación independiente en Latinoamérica.
Detrás de cada segundo de magia en la pantalla, hay horas de oscuridad, soledad y tierra roja. Mientras la industria cinematográfica global voltea sus ojos hacia el Festival Internacional de Animación de Annecy —la meca indiscutida de la disciplina—, la mexicana Karla Castañeda llega a la exigente selección oficial con una obra que late con el pulso, el dolor y la resiliencia de su país.
Originaria de Guadalajara, Jalisco, Castañeda es una de las pocas voces latinoamericanas que logran colarse en la competitiva grilla de Annecy. Su nuevo cortometraje, Canción de Noche, es el resultado de dos años de encierro en un pequeño pueblo de Zacatecas, donde la naturaleza, un estudio artesanal y un equipo de apenas cuatro personas bastaron para crear una fábula oscura sobre la ausencia y la violencia.
La fantasía como espejo de una realidad hostil
Lejos de ser un simple ejercicio estético, Canción de Noche es una profunda crítica social envuelta en realismo mágico. La historia se sitúa en un pueblo donde la música es el alma de la gente, pero donde la sombra del exilio involuntario lo acecha todo.
“Es una historia sobre una madre y un hijo que se quedan solos cuando el padre tiene que irse a la frontera, al exilio, a buscar cómo mandar de comer a su familia”, explica la directora. “De pronto, en ese hogar lleno de música, llega la maldad. Yo los quise representar como los ‘niños cuervo’, que son esos ‘niños halcones’ de 10 o 12 años a los que los adultos les pagan para vigilar o hacer daño”.
El cortometraje no rehúye al dolor, pero tampoco cae en el panfleto. Cuando los “niños cuervo” le arrancan el corazón a la madre, el niño protagonista emprende un viaje de venganza que, en un giro magistral, desemboca en el perdón. “El niño levanta la máscara del otro niño, se da cuenta de que es un niño como él, que llora y tiene sentimientos. Decide perdonarlo, absolverlo, y se lleva a su madre en una barca tocando la tuba, de donde empiezan a salir mariposas. Es el legado musical, es la catarsis”, relata. A través de la fantasía de Canción de Noche, Castañeda logra universalizar el desgarrador fenómeno de las familias mexicanas fracturadas por la migración y la violencia.
Hacer animación en México: entre el serrucho y la cinta médica
Si la historia de Canción de Noche es conmovedora, su detrás de cámara es una epopeya de la artesanía latinoamericana. Para lograr los texturizados y escenarios del filme, Castañeda no recurrió a estudios gigantescos, sino a la geografía misma de Zacatecas, con el apoyo de la Secretaría de Cultura local y las bandas de viento del pueblo.
“Yo tenía que ir a cortar los árboles al cerro. Me llevaba mi serrucho, caminaba 40 minutos, y si se acababa la batería de mis herramientas, tenía que regresar. Agarraba tierra roja de costales, me subía a la maqueta y ponía los costales. Tenía muchísima alergia, pero todo el arte me lo tenía que levantar yo”, recuerda la animadora.
Esta realidad contrasta con los procesos de producción en Europa o Estados Unidos, donde los departamentos están fragmentados. “En México tienes que hacer todo solito. ¿Cómo solucionas esto? Pues con cinta médica, con hilo, cosiendo para que parezca una herida. Es cómo solucionarla en México, es la vida misma”, sentencia.
De Guillermo del Toro a los gigantes de Annecy
El talento de Castañeda no pasó desapercibido en la industria internacional. Tras años de trabajar de manera independiente y con apoyos del Imcine, llegó a colaborar en el Departamento de Arte y Diseño de Producción de Pinocho, la obra maestra stop-motion de Guillermo del Toro y Mark Gustafson, donde se encargó de las escenas más oscuras de la muerte y los conejos.
Esa conexión fructificó aún más: actualmente, Castañeda se encuentra coescribiendo junto a del Toro su primer largometraje, El gigante enterrado, un proyecto que mantiene en estricto secreto pero que describe como “muy lindo”.
Para Canción de Noche, la directora logró reunir a un equipo de ensueño que refleja el respeto que su obra ha ganado a nivel global. La música estuvo a cargo del español Fernando Velázquez (compositor de Lo imposible y Un monstruo viene a verme); el color fue tratado por Compadre 3; y los créditos fueron animados por la aclamada portuguesa Regina Pessoa. “Que un músico de esta talla haga la partitura para Canción de Noche, o ver a gente que yo admiro en el mismo programa... es muy lindo", confiesa con emoción.
La animación no es un “hobby”
A pesar de los elogios y de la alfombra roja de Annecy, Castañeda es enfática al defender la dignidad de su oficio, el cual suele ser subestimado por el público general. Para ella, cada proyecto es una forma de procesar el duelo, tal como lo hizo con sus anteriores trabajos Jacinta y La Noria.
“La gente me dice: ‘Qué flojera, qué paciencia’. Pero no es un hobby. Hay gente que dice ‘en mi tiempo libre quiero hacer animación’, y no, no es tu tiempo libre. La animación es algo muy serio, te tienes que tomar 24 horas, sábados y domingos. Trabajas en la oscuridad, es como estar en una mina”, advierte.
Tras dos años de aislamiento en Zacatecas, rodeada de ancianos, mujeres solas y la música de las bandas de viento locales, Karla Castañeda logró traducir el silencio y la tierra roja de México en nueve minutos de poesía visual. Con Canción de Noche, la animadora tapatía no solo compite por un premio en Francia; ofrece al mundo un abrazo cinematográfico a todas las madres que esperan, y a los niños que, incluso en la hostilidad, deciden aprender a tocar la tuba para que vuelvan las mariposas.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Annecy 2026: la animación china madura con “Tana”
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
En el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, la alfombra roja se tiende sobre la hierba verde de los Alpes franceses, pero es en la oscuridad de las salas donde ocurre la verdadera magia. Allí, entre los títulos de la competición oficial, brilla con luz propia "Tana", la ópera prima del estudio chino Light Chaser Animation, codirigida por Ji Zhao y Ke Er Zhu. Durante la rueda de prensa tras la proyección, la dinámica de la dupla resultó tan reveladora como su película: mientras Ji Zhao asumió con vehemencia el papel de portavoz y visionario —reflejando la perspectiva paterna que defiende en el filme—, Ke Er Zhu intervino apenas un par de veces para clavar el puñal emocional de la trama, aportando la mirada de la hija.
«En realidad, es la primera película de nuestro estudio. Y ahora tenemos la suerte de haber sido seleccionados por Annecy. Estamos muy emocionados», confesó Ji Zhao al inicio del encuentro, visiblemente conmovido por el respaldo de la Meca de la animación. Sin embargo, el director no tardó en dejar claro que Tana no es una película para ser consumida en la soledad de una pantalla doméstica. «No se trata solo de lo visual. También se trata de lo que escuchas. Y tenemos una frase que dice: “Una vez que la música está aquí, siempre recordarás el momento”», explicó Zhao, defendiendo el cine como un espacio sagrado. «La mejor parte del cine es que te metes en una caja negra y quedas inmerso. Estás muy centrado en todo lo que te rodea. El sonido envolvente te ayuda a disfrutar, como si estuviéramos en una sala de conciertos. Tienes todo regresando hacia ti desde las diferentes paredes y techos. Esa es la idea».
Dos perspectivas, una misma obra
Preguntados por cómo funciona la codirección, la intervención de Ke Er Zhu fue tan escueta como certera: «Trabajamos juntas y decidimos juntas».
Zhao tomó el relevo para explicar la simbiosis de una década de trabajo conjunto y cómo sus propias vidas se filtraron en el guion. «Llevamos más de 10 años trabajando juntas. Hemos estado muy cerca y concentradas en diferentes partes. La mayoría de las veces, hablamos juntas. Discutimos, por supuesto. Todos los directores tienen diferentes puntos de vista», relató Zhao. «Pero creo que es bueno porque la película trata sobre un padre y una hija. Ella tiene la perspectiva de una hija... Pero ella tiene una hija. Yo tengo una hija. Así que yo tengo la perspectiva del padre. Ella tiene la perspectiva de la hija».
«Como en la película», sentenció brevemente Ke Er Zhu, cerrando el círculo de la metáfora.
Ese conflicto generacional es el corazón de Tana. En la trama, el padre es músico, pero se niega a que su hija siga sus pasos. Zhao contextualizó este choque desde la propia historia de la animación en su país: «Hace 10 o 20 años, no había industria de la animación en China en absoluto. Crecimos viendo animación japonesa y estadounidense. Cuando le decía a nuestros padres: “Voy a hacer animación”, decían: “Eso es algo para niños. ¿No podrías encontrar algo más serio?”». Sin embargo, el director celebra el cambio de los tiempos: «Los padres empiezan a apoyar a sus hijos para que hagan lo que realmente aman. La vida es dura. El trabajo es duro. ¿Por qué no hacer algo que amemos? Eso hará nuestra vida más fácil».
El silencio de la familia asiática
Si Zhao pone la voz de la experiencia y la industria, Ke Er Zhu pone el alma de la cultura oriental. Al ser interpelada sobre su momento favorito de la cinta, la codirectora ofreció una de las reflexiones más hermosas de la jornada, desgranando la idiosincrasia afectiva de Oriente:
«Mi momento favorito es Tana en el río Huangpu de Shanghái... Su padre ama su música. Porque para mí, escuché muchas cosas de mi padre, de otras personas. Pero él nunca me lo dijo», confesó Zhu, con la voz quebrada por la emoción. «Así que es la familia asiática. No estamos acostumbrados a decir “te quiero” o “me importas”. Todo está en las pequeñas cosas».
Esa música, que actúa como el verdadero lenguaje de ese amor no dicho, fue compuesta e interpretada por Anda Union, un grupo nativo de Mongolia Interior. Zhao recordó el encuentro fortuito que cambió el rumbo del proyecto: «La primera vez que los conocimos, fue en un lugar muy casual. Tocaron para nosotros. Hicieron un “jam”. Y en ese momento, éramos seis o siete personas sentadas ahí. Todos estaban llorando sin entender las palabras. Y eso, creo, nos inspiró a hacer algo. A hacer una película sobre esta música maravillosa pero muy poco conocida. Incluso en China continental, nadie los conoce. Quiero llevarla a una pantalla más grande».
La magia de lo onírico
La película está salpicada de secuencias oníricas donde la realidad se disuelve en fantasía visual. Para Zhao, esto es la esencia misma de su medio: «Creo que cuando escuchas una canción, tienes una imagen en tu cabeza... No tienes que entender ninguna letra o idioma, pero puedes sentir el flujo internacional, la melodía tocándote. Intento transformar la música en mi cabeza en algo visual para compartirlo con la gente... Eso es lo único que la animación puede hacer. Porque la animación puede mostrar algo que no es real».
Esa capacidad de evasión y madurez artística es el reflejo de un boom industrial sin precedentes. «Quizás hace 20 años, nadie veía animación china. No había ningún largometraje», recordó Zhao. «Pero la nueva generación me dijo: “Crecí con tu película White Snake“. Y dijeron que eso los inspiró. Quieren hacer animación desde entonces. Y ahora se están graduando. Es muy conmovedor para mí».
A diferencia de Francia, donde el CNC impulsa el sector, Zhao aclaró que en su país el motor es otro: «No es algo específico para ayudar a la animación... Para la animación, creo que ahora mismo, especialmente la animación 3D, es súper cara. Así que está más impulsada por el mercado. Consigues más taquilla y puedes tener la oportunidad de hacer la siguiente».
Antes de concluir, Ji Zhao lanzó un último y apasionado alegato en favor de la exhibición tradicional.
«Sé que esta película no es solo para el cine. No se trata solo de las imágenes. También es por lo que escuchas», zanjó Zhao, mirando a los presentes. «Por eso respeto el cine. Amo el cine. Por eso sigo haciéndolo. De otra manera podría hacer cortos para streaming online. Eso también puede expresarme. Pero sigo haciendo cine porque amo el formato. Amo el medio. Estoy realmente metido en el cine. Por eso, cuando hacemos la película, queremos que la gente tenga la mejor experiencia dentro de la sala. Así que pusimos mucho esfuerzo».
Ke Er Zhu, desde su discreción, solo asintió con una última y cómplice palabra: «Entiendo». Un broche de oro para una película que, precisamente, trata sobre todo lo que se entiende sin necesidad de ser pronunciado.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Annecy 2026: Alberto Vázquez, el maestro de la “antifábula” animada
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
El cineasta español Alberto Vázquez presentó su nueva obra en el prestigioso festival francés de Annecy. En entrevista exclusiva, desmenuzó su particular universo donde animales tiernos esconden crisis sociales, sarcasmo y una visión del mundo que no busca la condescendencia de los Óscar, sino la emoción genuina a través del contraste.
El Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy es, por derecho propio, la meca de los creadores que mueven los hilos de la ilusión fotograma a fotograma. Allí, entre los pinos y las aguas del lago francés, volvió a brillar el universo mordaz y conmovedor de Alberto Vázquez. Con su película ya estrenada en España hace ocho meses y preparándose para su desembarco en Francia y Estados Unidos, el cineasta disfruta de lo que él mismo define como “una tercera vida” de su obra.
Pero más allá del foco de atención que impone el festival, Vázquez se tomó un momento para desgranar su filosofía creativa. La suya es una obra donde la ternura es solo un caballo de Troya para hablar de las miserias humanas, un espacio donde la animación demuestra estar lejos de ser un género infantil para consolidarse como un lienzo infinito para la crítica social.
El caballo de Troya de los “animalitos”
Cuando se le consulta sobre si la animación posee un pasaporte más fácil para la internacionalización que el live action, Vázquez lo tiene claro. Su estética, que bebe de las fábulas clásicas y del anime más “cute”, esconde una estrategia narrativa deliberada.
“Yo trabajo con esta estética cartoon un poco universal, de animalitos. Me recuerda un poco a los inicios del Disney más clásico, recuerdo un poco las fábulas. Entonces, ese tipo de personajes no tienen un tiempo ni un lugar definido. O sea, es como pertenece un poco a la universalidad", explica el director. Y añade: “Tú si ves esta peli, decorado, no sabes bien de dónde es, no sabes bien si es española. O sea, no tiene nada que digas tú, es en español, igual es sentido del humor. O no sabes si es francesa, o americana, o japonesa”.
Sin embargo, detrás de esos ojos grandes y cabezones hay una intención mucho más profunda y contrastante. “Son figuras aparentemente dulces. Son animales bonitos para contar historias tristes, por así decirlo. Entonces, me interesa ese contraste entre lo cómico y lo triste. Personajes que hagan reír y llorar al mismo tiempo”, confiesa.
Esta dualidad funciona como una trampa para el espectador desprevenido: “También funciona un poco como un caballo de Troya”, en el sentido de que mucha gente, muchas familias, niños, adolescentes, o chavales, van a ver estas películas, pensando que son una película de humor gamborro... y luego se encuentran con una película bastante triste.
Megacorporaciones, máscaras sociales y la “antimoraleja”
Lejos de los bosques idílicos, el mundo que pinta Vázquez es un reflejo distópico de nuestra contemporaneidad. “Las temáticas que trata son bastante contemporáneas. Megacorporaciones controlan nuestra vida, superficialidad en las relaciones”, señala.
La crítica a la sociedad del espectáculo y la precariedad económica están presentes en cada trazo. “Muchas veces la película habla de eso. La sensación de que estamos todos los días actuando, ¿no? O tenemos un rol en nuestra familia, con nuestros amigos. El trabajo se ve muy claramente. La máscara que llevas, social”, reflexiona.
El retrato que hace de sus protagonistas es despiadado pero empático. Por todo ello, Vázquez no duda en calificar su obra como una “antifábula”. “Sabes que las fábulas tienen moraleja. Bueno, pues esta tiene una antimoraleja. Crea al espectador un mensaje que puede ser contradictorio o puede ser no positivo para él. O sea, al final es una película bastante cínica y bastante sarcástica, irónica, un sentido del humor un poco negro”, sentencia.
Los animadores como actores y un proceso de 12 años
Trasladar este mundo irreal y abstracto a la pantalla requiere de un equipo monumental. “Al final, si juntas todo el equipo, son 200 personas”, revela. El tiempo de producción suele ser de cuatro años, pero la gestación de esta historia en particular ha sido una maratón de 12 años.
“En el año 2012, yo hice una serie de historias cortas de cómic que publiqué en varias revistas. Y luego la salteó al cortometraje. Hice un cortometraje en el 2016-2017, y también estuvo aquí [en Annecy]. Unos años después, conocí al coguionista de esta película, se llama Xavi Manuel, y juntos empezamos a desarrollar un proyecto de serie de animación para adultos... Eso no fue adelante, y entonces dijimos, si llevamos trabajando en esto un año, todas estas ideas las hacemos en un largo. Al final, esta película tiene un proceso de 12 años“, rememora.
En este largo camino, el personaje de Arnaud, a quien “vimos en un corto, y ahora está en el largo”, se convierte en el hilo conductor. Y para darle vida, Vázquez tiene una premisa inquebrantable sobre su equipo: “Los animadores son los actores”.
Lejos de los Óscar
La entrevista deriva inevitablemente hacia el elefante (o el unicornio) en la habitación: la industria y los premios. Sus películas, marcadas por un humor negro y una crudeza visual, parecen estar diseñadas para ser “anti-Óscar”.
“Las películas estas son unas películas un poco anti-Oscar a veces. Son muy sarcásticas, muy oscuras, muy crueles a veces. No son películas familiares, son películas muy oscuras. A mí me gusta la oscuridad”, defiende el cineasta.
“La gente paga por ser asustada. Tiene un público, la oscuridad”, argumenta. “No son películas fáciles. Son películas un poco crueles. Unicorn Wars es una película muy violenta. Ultra violenta, yo diría. Son películas que no son para todos los públicos, pero tienen su público".
Para Vázquez, cambiar de registro sería traicionar su propia esencia artística. “Yo hago lo que hago, lo he hecho siempre. Es una visión artística del mundo”, subraya, lanzando una comparación con Lars von Trier.
Mientras la comunidad internacional de animación lo abraza en las calles de Annecy, Vázquez reafirma su compromiso con una visión intransferible. “La animación es un medio maduro. Se puede contar todo tipo de historias”, concluye.
Lejos de buscar la condescendencia de los premios mainstream, el español sigue demostrando que el dibujo animado es, en sus manos, un bisturí perfecto para diseccionar las sombras del alma humana.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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La Cinémathèque de Toulouse contra el olvido digital
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
En la entrada de la renovada Cinémathèque de Toulouse todavía se percibe el olor reciente de las obras. El edificio acaba de reabrir tras una remodelación ambiciosa, financiada conjuntamente por el Estado francés, la ciudad, la región y el departamento, y concebida no solo como una modernización arquitectónica, sino como una declaración política sobre el futuro del cine en Francia.
Pocos días antes, en el Festival de Cannes, la institución había presentado Cinexplora, una nueva plataforma digital destinada a valorizar parte de las colecciones históricas de la Cinemateca. Allí estaba también Franck Loiret, parte de la institución desde 2007 y director delegado de la institución desde 2015, moviéndose entre restauradores, archivistas, distribuidores y responsables de festivales en lo que hoy constituye una auténtica diplomacia internacional del patrimonio cinematográfico.
Durante más de una hora, Loiret habló sobre la conservación de películas, la crisis del digital, las relaciones entre las salas de Toulouse, la resistencia francesa frente a Hollywood, el papel del CNC y el problema de países donde el cine nacional apenas representa entre el 1 % y el 3 % de las entradas vendidas.
La conversación termina dibujando algo más amplio que una simple entrevista cultural: un retrato de la excepción cinematográfica francesa en un momento en que buena parte del mundo parece haber abandonado las salas.
“Nosotros ya advertíamos contra el ‘todo digital’ hace casi veinte años”, dice Loiret sentado en una de las nuevas salas de la Cinemateca. “El digital es un soporte excelente de difusión, pero no es un soporte de conservación”.
Una cinemateca fuera de París
Loiret llegó al cine desde el teatro. Nacido en Nantes, pasó buena parte de su juventud en Londres, donde trabajó como actor bilingüe en el circuito del West End. Habla inglés con una fluidez casi británica y recuerda aquellos años como fundamentales para entender tanto la creación artística como la gestión cultural.
“Trabajé mucho tiempo en el Wyndham’s Theatre, en Leicester Square, en pleno centro de Londres”, explica. “Ahí desarrollé competencias ligadas a la producción, la administración y la gestión de teatros”.
Su llegada a Toulouse no obedeció a un plan profesional. “No tenía ningún vínculo aquí”, cuenta. “Nací en Nantes, viví mucho tiempo en el extranjero y no tenía familia en el sudoeste”.
Terminó instalándose en la ciudad a finales de los años noventa, coincidiendo con la apertura del Théâtre de la Cité y trabajando junto a Jacques Nichet, primer director del Centro Dramático Nacional de Toulouse. Desde ahí comenzó a integrarse en el ecosistema cultural local.
En 2007 recibió la propuesta de incorporarse a la Cinemateca. Era un momento delicado. El cine mundial atravesaba la gran transición tecnológica hacia el digital y las instituciones patrimoniales no sabían todavía cómo responder.
“Había muchísimas preguntas”, recuerda. “¿Cómo íbamos a conservar el digital? ¿Cómo íbamos a difundirlo? ¿Cómo transformar todos los oficios ligados al cine?”.
Loiret insiste en que la transición digital afectó absolutamente toda la cadena cinematográfica: desde la filmación hasta la restauración y el almacenamiento.
“Con el digital, toda la cadena fue impactada. Desde la concepción de una película hasta su conservación final”.
Toulouse, la “segunda cinemateca” de Francia
En Francia existen numerosas cinematecas regionales: Bretaña, Grenoble, Niza, Saint-Étienne o Porto-Vecchio, entre otras. Pero Toulouse ocupa un lugar singular.
“La Cinémathèque de Toulouse está reconocida de interés nacional”, explica Loiret. “Tenemos una de las colecciones más importantes de Francia y de Europa”.
La comparación inevitable es con la Cinémathèque française. Ambas instituciones comparten el mismo estatuto jurídico: asociaciones privadas de interés público. Pero París dispone de una capacidad presupuestaria incomparable.
“La diferencia principal es la fuerza financiera”, admite Loiret. “La Cinémathèque française es prácticamente la cinemateca nacional”.
Aun así, Toulouse mantiene una influencia excepcional dentro de las redes internacionales de archivos fílmicos. Parte de esa relevancia proviene de la visión de Raymond Borde, fundador de la institución en 1964 y figura clave de la cinefilia francesa de posguerra.
Borde convirtió rápidamente a Toulouse en miembro de la FIAF, la Federación Internacional de Archivos Fílmicos, en un momento particularmente delicado: la Cinémathèque française había abandonado temporalmente la organización.
“Durante un tiempo, Toulouse representaba prácticamente a Francia dentro de la FIAF”, explica Loiret.
Aquella inserción internacional permitió construir relaciones privilegiadas con archivos soviéticos y europeos del Este. Gracias a esos intercambios, Toulouse terminó reuniendo uno de los mayores fondos de cine ruso fuera de Rusia.
“Con Bruselas, probablemente tenemos la colección rusa más importante después de Moscú”.
El tesoro de Jean Renoir
Cuando se le pregunta por la joya más importante de las colecciones, Loiret responde inmediatamente: el negativo original nitrato de La Grande Illusion, de Jean Renoir.
“Es un film trofeo”, dice. “Los alemanes lo tomaron en París, luego fue llevado a Berlín, después los soviéticos lo capturaron y terminó en Moscú”.
Décadas después, gracias a los intercambios entre Toulouse y el Gosfilmofond soviético, la película regresó finalmente a Francia.
Loiret cuenta la historia con visible fascinación. La película fue restaurada junto a StudioCanal y la Cinemateca espera emprender una nueva restauración para el 90 aniversario del film.
“Es una de las películas más importantes de la historia del cine francés”, afirma.
Cannes y el negocio del patrimonio
La presencia de Loiret en Cannes no tenía que ver con la competición oficial ni con las estrellas. Su territorio era otro: Cannes Classics, restauraciones, laboratorios, archivos y patrimonio.
“El Festival de Cannes se ha convertido también en un gran lugar de encuentro para el mundo de las cinematecas”, explica.
Allí se reúnen instituciones como la Cineteca di Bologna, considerada hoy una referencia mundial en restauración cinematográfica.
“Bolonia es una especie de placa giratoria mundial del patrimonio cinematográfico”, dice Loiret. “Conservación, laboratorio, restauración, festival… lo reúne todo”.
También participan distribuidores especializados como Carlotta Films, responsables de muchas restauraciones y reestrenos en Francia.
En Cannes, explica Loiret, no solo se negocian películas. También se discuten colaboraciones internacionales, proyectos educativos y futuros ciclos de programación.
“Es el lugar donde todo el mundo está presente”, resume. “Puedes hacer todas las reuniones que quieras”.
Cinexplora y la digitalización del patrimonio
La gran novedad presentada por Toulouse en Cannes fue Cinexplora, una plataforma digital destinada a abrir parte de las colecciones al público internacional.
“Queríamos contar cien años de cine en el sudoeste francés”, explica Loiret.
La plataforma comienza con unas 500 piezas digitalizadas: películas, carteles, fotografías, documentos de explotación cinematográfica, programas de mano, postales y materiales que normalmente permanecen invisibles para el público.
Loiret insiste en que la plataforma no busca simplemente mostrar archivos digitalizados.
“La idea era crear vínculos entre los objetos y contar historias”.
El sistema permite navegar geográficamente por el sudoeste francés, descubrir antiguas salas de cine o seguir recorridos temáticos.
Uno de los primeros itinerarios urbanos, “Balade de cinéma”, está narrado por Agnès Jaoui y propone un paseo por antiguas salas desaparecidas de Toulouse.
“Hay objetos que son difíciles de mostrar físicamente en una exposición”, explica Loiret. “Con este tipo de plataforma podemos valorizarlos de otra manera”.
La presentación de Cinexplora coincidió además con otro momento importante para la institución: la reapertura del edificio principal de la Cinemateca tras una gran renovación.
La reapertura de la Cinemateca y el apoyo institucional
La remodelación representa una inversión de aproximadamente ocho millones de euros repartidos entre dos grandes proyectos: la modernización de los espacios públicos y la ampliación de los centros de conservación en Balma.
“El proyecto fue financiado al 25 % por el CNC, la ciudad de Toulouse, el departamento y la región”, explica Loiret.
La reapertura tuvo una fuerte dimensión simbólica. Entre las autoridades presentes estuvo el director del Centre national du cinéma et de l’image animée, organismo central de la política cinematográfica francesa y pieza fundamental para entender el funcionamiento del cine en el país.
Francia posee uno de los sistemas audiovisuales más protegidos del mundo. El CNC recauda impuestos específicos sobre entradas de cine, canales de televisión, publicidad y plataformas digitales. Después redistribuye esos fondos dentro de la industria cinematográfica.
“El CNC tiene la capacidad de recaudar tasas y reinvertir ese dinero en el cine”, explica Loiret.
En 2025, la cuota de mercado del cine francés alcanzó el 37,7 %, una cifra excepcional dentro del panorama internacional y muy superior a la de países como Colombia, México, Paraguay o Perú, donde las películas nacionales raramente superan entre el 1 % y el 3 % de las entradas anuales.
Para Loiret, el modelo francés no depende únicamente de subvenciones.
“Mucha gente piensa erróneamente que el cine francés se financia con impuestos generales”, dice. “Pero el sistema funciona sobre una lógica de redistribución interna”.
Ese mecanismo incluye hoy incluso a plataformas como Netflix, Disney+ o Amazon Prime Video, obligadas a contribuir financieramente a la producción audiovisual francesa y europea.
“Si desapareciera el CNC, desaparecería una parte enorme del ecosistema cinematográfico francés”.
¿Por qué los franceses siguen viendo cine francés?
La gran pregunta aparece inevitablemente: ¿qué hace que el público francés siga viendo películas nacionales o de arte y ensayo en una época dominada por Hollywood y las plataformas?
Loiret cree que la respuesta empieza en la infancia.
“Todo comienza con la educación”, afirma. “La educación a la imagen desde muy pequeños es fundamental”.
Loiret subraya repetidamente la importancia de los colegios dentro del modelo francés. Francia lleva décadas integrando programas de cine en las escuelas públicas mediante iniciativas nacionales como École et cinéma, Collège au cinéma y Lycéens et apprentis au cinéma, que permiten a millones de estudiantes descubrir películas clásicas y contemporáneas en salas de cine y no únicamente en pantallas domésticas.
“La gente tiene que entender desde pequeña que el cine es primero una pantalla, no un teléfono”.
La propia Cinémathèque de Toulouse trabaja con niños desde maternal hasta la universidad. No se trata únicamente de proyectar películas, sino también de desarrollar talleres, encuentros y actividades de mediación cultural.
“Maternelle, primaria, secundaria… trabajamos con todos”, explica Loiret. “Si los niños no van al cine con sus padres, al menos tienen acceso al cine gracias a estas acciones”.
Pero la educación, insiste, no basta sin una infraestructura física sólida. Ahí aparece otro de los elementos centrales del modelo francés: la densidad de salas en todo el territorio.
“Si las personas tuvieran que recorrer cincuenta kilómetros para ir al cine, no irían”.
Toulouse y la convivencia entre salas
La situación de Toulouse resulta especialmente interesante porque combina grandes complejos comerciales con una potente red de cines de arte y ensayo.
Loiret menciona frecuentemente al ABC Toulouse, Cinéma Le Cratère - American Cosmograph, Utopia Borderouge y los complejos de Pathé.
Lejos de describir una guerra entre circuitos comerciales e independientes, Loiret habla de equilibrio y complementariedad.
“No hacemos reuniones mensuales, pero todos nos conocemos”, explica.
La relación con Pathé se intensificó especialmente durante el período en que la Cinemateca estuvo parcialmente desplazada por las obras.
“Trabajamos juntos durante varios meses y aprendimos a conocernos”, dice. “Al final lo importante es lo que haces y la respuesta del público”.
Pathé, tradicionalmente asociado al cine comercial, desarrolla ahora también programación de autor, cine patrimonial y retrospectivas.
“Ellos tienen blockbusters, pero también películas de arte y ensayo y cine clásico”, explica Loiret.
La Cinemateca, sin embargo, intenta mantener una identidad específica y evitar competir directamente con los estrenos comerciales.
“Nosotros no hacemos preestrenos”, subraya. “No mostramos películas que todavía están en explotación comercial”.
Sin embargo, insiste en que una ciudad con mucha oferta cinematográfica genera más público global.
“Cuanto más cine hay, mejor funciona todo”.
Cómo se construye una programación
La programación de la Cinemateca mezcla retrospectivas clásicas, descubrimientos, festivales y colaboraciones externas.
Loiret rechaza la idea de limitarse a programar grandes autores consagrados.
“Billy Wilder era importante para la reapertura”, explica. “Pero al mismo tiempo mostramos cineastas japoneses o noruegos mucho menos conocidos”.
La lógica consiste en alternar accesibilidad y descubrimiento.
“La Cinemateca debe seguir siendo una puerta de entrada hacia cinematografías menos evidentes”.
Uno de los proyectos recientes más exitosos fue el ciclo Galaxy, construido alrededor de figuras como Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick o Agnès Varda.
La idea consistía en seleccionar tres películas muy conocidas y luego crear “constelaciones” de otras obras alrededor.
“Hacemos confianza al público y lo llevamos hacia otros lugares”, explica Loiret.
Los resultados fueron notables: 25.000 espectadores en 176 sesiones entre octubre de 2024 y marzo de 2026, en un período además condicionado por las obras y el funcionamiento parcial de la institución. Antes del cierre y las reformas, la Cinemateca recibía alrededor de 80.000 espectadores anuales, una cifra que ahora espera recuperar progresivamente con la reapertura total del edificio y la ampliación de actividades.
La institución también organiza festivales especializados como Synchro o Extrême Cinéma.
“No queríamos hacer simplemente otro festival de películas restauradas”.
El consejo para América Latina
La conversación deriva finalmente hacia América Latina y la enorme diferencia entre Francia y países donde el cine nacional ocupa cuotas mínimas de mercado.
En Colombia, México, Paraguay o Perú, por ejemplo, la presencia del cine nacional rara vez supera entre el 1 % y el 3 % de la taquilla anual, mientras que Francia mantiene una situación excepcional: en 2025, las películas francesas alcanzaron un 37,7 % de cuota de mercado, una de las cifras más altas de Europa y del mundo para un cine nacional frente al dominio de Hollywood.
¿Qué explica esa diferencia? Para Franck Loiret, no existe una única respuesta, sino un ecosistema completo construido durante décadas: educación cinematográfica desde la infancia, una red territorial muy densa de salas, políticas públicas estables y una fuerte presencia cultural del cine dentro de la vida cotidiana francesa.
“El problema empieza cuando solo existen multicines en centros comerciales proyectando exclusivamente blockbusters estadounidenses”, afirma.
Para él, la existencia de salas diversas es decisiva.
“Si no hay salas, no hay público”.
También insiste en la necesidad de acompañar las películas con mediación cultural.
“Hoy las salas no pueden limitarse a proyectar películas”, dice. “Tienen que organizar encuentros, debates, eventos, actividades”.
La propia Cinemateca busca transformarse en un espacio de vida permanente: cafetería, exposiciones, encuentros, actividades escolares y festivales al aire libre.
“Si los espacios no son bellos ni acogedores, la gente no volverá”.
“La Cinemateca no es un museo”
Antes de terminar, Loiret insiste una vez más en una idea central.
“La Cinemateca no es un museo”, repite. “No estamos mirando hacia atrás. Estamos mirando hacia adelante”.
Por eso busca constantemente invitar a cineastas contemporáneos, técnicos y creadores activos. La conservación, dice, solo tiene sentido si sigue alimentando el cine del presente.
“La conservación está ahí para la creación de hoy”.
Mientras las plataformas multiplican contenidos y reducen el cine a un consumo individual en pantallas pequeñas, Loiret sigue apostando por otra experiencia: la sala oscura, la proyección colectiva y la memoria material de las películas.
“Creo que las salas todavía conservan una ventaja”, dice antes de levantarse. “La gente sigue buscando el verdadero espectáculo, el verdadero cine”.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.