En estos días, el usuario @Mate_Sisa tuiteó esta pregunta: “¿Alguna vez nos volveremos a sentir cómodos en una aglomeración?”. Más de 350 personas retuiteron su duda en la red social, la cual tuvo más respuestas negativas que positivas por parte de algunos usuarios: “Eventualmente... pero no todos. Habrá gente que quedará con fobia”, opina una usuaria y otra comenta que “no sabe cuándo nos pasará el miedo, pero que ver fotos con amigos hechas en febrero de este año le da impresión”.

Desde el momento uno en que se anunció el primer caso de coronavirus en el país, las cosas cambiaron. Luego de más de 90 días de cuarentena, pareciera ser que hasta nos estamos acostumbrando a ese modo COVID de vivir. Sin embargo, a medida que avanzan las fases y se van habilitando algunas actividades –con los protocolos de protección correspondientes–, la nueva normalidad se nos presenta como un desafío.

“Creo que en este contexto, donde el COVID-19 no tiene una vacuna, es hasta protectivo no sentirse cómodo en una aglomeración. Ahora bien, si logramos atravesar esta pandemia en un ciento por ciento y al volver la gente sigue con ese miedo, hay que analizar qué medidas tomar para que las personas puedan decidir cómo acercarse a esos lugares donde hay concurrencia”, expresa la psicoterapeuta Ana Karenina Alvarenga.

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La especialista considera que si bien la nueva normalidad es difícil para todos, no cree que el foco de esto sea sentirse cómodo o incómodo, a no ser que el nivel de incomodidad o miedo esté paralizando a la persona. “El punto principal es adaptarse a esa nueva forma de vivir. No creo que no seamos capaces de adaptarnos porque estamos preparados para llevar tapabocas y lavarnos las manos todo el tiempo. El proceso de habituación siempre llega”, explica.

Y continúa: “El tiempo de cada adaptación varía de persona en persona y el hecho de acostumbrarse o no más rápido a una situación depende de muchos factores: individuales, biológicos, de aprendizaje, etc. Asimismo, de cuán adherentes son las personas que rodean a uno”.

¿Qué pasa con nuestros pensamientos?

Alvarenga asegura que los pensamientos tienen un impacto en nuestras conductas abiertas. “Supongamos que superamos la pandemia completamente, ya no hay restricciones, fases, etc., y una persona sigue sin salir por miedo a la enfermedad, pero a la vez quiere ser una amiga presente y participar de una reunión con amigos. Si no está yendo porque habrá más de 20 personas, estamos hablando de alguien que se engancha con su pensamiento. En cambio, si va y no se queda en su casa, su mente no está siendo dictadora con él o ella”, ejemplifica.

Y concluye: “Desde la terapia de aceptación y compromiso, que es el área donde más trabajo, hablamos de desengancharnos de nuestros pensamientos poco útiles y de aceptar nuestras emociones. Siempre debemos tener en cuenta cuál es el valor que guía mi acción”.

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