Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
En esta entrevista exclusiva, Jafar Panahi aborda la paradoja que marca su carrera reciente: mientras “Fue solo un accidente” (It Was Just an Accident) acaba de ganar la Palma de Oro y ha sido seleccionada como representante de Francia para los Premios Óscar 2025, en Irán casi nadie puede ver sus películas. “Desafortunadamente, ninguna de mis películas se ha proyectado en Irán, excepto The White Balloon.”
El director describe un panorama de censura sistemática que impide cualquier vínculo real con su público nacional. Según denuncia, esa invisibilidad es utilizada por el Estado como arma: “El gobierno se aprovecha de que no puedo ver mis películas con el público iraní: destruye la película, la desacredita y nadie puede desmentirlo.”
Los ataques van más allá de la prohibición. Panahi revela que la maquinaria propagandística llega a extremos desconcertantes: “Llegan incluso a llamar a mis películas ‘las menos valiosas de la historia del cine’.” La estrategia, afirma, consiste en erosionar su reputación para justificar las medidas de censura.
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El hostigamiento también tiene un frente exterior. Con frialdad, el director describe cómo se manipula la crítica internacional para construir un relato negativo: “Buscan alrededor del mundo una crítica negativa y la usan como prueba de que mis filmes no tienen ningún valor.”
En un contexto de vigilancia continua, Panahi ha tenido que desarrollar tácticas de autoprotección para poder seguir filmando. Lo cuenta sin dramatismo, pero con plena conciencia del riesgo: “En mis últimas cinco películas aprendí qué medidas de seguridad debía tomar, especialmente después de que allanaran mi casa mientras filmábamos.”
La ironía es evidente: mientras su cine recibe elogios globales y avanza hacia los Óscar bajo bandera francesa, en su país de origen permanece prohibido y atacado. Aun así, Panahi continúa creando, demostrando que su voz —silenciada en casa— resuena más fuerte que nunca en la escena internacional.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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“No Paradise If You Are Killed by a Woman”: una realidad demasiado parecida a Rambo
- Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
Hay películas que se desinflan poco a poco, casi sin que uno se dé cuenta. “No Paradise If You Are Killed by a Woman”, de Halkawt Mustafa, presentada en la sección Orizzonti del Festival de Venecia, pertenece a esa categoría: comienza con una energía extraordinaria, con una premisa poderosa y un escenario que parece pedir a gritos una película de acción, pero termina atrapada en sus propias convenciones. Lo que al principio parece un globo a punto de elevarse termina descendiendo lentamente hasta quedarse demasiado cerca del suelo.
La idea de partida es estupenda. Vyan, una francotiradora kurda endurecida por la guerra, regresa a Mosul cuando descubre que su hermana, desaparecida durante el ataque del Estado Islámico de 2014, podría seguir viva. La búsqueda se convierte en misión de rescate y, al mismo tiempo, en viaje hacia un trauma que la protagonista lleva años intentando mantener enterrado. Mustafa conoce bien ese territorio: nació en el Kurdistán iraquí, huyó con su familia a Noruega y antes de dedicarse plenamente al cine trabajó como periodista en zonas de conflicto. La película, además, fue rodada en Mosul, utilizando espacios reales de la ciudad. No estamos, por tanto, ante un director que mira la guerra desde un despacho. Hay experiencia, memoria y una relación personal con aquello que está contando.
Y eso se nota especialmente al principio.
Mustafa entra en materia con una contundencia que engancha. Hay tensión, movimiento, peligro y una protagonista que parece capaz de sobrevivir a cualquier cosa. La película encuentra durante sus primeros compases una combinación muy eficaz entre thriller bélico, drama de supervivencia y relato de búsqueda. Vyan tiene algo de heroína clásica del cine de acción, pero también de mujer marcada por una guerra real que ha dejado cicatrices demasiado profundas.
El problema es que la película no termina de decidir qué quiere hacer con ella.
En otras películas recientes ambientadas en el conflicto contra el Estado Islámico, como Rebel, de Adil El Arbi y Bilall Fallah, o Sisters in Arms, de Caroline Fourest, la mezcla entre acción, aventura y realidad encontraba un equilibrio más hipnótico. Aquí la voluntad de contar una historia sobre personas reales y heridas reales choca continuamente con la necesidad de fabricar espectáculo. Y cuando ambas cosas no encajan, aparece una extraña sensación de impostura.
Vyan acaba pareciendo una especie de Rambo kurda. La comparación no es necesariamente un reproche: Rambo funciona precisamente porque sabemos que estamos ante una fantasía. Es un héroe imposible, una figura casi mitológica que atraviesa guerras, ejércitos y explosiones como si Superman hubiera aterrizado en Vietnam. El espectador acepta las reglas del juego porque la película tampoco pretende vender esa invulnerabilidad como realismo.
Aquí, en cambio, el planteamiento pide otra cosa.
No Paradise If You Are Killed by a Woman quiere hablar de una guerra concreta, de una población concreta y de un trauma histórico reconocible. Por eso, cuando la protagonista parece sobrevivir a situaciones que exigirían una dosis considerable de milagro cinematográfico, la película entra en un territorio cercano al de la fantasmada. Hay momentos que quieren transmitir crudeza y autenticidad y otros que parecen sacados de una película de acción de domingo por la tarde. El contraste resulta desconcertante.
Incluso algunas escenas de combate parecen diseñadas para demostrar que la película sabe hacer acción antes que para hacer avanzar el relato. Mustafa busca constantemente la intensidad: disparos, persecuciones, emboscadas, carreras, cuerpos que caen, desplazamientos por ruinas. Pero la acumulación termina produciendo el efecto contrario. La acción deja de aumentar la tensión y empieza a repetirse.
Y ahí aparece el principal problema de la película: el cansancio.
El espectador entiende demasiado pronto cuál es la dinámica. Vyan avanza, encuentra un obstáculo, combate, sobrevive y continúa buscando. La estructura se convierte en una sucesión de episodios que tienen una función parecida y una intensidad cada vez menos eficaz. El director quiere que cada secuencia sea más trepidante que la anterior, pero el exceso termina anestesiando. Es como escuchar una canción que mantiene el estribillo demasiado tiempo: aquello que inicialmente emocionaba termina perdiendo fuerza.
Lo más paradójico es que la película tiene elementos de sobra para haber sido mucho más interesante. Está la relación entre memoria y violencia, la experiencia de las mujeres kurdas que combatieron al ISIS, la destrucción de Mosul, el trauma de quienes regresan a los lugares donde perdieron a sus seres queridos y la tensión entre supervivencia y venganza. Hay una película mucho más compleja escondida dentro de esta película de acción.
Mustafa parece querer hacerla visible, pero demasiadas veces vuelve a confiar en el espectáculo.
Y es una pena, porque hay autenticidad detrás de las imágenes. El director sabe de qué habla y su experiencia personal y periodística le proporciona una mirada que no es impostada. Pero conocer la realidad no garantiza que una película sepa siempre cómo transformarla en cine. No Paradise If You Are Killed by a Woman tiene momentos en los que esa realidad respira, y otros en los que parece disfrazarse de Top Gun sin poseer su descaro, su ligereza ni su encanto.
Quizá la película necesitaba menos balas y más silencio. Menos demostraciones de que Vyan es capaz de sobrevivir a todo y más interés por saber qué significa para ella haber sobrevivido.
Porque ahí estaba la gran película.
La que comienza con fuerza, promete muchísimo y por momentos incluso consigue atrapar al espectador, pero que poco a poco pierde altura hasta convertirse en un thriller bélico convencional. Mustafa demuestra oficio, conocimiento del terreno y voluntad de hacer una película accesible y contundente. Lo que le falta es encontrar el equilibrio entre la mujer real que inspira a Vyan y la superheroína de acción en la que, progresivamente, acaba convirtiéndola.
El resultado no es un desastre, ni mucho menos. Es algo más frustrante: una película con una gran historia detrás y una buena película dentro que no termina de encontrar la manera de salir.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Venecia 2026: crítica de “Salón de belleza”, una experiencia conceptual
- Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
En “Salón de belleza”, Nathalia Acevedo se acerca al universo de Mario Bellatín desde un lugar poco complaciente y todavía menos comercial. La película, presentada en Venice Giornate degli Autori, propone una experiencia antes que una narración convencional: un salón de belleza convertido en espacio de tránsito, un protagonista que habla desde una voz en off de acento peculiar y una sucesión de imágenes que buscan establecer una relación entre la belleza, la muerte y la marginalidad.
La premisa tiene posibilidades. El protagonista tuvo en otro tiempo un salón de belleza y ahora ese espacio parece transformarse en una suerte de hospital para hombres rechazados por la sociedad, incluidos sicarios y personas vinculadas a la violencia. Entre los recuerdos del antiguo negocio y el presente se cuelan los peces de colores, la enfermedad, la muerte y una sensación constante de que todo está a punto de desaparecer. La película intenta que esos elementos dialoguen entre sí: la belleza de los peces, su fragilidad, la muerte de los animales y la de los hombres.
Es una idea potente, y probablemente la novela Salón de belleza, de Mario Bellatín, encuentra ahí una de sus claves. El problema es que Acevedo parece confiar tanto en la capacidad de sus imágenes para transmitir esa relación que acaba dejando al espectador prácticamente solo ante ellas.
Hay momentos en los que la película encuentra imágenes realmente sugerentes. El agujero de una pared por el que la cámara descubre la playa, por ejemplo, tiene algo extraño y hermoso. También hay otras escenas cotidianas, como el protagonista comprando por la calle, que consiguen crear una atmósfera particular. Acevedo demuestra que sabe mirar y que tiene una sensibilidad visual muy definida. El problema es que una buena imagen no siempre conduce a otra buena imagen, y aquí la película parece avanzar a base de acumulación.
Porque Salón de belleza es, sobre todo, una película de imágenes. Imágenes que aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer sin que siempre exista una conexión suficientemente clara entre ellas. Los recuerdos del protagonista, su antiguo salón de belleza, su relación con otros hombres, el presente del hospital improvisado y esa constante presencia de la muerte construyen un universo deliberadamente ambiguo. Pero una cosa es ser ambiguo y otra no ofrecer al espectador ningún punto de apoyo.
La película tampoco busca demasiado la interacción entre personajes.El belga Sam Louwyck sostiene prácticamente todo el peso de la función y se defiende bien en un papel deliberadamente contenido, solitario y enigmático. Hay flashbacks en los que lo vemos en una época aparentemente más feliz, relacionada con su antiguo salón, y también algunos momentos que permiten intuir su homosexualidad y su vida afectiva. Sin embargo, esa dimensión queda más sugerida que desarrollada. El protagonista parece vivir permanentemente aislado, incluso cuando está rodeado de otras personas.
Y ahí aparece otra de las peculiaridades de la película: su condición de objeto cinematográfico difícil de clasificar. No es exactamente un drama, tampoco un relato fantástico en sentido estricto y mucho menos una película narrativa tradicional. Es más bien una pieza conceptual que utiliza los códigos del cine para hablar de la belleza y la muerte sin querer explicar demasiado qué significa cada cosa. Eso puede resultar estimulante para algunos espectadores y tremendamente frustrante para otros.
La película exige, por tanto, cierta predisposición. Conviene saber antes de entrar que no vamos a encontrarnos con una historia que avance de manera clara, con conflictos perfectamente definidos y personajes que expliquen sus motivaciones. Aquí el tiempo se diluye, los recuerdos se mezclan con el presente y las situaciones parecen funcionar como pequeñas piezas de un rompecabezas que nunca termina de completarse.
El problema es que, cuando llegan los créditos, queda la sensación de que el rompecabezas quizá ni siquiera tenía intención de completarse. Salón de belleza plantea muchas ideas, pero pocas terminan de convertirse en algo que el espectador pueda llevarse consigo. Uno entiende lo que la película quiere poner en relación —la belleza y la muerte, la vida y la exclusión, el cuerpo y su desaparición—, pero cuesta encontrar una conclusión, una emoción o incluso una revelación que justifique todo el recorrido.
También es una película que puede resultar aburrida. Y decirlo no tiene por qué ser necesariamente negativo: existen películas que utilizan deliberadamente el aburrimiento, la repetición y la quietud como herramientas. Aquí, sin embargo, la lentitud no siempre parece producir una experiencia especialmente reveladora. Más que hipnotizar, en algunos momentos simplemente deja al espectador esperando a que ocurra algo que quizá nunca llegará.
Acevedo tiene, eso sí, una mirada propia. Hay una voluntad estética evidente y algunas imágenes permanecen en la memoria. Sam Louwyck consigue mantener la película a flote con una presencia contenida y extraña. Pero la película parece más interesada en construir un estado de ánimo que en conseguir que ese estado de ánimo nos diga algo.
Salón de belleza es, en definitiva, una propuesta radicalmente alejada del cine comercial y probablemente funciona mejor si se acepta desde el principio como una experiencia conceptual. Quien busque una historia encontrará poco; quien entre dispuesto a dejarse llevar por las imágenes quizá encuentre algo más. En mi caso, entre peces, salones de belleza, recuerdos y muerte, la película acaba dejando una impresión tan difusa como sus propias imágenes: interesante en sus intenciones, irregular en su ejecución y, sobre todo, difícil de recordar más allá de algunas escenas concretas.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Directora de “Woman unknown” gana el León de Oro en una Mostra de pocas mujeres
La directora danesa May el-Toukhy ganó este sábado el León de Oro de la Mostra de Venecia por “Woman unknown”, un drama histórico sobre una sirvienta marcada por un secreto durante la Segunda Guerra Mundial, en una edición donde sólo dos mujeres optaban al máximo galardón. El filme cuenta la historia de una criada que sobrevivió como pudo a la ocupación nazi de Dinamarca durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la guerra, está a punto de casarse con el viudo para quien trabaja, pero un secreto que arrastra pondrá en peligro su futura boda.
La actriz que encarna a esta mujer atormentada por su pasado, la danesa Mathilde Arcel, se llevó el premio a la mejor interpretación femenina. Octava mujer en coronarse en la Mostra, May el-Toukhy dijo al recoger el premio que la película “cuenta la historia de mujeres que son invisibles, que no se ven y que no tienen voz”.
Aunque fue difícil sacar adelante el largometraje, explicó, “lo que me mantuvo en pie fue la necesidad urgente de arrojar luz sobre las mujeres desconocidas de nuestra historia común, para darlas a conocer”. “Esta noche, siento que lo he logrado”. Esta edición fue muy criticada por la reducida presencia de directoras a concurso. Junto a May el-Toukhy, la otra realizadora en liza era la israelí Rachel Szor, quien codirige con Yuval Abraham el documental “NAZA”.
Con esta polémica planeando durante los 10 días del certamen, la presidenta del jurado, la actriz y cineasta estadounidense Maggie Gyllenhaal, preguntada por si este premio era una declaración política, aseguró que era “una película brillantemente hecha” que sintió “como un rayo”. Se dijo “cansada de hablar de este mismo tema una y otra vez”.
Malkovich en Chile
El León de Plata, el segundo en importancia, fue para “Possible love”, con la que el surcoreano Lee Chang-dong volvió al cine con una sutil crítica social con despidos masivos de fondo, ocho años después de “Burning”. El cineasta Ilya Khrzhanovsky, de origen ruso, se llevó el premio a la mejor dirección por el fresco histórico “Dau”, que cuenta tres décadas de brutalidad y totalitarismo en la Unión Soviética, a través de los ojos de Lev Landau, uno de los físicos más grandes del siglo XX.
El galardón al mejor actor masculino fue para el estadounidense John Malkovich --que no estuvo en la ceremonia de premiación-- por su papel de un veterano agente de la CIA en “Wild nine horse”, una comedia negra ambientada en la Isla de Pascua, en Chile, pocos meses antes del golpe de Estado de Augusto Pinochet en 1973.
El documental “NAZA”, realizado por los periodistas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, sobre las muertes de civiles palestinos en la Franja de Gaza, se alzó con el premio especial del jurado.
Abraham y Szor, dos de los cuatro autores del oscarizado “No Other Land” (2024), muestran el testimonio de 24 miembros de las fuerzas israelíes que describen cómo llevaban a cabo ataques masivos contra civiles palestinos en Gaza a partir de dispositivos creados con inteligencia artificial.
“Los oficiales de inteligencia israelíes con los que hablamos nos explicaron cómo esta matanza masiva es sistémica”, dijo Abraham al recoger el premio.
“No es por accidente, sino el fruto de una estrategia deliberada. Actos homicidas y políticos basados en la deshumanización total de los palestinos”, añadió, al rendir homenaje a los periodistas palestinos que permitieron documentar y dar a conocer estos hechos. “Más de 200 de ellos fueron asesinados por Israel”, recordó. El documental, proyectado casi al final del festival, sacudió el certamen y recibió 25 minutos de ovación, el récord en la historia de la muestra según la prensa especializada.
Glamur y triunfo del cine latinoamericano
Aunque en esta edición los estudios de Hollywood fueron los grandes ausentes de la Mostra, no faltó el glamur en la alfombra roja. Entre los que brillaron más en el Lido figuran los españoles Javier Bardem y Penélope Cruz, una de las parejas más carismáticas del cine mundial. En “Búnker”, del francés Florian Zeller, interpretan a un matrimonio en crisis tras casi dos décadas de relación.
El cine latinoamericano, escaso en la selección oficial, triunfó en las secciones paralelas, dedicadas a los nuevos talentos. La argentina “A veces me entra tristeza, otras veces rebelión”, de María Aparicio, se llevó el máximo galardón de la Giornate degli autori. Los colombianos Bibiana Rojas Gómez y Juan David Cárdenas fueron premiados en la Semana de la Crítica por su documental experimental “El fin de los tiempos”, hecho con material de archivo e imágenes generadas con IA.
Y la película brasileña “London”, de Victor di Marco y Márcio Picoli, ganó el Queer Lion ex aequo con “Queer Edward II”, de Theo Rollason, a la mejor obra de temática y cultura homosexuales entre todos los títulos presentes en el certamen.
El palmarés de la 83ª Mostra de Venecia
Este es el palmarés de la 83ª Mostra de Venecia, otorgado el sábado.
- León de Oro a la mejor película: “Woman unknown” de May el-Toukhy
- León de Plata - Gran Premio del Jurado: “Possible love” de Lee Chang-dong
- León de Plata a la mejor dirección: Ilya Khrzhanovsky por “Dau”
- Copa Volpi a la mejor actriz: Mathilde Arcel en “Woman unknown”, de May el-Toukhy
- Copa Volpi al mejor actor: John Malkovich en “Wild horse nine”, de Martin McDonagh
- Premio al mejor guión: “Un bon petit soldat”, de Stéphane Brizé
- Premio especial del jurado: “NAZA”, de Yuval Abraham y Rachel Szor
- Premio Marcello Mastroianni a la mejor interpretación promesa: Malou Khebizi por “15/18”, de Cédric Kahn
Fuente: AFP.
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Ejército de Yemen ataca posiciones hutíes en la zona costera del mar Rojo
Las fuerzas gubernamentales de Yemen respaldadas por Riad dijeron el sábado que atacaron a combatientes hutíes aliados de Irán en la estratégica ciudad portuaria de Moca, en el mar Rojo, que cayó en manos de los combatientes proiraníes tras una ofensiva relámpago. Los combates que comenzaron en septiembre en el oeste de Yemen han provocado el desplazamiento de decenas de miles de personas. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) teme un aumento considerable de los desplazamientos en los próximos días.
Los hutíes, que hasta ahora controlaban gran parte del norte del país, incluidas la capital, Saná, y Hodeida (en el oeste), avanzaron por la costa en cuestión de días y capturaron la ciudad portuaria de Moca el jueves. Posteriormente, tomaron el control de la costa y las islas del mar Rojo, y consolidaron su dominio al día siguiente sobre el estratégico estrecho de Bab el Mandeb, por donde transita el tráfico marítimo hacia y desde el Canal de Suez.
Ataques aéreos saudíes
“Las fuerzas armadas destruyeron hoy vehículos y armas y eliminaron a miembros de la milicia terrorista hutí, respaldada por Irán, cerca del puerto de Moca”, informó la agencia oficial de noticias Saba. También atacaron en las afueras de la ciudad y la carretera que conduce a Dhubab, más al sur, añadió, citando al portavoz de las fuerzas armadas, Majid al-Nazili.
Las fuerzas gubernamentales ya habían anunciado ataques aéreos el viernes por la noche, al tiempo que instaron a la población civil a evitar algunas carreteras. Arabia Saudita llevó a cabo igualmente ataques aéreos contra el aeropuerto de Moca, según el canal de televisión Almasirah, controlado por los hutíes.
“En las últimas 48 horas, la aviación saudí ha realizado 129 ataques aéreos contra las provincias de Taiz, Hodeida, Marib, Al-Jawf, Saada, Amran y Hajjah”, añadió el sábado el portavoz hutí Yahya Saree.
Los hutíes, que anunciaron un bloqueo marítimo contra Arabia Saudita en julio y atacaron sus petroleros, lanzaron un importante ataque contra el reino esta semana.
La Defensa Civil de Arabia Saudita informó el sábado por la noche de dos heridos en el sur del país por la caída de un proyectil disparado por los hutíes.
Tras años de relativa calma gracias a una tregua entre el gobierno y los hutíes, Yemen se sumió de nuevo en la guerra en julio, en el contexto del conflicto entre Irán y Estados Unidos.
El presidente estadounidense, Donald Trump, declaró el sábado que los hutíes, quienes fueron objeto de ataques aéreos de Washington en 2025 por atacar buques mercantes en el estrecho de Bab el Mandeb en apoyo a Hamás en su guerra contra Israel, le habían pedido que no interviniera en la guerra de Yemen.
Según el portal estadounidense Axios, el príncipe heredero y gobernante de facto de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, llamó a Trump dos veces el jueves para pedirle que atacara a los combatientes yemeníes, pero su petición fue rechazada. La escalada de la guerra en Yemen la semana pasada dejó cientos de muertos en ambos bandos, principalmente combatientes, pero también algunos civiles.
“Agotamiento de las reservas de emergencia”
También provocó importantes desplazamientos de población, incluida una afluencia de refugiados hacia Adén, la principal ciudad del sur donde tiene su sede el gobierno reconocido internacionalmente. Casi 76.000 personas han sido desplazadas desde julio, según un recuento de la ONU del sábado.
“Nos dijeron: ‘Váyanse, dispérsense. Tienen media hora’”, relató Abdulalim Al-Rajihi, quien presenció “escenas de horror” mientras huía de Moca.
“¿Qué se puede hacer en media hora? Huimos con la ropa que llevábamos puesta. Y nos llevamos a nuestros hijos”.
Más de 70.000 personas han huido solo desde septiembre, según un portavoz de la OIM, al advertir de una “crisis de desplazamiento”.
“Las reservas de emergencia ya se han agotado tras las recientes operaciones de socorro por las inundaciones”, dijo el viernes la OIM, con hincapié en la urgente necesidad de refugio, alimentos, agua y otros suministros esenciales.
Después de tomar el control de la costa esta semana, los combatientes proiraníes liberaron a 210 de sus propios hombres, “prisioneros de guerra” que habían pasado años en cárceles gubernamentales, anunció el sábado el funcionario hutí Abdelkader al-Mourtada en una conferencia en Saná.
Fuente: AFP.