En el año 2019 seguro muchos de nosotros elaboramos un plan de negocios a tres años. Al respecto, y teniendo en cuenta la experiencia desde entonces, estoy muy convencido de que muy pocos ejecutivos habrían contemplado tantas variables “nuevas” para gestionar.
Más allá de la pandemia que nos ha dejado como legado la obligación de ser más flexibles y buscar permanentemente la eficiencia en las organizaciones, haciendo y rehaciendo planes y presupuestos que se ajusten a un nuevo escenario de cambio constante, hay nuevos factores en el ámbito político nacional e internacional que están cambiando las bases fundamentales del clima de negocios.
Con esta combinación de factores queda muy claro que cada vez somos más parte de una comunidad internacional, global, con lo positivo y negativo que esto tiene. Situación que nos obliga a desarrollar habilidades y conocimiento de una realidad política y económica que va más allá de nuestras fronteras.
Las empresas y los ejecutivos para evitar sistemas de prueba y error, debido al costo financiero y riesgo operativo que pueden generar, deben ser tomadoras de decisión con un alto grado de precisión. Y, además, con la adecuada capacidad para conducir a los equipos en procesos que puedan elevar el nivel actual de frustración, debido a la necesidad de adquirir nuevas herramientas de manera muy rápida y al mismo tiempo operar el negocio de forma realmente efectiva.
Con tales propósitos, los retos son:
- Adquirir herramientas: Consumidores cambiantes, competidores agresivos y una tecnología que avanza a pasos agigantados, serán factores que exigirán a las empresas planificar en el corto plazo los modelos de innovación de creatividad y cultura organizacional que harán forma a un nuevo modelo de negocios.
- Operar el negocio de manera efectiva: Esto significa que debemos convivir en la visión inmediata de la rentabilidad y los ajustes que se necesitan y la construcción de una nueva realidad empresarial.
Esta tensión, generada por el permanente cuestionamiento que causa el entorno competitivo actual, será el gran desafío del líder. Disminuir el riesgo de tener una organización cada vez más caótica será el punto de inflexión entre un éxito exponencial y uno tradicional. Por tanto, en la sociedad del conocimiento y de la innovación en la que nos encontramos hoy, nos vemos en la obligación de proceder con racionalidad, fortaleza e imaginación.
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Resiliencia: la clave para no retroceder
José Vicente Troya
Representante Residente del PNUD en Paraguay
América Latina y el Caribe están en un momento clave. Después de años de progresos, el desarrollo humano muestra señales de desaceleración en un contexto cada vez más incierto, con cambios tecnológicos que avanzan rápido y el impacto del clima cada vez más presente.
Este contexto ha sido abordado por el Informe Regional de Desarrollo Humano “Bajo Presión” lanzado recientemente en Paraguay, el cual hace énfasis en la importancia de la resiliencia, y deja un mensaje muy claro: seguir haciendo lo mismo ya no alcanza.
Hoy la incertidumbre es parte del día a día. En este escenario, la resiliencia se vuelve central. No se trata solo de reaccionar cuando hay problemas, se trata de tener capacidad para anticiparse, adaptarse y salir adelante sin que eso implique retroceder en bienestar.
Este enfoque pone en el centro a las personas y tiene como un aliado clave al sector privado. El desarrollo humano resiliente no es solo una tarea del Estado: está directamente conectado con cómo las empresas toman decisiones, invierten y se preparan para el futuro.
El informe señala tres ámbitos donde esto se vuelve fundamental: infraestructura, instrumentos y tecnología. Y en Paraguay, esto ya se está viendo. La expansión de la conectividad digital por parte de empresas, por ejemplo, permitió que muchos comercios y mipymes sigan operando, amplíen sus mercados y se adapten mejor en momentos difíciles. Lo mismo pasa con el sistema financiero, que fue generando más opciones de crédito, servicios digitales y herramientas más flexibles para que pequeñas y medianas empresas puedan sostenerse y seguir creciendo.
Estos avances muestran algo clave: el sector privado en Paraguay ya está jugando un rol importante en la construcción de resiliencia. Empresas que apuestan por innovar, por mejorar sus procesos, hacerlos más sostenibles y por pensar en el largo plazo, están mejor preparadas para enfrentar crisis. Y, al mismo tiempo, ayudan a generar sostener empleos decentes, mover las economías locales y reducir vulnerabilidades.
El desafío ahora es consolidar y escalar lo que ya funciona. Pensar la resiliencia como parte central del negocio: gestionar mejor los riesgos, avanzar en transformación digital de manera inclusiva y adaptarse a una economía cada vez más exigente en términos ambientales.
Al mismo tiempo, la resiliencia no se construye en solitario. Requiere trabajo conjunto entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil para responder mejor a un entorno cada vez más complejo.
En tiempos como estos, la resiliencia no es un lujo: es lo que permite sostener lo logrado y evitar retrocesos. Ajustar hoy nuestras decisiones es, en definitiva, la clave para no ir hacia atrás mañana.
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Para el BID la estabilidad ya no alcanza, es hora de crecer
El organismo multilateral compartió su más reciente informe macroeconómico de América Latina y el Caribe 2026: “Resiliencia y perspectivas de crecimiento en una economía global cambiante”, y advierte que ya no basta con lograr la estabilidad.
La región logró resistir los shocks globales con marcos macroeconómicos más sólidos. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), proyecta que América Latina crecerá alrededor de 2,1% en 2026, un ritmo moderado que refleja estabilidad macroeconómica pero también limitaciones estructurales para crecer más rápido.
Ahora, el desafío es otro: transformar esa resiliencia en productividad, integración y desarrollo sostenible en un mundo atravesado por la inteligencia artificial y la carrera por los minerales críticos.
América Latina ya no es la región frágil de otras décadas. Según el nuevo Informe Macroeconómico 2026 del Banco Interamericano de Desarrollo, los países fortalecieron su resiliencia gracias a políticas fiscales más responsables, bancos centrales más creíbles y mayor disciplina financiera.
Pero el mensaje del presidente del BID, Ilan Goldfajn, es claro: la estabilidad no es el destino final. Es apenas la base, el verdadero desafío ahora es crecer, y crecer mejor.
El informe plantea un cambio de enfoque, pues, durante años, la prioridad fue blindarse ante crisis externas: suba de tasas en EE.UU., volatilidad cambiaria, shocks de materias primas. Hoy, el contexto es distinto.
Las condiciones financieras siguen siendo restrictivas, el crédito internacional es más caro y selectivo. Al mismo tiempo, la economía global se reconfigura alrededor de tres grandes fuerzas:
La transición energética y la creciente demanda de minerales críticos.
La aceleración de la digitalización y la inteligencia artificial.
La necesidad de cadenas de valor más resilientes y regionales.
Para América Latina, esto no es una amenaza: es una ventana histórica. La región concentra recursos estratégicos, talento joven y capacidad productiva. Pero convertir esa ventaja potencial en desarrollo sostenible exige algo más que estabilidad macroeconómica.
En este sentido, el documento habla de productividad como palabra clave, y el BID insiste en que el crecimiento de la próxima década dependerá de la productividad. Eso implica; instituciones más sólidas, estados con mayor capacidad técnica, integración regional más profunda.
Así también, estrategias claras para transformar la riqueza mineral en desarrollo de largo plazo, y no solo en exportaciones primarias. En otras palabras, pasar del rebote cíclico al crecimiento estructural.
Estos documentos no quedan en el plano académico, funcionan como guía para gobiernos, inversores y organismos multilaterales, puesto que definen prioridades de financiamiento, marcan reformas pendientes y orientan el flujo de capital hacia sectores estratégicos.
El debate continuará en las próximas Reuniones Anuales del BID, del 11 al 14 de marzo, a realizarse en Paraguay, sede del principal encuentro económico del organismo para este año, donde la agenda girará en torno a tres ejes: LAC Crece, LAC Minerals y Procure+, iniciativas que buscan traducir el diagnóstico en acción concreta.
Este escenario será ideal para transmitir al mundo entero, que América Latina ya demostró que puede resistir. Ahora debe demostrar que puede liderar.
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Para avanzar: fracasar mejor
Christian Kennedy
Director de London Import
Fracasar suena definitivo. Genera miedo. Hablar de “fracasos” es algo que pocos se animan a hacer. Mejor esconder. El ego es frágil. Si toca hablar, muchos probablemente bajen un poco la cabeza para decirlo, o quizás sea algo que comenten de una manera casi apurada, como queriendo sacarse el tema de encima.
Pocos realmente entienden el beneficio real del fracaso.
Hay un extracto de un trabajo literario de Samuel Beckett que dice, más o menos así:
“Alguna vez lo intentaste. Alguna vez fracasaste. No importa. Inténtalo de nuevo. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor.”
Creo que esta frase la leí por primera vez hace casi 15 años (según el registro que dejé al subirla a mi Instagram). Sin lugar a dudas, me ayudó a superar más de un momento en el que algo no salió como esperaba.
El beneficio real del fracaso es el aprendizaje. Si logramos transformar esa situación en aprendizaje, el fracaso se vuelve apenas un fallo, sobre el cual tenemos la oportunidad de construir algo mejor. Entonces, ¿cuál es el camino para construir algo mejor? Primero, entender la situación y aceptarla por lo que realmente pasó; no buscar justificar para cubrirnos a nosotros o a otros.
Solo con la humildad de abrirnos a aprender de estas situaciones, de desaprender fórmulas de éxitos pasados y de escuchar la retroalimentación de gente que nos desea honestamente lo mejor, y nos ofrece su perspectiva y experiencia, podemos realmente volver a intentarlo, esperando un resultado mejor.
Esa humildad la tuvo Jeff Bezos con lo que hasta hoy es considerado uno de los errores más caros de Amazon: el Fire Phone. En una carta pública a sus accionistas en 2014, escribió: “Si vas a inventar, tienes que estar dispuesto a experimentar. Y si estás dispuesto a experimentar, vas a fracasar. Los experimentos son fallidos… hasta que no lo están. ”De ese aprendizaje nació la tecnología que dio vida a Alexa y luego a los dispositivos Echo. Un fracaso millonario terminó siendo la base de uno de los mayores éxitos tech de Amazon.
De manera similar, Howard Schultz lo vivió en Starbucks. Hace casi 20 años, la empresa se había convertido en una “cafetería de servicio rápido” que había perdido su esencia: el cuidado por la experiencia y por la gente. Las acciones caían, y todo apuntaba a un fracaso sostenido. Schultz asumió la responsabilidad, reconociendo que él mismo había impulsado una visión de crecimiento desmedido que terminó alejando a la marca de su identidad, y tomó una decisión llamativa: 7.000 locales cerrados en un día, para capacitar y mandar el mensaje claro de “volveremos a servirles mejor”.
Esa decisión, costosa e impopular, fue una de las mayores demostraciones modernas de liderazgo y resiliencia.
¿Qué herramientas nos pueden ayudar a aprender y “fracasar mejor”?
- Realizar post-mortems. Documentar qué intentamos, qué pasó realmente, dónde fallamos y qué podemos mejorar para adelante. Al mayor nivel de detalle posible. Sin culpas, sin miedo.
- Aprender a fallar primero en pequeño. Compartir estos aprendizajes abiertamente para que todos aprendan. “Proteger” los errores solo deja abierta la puerta para repetirlos.
- Entrenar la parte emocional del equipo. El dolor del fracaso se gestiona mejor con herramientas de inteligencia emocional, como el método de coaching RULER.
Si nos enfocamos en las lecciones, si no negamos lo ocurrido y si elegimos construir sobre lo aprendido, vamos a poder avanzar, mejorar y seguir creciendo.
Ya volveremos a fallar, y cada vez mejor.
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La mujer que creyó en la fuerza de su mente y luchó por sus sueños
Por: Adelaida Alcaraz
Cuando Maggie Leri escuchó el diagnóstico médico el mundo se detuvo, pero solo por un momento. Ella eligió no rendirse sino moverse. Le dijeron que la esclerosis múltiple primaria progresiva frenaría sus sueños, y, sin embargo, llegó más lejos que nunca. Completó el Ironman en Punta del Este, Uruguay, y convirtió su historia en una lección de propósito, disciplina y coraje.
Cada vez que Maggie Leri sube a un escenario, lo hace con la serenidad de quien ya atravesó la tormenta. Habla de liderazgo, propósito y resiliencia. Pero detrás de cada palabra hay una historia de resistencia humana, de cómo convertir la vulnerabilidad en una estrategia de vida y el dolor en propósito. Y es que para ella el liderazgo empieza cuando uno aprende a liderarse a sí mismo.
A los 40 años, los médicos le dieron un diagnóstico devastador: esclerosis múltiple, una enfermedad autoinmune, inflamatoria e incurable. Le explicaron que su cuerpo empezaría a confundirse, que podría dejar de moverse con normalidad, que cada función dependiente del sistema nervioso se vería afectada con el tiempo.
La reacción más probable habría sido el miedo. En Maggie, fue una decisión, Su mente sería más fuerte que cualquier pronóstico. Y es que ella, desde los 16 años, había convivido con síntomas inexplicables: temblores, caídas, debilidad, diagnósticos fallidos. Escuchó muchas veces que “todo estaba en su cabeza”. Paradójicamente, fue allí donde encontró su fuerza.
“En el coaching dicen que podés vivir en modo víctima o en modo protagonista. Con una noticia así, pasé por ambos. Hasta que un día me pregunté si esta era realmente la vida que quería vivir”, recuerda.
Su perspectiva cambió cuando encontró una vieja fotografía de su padre. En el dorso, una frase: “Lo que sea que la mente puede concebir y creer, puede ser logrado”.
Hoy, Maggie Leri tiene 51 años y una historia que inspira a líderes, emprendedores y organizaciones. Es coach ontológica y diseñadora gráfica, dirige una agencia de comunicación estratégica y trabaja con marcas que buscan facturar con sentido. Pero su misión va más allá de los resultados. Ella enseña cómo la mentalidad, la emoción y la acción pueden transformar lo imposible en alcanzable.
Ocho años después de su diagnóstico, y tras una preparación que demandó más constancia que fuerza física, cruzó la meta del Ironman de Punta del Este, completando 1.900 metros de nado en aguas abiertas.
“Ahí confirmé que la acción transforma más que el miedo”, resumió ante el público que acompañaba las actividades en la FEPY.
Hoy, en cada conferencia, comparte siete principios que trasladan la filosofía del deporte y la resiliencia al mundo empresarial:
1. La máscara de oxígeno: Lo comparo con un viaje en avión cuando la azafata dice que en caso de emergencia, “máscaras de oxígeno caerán sobre usted, tómela y colóquesela y luego ayude al que está al lado”. Si vos estás bien, podés ayudar al otro.
2. Dejar el modo selfie: mirar menos el reflejo, y más al que está al lado.
3. Cepillarse los dientes: la disciplina se entrena como un hábito cotidiano.
4. Romper el vidrio: tener una red emocional sólida para cuando llegue la crisis. Creá tu caja de primeros auxilios emocionales; elegí bien a quién llamar cuando las cosas van bien, así como cuando van mal.
5. Sana, sana: aprendé a tener paciencia, todo pasa.
6. El bolígrafo: no culpes siempre afuera, a veces lo que ves refleja tu propia historia.
7. Actuar: la acción transforma más que el miedo.
“Redefinirse no es empezar de cero, es empezar desde lo aprendido”, afirma ante auditorios de ejecutivos y líderes que la escuchan con atención. Su mensaje tan simple, pero profundo es una es una lección sobre liderazgo adaptativo.
Maggie Leri entendió lo que muchos fundadores y CEOs aprenden en las crisis, que la mente puede ser el activo más poderoso o el principal saboteador. “Lo que creés, creás. Incluso cuando el cuerpo duda, la mente puede decidir avanzar”, puntualizó.