Rector de la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay
Economista, especialista en políticas públicas
Gracias a la hiperexposición de la imagen personal alimentada por las redes sociales y las cámaras digitales en los smartphones, las técnicas de pose, el uso de la luz y de los filtros van tornándose conocimiento cultural básico. Se sabe, en ese mundo, que una foto puede mostrar un ángulo o un matiz casi imperceptible al ojo humano —y más aún cuando se altera la realidad con un filtro—. Y, a pesar de todo, una foto sigue siendo eso: la captura del momento presente, en un minuto determinado, con un ángulo, una pose y una cantidad de luz definidos en ese instante. La foto no dice nada, o dice poco, de las condiciones esenciales del modelo o de la modelo posante; no dice nada sobre sus estudios, la composición de su familia, sus virtudes o defectos dominantes, su enfermedad de base, su perspectiva en la vida ni sus motivaciones más ocultas.
Los analistas económicos de la coyuntura son como el fotógrafo. Uno puede preguntarse si es acertada la realidad que reflejan sus análisis. Probablemente lo sea en algún grado, pero de una manera muy limitada y precaria, tanto que llevan a ocultar más la verdad que a revelarla. Sentencias como “heladera vacía” o “agotamiento del modelo económico” requieren de explicación exhaustiva para no tomar la parte por el todo y no reflejar un aspecto distorsionado de la realidad económica. Es imaginable que, a veces, y según las intenciones, haya deseos deliberados de hacer pasar la fotografía por la realidad completa, pero eso, finalmente, no altera la realidad con su extensa complejidad.
Para entender la estructura de la economía paraguaya hay que hablar de una dualidad: una economía dividida en dos grandes grupos o sectores, con características peculiares cada uno. Por un lado, un grupo de sectores económicos que cuentan con alta competitividad, con productos de exportación con fuerte demanda internacional, formalizados, con acceso a los mercados de crédito internacionales y que emplean a la fuerza laboral más productiva del país. La carne, la soja, la energía hidroeléctrica y, quizá hoy, algunas selectas manufacturas —derivadas de nuestro régimen de maquila— constituyen nuestras exportaciones estrella, que generan ingresos en dólares a la economía y habilitan a que el guaraní se mantenga relativamente estable e incluso fuerte respecto a la moneda norteamericana. La población que está empleada en estos sectores, o en sectores que dependen de ellos —como la banca o el sector logístico—, obtiene salarios competitivos y goza de los beneficios del crecimiento económico.
Hay, sin embargo, otros sectores: los de los bienes no transables, productos que no exportamos, que no consume el resto del mundo, poco o nada competitivos, sectores con escaso nivel de inversión, que emplean a una fuerza laboral con productividad limitada y, por eso, bajos salarios. No obstante, son sectores que generan la mayor cantidad de empleo del país. Estos no se benefician del crecimiento económico en la misma proporción que aquellos más competitivos. Ahora bien, que estos sectores no se beneficien al igual que aquellos más aventajados no debería significar necesariamente que les vaya cada vez peor. Es aquí donde hay que aclarar el estado actual y explicar lo que hay detrás de la “foto”.
Ceteris paribus —esto es, con todos los demás factores constantes—, un crecimiento económico en un sector deberá indefectiblemente beneficiar al resto en el largo plazo, por la interdependencia que existe en la economía. Los sectores con mayor rendimiento atraerán para sí a los factores productivos, siendo la fuerza laboral uno de ellos. Esta deberá, en el mediano y largo plazo, trasladarse a los sectores de mayor productividad, previa inversión en la formación de capital humano.
Sin embargo, hoy la “foto” es distinta: el salario obtenido por los empleados en los sectores menos competitivos no alcanza. ¿Cómo explicar, entonces, que en la actualidad una gran masa de trabajadores pertenecientes a las mipymes —con baja productividad— se enfrente a salarios con menor capacidad de compra que en el pasado? La respuesta no es que “la macroeconomía no permea en la micro”, sino que habrá que buscarla en el crecimiento de la demanda de bienes por parte del sector pujante y competitivo, específicamente de aquellos bienes más demandados. Este aumento en la demanda presiona sobre los precios de la canasta familiar y afecta principalmente al sector de bajos salarios, que destina la mayor proporción de sus ingresos a la canasta básica.
Si bien la inflación general acumulada desde agosto de 2023 a noviembre de 2025 fue cercana al 9 %, en el mismo período de tiempo el crecimiento acumulado de los precios de la carne en el país alcanzó en torno al 28 %, y la inflación acumulada en el rubro de las frutas frescas llegó a cerca del 60 %. Hay dos interrogantes que se desprenden de esto: el primero es identificar los factores que hacen que se disparen los precios de la carne y de los productos frutihortícolas, y el segundo, saber si el fenómeno es temporal o permanente. Al llegar a estas respuestas estaremos en condiciones de determinar si el análisis de la “heladera vacía” se lo puede tomar como un reflejo de lo estructural o si simplemente es la “foto”, con luces y filtros para la ocasión.
La respuesta a la primera pregunta tiene quíntuple causa. Con la llegada de Javier Milei a la Presidencia de la República en Argentina y de sus medidas de estabilización económica —eliminación del déficit fiscal, reducción de la masa monetaria, levantamiento del cepo cambiario—, el ritmo de la inflación en ese país se ha reducido y el peso argentino, por ende, se apreció. Con esto, los productos de ese país que Paraguay importaba, o que sencillamente permeaban desde la frontera, se encarecieron. Al no contar con productos baratos procedentes del vecino país, la inflación doméstica, sobre todo de los bienes de la canasta familiar, perdió su mecanismo de escape.
La segunda variable es que desde 2024 se viene implementando el programa de alimentación escolar Hambre Cero en las escuelas, que entre los años 2024 y 2025 ha acumulado un gasto en servicios de alimentación de más de USD 470 millones, equivalente al 1 % del PIB de 2025. Nunca antes el Estado paraguayo compró ese nivel de alimentos. Esto no hace más que presionar sobre los precios de los productos de la canasta familiar.
Tercero, hay un récord de inmigración de personas con perfil profesional, competitivo y de alta productividad, lo cual implica también mayor consumo. Entre 2023 y 2025 ha habido 94.000 solicitudes nuevas de residencia en el país, un número récord si lo comparamos con las 56.000 solicitudes del trienio anterior, lo que representa un incremento del 70 % en nuevos pedidos. Con un gasto promedio en consumo de USD 2.000 por mes por cada nuevo residente, entre 2023 y 2025 hubo un aumento de la demanda agregada que suma más de USD 4.000 millones, correspondiente a más del 9 % del PIB base 2025. Y todo esto sin considerar el aumento récord del turismo de grandes eventos y del turismo de compras en el país, que incrementa el consumo interno.
Necesariamente, estos factores presionan los precios de la canasta familiar, atendiendo a que la oferta de bienes no puede expandirse de la noche a la mañana. Para que exista más producción que satisfaga el exceso de demanda se requiere tiempo, el necesario para realizar las inversiones correspondientes y poner en funcionamiento el aparato productivo.
De esto se desprende que el fenómeno de los altos precios que llevan a sentenciar lo de la “heladera vacía” es un fenómeno temporal. Naturalmente, la oferta de bienes se expandirá en el mediano plazo y compensará el incremento de la demanda, y los precios se estabilizarán. Esto ocurrirá incluso más rápido de lo que esperamos respecto a la carne, ya que el Partido Comunista Chino decidió aplicar, hace unos días, aranceles a la importación de productos cárnicos provenientes del Mercosur, Australia y Estados Unidos en un orden superior al 50 %. Así, ese exceso de res en el Cono Sur tendrá consecuencias en la disponibilidad en el mercado de la región y, finalmente, en los precios.
Sin embargo, en una economía en expansión como la nuestra —que en 2025 creció a más del 6 %— y que está empujada en gran medida por el incremento de la demanda agregada, la oferta interna presenta rezagos de ajuste. Esto indica que tendremos momentos de sobrecalentamiento de la economía. Con todo, la conclusión es que esta efervescencia del consumo en realidad es producto del éxito de los fundamentos económicos del país, y que estos mismos generan los incentivos para la expansión de la oferta. Además, nuestro régimen impositivo es el apropiado tanto para realizar inversiones como para expandir la oferta en el corto plazo. Las reglas de funcionamiento de la economía paraguaya son las mejores para una respuesta rápida del sector privado.
El gran desafío estructural que se presenta, sin embargo, es que se dé una transición de la fuerza laboral desde los sectores de menor productividad hacia los más competitivos; con esto se garantizará que los beneficios del crecimiento económico lleguen a la población más desventajada de una manera más efectiva y que, por ello, el sobrecalentamiento de la economía afecte menos el consumo básico familiar. La educación es la llave que abre la puerta a este horizonte, ya que es determinante un proceso de incremento de capacidades de los trabajadores rezagados. Este proceso está en marcha de manera incipiente en el país.
El proceso se inicia cuando existe oferta de educación de calidad y también una demanda por la misma. Un ejemplo de ello es que, para el examen de ingreso 2026 de la Universidad Politécnica Taiwán Paraguay, la cantidad de interesados que cuentan con una edad superior a la universitaria es del 9 % del total de preinscriptos. Esto indica que hay un interés de la población que ya está empleada en algún sector económico en migrar a sectores más competitivos, previa capacitación (título de ingeniería). Lo mismo podemos decir de los programas del SNPP, que hoy ofrecen cursos enfocados en STEAM y que van creciendo en demanda.
El gran desafío del mediano y largo plazo, de todas maneras, lo tenemos en la educación básica y media. El programa Hambre Cero en las escuelas es una apuesta firme a mejorar tanto la escolarización como las condiciones físicas de nuestros estudiantes para que sea efectivo el proceso de aprendizaje. El siguiente paso es un cambio de paradigma en el modelo de enseñanza-aprendizaje, que busque formar ciudadanos con las capacidades necesarias para afrontar los desafíos tecnológicos y que nos habilite a entrar en la economía del conocimiento. He aquí una causa en la que todos los paraguayos deberíamos unirnos. El esfuerzo por hacer un gran pacto por la educación entre todos los sectores es determinante. La apuesta política de los partidos de la oposición debería ir orientada a apoyar esta iniciativa, en vez de usar la estrategia de presentar la “foto” para describir la complejidad de la realidad económica con el objetivo de generar capital político.
Incluso si solucionamos los cuellos de botella de la competitividad de nuestra economía, existe un problema al que indefectiblemente nos enfrentaremos, que es el aumento del costo de vida. Este es un fenómeno de tendencia global, que en el mundo anglosajón llaman affordability crisis, y que está más relacionado con problemas derivados del aumento de la riqueza que con una enfermedad económica real. Si nuestro país continúa con altas tasas de crecimiento, necesariamente nos enfrentaremos a esta realidad.
Los bienes que más se encarecen son aquellos cuya oferta está fija, como el costo del metro cuadrado de tierra o los servicios asociados a espacios determinados. Al aumentar la riqueza a nivel mundial, las fortunas emergentes compiten por el consumo de bienes y servicios, que indefectiblemente aumentan de precio según su escasez. Sin embargo, al mismo tiempo, hay una caída persistente en los precios de los productos industrializados a nivel mundial, asociada a la conexión de las cadenas de suministro globales y a la estrategia china de hipersubsidiar sus productos para acceder a mercados internacionales.
Este fenómeno de affordability crisis aún no lo conocemos en Paraguay en toda su expresión, ya que, por el momento, contamos con una expansión del sector inmobiliario en los principales centros urbanos del país y todavía vemos una capacidad ociosa de los factores productivos. Sin embargo, el plan 2X del Gobierno nacional, de contar con un crecimiento económico sostenido del 7 % anual, nos llevará prontamente a dicho escenario.
Se entiende que, en una cultura donde lo inmediato es preferible a lo pausado, la imagen a lo esencial y las redes sociales a los libros, los análisis de coyuntura sigan la lógica de la hipersimplificación y se busque más el impacto mediático que la explicación de la realidad en su complejidad. Además, luego del fenómeno Milei en Argentina —quien, a través de sus análisis económicos mediatizados, fue catapultado a la fama y convertido rápidamente en figura política emergente—, es entendible que existan analistas en nuestro país que quieran seguir esa estrategia.
Sin embargo, es distinta la situación de Argentina respecto a la de Paraguay. Argentina viene de más de 20 años de kirchnerismo, donde el modelo sí estaba agotado y en el que sí se requería una alternancia política. Nosotros, en cambio, llevamos más de 20 años de estabilización macroeconómica, período de tiempo en el que se han reducido los niveles iniciales de pobreza a cifras históricas, se ha expandido la clase media, las tasas de crecimiento económico han sido superiores al promedio de nuestros pares, hemos alcanzado el grado de inversión y se nos cataloga como poseedores del mejor clima para hacer negocios de la región.
Si la alternancia política en el país, en el período 2008-2013, no supuso un cambio de orden ni una mejora estructural en las instituciones ni en el bienestar de los ciudadanos —teniendo a su favor el superciclo de las materias primas—, ni ha sido un paradigma de estabilidad política, ni ha supuesto el emerger de una clase política opositora madura y formada, deberíamos estar en condiciones de aceptar el criterio de la calificadora de riesgo Standard & Poor’s, que afirma que el partido político en el gobierno, la ANR, es un factor de estabilidad beneficioso para el país. De ahí que opiniones sesudas como la de que solo “la alternancia” podrá mejorar al país queden, al menos, como poco serias.
Por eso, no es despreciable que, de vez en cuando, existan explicaciones de la realidad estructural económica que develen lo que los analistas económicos de moda callan, sobre todo cuando a la foto se la quiere hacer pasar por la biografía.

