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San Pablo

El escenario está listo para un nuevo acuerdo entre ambos países en relación con la presa Itaipú. Cuando los soldados brasileños invadieron Paraguay en 1865, después de unirse con Argentina y Uruguay, el país perdió un cuarto de su territorio y quizás el 90% de su población masculina. Un siglo después, Brasil envió soldados a una región fronteriza en disputa y solo se retiró luego de que ambos países acordaron construir la presa hidroeléctrica más grande del mundo.

La presa, llamada Itaipú, sigue siendo un tema doloroso en Paraguay. El mes pasado salió a la luz que, en mayo, el presidente actual de Paraguay, Mario Abdo Benítez, había firmado un acuerdo secreto con Brasil, con el que reducía todavía más el acceso de Paraguay a la energía barata. La indignación resultante ha puesto a Abdo Benítez en riesgo de un juicio político. Este fracaso ha subrayado la importancia de renegociar el tratado de la administración de la presa, el cual expira en el 2023.

US$ 75.400 MILLONES

Según el tratado actual, mismo que se firmó en 1973, cada país tiene derecho a la mitad de la producción de la presa. Paraguay, un país de siete millones de habitantes en el que hay pocas industrias, solo utiliza aproximadamente una cuarta parte de lo que le corresponde, con lo que satisface el 90% de sus necesidades de energía eléctrica. El resto se lo vende a Brasil, el cual depende de la presa para obtener el 15% de la energía que emplea. Sin embargo, a Paraguay solo le paga el costo de la producción (incluyendo el pago de la deuda para su construcción), no el precio de mercado de la electricidad. De acuerdo con los cálculos de Miguel Carter de Demos, un centro de investigación, si hubieran hecho que Brasil pagara el precio completo entre 1985 y 2018, habría pagado 75.400 millones de dólares más o aproximadamente el doble del producto interno bruto anual de Paraguay en la actualidad.

En el 2009, el entonces presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, aceptó triplicar el pago anual de Brasil y hacer lo necesario para permitir que la empresa estatal de energía de Paraguay, Ande, vendiera directamente a las empresas brasileñas privadas. No obstante, en el acuerdo secreto de mayo, se suprimió una cláusula que habría hecho que las empresas brasileñas licitaran por la energía. Paraguay también aceptó recibir aproximadamente un 18% menos de dinero durante los próximos tres años.

NEGOCIACIÓN PARALELA

El acuerdo salió a la luz en julio, cuando el director de Ande, Pedro Ferreira, se rehusó a firmarlo, renunció y acusó a Abdo Benítez de “alta traición”. Él y el ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay –quien también renunció, junto con otros tres funcionarios– les dijo a los fiscales que una “negociación paralela” estaba en curso para vender energía exclusivamente a una empresa de energía brasileña, Léros. Un político del partido del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, viajó tres veces a Paraguay en representación de Léros.

Ferreira le proporcionó a la prensa paraguaya unos mensajes de texto que pretendían demostrar que un asesor del vicepresidente de Paraguay, Hugo Velázquez, con el conocimiento de Abdo Benítez, estaba organizando reuniones con Léros y cabildeando a su favor. En dichos mensajes, el asesor, José Rodríguez, afirma que el político brasileño Alexandre Giordano no solo representa a Léros, sino también a la familia Bolsonaro y al gobierno brasileño.

QUÉ HACER DESPUÉS

El vicepresidente ahora niega haber empleado a Rodríguez, aunque admitió haberse reunido con él para hablar de la posibilidad de que Léros le comprara energía a Paraguay. Ferreira tiene una versión diferente: dice que el vicepresidente le presentó personalmente a Rodríguez como su asesor legal. En uno de los mensajes de texto, Velázquez le pregunta a Ferreira cómo van las negociaciones para la venta.

La noticia del acuerdo secreto provocó que miles de personas salieran a las calles para exigir que se sometiera a Abdo Benítez a un juicio político. El 1 de agosto, Bolsonaro aceptó descartar el acuerdo. Posteriormente se retiraron los trámites en el Congreso de Paraguay, los cuales tenían el apoyo de algunos de los aliados del presidente. Sin embargo, es demasiado tarde para detener la indignación acerca de la política energética. En el 2023, por fin quedará saldado el préstamo de 2.000 millones de dólares que se obtuvo para construir la presa. La pregunta es qué hacer después. “La gente en las calles ya está hablando de la renegociación [del acuerdo]”, señala Mercedes Canese, antigua viceministra del Frente Guasu, un partido de oposición.

TRES GENERALES

Muchas personas en Paraguay sostienen que el país debe utilizar el excedente de energía para industrializarse. Atraídas por los bajos impuestos, así como por la electricidad barata, las empresas automotrices han comenzado a fabricar cables en Paraguay para exportar a Brasil. En Ciudad del Este, al sur de la presa, muchas personas de la localidad se dedican a minar bitcoines, un negocio que consume una cantidad excepcional de energía eléctrica. También está creciendo rápidamente la demanda en las casas y las oficinas. Dentro de unas cuantas décadas, la mitad que le corresponde a Paraguay de la producción de Itaipú “será para el aire acondicionado”, afirma Christine Folch, autora de “Hydropolitics”, un libro de próxima publicación que habla sobre la presa.

En ese momento, el país necesitará nuevas fuentes de energía. Sin embargo, hasta entonces, seguirá vendiendo la mayor parte de la energía a Brasil. La economía brasileña es 50 veces más grande que la de su vecino carente de litorales. Además, la posición de negociación de Paraguay es débil. Mientras que Bolsonaro puso a tres generales a cargo de la mitad brasileña de Itaipú, Paraguay ni siquiera tiene un ministro de Energía totalmente capacitado. Los mensajes publicados por Ferreira demuestran la manera en que Brasil establece la agenda.

CAMPAÑA DE JOHN WAYNE

Tal vez la presión de la población ayude a que eso cambie. El 7 de agosto, el gobierno de Paraguay asignó a Geraldo Blanco, un profesor de ingeniería con un plan para utilizar más de la electricidad de Itaipú en Paraguay, al consejo rector de la presa.

Mientras planea su estrategia para el 2023, quizás Paraguay estudie otras batallas de países más pequeños con vecinos grandes. En la década de 1970, una campaña en la que participaba el actor John Wayne ayudó a convencer a Estados Unidos de aprobar una ley que regresó el canal de Panamá en 1999. En cuanto a las empresas más adecuadas para ofrecer las inversiones necesarias para la industrialización de Paraguay, estas se encuentran en Brasil, justo al otro lado de la frontera.