- Emilio Agüero Esgaib
- Pastor
El apóstol Pablo decía: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Corintios 15:10).
Cumplimos 25 años como iglesia. La historia de Más que Vencedores es una historia de gracia, favor y regalo, pero así también hemos trabajado mucho, pero aun eso no es para gloria nuestra, sino por la gracia de Dios.
Cómo hemos pasado de una etapa a otra está llena de testimonios de milagros que Dios hacía.
Empezó con siete jóvenes que no tenían experiencia, estudios ni conocimiento de cómo hacer iglesia, solo teníamos una fe sencilla y sincera y deseos de compartir lo que estábamos experimentando. Ese fundamento se inició sobre chicos con una edad promedio de 19 a 20 años. En pocos meses fue creciendo y la mayoría de esos jóvenes que asistían venían de hogares disfuncionales, heridos, sin padres, metidos en vicios, sin identidad, como diría el apóstol Pablo “sin Dios y sin esperanza en medio del mundo” (Efesios 2:12).
Y así Dios usó lo desechado, lo que no tiene sabiduría y lo débil para levantar esta obra. Y esto no es falsa modestia o falta de autoestima, es la verdad, y así Dios nos mostró que Él puede hacer mucho más de lo que nos imaginamos, de lo que creemos y de lo que merecemos.
Así también, hemos trabajo mucho. Siempre estábamos evangelizando, orando, estudiando, haciendo muchas cosas para que la gente se acerque a Dios. Pero entendimos que aún esto era una gracia de Dios, ya que él nos daba las fuerzas y el entusiasmo para hacer todo lo que estábamos haciendo.
Esta es una iglesia que busca fundamentarse en la Palabra de Dios. De nada sirven las experiencias espirituales, el crecimiento y la influencia si estas no están fundamentadas en la Biblia.
De hecho, nuestra misión desde un principio fue “Alcanzar a las personas a través de la Palabra de Dios y un testimonio real de vida en Cristo Jesús. Prepararlas con una enseñanza profunda y práctica de la Biblia, para así servir con su llamado a su Creador y a la humanidad”.
Creo yo que la determinación es fundamental para avanzar en todas las áreas de la vida. La primera reflexión que se hizo en aquellas reuniones fue 1 Pedro 4:3-5 “para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios. Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos”.
Este versículo decía a esos primeros siete jóvenes “basta ya de seguir viviendo como lo están haciendo, ahora ya a otra cosa, a cosas más elevadas, más trascendentes, más importantes. No importa todo lo que se burlen de ustedes o lo que creen que pierden, hay cosas mucho más elevadas. Tomen una decisión”. Sentí que era así y tomamos esa decisión y con entusiasmo confiamos y trabajamos en lo que creíamos Dios nos estaba pidiendo.
Todo lo que vale la pena en esta vida cuesta. Eso aprendí. Si queremos algo que valga la pena en nuestra familia, matrimonio, trabajo, vocación o espiritualidad vamos a tener que sacrificarnos, no se logra nada que valga la pena en esta vida sin esfuerzo, renuncias y sacrificios. Mientras más rápido admitamos esta realidad es mejor. Pero Dios no se detiene, aún hay mucho por delante, estamos desafiados a más.