Por Pablo Alfredo Herken Krauer

Analista de la economía

Email: pabloherken@yahoo.com

Las economías de Argentina y Brasil que caerían este 2020 pandémico (-11%) – tres años consecutivos de ir para atrás – y (-4,1%) según algunas estimaciones a confirmar, respectivamente, volverían a crecer en el 2021, como mínimo por el llamado efecto rebote, y este comportamiento de nuestros dos grandes vecinos nos favorecería para nuestro mejor futuro en el aún cargado escenario de incertidumbre mundial, regional y local. En los tres países, incluyendo el nuestro, las economías dan señales en estos momentos de que lo peor habría pasado y la actividad económica vuelve a renacer, incluso con mayores niveles de estabilidad en precios –ayuda la debilidad del dólar en el mundo por su extraordinaria abundancia y las bajas tasas de interés internacionales, en especial, en Estados Unidos. Pero, sumado a la carga de incertidumbre, de la mano de “vacuna sí, rebrote de la epidemia no”, hay incógnitas en ambas economías– la de Argentina fundamentalmente –que invitan a la prudencia y a la previsión por si las moscas, que se irán aclarando en la medida en que pase el primer trimestre del 2021. Un tiempo de espera razonable para que se defina mejor el escenario de “levantada de cabeza” en ambos vecinos, cuya influencia y cuyo peso son claves a la hora del funcionamiento de nuestra propia economía, aunque el grado de dependencia se haya achicado en los últimos años, teniendo nuestro tren sus propias fuerzas internas de locomoción.

Brasil está en mejor posición macroeconómica que la Argentina. Eso es claro hoy y vale también para mañana. La economía brasileña crecería –por efecto rebote y algo más– en un estimado del 4%, siempre en términos del Producto Interno Bruto (PIB). Sería menor la inflación (3,3%) y la moneda brasileña se fortalecería con una disminución del precio del dólar de casi 10%. Se achicaría el déficit fiscal del -14,9% del PIB al -5,7% después del extraordinario salto este año, en el camino de vuelta a la normalidad, por un lado; y por el otro, una estabilización de la deuda pública del 88,8% al 83,8% en relación al tamaño de la economía brasileña. Preocupa sí la continuidad en el aumento del desempleo al 15,3% que afectaría la capacidad de consumo interna y externa de la gente –para el comercio fronterizo en nuestro caso en particular.

La situación es más compleja y delicada en la Argentina, empezando por su brutal caída económica este 2020 (-11%) y concluyendo con tres años consecutivos de mal en mal (2018-2020). Esa acumulación de pérdida no es ni será fácil de achicar rápidamente. Para la Argentina se espera un crecimiento estimado en el 4,5%, lo que no está mal pero es insuficiente claramente. La inflación volvería a subir del 37% proyectado para este año (53,8% en el 2019) al 50% en el próximo, y un preocupante 40% dibujado para el 2022. En otras palabras, la Argentina inflacionaria continuará por un tiempo muy difícil de precisar y asegurar en cuanto a su stop. En casi línea con tan alta inflación se espera un encarecimiento (devaluación) del 47,1% en su moneda con relación al dólar (41,9% este año). Sin olvidar claro está los muchos precios del dólar en Argentina, con comportamientos diversos. Sería menos crítico el déficit fiscal (-5,7% después del -14,9%) aunque la deuda pública y su respectivo peso son una carga difícil de administrar (114,4%).

Estos dos escenarios económicos de nuestros dos grandes vecinos nos ayudarían a acelerar y fortalecer nuestro crecimiento de efecto rebote y, ojalá, repunte verdadero, extendiéndose la cantidad de gente beneficiada. En el peor de los casos, con que no se repita lo del 2020 ya ganamos. Con todo lo mejor que podría suceder aún será difícil el próximo año, para todos. No hay margen alguno para errores. En nuestro caso, y en el de argentinos y brasileños. De lo contrario alguien tiene que ayudarlo a Dios. Was gesagt werden muss, muss gesagt werden. Duele decirlo, pero hay que decirlo.DDPHQD.



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