EL PODER DE LA CONCIENCIA

Para las 10:00 de hoy está prevista la ceremonia de imposición del birrete y el anillo cardenalicio a monseñor Adalberto Martínez, quien así se convertirá oficialmente en el primer cardenal paraguayo nacido aquí. Un día verdaderamente histórico.

Por eso no es coincidencia que hasta mañana Marito extienda su viaje oficial al Vaticano, lugar en el que reside el papa Francisco, quien grabó en la memoria colectiva de todos los paraguayos una célebre frase. Ese también fue un día histórico.

Han transcurrido 7 años desde aquel tibio julio del 2015 cuando en Paraguay las palabras del Santo Padre paralizaban a todo el país. Y decía... “Yo les confieso que a veces a mí me da un poquito de alergia, o para no decirlo así en términos tan finos, un poquito de moquillo el escuchar discursos grandilocuentes, con todas estas palabras. Y cuando uno conoce a la persona que habla, dice: ¡Qué mentiroso que sos...!”.

Cada vez que escuchamos una falsedad recordamos ese episodio y más ahora que el presidente paraguayo está tan cerca de nuestro protagonista.

¿Puede una persona ser tan mentirosa? Y sí, pa’íma he’i. Y no cualquier pa’i, sino el de mayor jerarquía. Pero hay algunos que además de mentirosos son caraduras. Como Marito.

Cuando la semana pasada en una entrevista televisiva le consultaban sobre su empresa y la venta de asfalto, tajantemente respondía: ¡No le vendimos ni una tonelada al Estado paraguayo! Claro, haciendo la triangulación se cubre las espaldas, no miente, ¡pero qué mentiroso que eeeessss!

Desde el principio movió sus hilos para que el dinero le cayera como lluvia de verano, por chorros.

–”Vos le podés decir a la gente que después de que dejes la Presidencia no vamos a tener casos en los que te estén investigando por supuesta corrupción por enriquecimiento ilícito”, le preguntaron. Y respondió:

–”Me van a buscar y ya me buscaron desde el día 1 desde todos los temas, pero yo estoy con la conciencia absolutamente tranquila”.

También los sicarios tienen la conciencia tranquila luego de ejecutar a su víctima. Mientras no sea descubierto, es inocente. Pero es un asesino sin conciencia, sin ética, sin principios, sin valores, un mentiroso, un traidor sin escrúpulos, una basura.

¿Cuál es la diferencia entre un asesino que dispara de frente y sale huyendo en la parte trasera de una motocicleta con el rostro encubierto y otro que firma decretos para lograr récords triangulando venta de asfalto mientras deja morir de covid-19 a miles de compatriotas sin vacunas, sin insumos, sin auxilio?

Como el mayor Thomas Ferebee, Marito no se arrepiente de lo que hizo. Se llena la boca con discursos grandilocuentes –como dijo Francisco– incluso da clases de moralidad mientras da rienda suelta a sus vanas explicaciones de su inocencia: “Ni una tonelada le vendimos al Estado”.

Él no mató a miles de paraguayos. Tampoco Thomas mató. Él solo apretó el botón que dejó caer la bomba atómica cuando su avión volaba sobre Hiroshima. Eso nomás. Era inocente, como Marito.

Murió a los 81 años de cáncer de páncreas. Y cuando le preguntaron si estaba arrepentido por la explosión nuclear que había provocado respondió que no, que estaba convencido de que había salvado muchas vidas al acortar la guerra.

El otro no apretó ningún botón, solo firmó papeles. También se considera inocente y sobre arrepentimientos... ni siquiera tiene idea de lo que significa.

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