Una escena de la miniserie biográfica de la actriz y presentadora argentina Moria Casán, estrenada en Netflix, puso sobre la mesa un debate que atraviesa generaciones y fronteras: ¿hasta dónde debe llegar la entrega de una madre a sus hijos y cuánto espacio queda para preservar su propia vida?

La maternidad volvió a quedar en el centro de la conversación pública a partir de una de las escenas más comentadas de la miniserie sobre Moria Casán, recientemente estrenada en Netflix. El audiovisual aborda, entre otros aspectos íntimos de la vida de la artista argentina, su particular vínculo con su hija, Sofía Gala, y una forma de entender la maternidad que desafía el modelo tradicional de entrega absoluta.

Yo nunca me levanté para hacerte una sopa”, le dijo Moria a Sofía durante su programa televisivo y tras felicitarla por su papel en la miniserie y por su rol de mamá. Inmediatamente, Sofía le respondió “pero hiciste otras cosas, mami, hiciste otras cosas. Hay muchas maneras de ser mamá”.

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Esta breve conversación deja en evidencia la estrecha relación que mantienen y contextualiza el debate que se generó tras los primeros capítulos de la miniserie, en los que se ve a Moria decirle a Sofía, a una corta edad, una frase polémica: “Yo quiero vivir con vos, no para vos”.

Esta frase fue analizada por conductores de un programa de Infobae, quienes expusieron visiones contrapuestas sobre una pregunta que excede ampliamente a la figura de Moria y que se repite en hogares de Argentina, Paraguay, la región y el mundo: ¿ser madre implica necesariamente renunciar a una parte de la propia vida?

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¿Entrega total o una maternidad con identidad propia?

Para algunos de los panelistas, el mensaje de Moria resulta liberador y plantea una idea necesaria: una madre puede amar profundamente a sus hijos sin desaparecer como mujer, profesional, pareja o persona con intereses propios. “Entrego mi vida por vos, sí. Pero no renuncio a nada por vos”, fue una de las interpretaciones surgidas durante el debate.

La idea apunta a cuestionar la expectativa social que durante décadas recayó, principalmente sobre las mujeres, de que la maternidad debe estar marcada por el sacrificio permanente y la disponibilidad absoluta.

Desde esa mirada, hacer una sopa, llevar todos los días a los hijos al colegio o postergar sistemáticamente los propios deseos no serían las únicas medidas para evaluar el amor de una madre. Hay otras formas de cuidar: hablar, educar, acompañar, proteger, enseñar a tomar decisiones y dar herramientas para que los hijos puedan desenvolverse en el mundo.

Pero la postura también encontró fuertes cuestionamientos. “Cuando uno decide tener un hijo, renuncia a muchas cosas y hay que bancársela”, fue una de las respuestas durante la discusión, al plantearse que la llegada de un hijo modifica inevitablemente las prioridades y exige sacrificios.

La edad del hijo, otro punto de discusión

Uno de los aspectos que generó mayor debate fue la edad de Sofía Gala en los recuerdos recreados en la serie. Algunos consideraron que determinados mensajes pueden resultar valiosos cuando los hijos ya tienen mayor autonomía, pero cuestionaron que puedan trasladarse sin matices a la crianza de niños pequeños.

El debate, entonces, no parece reducirse a una elección entre ser una madre “sacrificada” o una madre “libre”. La discusión pasa también por las distintas etapas de la crianza y por una pregunta clave: ¿cuánta autonomía puede tener un hijo según su edad y cuáles son las responsabilidades que no pueden delegarse?

En ese punto surgió otro concepto: el de la “distancia de rescate”, entendido como la posibilidad de permitir que los hijos exploren y ganen independencia, pero dentro de un entorno seguro y con la presencia de un adulto que sigue estando disponible cuando realmente lo necesitan.

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“Hago lo que puedo, como toda”

La serie también parece mostrar una dimensión más vulnerable de Moria. Algunos participantes del debate interpretaron que detrás de su discurso hay, incluso, un posible diálogo pendiente con su propia hija y una forma de revisar la maternidad que ejerció.

Es asi que el material, más allá de contar la historia de una de las figuras más disruptivas del espectáculo argentino, terminó poniendo en discusión un mandato mucho más amplio: el de la madre que debe poder con todo, estar siempre y renunciar a sí misma por sus hijos.

Y allí no parece haber una respuesta única. Porque entre la sopa hecha de madrugada y el “yo quiero vivir con vos, no para vos” existe una amplia zona de grises en la que millones de madres intentan, todos los días, encontrar su propia manera de amar, cuidar y criar.

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