Existen ciertas características para identificarlos, pero no siempre son así de certeras. Muchos pueden estar automatizados, otros son manejados por grupos de personas que se dedican a esto con fines específicos.

Los bots buscan manipular el discurso en redes sociales con rumores, spam, malware, desinformación, calumnias o simplemente ruido, explica un artículo del investigador y Phd, Emilio Ferrara, del Instituto de Ciencias Informáticas de la Universidad Southern California.

Recientemente, el diario El País España publicó un reportaje en el cual se relata el trabajo de un ex-bot, un agente que explicaba cómo muchas empresas, compañías, clubes deportivos o individuos pueden contratar esos servicios para diversos fines. Por supuesto, el más conocido se trata de los que influyen en los electores en las épocas de elecciones.

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Detectar a un bot

Un bot se puede detectar por ciertas características, aunque como lo explica la cuenta @thebotruso en la nota de El País, cada vez más lo están perfeccionando para no ser detectados por Twitter. El bot tiene un nombre falso que puede ser uno común pero seguido de muchos números o letras, no cuenta con muchos seguidores, no tiene una imagen de perfil real (una alguna famosa, etc) y tampoco comparte mucho contenido escrito sino más bien RTs o links de noticias.

El trabajo en equipo

Actualmente se trata del trabajo de dos tipos de trolls: El que difunde el mensaje y el que ataca. El primero cuenta con tweets que inicialmente son muy difundidos (retuiteados o respondidos) que hacen que llegue a más usuarios y los sigan, además de que interactúe con cuentas importantes (famosos, periodistas, etc.) para generar atención.

El segundo tipo, es el que responde con amenazas o indultos a famosos, ya que logran que o los respondan, lo cual les da mucha visibilidad, o bien que dejen de hablar de ciertos temas para dejar de ser agredidos.

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Y su tercer objetivo sería engañar al sistema, a Twitter, para no ser detectados. No se siguen entre ellos y no siguen a las cuentas o usuarios que buscan posicionarse. Y @thebotruso, que permaneció seguir en el anonimato en la nota de El País, debido a acuerdos de confidencialidad con ex-clientes, menciona que en España una campaña puede costar hasta un millón de euros (G. 6750 millones aproximadamente) y requerir de 1500 a 2000 bots.

No todo son campañas también puede ser phishing

Lo que también ocurre y de lo que hay que cuidarse, es de los bots que buscan sacar información al usuario para robarle sus contraseñas, por ejemplo, compartiendo enlaces que al caer en ellos permiten acceder a información privada, a trampas que ellos preparan; lo cual se conoce como “phishing” o “pescar en la red”.

Los phishers suelen manipular enlaces, de manera que parecen conducir a una dirección URL, pero al hacer clic en ellos en realidad dirigen a otra parte. Entre los trucos habituales están los errores ortográficos deliberados (p. ej., «luna» y «Iuna» parecen iguales, pero el segundo emplea una i mayúscula) o el uso del nombre de un sitio web de confianza o conocido que aparece como texto visible de un enlace. Así que la próxima vez que vea un enlace, no lo lea tan rápido ni caiga tan fácilmente en él.

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