HONG KONG.

Cuando el mercado accionario estadounidense estornuda, les da un respiro a los encargados de las políticas públicas en China.

Consideremos por un momento la difícil situación de los mercados emergentes. Cuando la economía estadounidense sufre un traspié, por lo regular sufren con ella, porque Estados Unidos es un mercado indispensable para sus bienes. Por desgracia, cuando la economía estadounidense prospera, también pueden sufrir, porque si la Reserva Federal aumenta las tasas de interés, baja la demanda de activos de los mercados emergentes.

En el 2018 observamos una ilustración muy vívida de esta paradoja al estilo del libro “Catch-22”. La economía estadounidense creció con firmeza. No obstante, la respuesta de la Reserva Federal eclipsó este estímulo a la demanda global: aumentó en cuatro ocasiones las tasas de interés, con lo que causó estragos en las monedas sobrevaluadas y economías agobiadas del mundo emergente. Un índice de valores de los mercados emergentes recopilado por MSCI Inc. bajó casi un 17% ese año.

Así que es lógico que los mercados emergentes hayan sentido alivio al escuchar las tranquilizadoras noticias que dio a conocer Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, el 4 de enero. Enfatizó que la inflación estadounidense se mantiene “moderada” y que ese organismo será “paciente” y escuchará de manera “sensible” a los mercados financieros, que han mostrado cierta inquietud. Le recordó a su audiencia con cuanta “destreza” la Reserva Federal trabajó con los mercados en el 2016. Al comenzar ese año, planeaba subir las tasas en cuatro ocasiones, pero esperó hasta diciembre para subirlas solo una vez. Un efecto secundario notable fue que las acciones de los mercados emergentes terminaron el año con un alza del nueve por ciento con respecto a la cotización que tenían al comenzarlo.

¿Los mercados emergentes pueden esperar una recuperación similar en el 2019? Una razón para esperar lo mejor es que lo peor ya pasó. Las monedas que parecían más sobrevaloradas hace un año ya se desplomaron. Las brechas comerciales más amplias ya se hicieron más angostas. Hace un año, la lira turca se ubicaba muy por encima de su valor justo (calculado en 5,5 con respecto al dólar por el grupo de expertos financieros Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés). En agosto bajó muy por debajo de esa cifra, pero ahora ha vuelto a alrededor de ese nivel. La paralización de las importaciones, combinada con un sector de exportaciones más competitivo, ha permitido que Turquía registre un superávit en cuenta corriente por tres meses consecutivos.

Otra señal alentadora son los avances en las conversaciones comerciales entre Estados Unidos y China. En un tuit publicado el 8 de enero, el presidente Donald Trump aseveró que iban “muy bien”. Quizá debido a la volatilidad del mercado accionario estadounidense, la Casa Blanca se detuvo a considerar los riesgos de aplicar aranceles más elevados o a más productos de China. Cuando el mercado accionario estadounidense estornuda, les da un respiro a los encargados de las políticas públicas en China.

Sin embargo, todavía hay muchos peligros posibles. Un ejemplo podría ser una reacción desproporcionada a los comentarios de Powell. Desde hace meses, los mercados financieros han esperado que la Reserva Federal haga pausas entre los aumentos a las tasas de interés. Ahora que Powell parece estar abierto a la idea, los mercados saltaron a la conclusión de que suspenderá por completo los aumentos, comenta Robin Brooks, del IIF. Los mercados de futuros calcularon una probabilidad del 86% de que al terminar el año la tasa de los fondos federales no sea más alta que en este momento, según la Bolsa Mercantil de Chicago.

Otro peligro es la otra cara de la paradoja de los mercados emergentes a la que hicimos referencia. Cuando la Reserva Federal adopta una política restrictiva, afecta a los mercados emergentes. No obstante, cuando opta por políticas expansivas, como ahora, por lo regular se debe a que el crecimiento se tambalea, lo que también afecta a los mercados emergentes. El índice mensual del Institute of Supply Management para el sector manufacturero estadounidense, que se basa en encuestas a gestores de compras, bajó 5,2 puntos en diciembre. Dos índices similares de gestores de compras en China se deslizaron por debajo de 50, el nivel que en teoría separa la expansión de la contracción. En consecuencia, aumentó el temor de una paralización económica global tan sincronizada como la expansión del 2017.

Por el momento, esos temores parecen infundados. El PMI (índice de gestores de compras) para el mundo emergente, publicado por JP Morgan y IHS Markit, sugiere que el sector manufacturero todavía se encuentra en expansión, aunque a un ritmo más lento que a principios del 2018. Además, si bien se supone que cuando el índice se encuentra por debajo de 50 indica una contracción, en la práctica el límite parece estar por debajo de esa marca. El PMI de manufactura para los mercados emergentes tendría que ubicarse por debajo de 48 para llegar a observar una reducción en la producción industrial, de un ejercicio a otro, según Capital Economics.

CRECIMIENTO DE DOS ESTRELLAS

Tampoco es fácil monitorear el crecimiento de los mercados emergentes. Muchos países asientan cifras trimestrales correspondientes al producto interno bruto con mucho retraso, y otros ni siquiera proporcionan esa información. Algunos indicadores más actualizados, como los índices PMI, tampoco están libres de defectos. Muchos son recientes, por lo que es difícil evaluar en qué medida reflejan el crecimiento. Arend Kapteyn y Pierre Lafourcade, del banco UBS, han intentado subsanar estas fallas utilizando algunas de las técnicas estadísticas que permitieron ganar el concurso de Netflix en el 2009, un premio que ofreció la empresa a quien pudiera ayudarles a predecir qué películas les gustarían a los espectadores solo con base en el número de estrellas con que esos espectadores habían calificado películas en el pasado.

El modelo de UBS sugiere que el tremendo crecimiento de finales del 2017 y principios del 2018 en efecto se ha relajado desde hace unos meses. Es probable que los mercados emergentes hayan crecido a una tasa anual menor al 4% en el último trimestre del 2018, en comparación con un ritmo del 5,7% para el primer semestre del año. El nivel de crecimiento es igual de bajo que a finales del 2015, según el modelo, y la baja en el crecimiento es comparable a la caída del 2012.

Estos dos economistas creen que la desaceleración se debe en gran medida al comercio, aunque no necesariamente a la guerra comercial. Las exportaciones y otros factores “externos” que contribuyen al crecimiento comenzaron a debilitarse desde marzo del 2018, antes de que Estados Unidos impusiera aranceles a China como represalia por violar su propiedad intelectual. Después del sólido crecimiento observado en el 2017, era de esperar que el comercio se estabilizara. “Si eso es todo lo que ha pasado, entonces deberíamos empezar a tocar fondo muy pronto”, escriben.

El problema es que ese pensamiento consolador da por hecho que la guerra comercial no se tornará candente de nuevo. Independientemente de los agravios económicos que Estados Unidos le achaque a China, si la situación vuelve a recrudecerse, afectará las posibilidades de estabilizar el crecimiento global a un nivel respetable. Como advierte Yossarian, el protagonista de “Catch-22”: “Si ya estás muerto, poco te importa quién gane la guerra”.