Por: Javier Barbero
Hay una gran diferencia entre vivir en la expectativa o pedir algo.
Una expectativa es la esperanza de conseguir o realizar algo, o el deseo de que se produzca un determinado resultado.
¿Qué supone vivir en la expectativa? Vivir en la incoherencia entre el mundo que nos rodea y el mundo que esperamos; lo cual puede provocarnos sufrimiento, frustración y hasta resentimiento. Porque al comprobar que no se produce aquello que esperábamos, nos sentimos traicionados, enfadados; como si los otros hubieran roto una promesa que nunca hicieron.
¿Te suena alguna de las siguientes frases o creencias? Son solo ejemplos de lo que solemos decirnos cuando vivimos en la expectativa:
– "A buen entendedor, pocas palabras bastan".
– "Con solo mirarme ya podés saber qué pienso".
– "Yo había dado por hecho que…".
– "Se tendría que haber dado cuenta…".
– "Es obvio que… No hacía falta que yo lo dijera".
– "Yo creía… Yo suponía… Yo esperaba".
– "Tú deberías…".
¿Por qué nos quedamos en la expectativa? Porque pensamos que es obvio, que es tan clara la situación que no nos planteamos que para el de enfrente puede no ser así. Pero el de enfrente no es adivino, no sos vos y, por lo tanto, no está dentro de tu cabeza y sentimientos.
"Era obvio que necesitaba tu apoyo". ¿Para quién era obvio? Llegamos a estas conclusiones porque creemos que el otro tiene que saber y darnos lo que necesitamos. Reprochamos que el otro no se dé cuenta y lo calificamos de egoísta e indigno.
"Uy, qué cansada estoy… Qué bien me vendría una ayudita". ¿Cuál es mi expectativa aquí? Que esa otra persona me eche una mano. ¿Se lo estoy pidiendo de manera clara y directa?
Como no queremos mostrar nuestra vulnerabilidad, en el afán de esconderla realizamos peticiones incompletas, que no son francas ni directas.
"No tengo que decir más. Al que le interesa, entiende"; "Yo creía…."; "Yo suponía…."; "Yo esperaba…"; "Vos deberías…".
Cuando nos quedamos en la expectativa, dejamos nuestra responsabilidad de lado; todo recae en el otro. Me permite ser víctima y buscar culpables de lo que me ocurre.
"Es que no me lo merezco"; "Es que me deberían subir el sueldo"; "Me tendría que haber dado las gracias".
Como tenemos miedo al NO, miedo al rechazo, nos escudamos en estas excusas.
¿Te movés en el mundo de las expectativas? ¿Querés dejar de darle tu poder a los demás y hacerte responsable? Es una decisión que marca una diferencia en las relaciones y en la calidad de vida.
Para hacerle frente a esta actitud, me despido dejándote una reflexión:
Reconozco mi poder y responsabilidad al pedir. Y reconozco el poder y responsabilidad del otro en su respuesta "libre". Genero un compromiso y un acuerdo claro y entendido por las partes. Y solo desde ahí, si no se cumple, puedo reclamar al otro y hacer otras peticiones desde una coherencia.

