Una fiesta clandestina en París o el espejismo de un mundo sin pandemia
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En un distrito en el sureste de París se encuentra una puerta entreabierta. Dentro, en las entrañas de lo que fuera una antigua vía ferroviaria, hay una fiesta enorme, ilegal y muy osada, que ofrece a 300 jóvenes el espejismo de un mundo sin pandemia. Al menos por una noche. La dirección del lugar circuló por e-mail a último momento con instrucciones muy estrictas: llegar en absoluta discreción, solo o en pequeños grupos, entre las 20:00 y las 21:00 horas, con entrada reservada.
Las 300 entradas para esta velada bautizada “I want to break free” (quiero liberarme) se vendieron a 15 euros (casi 18 dólares) cada una, mediante una plataforma en Internet. Se agotaron en pocas horas. “Cierra la puerta”, murmura un cancerbero que observa en medio de la oscuridad. Después hay que recorrer un buen trecho sobre rieles, iluminándose con el teléfono móvil, hasta encontrarse con una visión espectacular.
Una especie de catedral de hormigón, de unos 20 metros de altura, recubierta de guirnaldas luminosas, luces de neón, diseños psicodélicos proyectados que crean un artesonado que vibra al son de enormes parlantes. Hay, por supuesto, una zona de bar, pista de baile y una tarima para los DJ. Al tiempo que la música tecno difracta el denso aire del túnel, centenares de personas, que parecen en trance, caminan sobre el suelo polvoriento, conversan, beben o flirtean en los rincones.
“Decidimos oponer resistencia y lanzar este llamado a escondernos todos juntos para festejar, porque los jóvenes ya no tienen espacios donde convivir, sienten una carencia terrible, y tratamos de colmarla, a pesar de los riesgos”, explica a la AFP Alexandre (nombre ficticio), de 27 años. “Ahora contamos con este conocimiento práctico. Podemos instalarnos en cualquier lugar y en menos de dos horas organizar una velada discreta como ésta”, se ufana el joven, fundador de un colectivo especializado en fiestas ‘underground’ y en “urbex” (exploración de locales industriales y otros sitios abandonados).
“Olvidar todo”
Este colectivo funciona mediante un grupo cerrado en la red social Facebook, integrado por cooptación. Alejada de los medios de “free parties”, adeptos a ‘okupas’, ideologías libertarias o círculos festivos LGBT, esta comunidad, única que organiza fiestas de tal magnitud en pleno confinamiento, convoca a un público parisino variopinto.
Esta noche sabatina, hay tantos cuarentones de aspecto atildado como estudiantes, gente “fashion”, activistas de izquierda o personas LGBT, así como algunos jóvenes de los suburbios. Sentado junto a su novia estadounidense sobre los rieles que vibran al ritmo de la música, Ivan, de 23 años, observa cómo la pista se va llenando poco a poco de fiesteros, en su mayoría sin una mascarilla protectora.
“Personalmente, actualmente tengo un contrato indefinido, es mi primer empleo y trabajo mucho, realmente necesito descomprimirme. Con el confinamiento siento un desequilibrio en mi vida, no salía de mi apartamento desde hacía un mes, por lo que esto es para mí una cuestión de salud mental”, afirma.
“Aquí siento pura euforia, un momento único que te permite olvidar todo, dejar de vivir rodeado de cifras de muertes e ingresos en cuidados intensivos”, añade. El actual estado de emergencia sanitaria prohíbe toda reunión pública, aún más con fines comerciales, lo que puede entrañar una multa de 15.000 euros (casi 18.000 dólares) y una pena de un año de prisión para los organizadores, al haber “puesto en peligro la vida del prójimo”.
El fin de semana precedente, una fiesta de pago reunió a también unas 300 personas en una casa con piscina en Joinville-le-Pont, una comuna cercana a París, pero degeneró y desembocó en dos inculpaciones. En esta ocasión, la policía no intervino y la fiesta continuó sin contratiempos hasta el amanecer. “Por lo general, se interviene en fiestas clandestinas cuando lo solicitan los vecinos, en particular a causa del ruido. No hubo intervención en esa dirección” en concreto, señaló a la AFP una fuente policial este domingo por la mañana.
Los chalecos amarillos anunciaron nuevas movilizaciones frente a la Asamblea Nacional y los ayuntamientos franceses para denunciar lo que consideran una deriva autoritaria del Gobierno de Emmanuel Macron. Foto: AFP
Chalecos amarillos convocan a protestar el 31 de octubre y crece el temor por Halloween en Francia
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El movimiento de los chalecos amarillos llamó a una nueva jornada de protestas para el próximo 31 de octubre en Francia, en una convocatoria que eleva la tensión con el Gobierno de Emmanuel Macron. Los manifestantes pretenden movilizarse en defensa de las libertades públicas y denunciar las restricciones impuestas a las marchas no sindicales, mientras crece la preocupación por posibles episodios de violencia durante Halloween.
El anuncio se realizó este sábado 24 de octubre durante una conferencia de prensa en la plaza de la Bastilla, en París, antes de una manifestación contra el alto costo de vida y en apoyo a las reivindicaciones estudiantiles. La jornada concluyó por la noche, después de registrarse enfrentamientos en distintos puntos del país.
La coincidencia de la próxima convocatoria con Halloween aumenta la preocupación por posibles nuevos disturbios. Foto: AFP
Los representantes del movimiento sostienen que existe un profundo malestar social que las autoridades no están atendiendo. También acusan al Ejecutivo de recurrir al desprecio, la falta de diálogo y la represión frente a los reclamos ciudadanos.
Benjamin Ball y Azelma Sigaux, integrantes de la coordinación de los chalecos amarillos, anunciaron que el próximo viernes se concentrarán frente a la Asamblea Nacional y los ayuntamientos para defender el derecho a manifestarse y otras libertades que, según denunciaron, están amenazadas.
Restricciones y tensión
La nueva convocatoria se produce en un escenario de fuerte confrontación entre el Gobierno y los movimientos sociales. Tras los disturbios y saqueos del 17 de octubre, las autoridades francesas endurecieron las medidas de seguridad y prohibieron numerosas manifestaciones no sindicales durante este sábado.
Para prevenir nuevos episodios de violencia, el Gobierno desplegó unos 70.000 policías y gendarmes en todo el territorio nacional. Sin embargo, las restricciones no lograron disipar el malestar de los sectores movilizados, que consideran las prohibiciones una señal de retroceso en las libertades públicas.
La próxima fecha concentra una preocupación adicional: las protestas coincidirán con Halloween, una celebración que también se realiza en Francia y que suele reunir a personas en las calles. En medio del clima de tensión, la posibilidad de que las concentraciones sociales coincidan con las actividades de esa noche alimenta los temores de nuevos enfrentamientos y desórdenes.
Protestas estudiantiles en París, Milán y un multitudinario acampe en la Puerta del Sol, Madrid. Las juventudes expresan sus angustias, sus miedos, sus necesidades no satisfechas. Crecen las incertidumbres y la desesperanza
Las violencias inevitablemente son polisémicas. Las imágenes con las que la narrativa periodística da cuenta de las graves violencias que sacuden París se replican en Milán y, pacíficamente, con formato de acampe en la madrileña Puerta del Sol, lastiman, duelen… y preocupan.
“La gente tiene el poder” (People Have the Power) es un verdadero himno para los movimientos sociales. En 1988, Patti Smith (79) y su esposo, Fred “Sonic” Smith (78) lanzaron “Dream of the life” (Soñar con la vida). En ese álbum, “People have the power” (La gente tiene el poder) fue el tema principal. Por aquellos días, George W. H. Bush (1924-2018) –republicano– fue electo presidente de los Estados Unidos.
Su antecesor, Ronald Reagan (1911-2004), del mismo partido, gobernaba desde hacía ocho años. La Guerra Fría llegaba a su fin. Francis Fukuyama (73) enunciaba en un libro de su autoría “El fin de la historia y el último hombre”. La caída del “socialismo real”, cuando el premier soviético Mijail Gorvachob (1931-2022) disolvió la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), de alguna forma, comenzó a terminar la bipolaridad que articuló el planeta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Tiempos de cambios. De violencias, pero también del inicio de la multipolaridad y la globalización. “People have the power”, cantaban Patty y Fred. “We have the power”, coreaban miles junto con ellos. “The power to dream, to rule / To wrestle the Earth from fools” (El poder de soñar para gobernar / de arrancarle la Tierra a los necios). Treinta y ocho años más tarde –cuando nadie lo imaginaba– la voz de Patty volvió a escucharse.
DEGENERACIÓN DE OCCIDENTE
A capela entonó ese mismo himno en un escenario recoleto. La banda de Moebius –con nosotros en ella– pareciera, ayer y hoy, ser el hábitat indeseado pero preferente en nuestra tan maltratada aldea global. “Dice Andrea Rizzi (51), en diario El País que ‘las llamas de lo que fue Occidente se elevan desde varios puntos en el horizonte’ y agrega luego que ‘en el plano socioeconómico, vemos un gran estallido de protesta extenderse en Europa’. Interpreta luego esas manifestaciones como ‘una impugnación de cierta degeneración de Occidente’”.
DG (64) finalizó la lectura en alta voz. Al tiempo, levantó la vista y deja de leer en la pantalla de su celu. Rizzi (51) es un colega periodista brillante y académico nacido en Roma, que desde poco más de dos décadas reporta sobre asuntos internacionales en El País. JT (59) –quien casi no me deja concluir– agrega para completar la lectura de DG. “En el plano socioeconómico vemos un gran estallido de protesta extenderse en Europa que es, también, una impugnación de cierta degeneración de Occidente (y, aunque) la violencia es inaceptable, hay que escuchar lo que dice el malestar de quien desfila o acampa en forma pacífica, y su mensaje es que el sistema capitalista occidental les está fallando a demasiados”.
Enmudecemos. La reflexión gana espacio en la noche de este viernes. DL (58), aunque con demora, se suma a la tertulia. Los copones, cargados con ITZAE II - Red Wine Blend, una grata novedad nacida en Puerta del Abra, una bodega enclavada en las serranías bonaerenses balcarceñas, unos 420 kilómetros al sudeste de Buenos Aires y cerca de 1680 hacia el sur de mi querida Asunción, se abren el paso para proponer el primero de los brindis “por la vida, la amistad y la paz”.
Afuera, El Niño, impiadoso, parece ignorar que la primavera comenzó un mes atrás. Los chubascos no cesan. Las bajas temperaturas, tampoco. El reporte del colega Rizzi –preciso, descriptivo y detallado– demanda una reflexión que va más allá de lo territorial. “¿Qué es Occidente –como idea y concepto– hoy? ¿Qué es el estado-nación? ¿En qué estado se encuentra la globalización inconclusa a la que, luego de tres décadas de avances, algunas poderosas y poderosos procuran desandar?”, interroga JT.
DERRUMBE
“La pira funeraria de Occidente”, titula Rizzi a su trabajo. Nos conmociona. No habíamos pensado en ello. “Occidente –argumenta JM (66), académico– es una idea conceptual que da cuenta de una construcción colectiva en la que convergen Grecia, Roma, la cristiandad desde sus orígenes, pero –quizás– con mayor énfasis desde tiempos medievales y los filósofos de la ilustración, parece trepidar, resquebrajarse o presto para derrumbarse. ¿Será así?”.
“Las llamas de lo que fue Occidente se elevan desde varios puntos en el horizonte”, reporta el periodista y académico Andrea Rizzi (51), para dar cuenta de las protestas estudiantiles en Francialas
Las respuestas no fluyen. Los pensamientos con poca densidad –pese a tratarse este encuentro semanal entre buenos amigos y dos amigas– no se expresan porque todos y ellas coincidimos en que las violencias inevitablemente son polisémicas, pero no avanzamos más de allí. Las imágenes con las que la narrativa periodística da cuenta de las graves violencias que sacuden París se replican en Milán y, pacíficamente, con formato de acampe en la madrileña Puerta del Sol, lastiman, duelen… y preocupan.
En el afán de buscar y repartir culpabilidades no son escasas las personas que señalan impiadosas a las diversidades. No es bueno a la hora de encontrar soluciones, caminos, convivencias para co-construir el bien común… o la sociedad armoniosa gestionar con los índices hacia el frente, hacia las otredades que migran; que creen en lo que otras y otros no creen; que no consiguen dónde vivir; dónde alimentarse; dónde trabajar; o, acaso, donde morir.
DL, socióloga, interpela y argumenta con Žižek (Slavoj – 77). “Es necesario precisar que, si hablamos de violencias, debiéramos precisar si acaso es subjetiva o algún tipo de violencia sistémica porque, en algunas sociedades, no se perciben como tales dado que el sistema impone la normalización del racismo, de la exclusión, de las carencias porque… ¡pobres y ricos, los hubo siempre!, por buscar un ejemplo lamentablemente muy extendido”.
VIOLENCIA SUBJETIVA
Hubo entre nosotros y ellas acuerdos y silencio reflexivo. Lo percibió y fue por más. “A los estallidos Žižek los considera como ‘violencia subjetiva’ que, no pocas veces, es una especie de síntoma o reacción de la violencia sistémica por la que millones se horrorizan rápidamente con aquella e ignora el segundo tipo porque le es propia”. Los contextos suelen pesar. La condición y dignidad humanas –esta última mucho más aun cuando poderosas y poderosos la irrespetan– también pesan. Es inevitable.
DESENCANTO SOCIAL
“Los jóvenes nos hacemos preguntas. Cómo mantener el entusiasmo en estos tiempos de desencanto social profundo, de descreimiento y desigualdades, de conflictos, extremismos, populismos, guerras tecnológicas, híbridas, realidades líquidas, realpolitik, amenazas, incertidumbre, todo amplificado además en las redes..., los números macroeconómicos y el coste de la vida... Tiempos también, no lo olvidemos, de esfuerzo y de trabajo callado de muchos, de perseguir la autenticidad frente a lo virtual, de debatir sobre el valor de la imperfección humana frente a la pretendida perfección de la máquina”, dijo en las primeras horas de la tarde de este mismo viernes la princesa Leonor (20) de Asturias en el momento de entregar los premios anuales a ocho personalidades de alcance global.
“¿Cómo afronta mi generación semejante complejidad? ¿Cómo digerimos la velocidad y el desencanto, lo que muchos consideran falta de expectativas e imposibilidad de planear una vida, tener un buen trabajo, una casa...?”, pregunta Leonor de Borbón, la princesa de Asturias
Pongo en común sus palabras. Cuando millones de miradas estaban sobre la heredera de la corona –entre ellas, la de su abuela, la reina Sofía– su pensamiento y su voz –aunque pausada– pareció coincidir, hasta en el contenido y tono demandante con las y los estudiantes que manifiestan y exigen. No faltarán quienes descrean de ello. Pero no soy uno de los descreídos.
La escritora y cantante norteamericana Patti Smith (79) y el futbolista argentino Leonel Andrés Messi (39), entre las y los galardonados, la escuchaban con atención y asienten. Pero Leonor no se quedó allí. Fue por más. Volvió a preguntar y a preguntarse públicamente: “Cómo afronta mi generación semejante complejidad. Cómo digerimos la velocidad y el desencanto, lo que muchos consideran falta de expectativas e imposibilidad de planear una vida, tener un buen trabajo, una casa...”.
Dos veces vimos y analizamos la intervención de la princesa. Brindamos por su sinceridad. Aunque con excepciones, por cierto, con décadas de actividad docente en la educación superior, me atrevo a decir que las y los jóvenes no suelen especular cuando se inician en la cosa pública. Mucho menos cuando cursan la universidad y cada día tienen que mirar a los ojos de quienes son sus compañeras y compañeros donde quiera que se encuentren.
“Creo que todo lo que soñamos puede hacerse realidad a través de nuestra unión. Podemos cambiar el mundo. Podemos cambiar la revolución de la Tierra”, sostiene Patty Smith (79), Premio Princesa de Asturias a las artes 2026
“¡Tremendo! Propongo que pensemos en Kant (Immanuel), en Hume (David), en Hegel (Georg Wilhelm)”, dice JT. “Lo que sucede, no parece razonable. Para ellos, para esos pensadores, el mundo occidental era la razón ilustrada, el progreso histórico hacia la libertad que cada día debemos pensar como un asunto pendiente para ser más libres, más respetados y respetuosos… Me animo a pensar que si aquellos tres enormes filósofos caminaran entre nosotros podrían coincidir con Andrea Rizzi”.
COSMOPOLITISMO
Acordamos. JM recuerda que Kannt pensaba que “Occidente debía avanzar hacia la paz perpetua, practicar la cooperación entre las naciones, que el cosmopolitismo es un derecho, se agotaría para decir una y otra vez que –lo escucharan o no– donde se impone o pretende imponer la ley del más fuerte expira el derecho. No vamos bien”.
DG, visceral, impide una pausa. Replica. “La razón es y debe ser esclava de las pasiones como lo sostenía Hume”, enfatiza y asegura tener la convicción de que aquel “sería hipercrítico de las y los estadistas de lo efímero, de lo inconducente que hablan más de lo necesario y prudente sin importarles más que sus negocios privados o el ego. No saben, no quieren o no pueden comprender la cooperación”.
También docente no duda en interpelarnos enfáticamente. Ahora desde Hegel. “¿Alguien puede decirme si acaso se ha detenido el progreso de la ‘conciencia de la libertad’? o, ¿cuándo habrá de emerger la ‘astucia de la razón’”?
PF (58), jurista y académico de prestigio transnacional, hasta el momento en silencio, aunque sigue con atención cada parecer, inesperadamente opina y sintetiza. “Creo que transitamos un Occidente fatigado. El que muchas veces es mencionado como ‘mundo occidental’, una categoría que tal vez no responde a un dato objetivo y sí a una argumentación que durante varios siglos –inexplicablemente– deja afuera importantes aportes orientales y que, en los últimos doscientos cincuenta años, también se ha construido entre Europa y América, parece que desde las entrañas mismas de los sistemas políticos y sociales creados lo ponen en riesgos innecesarios”.
FRENOS Y CONTRAPESOS
Una vez más nos invadió el silencio reflexivo. “Grave”, dijo alguno de los tertulianos en tono de queja sin destinatarios. “‘Every man is a villain’, recomendaba Hume como supuesto para que los parlamentos construyeran ‘checks and balances’ porque –palabra más palabra menos– ningún sistema político puede depender exclusivamente de la buena voluntad o la presunta decencia ética de ningún mandatario, sino de una arquitectura sólida de frenos y contrapesos que impidan abuso alguno y esto pareciera que ha caído en desuso”, concluyó.
“¿Cómo afronta mi generación semejante complejidad?”, pregunta y se pregunta una vez más la princesa Leonor de Borbón desde Oviedo dirigiéndose a las y los galardonados. “¿Cómo digerimos la velocidad y el desencanto, lo que muchos consideran falta de expectativas e imposibilidad de planear una vida, tener un buen trabajo, una casa...”. El auditorio permanece en el más profundo silencio. Mirándola, a ella y a la familia real, Patty –como cuando finalizaban los 80, otro punto de inflexión histórico preñado de incertidumbres– no lo duda y reflexivamente recomienda: “Creo que todo lo que soñamos puede hacerse realidad a través de nuestra unión. Podemos cambiar el mundo. Podemos cambiar la revolución de la Tierra”. El aplauso coronó.
“Hace dos años me referí a la esperanza al citar un poema de Serrat. (Hoy) La invoco de nuevo, precisamente porque percibo cierto desaliento, quizá escepticismo, quizá indignación... Václav Havel, que también pisó un día este escenario, (evocó) decía que la esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certeza de que hay cosas que tienen sentido y que merece la pena defender pase lo que pase”.
La madrugada del sábado avanza. “Por la esperanza”, coincidimos, mientras levantamos las copas.
Casi 1.000 personas fueron detenidas en los márgenes de las multitudinarias manifestaciones contra el encarecimiento de la vida que recorrieron ayer Francia, indicó el ministro del Interior, Laurent Núñez, que precisó que la cifra podría aumentar.
Nuñez destacó, sin embargo, que las manifestaciones “transcurrieron sin problemas”, aunque las fuerzas de seguridad se enfrentaron en ocasiones a “grupos de riesgo (...) la mayoría vestidos de negro, militantes de la extrema izquierda radical, de la ultraizquierda”.
La segunda gran jornada de movilización en una semana para reclamar medidas que compensen la caída del poder adquisitivo y mejores condiciones para los estudiantes de liceo se convirtió en una protesta contra el centroderechista Macron, que dejará el poder en mayo.
Bajo presión para evitar disturbios y saqueos, como los que conmocionaron al país la semana pasada y dieron la vuelta al mundo, su gobierno prometió que sería “intransigente”, mientras impuso toques de queda nocturnos desde el lunes en algunos barrios, prohibió algunas manifestaciones y movilizó 70.000 agentes.
En otras ciudades como Lyon, Lille y Nantes, los agentes dispararon gases lacrimógenos contra manifestantes por protestar en zonas no autorizadas. En Toulouse, un manifestante de 20 años resultó herido de gravedad en la mano, según las autoridades.
Un manifestante corea consignas a través de un megáfono, subido a un poste de señalización vial, durante una protesta en Marsella, en el sureste de Francia, el 24 de octubre de 2026. Foto: Thibaud Moritz/AFP
Francia recurre a gases lacrimógenos y 70.000 agentes ante nuevas protestas sociales
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Las fuerzas de seguridad empezaron este sábado a dispersar con gases lacrimógenos manifestaciones no autorizadas en Francia, que vive nuevas protestas sociales de chalecos amarillos, estudiantes y sindicatos una semana después de los disturbios que conmocionaron al país.
El gobierno del presidente centroderechista Emmanuel Macron, que abandonará el poder en mayo, está bajo presión para evitar nuevas escenas de caos como las vividas la semana pasada, muy comentadas por dirigentes extranjeros.
“Seremos intransigentes”, subrayó el ministro del Interior, Laurent Nuñez, al anunciar el dispositivo policial: 70.000 agentes, unidades de élite policiales y soldados de la misión de vigilancia Sentinelle, así como blindados de la gendarmería, helicópteros, drones, etc.
En Lyon, las fuerzas de seguridad dispararon en la mañana granadas de gases lacrimógenos para dispersar un grupo de unas 150 personas cuando intentaban bloquear el tráfico en un sector en el que las autoridades prohibieron concentrarse, constató un periodista de AFP.
Las autoridades acusan de los disturbios a “grupúsculos de ultraizquierda” —antifascistas, anarquistas y anarco-autónomos—, a quienes se habrían sumado “delincuentes oportunistas”, especialmente jóvenes procedentes de los suburbios de las ciudades, para saquear tiendas.
Para retomar el control, decretaron desde el lunes toques de queda nocturnos en barrios de las grandes ciudades y prohibieron manifestaciones, siempre y cuando no las pidan actores “legítimos”, en palabras de Macron, como los sindicatos.
Además de Francia, importantes manifestaciones están previstas este sábado en Albania, Italia y España, en un contexto de movilización de la juventud, preocupación por el poder adquisitivo e impopularidad de los gobiernos.
El comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Michael O’Flaherty, instó a estos países a respetar el derecho a manifestarse y a dar prioridad a la “desescalada” en las operaciones policiales.
París blindado
En París, Marsella y Lyon, se autorizaron finalmente las marchas previstas contra el encarecimiento de la vida y para apoyar a los estudiantes que desde finales de septiembre reclaman mejores condiciones en los liceos, aunque en la capital la policía cambió el recorrido a última hora.
La semana pasada se manifestaron entre 550.000 y 800.000 personas en Francia.
El movimiento de los chalecos amarillos, que ya sacudió el primer mandato de Macron en 2018 y 2019, prevé unas 500 manifestaciones y acciones en 86 rotondas, 21 gasolineras, dos depósitos de petróleo, 33 estaciones de tren, tres puertos, 17 puentes y 17 peajes, según un mapa publicado en su sitio web.
Muchos de los desórdenes de la semana pasada se produjeron, en cambio, durante manifestaciones no autorizadas, que intentaron también acercarse a lugares estratégicos como los turísticos Campos Elíseos.
Blindados de la Gendarmería protegen este sábado el Palacio del Elíseo, sede de la presidencia, y la Asamblea Nacional, en París.
Ante las nuevas protestas, muchos comerciantes protegieron las vitrinas de sus negocios con tablones de madera, algunos piensan no abrir y otros defenderán ellos mismos sus comercios de eventuales pillajes.
El pasado sábado, casi 3.000 tiendas se vieron afectadas en Francia.
“Sobre el terreno he visto bates de béisbol, barras de hierro y escopetas de caza”, advirtió el presidente de las Cámaras de Comercio e Industria de Francia, Alain Di Crescenzo, quien llamó a “bajar la persiana” y a “dejar actuar a la policía”.
Los museos parisinos del Louvre, Orsay y Picasso y la Ópera de París cerraron excepcionalmente.
Con las autoridades ya bajo presión, un hombre de 39 años perpetró el viernes un “atentado terrorista racista” cerca de París, que dejó un muerto y cinco heridos, antes de ser detenido, según Macron.
Miles de personas empezaron además a manifestarse en Orleans contra el partido ultraderechista Agrupación Nacional (RN), que celebra este fin de semana su congreso político entre fuertes medidas de seguridad.
A seis meses de la elección presidencial, su líder Marine Le Pen encabeza los sondeos, seguida de lejos por el izquierdista Jean-Luc Mélenchon, el centroderechista Édouard Philippe y el socialdemócrata Raphaël Glucksman.
En este contexto tenso, el gobierno recibió una buena noticia el viernes: la agencia de calificación Moody’s mantuvo la nota de la deuda soberana de Francia, convencida de que la segunda economía de la Unión Europea logrará aprobar sus presupuestos de 2027 que prevén un fuerte ajuste fiscal y que las tensiones sociales se calmarán en los próximos meses.