La más importante reunión del organismo político de mayor rele­vancia de los países del mundo es la asamblea general de la Organi­zación de las Naciones Unidas (ONU). En el octogésimo encuentro de esta entidad cor­porativa planetaria, el presidente Santiago Peña hizo escuchar la inconfundible voz del Paraguay y condenó con fuerza la into­lerancia y la violencia política que se están adueñando de amplios sectores de la comu­nidad internacional, que constituyen una terrible amenaza para nuestros tiempos.

El mandatario fue muy claro cuando men­cionó que la intolerancia radical y la vio­lencia política que se están apoderando de muchos pueblos es inmoral y no se las debe tolerar, porque hacen un daño muy pro­fundo a la humanidad.

Manifestó enérgicamente que hay que rechazar la violencia de todos los mati­ces. “Por eso les pido que digamos, alto y fuerte: no al odio, no a la violencia, no al autoritarismo. No debemos subestimar la gravedad de lo que está ocurriendo. Estos no son casos aislados, son patrones, y la situación se ha venido agravando ante la mirada impasible de los gobiernos y de los movimientos políticos. La polarización y el extremismo, antes revelado sutilmente, en textos y discursos, hoy se están mate­rializando en actos de violencias reales”, resaltó.

En tono vehemente, Peña afirmó que no es tiempo para tímidos. “Señores: o esta­mos del lado correcto, de la paz y la razón, o estamos con la violencia y la intolerancia”. Hizo memoria de dos hechos de violencia recientes: el atentado contra el candidato presidencial colombiano Miguel Uribe y la muerte del activista de derecha norteame­ricano Charlie Kirk, actos a los que calificó como dos cobardes e incomprensibles aten­tados políticos, que son consecuencia de la intolerancia y el odio que estaba señalando.

“Los fantasmas de la violencia, que pen­sábamos eran cosa del pasado para nues­tros hermanos de Colombia y vimos que un joven soñador, Charlie Kirk, era miserable­mente arrebatado de su esposa y dos hijos por un único pecado: defender sus convic­ciones y los valores con gran elocuencia y coraje”, señaló con énfasis.

Con relación a la difícil situación que se está viviendo en Oriente Medio, el presi­dente paraguayo reafirmó su apoyo incon­dicional a Israel y su condena al terrorismo del bando contrario, resaltando que la pru­dencia diplomática no puede ser compli­cidad. “Es precisamente en estos momen­tos cuando los principios que nos definen como nación democrática deben traducirse en posiciones claras e inequívocas con sus amigos y aliados. Paraguay reafirma aquí su posición sin ambigüedades: Israel tiene el derecho legítimo a defenderse”, expresó, lejos de cualquier posibilidad de interpre­taciones equívocas.

Mencionó en otro momento que la única manera de responder a la violencia y al odio de los terroristas es estar alertas y recha­zarlos, por lo que nuestro país condena a Hezbollah y a Hamás como organizaciones criminales, repudiando rotundamente sus acciones delictivas.

Con voz potente y en términos claros, dijo ante la destacada audiencia internacional: “Condeno decididamente a estas organi­zaciones criminales, una vez más hoy ante todos ustedes. Mi país seguirá oponiéndose a quienes nieguen el valor sagrado de la vida humana, idea fundamental en la visión paraguaya sobre el ser humano”.

Por ello pidió que en forma urgente se pongan en marcha soluciones que alivien la situación humanitaria en el territorio palestino. Que se dé fin a la violencia y se garantice la liberación inmediata de los rehenes capturados por los terroristas ára­bes. Solicitó promover “un diálogo cons­tructivo que conduzca hacia la convivencia pacífica entre ambos pueblos y sea fuente de una paz duradera en la región del Medio Oriente”.

Hay que resaltar que las autoridades de nuestro país tienen claro que el mayor bien que pueden alcanzar los pueblos del mundo es la eliminación de toda suerte de con­flictos, guerras y enfrentamientos para encontrar la paz y poder compartir la sana convivencia entre las naciones. Todas las comunidades humanas del universo deben disfrutar de la fraternidad y la buena vecin­dad como principal regalo de la existencia.

Es bueno resaltar que las guerras y enfren­tamientos solo ocasionan la muerte, la destrucción y el sufrimiento de millones de seres humanos, que se deben evitar con buena voluntad e inteligencia. Una vida vale más que cualquier muerte y la con­vivencia pacífica es el mejor regalo que se puede hacer a todos los pueblos del planeta.

Dejanos tu comentario