• POR EL DR. JUAN CARLOS ZÁRATE LÁZARO
  • MBA

Los estados de ansiedad, junto con otras patologías de carácter emocio­nal, pertenecen al campo de la psico­logía, extensivo a la psiquiatría, aunque en menor grado.

“Ansiedad”, palabra que proviene del latín, significa angustia o aflicción, haciendo alu­sión a un estado de ánimo en el que per­manentemente estamos en alerta, bus­cando anticiparnos a una situación futura, creando en nuestro interior cierta impa­ciencia o temor.

Está presente en todos los seres humanos en menor o mayor magnitud, siendo su grado de intensidad lo que patológicamente lo diferencia de un estado de ansiedad normal.

Es necesaria para la supervivencia del ser humano, pues para que podamos preservar nuestra integridad física ponemos en mar­cha ciertos mecanismos mentales como la relación de lucha o huida.

Tiene varias bifurcaciones que podrían tor­narse más nocivos como el trastorno obsesi­vo-compulsivo, el de pánico, y trastorno por ansiedad generalizada que se manifiestan en nuestro organismo de diversas maneras.

Deben ser tratados, pues podría afectarnos orgánicamente, incluyendo el relaciona­miento con el uso del dinero (gasto y ahorro).

En lo que concierne a los gastos, si somos compulsivos podemos estar ubicados frente a una vidriera con ofertas, y ante la tenencia de disponibilidades derivados del cobro de salario u otras remuneraciones, hace que nos lleve a gastar en cosas superfluas dinero que muy bien podíamos haber utilizado para fines más necesarios y prioritarios.

Una fórmula que podría sernos de utilidad es organizar nuestros ingresos y ahorros, asignando un orden de prioridad a los gas­tos, dando una prelación del uno al diez, que nos orienten y nos permitan ir eliminando las compras que no sean necesarias, para lo cual la educación financiera es importante.

El impacto negativo de los niveles de infla­ción y la presión consumista por parte de las empresas, si no tenemos control sobre nuestra inteligencia emocional, podrían ser dañinos para nuestros bolsillos.

Ahorrar significa posponer la materia­lización del deseo en el presente que nos permita poder disfrutar más en el futuro. La ansiedad se transforma en impacien­cia haciendo que toda acción de ahorro sea percibida como algo innecesario, compro­metiendo la calidad de vida futura, pues solo nos circunscribimos a pensar en tiempo presente.

Para aumentar las chances de vencerlo, se hace necesario que establezcamos meca­nismos de compromiso, contabilizando los gastos que vamos realizando, en donde los “gastos hormiga” deberían cortarse, pues engloban las erogaciones cotidianas de menor tamaño que van desparramándose a lo largo del día.

Tratar de separar todos los meses un 10 % de nuestro ingreso, siempre que sea posi­ble, como primera acción al cobrar nues­tro salario, se estaría convirtiendo en un mecanismo de compromiso generando el buen hábito del ahorro.

Es de utilidad poder establecer un límite mensual a las compras en cuotas, las que en ocasiones podrían ser causantes de un desfasaje financiero para aquellos a quie­nes les cuesta controlar sus niveles de gas­tos, siendo en apariencia pequeño, pero que con el tiempo van agrandándose como bolas de nieve, volviéndose incontrolable muchas veces.

Así como tenemos una organización deno­minada Alcohólicos Anónimos, la canti­dad creciente de deudores crónicos hicie­ron que en otros países también crearan la llamada Deudores Anónimos, cuyo objetivo primario es que las personas con problemas de manejo de deuda puedan racionalizar al máximo los gastos compulsivos, que les permitan contar con fuente de repago para sus otros pasivos.

Se hace necesario que podamos aumentar nuestra cultura financiera, entender y com­prender los distintos tipos de deudas que deberíamos evitar.

Se precisa fuerza de voluntad para resis­tirse al embate consumista del capitalismo actual, presente en la bandeja de entradas de nuestro correo electrónico desde la mañana, extensivo a la televisión y otros medios a través de “la lluvia” de anuncios promocionales de diversa índole.

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