Por Felipe Goroso S.

Columnista.

Twitter: @FelipeGoroso

“Quedan reconocidas la libertad religiosa, la de culto y la ideológica, sin más limitaciones que las establecidas en esta Constitución y en la ley. Ninguna confesión tendrá carácter oficial”.

“Se garantizan la independencia y la autonomía de las iglesias y confesiones religiosas, sin más limitaciones que las impuestas en esta Constitución y las leyes”. Estos son párrafos del Artículo 24° de nuestra Constitución Nacional, el que refiere a la libertad religiosa y de culto.

Quise iniciar mi comentario semanal con este artículo constitucional ya que hace semanas se viene debatiendo desde diferentes sectores la restricción de ciertas libertades que trae aparejada esta cuarentena y sus fases. Referentes y voceros de diferentes iglesias fueron los primeros en apuntar aspectos que al decir de ellos no tienen demasiado fundamentos técnicos para mantener el protocolo del Ministerio de Salud para instituciones religiosas, que habla, entre muchos otros puntos, de que cada oficio no deberá superar la cantidad de 20 personas. Esto es en fase 3, para los departamentos en fase 4, la cifra llega a 50 como máximo.

Los líderes religiosos hablan de que han intentado en reiteradas ocasiones mantener una reunión donde sean escuchados, pese a haber hecho varios intentos. Exponen que la lógica de limitar la cantidad de feligreses presentes en los oficios más bien podría estar marcado proporcionalmente a las dimensiones de cada centro religioso, y permítanme decirles que esta línea tiene bastante más sustancia que la aplicación discrecional de las 20 personas.

En este punto, es oportuno mencionar a la medición que se hizo desde la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos, realizada durante el segundo trimestre del presente año, en el mismo se abordaron diversas situaciones adversas como efecto del covid-19. En la misma, un 68,5% manifestó haber sufrido disminución de ingresos en el hogar, casi un 42% dijo tener problemas para pagar sus deudas, créditos o alquileres, un 37,8% pérdida de trabajo o fuentes de ingresos, un 35,8% inconvenientes para conseguir trabajo o iniciar un negocio, un 27,7% manifiesta haber sufrido suspensión del trabajo sin ningún pago. Pero hay un elemento del cual se habla muy poco, y que podría estar íntimamente ligado a la salud mental y espiritual: un 26,4% de los paraguayos se sintió solo o abandonado durante esta cuarentena.

Con estos números y que, ojo son los oficiales; a la política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a, no le resta más que apelar a la creatividad para de alguna manera tratar de aportar cierto alivio a quienes profesan alguna creencia religiosa, y tener una mirada mucho más integral. En esa línea, revisar el protocolo para las instituciones religiosas y hacer una alianza para que las mismas se conviertan en promotores de los cuidados que deben tenerse para luchar contra el covid-19 podrían ser un buen comienzo.

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