La maestra jubilada Madeline Miranda ha acudido este domingo a la plaza municipal de Vega Baja, en Puerto Rico, para ver en una pantalla gigante cómo su exalumno, Bad Bunny, ponía a todo el mundo a bailar durante su espectáculo de medio tiempo del Superbowl. “Bailé, grité, hablé mal y lo di todo”, cuenta esta mujer de 75 años, aún emocionada después del show protagonizado por el chico al que dio clases en una escuela secundaria de la ciudad, cuando sólo era Benito Antonio Martínez Ocasio y no una estrella planetaria.

Junto a ella, un centenar de habitantes de esta localidad, situada a unos 40 km al oeste de la capital San Juan, se han juntado para asistir al gran momento de su vecino más famoso. Hay gente de todas las edades, y la mayoría ha traído sillas de playa y algún refresco para que la espera no sea tan larga.

En un lugar poco aficionado al fútbol americano, pocos le prestan atención al duelo entre los Seattle Seahawks y los New England Patriots. Aquí el único que importa es Bad Bunny. Y cuando al fin aparece en pantalla cantando uno de sus grandes éxitos, “Titi me preguntó”, todos gritan de alegría. Algunos ondean banderas puertorriqueñas, otros dan palmas. La fiesta acaba de empezar.

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“Me siento bien orgulloso que un vegabajeño haya llegado a tales niveles. Esto es para que vean que nuestra presencia se afianza en Estados Unidos y en el mundo entero”, dice David Fontanez, un jubilado de 66 años.

“Una gran inspiración”

Durante el espectáculo, Bad Bunny multiplica los guiños a su isla, en el decorado elegido o a través de las letras de sus canciones. Y sus compatriotas lo celebran todo y vitorean cuando él canta “PR (Puerto Rico) se siente cerquita”.

Pedro Meléndez Barrio, de 14 años, ve a la estrella como “una gran inspiración” para los habitantes de Vega Baja. “Me hace sentir muy orgulloso y también mucha alegría. Pienso que, si él logró esto, yo también lo puedo lograr. Eso me motiva mucho”.

La mayoría está agradecida con un artista que siempre reivindica sus orígenes y que celebró el año pasado 31 conciertos en Puerto Rico, una manera de darle un empujón económico a los suyos.

“Él ha llevado al Superbowl lo que somos los puertorriqueños”, asegura Madeline Miranda. “Es un gran embajador que representa a la comunidad”, añade la maestra jubilada, que recuerda al pequeño Benito como un niño “muy callado y disciplinado”.

Otros vecinos no olvidan que la elección de Bad Bunny como artista invitado estuvo marcada por la polémica en Estados Unidos, donde la derecha más conservadora se opuso a que la estrella fuera alguien que canta en español.

También agradecen que el artista alce la voz de Puerto Rico, un territorio no incorporado de Estados Unidos, que mantiene una relación compleja con el país norteamericano. Aquí los habitantes tienen, por ejemplo, la ciudadanía estadounidense, pero no pueden elegir al presidente.

“Él ha reflejado mucho de nuestra cultura, de lo que está pasando en Puerto Rico y la situación de los inmigrantes”, dice Madeline García, de 31 años, después del espectáculo. “Hacemos caso omiso de la polémica porque, quieran o no, nosotros también somos parte de Estados Unidos. Y, aunque nuestro idioma es el español, la mayoría de los puertorriqueños también hablamos inglés”.

Sazón, batería y reguetón

El reguetonero puertorriqueño Bad Bunny montó una fiesta latina en su muy esperada presentación en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl de la liga de football americano este domingo en Santa Clara, California.

Benito Antonio Martínez Ocasio derrochó español y latinidad, desde vendimias hasta un paseo por el barrio y una boda, y cerró con un mensaje de unidad, del Norte al Sur de América, en momentos de tensión por la campaña antimigración de Donald Trump.

El presidente siguió el partido desde su residencia de Mar-a-Lago, Florida, y saltó de inmediato a las redes sociales para llamar la primera actuación principalmente en español del Supertazón “una afrenta a la grandeza de Estados Unidos”.

El Conejo Malo arrancó su show de 13 minutos con su éxito “Tití me preguntó” y alborotó con un popurrí de sus éxitos “Yo perreo sola” y “Voy a llevarte pa PR” al estadio Levi’s, con espacio para unos 75.000 espectadores, que cambió su grama por una plantación de caña, con carritos de comida, tienditas, una boda y una pick up, al más puro estilo y sabor latinos.

Vestido de blanco, con una versión caribeña del uniforme de football americano con OCASIO (el apellido de su mamá) y el número 64 en la espalda, repasó megaéxitos de otros íconos del reguetón, como Tego Calderón, Don Omar y Daddy Yankee, recordándole a la audiencia que estaba escuchando “música de los barrios y los caseríos”.

Mientras, estrellas como Cardi B, Jessica Alba, Young Miko y Pedro Pascal bailaban en la casita que se ha vuelto el escenario de su gira de “DeBÍ TiRAR MáS FOToS”.

Jíbaros, vendedores, bailarines, campesinos, trabajadores y familias lo acompañaron durante todo el show, visto por más de 120 millones de espectadores.

Bad Bunny llevó uno de sus gramófonos para entregárselo a un niño que parecía tratarse de un joven Benito, pero que las redes sociales relacionaron erróneamente con Liam Conejo Ramos, un pequeño de raíces ecuatorianas detenido recientemente por la policía migratoria estadounidense.

Una fuente de la NFL negó a la AFP que el joven fuera Conejo Ramos.

Lady Gaga y Ricky Martin

Siguió con versiones cortas de “EoO” y “Mónaco”, que intercaló con un mensaje empoderador al público: “Si hoy estoy en el Super Bowl 60 es porque nunca deje de creer en mí, y tú también deberías creer en ti, vales más de lo que piensas”.

Acto seguido, emergió como gran sorpresa la estrella pop estadounidense Lady Gaga, con un vestido azul claro, cantando una versión salsera de su éxito “Die with a Smile”, para dar paso a “Un baile inolvidable” y “Nuevayol”.

El momento político de la presentación vino de la mano de otro puertorriqueño, Ricky Martin, quien entonó “Lo que le pasó a Hawái”, considerado un himno independentista de Puerto Rico, interrumpida por una explosión con “El apagón”.

La canción de resistencia de la llamada isla del encanto, que Bad Bunny entonó bandera en mano, protesta contra los problemas de infraestructura que sufre Puerto Rico, territorio estadounidense desde 1898.

Tras entonar su agitado “Café con Ron”, el Conejo Malo dijo en inglés “Dios bendiga a América”, y enumeró a todos los países del continente, para luego lanzar un balón inscrito con “Juntos somos América” y despedirse con su “DTMF”.

Al fondo del estadio, donde los Seattle Seahawks aplastaron luego a los New England Patriots, rezó la leyenda “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.

Reivindicación

Benito, quien ya había saboreado el Super Bowl como artista invitado junto a Shakira y Jennifer López en 2020, llegó al evento cumbre del deporte estadounidense tras conquistar hace una semana un histórico Grammy al Álbum del año por su aclamado “DeBÍ TiRAR MáS FOToS”, el primer trabajo en español en llevarse esa estatuilla.

La presentación generó mucha expectativa tanto entre los críticos como en los fans del reguetonero que, con 89 millones de oyentes mensuales en Spotify, ha sido proclamado por la plataforma como el más reproducido en cuatro años, superando a titanes con legiones de seguidores como Taylor Swift.

De un lado están quienes cuestionaron la elección de un artista que solo canta en español en momentos en que Estados Unidos es territorio de una arremetida antinmigración, impulsada por Trump, que ha hecho de la comunidad latina un blanco.

Del otro, los latinos que, reguetoneros o no, abrazaron como una reivindicación al puertorriqueño de 31 años, quien ha conquistado el mundo manteniéndose fiel a sus raíces y a su idioma, y cuyo más reciente trabajo musical es una oda musical y temática a su Puerto Rico natal.

El oriundo de Vega Baja encendió aún más las redes al arremeter la semana pasada contra la policía migratoria en su discurso de agradecimiento en la ceremonia de los Grammy. Pero luego dejó la política de lado y prometió para este domingo apenas una fiesta boricua. Su parada en el Super Bowl es una pausa en su gira internacional, que no contempla fechas en Estados Unidos por temor a que sus conciertos fuesen blanco de la policía migratoria.

Primer artista en español

Con un recital histórico y apabullante, el puertorriqueño Bad Bunny prendió la edición 60 del Super Bowl en la que los Seattle Seahawks aplastaron 29-13 a los New England Patriots para alzar su segundo título de la NFL. Bad Bunny, primer artista principalmente en español en el mayor escenario global, cumplió con creces su promesa de poner a bailar a los 75.000 espectadores que pagaron miles de dólares por una localidad en Santa Clara, California.

Lejos del Levi’s Stadium, más de 100 millones de personas siguieron por las pantallas esta final de la liga de football americano (NFL), entre ellos el presidente estadounidense, Donald Trump, que no tardó en arremeter contra el concierto en redes sociales. El espectáculo fue una orgullosa celebración de la música y la cultura latina en un momento en que esta población se siente amenazada por la cruzada antimigratoria del republicano.

Lady Gaga, que cantó en inglés, fue la gran invitada sorpresa sobre un decorado con postales emblemáticas puertorriqueñas, como plantaciones de caña, carritos de comida y señores jugando al dominó.

El momento más político vino de la mano de un ilustre compatriota, Ricky Martin, quien entonó “Lo que le pasó a Hawái”, considerado un himno independentista de Puerto Rico.

Bad Bunny no apuntó directamente contra el ICE, el servicio policial en el ojo del huracán por sus agresivas redadas contra migrantes, como hizo la semana pasada con el altavoz de los premios Grammy.

Sus 13 minutos de recital, sin embargo, estuvieron plagados de mensajes de diversidad y unidad.

Tras entonar éxitos como “Un baile inolvidable” y “Nuevayol”, el artista cerró con fuerza enumerando a los países del continente antes de mostrar un mensaje en el ovoide que cargaba: “Together We Are America” (Juntos somos América).

“Una afrenta” para EE. UU.

El espectáculo de Bad Bunny irrumpió de inmediato en la lista de los más icónicos del Supertazón, que incluye a superestrellas como Michael Jackson, Prince o Madonna.

Con el público aún emocionado, Trump cargó contra el recital calificándolo en redes sociales como “una afrenta a la grandeza de Estados Unidos”.

“Nadie comprendió lo que este tipo está diciendo”, escribió el republicano, quien dijo que seguiría el juego desde su residencia de Mar-a-Lago, Florida.

Trump, que el año pasado sí asistió al Super Bowl en Nueva Orleans, ya había rechazado el cartel musical de Bad Bunny y Green Day, también críticos del presidente, afirmando que era “terrible” y “sembrará odio”.

En San Juan, en cambio, muchos puertorriqueños se reunieron el domingo para disfrutar del recital de su ídolo, una enorme fuente de orgullo en este delicado momento.

No Brady, no título para Patriots

Las expectativas que había generado Bad Bunny, el artista más reproducido del mundo en Spotify, llevaron a que el show de este año eclipsara todavía más al deporte para los aficionados de fuera de Estados Unidos.

Sobre el emparrillado, el football de trincheras de Seahawks y Patriots, dos equipos sin estrellas mediáticas, no contribuyó a la ambiciosa campaña de la NFL por seducir a la afición internacional.

New England pugnaba por el séptimo título de su historia, y primero desde la partida de Tom Brady en 2020, pero se estrelló frente al muro de Seattle, la mejor defensa de la liga.

Cuando los focos apuntaron al Conejo Malo, la primera mitad no había dejado ningún touchdown y solo vio subir puntos al marcador mediante tres goles de campo de Jason Myers para los Seahawks.

Maniatado su joven quarterback Drake Maye, los Patriots sudaron en defensa para evitar males mayores, con varias brillantes intervenciones de Christian González.

El esquinero de padre colombiano sacó primero una mano providencial para que Rashid Shaheed no tuviera el camino expedito a un touchdown y otra intercepción a solo 16 segundos para evitar un touchdown de Jaxon Smith-Njigba, el mejor jugador ofensivo del año.

Maye, que aspiraba a ser el mariscal de campo más joven en ganar el título, tampoco encontró grietas en la muralla en la segunda mitad.

Venganza de Seattle

Después de tres cuartos sin touchdown, lo que solo había ocurrido una vez en el Super Bowl, el quarterback Sam Darnold lanzó un pase de 16 yardas para que AJ Barner catapultara la ventaja de los Seahawks hasta un 19-0 al inicio del último periodo.

Un primer pase de touchdown de Maye, de 35 yardas para Mack Hollins, fue un espejismo y los Seahawks completaron la paliza con una carrera de 45 yardas del linebacker Uchenna Nwosu.

El triunfo fue una revancha de Seattle por su derrota ante los Patriots de Brady en el Super Bowl de 2015, un año después de que conquistaran su único título.

New England se mantiene con sus seis trofeos empatado con los Pittsburgh Steelers como las franquicias más ganadoras de la competición.

Fuente: AFP.

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