- Por Jorge Duarte
- Rector de la Universidad Politécnica Taiwán Paraguay
¿Hay alguna forma de que la economía paraguaya se desarrolle a un ritmo superior al que lo viene haciendo en las últimas décadas? ¿Qué necesitamos para incursionar definitivamente en sectores tecnológicos que agreguen mayor valor a nuestros productos y servicios, y así entrar de lleno en la economía del conocimiento? La respuesta está más cerca de lo que imaginamos, y tiene que ver con algo que hoy exportamos casi sin procesar: nuestra energía.
Uno de los grandes problemas al que enfrenta la economía paraguaya para lograr su desarrollo económico es su mediterraneidad. No contar con acceso a costas marítimas incrementa los costos logísticos del comercio y genera barreras para la conexión con otros mercados y la integración a cadenas logísticas globales. Además, nuestro mercado interno, con una población de poco más de seis millones de habitantes, no tiene cómo competir con los mercados de más de 250 millones de habitantes que conforman las poblaciones de Argentina y Brasil. Adicionalmente, tenemos una baja inversión en capital humano avanzado y por eso grandes sectores con baja productividad y salarios.
Esa trampa de la mediterraneidad puede solucionarse con la estrategia de Suiza, país también mediterráneo, pero que decididamente ha elegido volcar sus capacidades productivas a la generación de productos y servicios de gran valor agregado. Manufactura de relojes de alta gama, instrumentos médicos de precisión, armamento, industria químico-farmacéutica; además de la generación de servicios confiables como su sistema bancario. Con la estrategia manufacturera suiza, los costos logísticos se diluyen atendiendo al gran valor agregado y la calidad de sus productos. La esencia de la estrategia tiene dos factores: inversiones en capital humano avanzado y capital físico orientado a la incorporación de tecnología.
Adoptar ese camino de desarrollo requeriría de mucho tiempo de implementación si nuestro país quisiera transitarlo; sin embargo, Paraguay está en las mejores condiciones actuales de romper con esa regla y lograr un salto exponencial en su trayectoria de desarrollo. Esto es así gracias a la oportunidad de desarrollar el sector de los datacenters para la inteligencia artificial. La idea es convertir nuestro excedente de energía en capacidad de procesamiento de datos. La diferencia es trascendental, ya que la simple exportación de energía no conlleva el desarrollo de ningún otro sector económico interno; es una política rentista en la que no existen spillovers hacia otros sectores. En cambio, el uso de nuestra energía para ofrecer procesamiento de datos de altísima capacidad abre oportunidades únicas, ya que la oferta en el resto del mundo es escasa, la complejidad del sector es grande y por eso el valor agregado generado es alto, con precios acordes y con externalidades positivas como spillovers hacia otros sectores productivos ya maduros en el país. Al final, en los costos del servicio no existen los logísticos, por lo que las barreras de la mediterraneidad se evaporan. Es una estrategia de desarrollo superadora a la suiza.
Estas externalidades positivas tienen al menos tres canales: la oportunidad de incrementar la productividad de los sectores productivos tradicionales, la capacidad de atraer mayor inversión tecnológica desde el extranjero y la generación de incentivos para la formación y capacitación de nuestra población en STEM. Usar la capacidad de procesar datos con la inteligencia artificial para nuestros sectores productivos tradicionales es una oportunidad única. Imaginémonos un sector ganadero digitalizado. Existe una compañía en neozelandesa que desarrolló un collar para el ganado vacuno que mide una serie de datos biométricos y fisiológicos del animal, y de las condiciones externas donde éste se mueve, así como su geolocalización. Además, está disponible la tecnología de evaluación de la calidad y densidad de la pastura por parcela. De este modo, asociando los datos del animal con los de su entorno, se pueden construir modelos predictivos de eficiencia de cría y engorde, reduciendo los costos de la hacienda, además de tener identificado el movimiento del ganado para reducir la proliferación de enfermedades y contener rápidamente brotes epidemiológicos. En la actividad agrícola, el uso de sensores de suelo y el monitoreo de imágenes desde drones, con tecnología para identificar el ritmo de crecimiento del cultivo, la necesidad de riego y la presencia de plagas, genera un caudal de datos que, procesado a través de la inteligencia artificial, redundará en cultivos más productivos. De igual forma, la digitalización de todo el sistema eléctrico nacional —desde la generación, pasando por la transmisión, distribución y comercialización— tendrá el potencial de ser analizada por la inteligencia artificial para generar eficiencia energética y por eso ahorros en el sistema. De este modo, el desarrollo del sector de datacenters para IA acelerará todo nuestro sistema productivo con ganancias de largo plazo.
El segundo canal es la capacidad de atraer inversión tecnológica extranjera de una magnitud que Paraguay difícilmente lograría por otras vías. Las grandes compañías globales de inteligencia artificial buscan hoy, ante todo, dos insumos escasos: energía limpia y abundante, y estabilidad para instalar infraestructura crítica. Paraguay, con su matriz eléctrica prácticamente cien por ciento renovable y su excedente de generación hidroeléctrica, ofrece exactamente lo que ese mercado global demanda y no encuentra con facilidad. Cada datacenter que se instala arrastra consigo proveedores especializados, empresas de mantenimiento de infraestructura crítica, servicios de ciberseguridad y una cadena de contratistas que hoy no existe en el país. Esa cadena de valor, una vez instalada, queda disponible para el resto de la economía, elevando el estándar tecnológico con el que operan también nuestras industrias tradicionales.
El tercer canal, quizás el más determinante para el futuro del país, es el incentivo que este nuevo sector genera para la formación de capital humano en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Ningún datacenter, ninguna cadena de proveedores tecnológicos ni ninguna digitalización del agro o del sistema eléctrico se sostiene sin ingenieros capaces de diseñarla, operarla y hacerla evolucionar. Aquí es donde la universidad tiene una responsabilidad ineludible. La Universidad Politécnica Taiwán Paraguay fue concebida precisamente para atender esa necesidad: formar los ingenieros que el país necesitará para sostener este salto de desarrollo. Su vínculo con la Universidad Nacional de Taiwán de Ciencias y Tecnología, una de las instituciones de referencia en Asia en formación de ingeniería y tecnología aplicada, nos permite traer al país programas académicos, capacidades docentes y vínculos de cooperación estratégicos. Más allá de dictar clases, se trata de construir, junto a la industria, un centro de referencia de soluciones tecnológicas aplicadas a los sectores productivos del país, donde los desafíos reales de nuestras empresas se conviertan en proyectos de investigación aplicada y en oportunidades de formación práctica para nuestros estudiantes.
Paraguay tiene frente a sí una oportunidad que rara vez se presenta en la historia económica de un país: la posibilidad de saltar etapas de desarrollo aprovechando un recurso que hasta ahora solo exportábamos como materia prima. Convertir energía en procesamiento de datos, y procesamiento de datos en productividad para el campo, la industria y los servicios, es una apuesta que puede transformar la trayectoria económica del país en una sola generación. Pero esa transformación no ocurrirá sola: requiere instituciones dispuestas a formar, desde ya, a los ingenieros y técnicos que la sostendrán. Ese es el compromiso que asumimos desde la Universidad Politécnica Taiwán Paraguay con el futuro del país.

