- Jorge Torres Romero
Cada tanto, en el Paraguay reaparece la misma cantinela: la presión tributaria no alcanza. Es una frase cómoda, técnica en apariencia, pero profundamente peligrosa cuando se la usa como excusa para volver a meterle la mano al bolsillo del contribuyente sin antes hacer lo que corresponde: ordenar el Estado y mejorar la calidad del gasto público.
No es casual que hoy coincidan en ese discurso dos exministros de Hacienda, Dionisio Borda y Benigno López, hablando de un supuesto “pacto económico” para subir impuestos. La coincidencia no es técnica, es política. Y, sobre todo, es interesada.
Borda tuvo su tiempo y su espacio en la historia económica reciente del país. Aportó lo suyo, nadie lo discute. Pero hoy su discurso suena desatinado, envejecido, más atravesado por el resentimiento y el odio visceral hacia el gobierno de Santiago Peña que por un análisis serio de la coyuntura. La crítica es legítima; la obsesión, no. Cuando el diagnóstico nace del enojo y no de los datos, deja de ser advertencia y pasa a ser ruido.
Más llamativo aún es el caso de Benigno López. Tal vez debería llamarse a silencio. Formó parte de un gobierno que llegó al poder prometiendo transparencia y terminó dejando una estela de corrupción, desorden fiscal y uso político del Estado.
Un periodo en el que las arcas públicas fueron maltratadas y el despilfarro se volvió costumbre. Hoy, cuando el actual gobierno ordena la casa, sanea las finanzas y devuelve previsibilidad a la macroeconomía, aparecen los mismos de siempre, merodeando como cuervos, con proyectos políticos reciclados y una idea fija: volver para gastar lo que no es suyo.
El argumento es siempre el mismo: la plata no alcanza. Nunca alcanza cuando el Estado se concibe como botín y no como herramienta. Nunca alcanza cuando el presupuesto es un reparto de favores y no un instrumento de política pública. Nunca alcanza cuando el problema no es cuánto se recauda, sino cómo y en qué se gasta.
A este coro se suma José Cantero, expresidente del Banco Central del Paraguay, cuya gestión dejó un precedente grave: la politización de una institución que debe ser técnica, independiente y blindada de intereses políticos. El BCP no está para operaciones políticas ni para defender agendas ajenas. Exponerlo a un allanamiento innecesario fue una irresponsabilidad institucional que el país no debería olvidar tan rápido, eso había permitido Cantero.
No, no es momento de pensar en más impuestos. Es momento de profundizar el ordenamiento del presupuesto, depurar el gasto, eliminar privilegios, medir resultados y exigir eficiencia. Subir impuestos en un país donde el ciudadano siente que paga mucho y recibe poco no es valentía técnica; es pereza política.
La ciudadanía debe estar atenta. Cada vez que se instala el relato de que “la presión tributaria es baja”, conviene mirar quién lo dice, desde dónde y con qué pasado. Porque, demasiadas veces en Paraguay, detrás de esa excusa se esconde el verdadero objetivo: volver al Estado para devorarlo. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.