• Marcelo Pedroza
  • Doctor en Psicología y Magíster en Educación
  • mpedroza20@hotmail.com

Virgilio contempló la naturaleza, la cual adquiere un valor afectivo en su obra. La Égloga I forma parte de las Bucólicas, una colección de diez poemas escritos por él.

La referencia sobre la obra indica que la escribió entre los años 42 a.C. y 39 a.C., poco después de las guerras civiles romanas. Los soldados del ejército de Octavio, futuro emperador Augusto, recibieron, como pago de la guerra, las tierras de los campesinos. Incluso la familia de Virgilio sufrió las desventuras de la confiscación.

El problema de la posesión de las tierras se hace visible en el texto, el poeta se involucra ante lo que acontece, y hablan Melibeo y Títiro, representantes de la diversidad de vivencias sobre el asunto.

En ellos la incertidumbre de la humanidad. El temor de la pérdida, la lucha de la permanencia. El mundo de la literatura de las emociones a flor de piel.

La identidad depende de la razón, del cuerpo, de la memoria y de los vínculos comunitarios en la tierra que los cobija. El modo en que cada persona interpreta su destino es una lección viva en las voces de los personajes citados. De cualquier manera, la vulnerabilidad de la existencia humana se hace presente.

“...Tú, Títiro, a la sombra descansando...”, Entonces Títiro dijo: “...Y canto, como ves, pastorilmente lo que me da contento y lo que quiero...”, así la serenidad encuentra su espacio, es el que vive en el interior del ser, mientras el canto expresa el orden del alma, manifiesto literal para la tradición clásica.

Después, Melibeo exclamó: “¡Ay triste!, que este mal y crudo hado, a nuestro entendimiento no estar ciego, mil veces nos estaba denunciado...”, había señales de lo que sucedería y no supieron interpretarlas. Hay una tensión manifiesta entre la razón y la experiencia, Virgilio ( 70 a.C. - 19 a.C.), interpela al entendimiento, el que no alcanza cuando las costumbres impiden ver el bosque.

En la Égloga I la realidad se experimenta a través de las emociones y la memoria; y por otra parte, invita a dimensionar el impacto del entorno natural para la conciencia del ser. También la percepción del destino, como la interpretación de los acontecimientos, fluyen en el imaginario de los versos.

Dejanos tu comentario