© 2019 Economist Newspaper Ltd, Londres. Todos los derechos reservados. Reimpreso con permiso.
Nueva York
La enorme transacción de 33.000 millones de dólares es una señal de la consolidación del negocio de la fracturación hidráulica.
El esquisto ha convertido a Estados Unidos en una superpotencia en materia de energía, la cual extrae más petróleo crudo que Arabia Saudita. Los inversionistas están perplejos. Se pelean por comprar títulos de Saudi Aramco.
Al mismo tiempo, los productores de esquisto inspeccionados por la Reserva Federal de Dallas se quejan sobre el acceso a la deuda. Los precios del petróleo subieron en meses recientes, pero las acciones de muchas empresas de fracturación hidráulica no lograron mantener el ritmo debido a las dudas sobre su capacidad de crecer y, al mismo tiempo, alcanzar una utilidad estable.
Existe un grupo con mucho poder económico que está muy atento al esquisto: las grandes empresas petroleras. El año pasado, la minera BHP vendió sus activos de esquisto en Estados Unidos a BP, el gigante petrolero del Reino Unido, por US$ 10.500 millones. En marzo, Exxon Mobile comentó que planea producir para el 2024 el equivalente a un millón de barriles diarios de petróleo en la cuenca pérmica de Texas.
GRAN PROYECTO DE GAS NATURAL
Además, el 12 de abril, Chevron anunció que gastaría US$ 33.000 millones en efectivo y en acciones para comprar Anadarko, una empresa de energía más pequeña con un gran negocio de esquisto (y asumir su deuda de US$ 15.000 millones). Anadarko le está proporcionando a Chevron un gran proyecto de gas natural licuado en Mozambique. Los terrenos de Anadarko en el golfo de México convertirán a Chevron en el segundo productor más grande en esa región. Sin embargo, el premio mayor es su extensa superficie en la rica área de la cuenca pérmica en Delaware.
Chevron ha tenido terrenos durante décadas en la cuenca pérmica. Había perforado pozos en la dirección tradicional: vertical. Sus propiedades comenzaron a adquirir valor hace una década, después de que los buscadores de petróleo lograron perforar horizontalmente y abrir el esquisto con arena y agua para liberar petróleo y gas.
LÍMITE DE SUBIDA DE PRECIOS
Los terrenos contiguos de Anadarko permitirán que Chevron perfore más de manera horizontal y se le facilite el transporte de las grandes cantidades de arena y agua que se necesitan para cada pozo.
Las empresas de fracturación hidráulica se vieron afectadas después de 2014, cuando Arabia Saudita se rehusó a reducir su producción y se desplomó el precio del petróleo. Actualmente, aunque han subido los precios del petróleo, parecen tener límites. De acuerdo con el banco Morgan Stanley, su rendimiento del capital promedio del año pasado fue menos de la mitad del índice bursátil S&P 500. Más inversionistas están pidiendo que gasten solo tanto como ganan, un concepto novedoso. Para muchos gestores de activos, el esquisto parece cosa del pasado. El precio de las acciones de Chevron bajó un cuatro por ciento desde el anuncio; el de Anadarko subió un 36 por ciento, por debajo de la prima del 39 por ciento sobre el valor previo a la transacción que consideró la postura de Chevron. Un grupo de accionistas preocupados por el cambio climático reprendieron a Chevron por elegir el esquisto en vez de las energías renovables.
AL COSTO MÁS BAJO POSIBLE
No obstante, para las grandes empresas petroleras, las cuales enfrentan sus propias presiones, el esquisto parece atractivo. Perdieron su título como las empresas más valiosas del mundo frente a las compañías de tecnología. En una época en que abunda el petróleo, no solo están trabajando para encontrar más crudo, como era su costumbre, sino para producirlo a un costo tan bajo como sea posible.
Las grandes empresas valoran la rapidez con que se obtiene el esquisto, la liquidez predecible y la regulación favorable. “Se convierte en tu acelerador”, señala Bob Brackett de la empresa de investigación Bernstein. “Cuando es buena época, es muy accesible”. Entonces, la pregunta no es si las grandes empresas le apostarán al esquisto, sino si doblarán las apuestas.
Desde luego, parece que la cuenca de Delaware está lista para su consolidación. El año pasado, los siete productores más grandes fueron responsables de, aproximadamente, la mitad de la producción. Los demás produjeron cuatro por ciento o menos cada uno. Tal vez Wall Street se haya desencantado de la cuenca pérmica. Las grandes petroleras definitivamente no lo han hecho.

