La experiencia es vital. Los sentidos ocupan un rol central en su desarrollo y son facilitadores de las vivencias que la hacen posible. Detenerse a escuchar puede transformar el instante que se vive, la apreciación de las palabras permite darle una connotación particular al momento de aceptarlas. Una valoración constructiva, en un diálogo basado en el respeto amparado por la escucha, genera escenarios alentadores para la conviencia entre quienes la construyen.
La escucha necesita dirección. Es relevante fijar la atención acerca de lo que se dice, hay que escucharse. Tomar conciencia de lo que uno está diciendo es un acto elemental. Atreverse a escucharse, esa es una tarea primordial. Son tantas las lecciones que se aprenden al activar el audio interior. En ese concierto de sorpresas es constante el aprendizaje. El objetivo es respetarse a sí mismo, para poder respetar a los demás. Si me escucho, puedo escuchar.
A lo mejor la naturaleza se constituye en anfitriona, en ella los escenarios son generosos, amplios, creativos, atrayentes y convocantes. Donde hay árboles hay canciones. Para los habitantes del cielo, las cimas tienen ramas que las sostienen y raíces que las alimentan. Los sonidos del viento suelen traer conclusiones, a veces tormentas. Aprender a escuchar es un arte. Se pule con pasión, por eso se aprende con dedicación. Es inmejorable cada tiempo para hacerlo, siempre es factible comenzar a practicar.
Escuchar tal vez duele. Una frase inapropiada, para una circunstancia concreta, acarrea impotencia y tristeza ante el rigor contundente de un lamentable suceso. Un tono desapropiado afecta cualquier vínculo. Es delicado oír, el disgusto de las intolerancias debe fortalecer el camino de las auténticas posiciones, esas que brillan por el pulido del dolor, por la victoria de la paciencia, por el paso del período recorrido con la música que inspira libertad.
En el reino del conocimiento se disfruta el uso de la oralidad. Unas voces, muchas lecturas compartidas; unos conversatorios, amplitud de entendimientos, apertura de interpretaciones y entusiasmo para continuar.
Es un privilegio ahondar en lo auditivo de las conversaciones. El silencio es un aliado extraordinario. Uno más en la plenitud del compartir. En donde habita la capacidad de asombrarse, fluye la voluntad de callar, esa que se deleita por la diversidad de las voces que entonan su canto, que transmiten sus ideas, que animan a creer en el otro y que están dispuestos a seguir creciendo.
La exhibición reúne trabajos de Azucena Arvez, Majo Fiorio, Juan Florenciañez, Hugo Mendieta Cuevas y Luis Ocampos Pompa. Foto: Gentileza/Pedro Ferreira
Se inaugura la muestra de curadores “Fragmentos para imaginar lo posible”
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A partir de este jueves 4 de junio, a las 19:00, estará habilitada la exposición final del programa curatorial “Territorios en disputa” en el Espacio Cultural Itaú. La muestra denominada “Fragmentos para imaginar lo posible. Curaduría en construcción” reúne la mirada de cinco curadores que, durante cuatro meses, contaron con la mentoría de Ticio Escobar. Podrá ser visitada de miércoles a sábados de 14:00 a 20:00, con acceso libre y gratuito.
Azucena Arvez, Majo Fiorio, Juan Florenciañez, Hugo Mendieta Cuevas y Luis Ocampos Pompa son los cinco curadores jóvenes que, tras quedar seleccionados en una convocatoria abierta, accedieron a este programa de formación curatorial y prácticas artísticas contemporáneas impulsado por el Espacio Cultural Itaú, de la Fundación Itaú.
Entre febrero y mayo, bajo la mentoría del curador y crítico de arte Ticio Escobar, los participantes formaron parte de encuentros de formación crítica y charlas públicas con referentes culturales. Además, desarrollaron un proyecto curatorial colectivo, cuya exposición final se inaugura hoy en el Espacio Cultural Itaú, ubicado en el Centro Cultural del Puerto de Asunción, dependiente de la Secretaría Nacional de Cultura.
La exhibición reúne trabajos de Azucena Arvez, Majo Fiorio, Juan Florenciañez, Hugo Mendieta Cuevas y Luis Ocampos Pompa. Foto: Gentileza/Pedro Ferreira
La propuesta expositiva no se limita a mostrar obras, sino que exhibe un proceso. “Lo que se ve no son cinco curadurías individuales yuxtapuestas, sino el producto de una inteligencia colectiva en formación”, expresa César Centurión, coordinador general del Espacio.
La muestra parte de la noción de “territorio”, no como geografía, límite o dato administrativo, sino como un espacio-tiempo en constante devenir; una zona donde se libran batallas que involucran tierras campesinas, culturas indígenas, cuerpos fuera de las dicotomías binarias, memorias alternativas de la guerra y deseos suprimidos.
“Hay espacios que no figuran en ningún mapa oficial y que, sin embargo, se construyen cotidianamente desde la experiencia, el cuerpo, el deseo y la imaginación. Las obras en diálogo aquí no responden ni tranquilizan: plantean enigmas”, reflexionan los curadores.
La exhibición reúne trabajos de Azucena Arvez, Majo Fiorio, Juan Florenciañez, Hugo Mendieta Cuevas y Luis Ocampos Pompa. Foto: Gentileza/Pedro Ferreira
Por su parte, Ticio Escobar destaca que lo más importante de esta experiencia, más allá de la coherencia de la muestra resultante, fue el desarrollo conjunto de creación conceptual, expografía y edición de textos. “Un proceso donde el debate con especialistas, el intercambio de opiniones y la convocatoria abierta dieron lugar a una práctica colectiva genuina, donde todos terminamos aprendiendo”, señala.
El Espacio Cultural Itaú nace de la alianza entre la Fundación Itaú, la Secretaría Nacional de Cultura y el Centro Cultural del Puerto, con el objetivo de promover nuevas iniciativas de arte contemporáneo y fomentar la participación ciudadana.
Y entonces dejó entre sus discípulos el legado de sus ideas. Las voces se expresaron con el devenir del tiempo, y se sostuvo a través de ellas. Cayo Musonio Rufo, profesor de profesores.
La filosofía envuelta en la acción, vibrando desde principios que sostienen al ser. Epicteto fue su pupilo, imaginar sus diálogos lleva a otro mundo mental.
La misión más bella se constituye como una tarea fundamental y se expresa en perfeccionar el alma mediante la virtud. Eso ejercitó Musonio. Pregonó que la naturaleza humana está compuesta por cuerpo y alma, “aunque ambos elementos no poseen igual dignidad”. El cuerpo es necesario para la vida terrena, pero está sometido a la enfermedad, el envejecimiento y la muerte.
El alma racional permite juzgar, orientar y decidir la conducta. Entonces, la educación debe centrarse en el alma. Y en esto la filosofía se manifiesta como “el arte de vivir noblemente“. Aprender filosofía es aprender a vivir, quizá así también se lo dijo a Epicteto.
Musonio Rufo (entre el 20 y el 30 d.C. - entre el 95 y el 102 d.C.), filósofo estoico, romano, que supo de desventuras, las vivió, entre ellas el exilio impuesto por Nerón, por el hecho de enseñar filosofía. Y siempre volvió. Cada vez más fuerte. Hago un paréntisis, pienso en Séneca y otra vez Nerón.
Vuelvo a Musonio, estaba convencido que lo que duele fortalece el carácter. Y por supuesto, lo libera. La educación debe formar el carácter, otro eje clave para lo que es transitar por la tierra. Formar el temple. Alimentar el espíritu de superación.
El cuerpo debe ser cuidado aunque siempre como un instrumento de la virtud, por eso sus descendientes del pensamiento sentencian que manifestó “es mejor fortalecer el alma que fortalecer el cuerpo“. Por ende, la filosofía es la medicina del alma, dado que permite evaluar al juicio, grado notable de profundidad, y después orientar el camino.
“Mujeres y hombres poseen la misma capacidad racional y la misma disposición natural para la virtud, ambos deben recibir la misma formación para vivir dignamente“, inculcaba en aquel tiempo el maestro Musonio.
Museo del Barro inaugura exposiciones de Bettina Brizuela y Mónica Millán
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El Centro de Artes Visuales/Museo del Barro y la Fundación De La Sobera invitan a la inauguración de dos exposiciones: “Autobiografía de mi madre” de Bettina Brizuela y “Tataypy” de Mónica Millán, el sábado 30 de mayo a las 18:30 en el museo que se encuentra ubicado en Grabadores del Cabichuí 2716, entre Cañada y Emeterio Miranda, en Isla de Francia, de Asunción.
La exposición “Autobiografía de mi madre”, de la artista Bettina Brizuela, se presentará en la Sala Olga Blinder, con curaduría de Lia Colombino. La muestra reúne una serie de obras realizadas a partir de telas que pertenecieron a la madre de la artista: géneros guardados durante años con la intención de convertirse en vestidos o prendas, ahora exhibidos enmarcados y suspendidos.
A partir de estos materiales domésticos y personales, la exposición reflexiona sobre la sobrevida de los objetos tras la muerte, el vínculo entre herencia y deseo, y las formas en que una biografía puede continuar inscribiéndose en los cuerpos y las cosas. Para Lia Colombino: “El deseo de su madre se ha convertido hoy en obra, algo que religa a Bettina con la trascendencia: una herencia que traiciona su destino de cierre, y abre otra biografía”. Las telas, atraídas hacia el suelo por su propio se presentan como superficies donde la artista reinscribe una relación íntima con la memoria materna.
Las muestras denominadas “Autobiografía de mi madre” y “Tataypy” podrán apreciarse en diferentes salas del Centro de Artes Visuales. Foto: Gentileza
Por su parte, la exposición “Tataypy”, de la artista Mónica Millán, se presentará en la Sala Josefina Plá, con curaduría de Ticio Escobar y expografía de Osvaldo Salerno. La muestra reúne obras realizadas por Millán en coautoría con tejedoras de Yataity, con quienes trabaja desde 2002, en un proceso sostenido de convivencia, intercambio de saberes y experimentación textil.
La exposición se organiza en tres núcleos: una selección de piezas realizadas por las tejedoras, obras desarrolladas conjuntamente con la artista y un espacio documental e instalativo que recrea el ámbito de trabajo en Yataity. A través de bordados, textiles artesanales e industriales y procedimientos colaborativos, la artista explora las dimensiones táctiles, afectivas y colectivas de la creación, poniendo en valor saberes y prácticas involucradas en este proceso. Como señala Ticio Escobar en el texto curatorial: “Lo exhibido en esta muestra no resulta, así, de una creación puramente individual, aunque obviamente desarrolla la singularidad del estilo y la marca del talento; el sello personal de formas y conceptos que puntúan las labores grupales. Por eso, toda la muestra es expuesta como el resultado de distintas manos y sensibilidades concurrentes”.
Participan de la exposición las tejedoras Digna López, Petrona Martínez, Eusebia Garcete, Cicilia Peralta López y María Gauto Arias; las bordadoras Elena Dávalos, Fátima Núñez, Rocío Núñez, Mariela Portillo, Virginia Martínez, Miguelina Leiva, Daniela Cardozo, Clara Roa, Catalina Garcete, Porfiria Garcete, Victoria Garcete, Andrea Escobar, Norma Subeldía, Jessica Careaga, Griselda Casco, Raquel Meaurio, Carmen Martínez, Nilsa Cristaldo, Toribia Goiris, Nancy Samudio, Leonora Borja, María Auxiliadora Sánchez Garcete, Raquel Martínez Garcete, Maricel Gauto, Fabiola Cristaldo; y la dibujante Ángeles Giuliana Goiris.
Bettina Brizuela
Bettina Brizuela (Paraguay, 1969) es artista visual y gestora cultural. Vive y trabaja en Asunción. Estudió Arte en el Centro de Estudios Brasileños con Livio Abramo y en el Instituto Superior de Arte de la Universidad Nacional de Asunción. Su práctica se ha desarrollado entre la instalación, la intervención espacial, el trabajo con objetos y materiales domésticos, y la exploración de vínculos entre memoria, intimidad y territorio afectivo.
En 2001 recibió el Premio Jacinto Rivero de Mecenazgo Fundación Faro para las Artes Visuales, patrocinado por AVINA. A partir de ese reconocimiento realizó las intervenciones urbanas Casa Enyesada y At Home o Casa de Escombros, proyectos que marcaron una línea de investigación centrada en el espacio habitado, la fragilidad material y las transformaciones del entorno cotidiano.
Ha participado en bienales, exposiciones colectivas e individuales en Paraguay y en el exterior. Su obra integra colecciones privadas y acervos institucionales, y ha sido registrada en catálogos, publicaciones y libros especializados en artes visuales. Entre 2006 y 2013 dirigió Planta Alta Ocio y Arte, espacio independiente dedicado a exposiciones, residencias y actividades de formación. Actualmente gestiona la galería Fuga Villa Morra, en Asunción. En 2022 recibió el Premio AICA Paraguay por la exposición individual Ahora o Nunca, presentada en Fundación Texo.
Mónica Millán
Mónica Millán (San Ignacio, Misiones, 1960) es una artista visual argentina cuya práctica explora las relaciones entre naturaleza, memoria material, corporalidad y saberes textiles. Su trabajo se inició en torno a imágenes de flora, fauna y registros de antiguos viajeros, botánicos y entomólogos, para luego desplazarse hacia procedimientos tridimensionales e instalaciones textiles en las que confluyen bordado, escultura blanda, sonido y construcción espacial.
Desde comienzos de la década de 2000 desarrolla proyectos en Paraguay junto a comunidades de tejedoras y bordadoras de Yataity, en colaboración y diálogo con Ticio Escobar. A partir de procesos de recuperación, reinterpretación y recreación de técnicas tradicionales como el ao po’i, el encaje ju y el tejido en telar, su obra ha articulado prácticas contemporáneas y artesanía popular, generando dispositivos colectivos, paisajes textiles e intervenciones vinculadas al territorio y la memoria cultural.
En sus instalaciones recientes incorporó sistemas electroacústicos y registros sonoros realizados en el monte misionero, integrando voz, ambiente y espacialidad como parte de una investigación expandida sobre la percepción y la experiencia sensorial.
Recibió becas y apoyos de la Fundación Antorchas, el Fondo Nacional de las Artes, la Fundación Rockefeller, la Fundación Telefónica, la Academia Nacional de Bellas Artes y el programa Trama. Entre sus principales exposiciones se encuentran Paisaje Peregrino en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (2021), Simbiología. Prácticas artísticas en un planeta en emergencia en el Centro Cultural Kirchner (2021), la 11.ª Bienal del Mercosur (2018), ARCO Madrid junto a Zavaleta Lab (2014) y la XI Bienal de La Habana (2012), además de proyectos presentados en instituciones de América Latina, Europa y Estados Unidos.