HAI DUONG, Vietnam.
Debido a las cadenas de suministro integradas, no es fácil remplazar a China. Podemos juzgar a una nación por sus bolsas de plástico. O al menos eso podríamos pensar tras una visita a la empresa vietnamita An Phat, una de las mayores exportadoras de empaques plásticos del sureste asiático. Sus clientes japoneses insisten en tener bolsas de la más alta calidad, hechas por completo de plástico nuevo, no de materiales reciclados. Los europeos respetuosos del medioambiente exigen bolsas biodegradables. Los estadounidenses amantes de la comodidad quieren bolsas con asas que se anuden con facilidad.
Desde hace poco, los empleados de An Phat se han concentrado más en las preferencias de los estadounidenses. De los 2.500 millones de dólares en bolsas que Estados Unidos importa cada año, alrededor de dos quintas partes provienen de China. En septiembre, estas bolsas fueron uno de los 5.745 productos de fabricación china que comenzaron a pagar aranceles del 10%, lo que tentó a los minoristas a buscar otros proveedores. “Fue difícil ingresar al mercado estadounidense, y nos percatamos de que podíamos dar un paso importante”, comentó Nguyen Le Hang, director ejecutivo de An Phat. En el trimestre más reciente, sus ventas a Estados Unidos han aumentado más del doble.
Distintas empresas y países de todo el mundo compiten por obtener negocios que China está a punto de perder debido a la guerra comercial. El presidente estadounidense, Donald Trump, espera que su táctica de adoptar una postura implacable atraiga más fábricas al territorio nacional, pero hasta ahora nada indica que será así. Al parecer, es más probable que otros países asiáticos salgan beneficiados, pues están más listos para cubrir los vacíos que deja China. Quienes se encuentran cerca de China en las cadenas de valor detectan oportunidades.
Los países más ricos tienen en la mira algunos de los productos de lujo que les había ganado China. Taiwán intenta recuperar a las empresas de computación, mientras que Malasia y Tailandia quieren ampliar su presencia en productos electrónicos. En los países de ingresos bajos, se concentran en los sectores más baratos que China ha dominado desde hace tiempo. Vietnam tiene una posición sólida en el procesamiento de alimentos, Camboya en calzado y Bangladés en ropa.
No obstante, nadie se escapa de la guerra comercial. La “Fábrica Asia”, la red de cadenas de suministro de la región que por lo regular gira alrededor de China, es responsable de casi la mitad de la fabricación global. Los países que tienen una mayor integración con China también sufrirán más debido a los aranceles de Estados Unidos. Lo que está por verse es si las ganancias derivadas de los negocios que le arrebaten a China compensarán la desaceleración del comercio centrado en ese país.
De hecho, la decisión de optar por fábricas fuera de China se tomó antes de que estallara la guerra comercial. Desde hace casi una década, debido al aumento en los salarios, las empresas se han visto más atraídas a los países asiáticos más pobres, en particular aquellas que pertenecen a industrias en las que se utiliza mucha mano de obra, como la fabricación de ropa. Los sectores más sofisticados también sienten los efectos: los egresados universitarios de China ahora ganan casi lo mismo que sus homólogos taiwaneses. Desde hace algunos años, China también ha mejorado sus estándares ambientales y ha presionado a los propietarios de fábricas para que inviertan en instalaciones más modernas si no quieren que se les cierre el negocio. No solo las empresas extranjeras buscan climas más clementes. Las chinas han hecho lo mismo: han invertido más en fábricas en el Sureste Asiático, casi un 50% más al año. Los aranceles de Trump probablemente contribuirán a acelerar estas tendencias.
NO HAY NADA SEGURO EN LA BOLSA
De cualquier forma, la transición para eliminar a China no es nada sencilla. Por muy buenos motivos es el mayor exportador del mundo. Los densos grupos de empresas del país ofrecen todo lo que necesitan los fabricantes: electrónicos en el sur, automóviles en el este y la industria pesada en el norte. Además, cuentan con caminos y puertos de primera categoría. A medida que los salarios han ido en aumento, las empresas han invertido más en la automatización. Por si fuera poco, China en sí es un gran mercado, así que los fabricantes quieren permanecer cerca de sus clientes.
Debido a todas estas ventajas, las fábricas de China son productivas. Dan Krassenstein, director de operaciones asiáticas en Procon Pacific, fabricante de bolsas de uso rudo para transportar fertilizante, arena y productos similares, afirma que China todavía tiene algunos aspectos atractivos. Los trabajadores de India ganan 75% menos que los de China, pero, como son menos eficientes, Krassenstein calcula que en India solo ahorra alrededor del 35% por bolsa. Su empresa va a cambiar parte de la producción a India, pero lo hará gradualmente.
Otros solo pueden absorber una parte de fabricación de China antes de que sus costos se disparen en una espiral. China tiene más del doble de trabajadores que todos los países del Sureste Asiático juntos. Walter Blocker, director ejecutivo del grupo de firmas de productos de consumo Vietnam Trade Alliance, describe el flujo de negocios de China a Vietnam como un diluvio. Los salarios ya están aumentando con rapidez, al igual que los precios de los terrenos en los parques industriales.
Así que no es fácil remplazar a China. Sudhir Shetty, del Banco Mundial, considera que otros actores de la región tienen más riesgo de perder que probabilidades de ganar gracias a la guerra comercial. Las dificultades de los exportadores chinos se diseminarán entre sus proveedores, desde fabricantes de chips en Corea del Sur hasta Birmania. Para colmo, la incertidumbre acerca del sistema de comercio global podría afectar las inversiones en Asia. “Es la parte del mundo que se ha beneficiado más de la apertura”, señala Shetty.
Casi no hay precedentes para poder calcular el impacto que tendrá la guerra comercial. Zhang Zhiwei, de Deutsche Bank, ha aplicado como caso práctico los derechos que Estados Unidos le impuso a las lavadoras de fabricación China en el 2017 como medida antidumping. Las exportaciones de lavadoras de China a Estados Unidos se desplomaron, pero las exportaciones a otros países mantuvieron buenos niveles. Las empresas sudcoreanas aprovecharon para mudar la producción a Vietnam y Tailandia, lo que les permitió ampliar sus ventas en Estados Unidos, un resultado nada malo para Fábrica Asia. Entonces, en enero del 2018, Trump impuso aranceles a todas las lavadoras importadas, lo que finalmente obligó a los fabricantes asiáticos a abrir fábricas en Estados Unidos. Ahora, las lavadoras fabricadas ahí son un 15% más caras.
BAJAS DESCONOCIDAS
Hay un tema en el que los datos recientes no dejan ninguna duda: la región ya sufre los embates de los vientos comerciales. En el 2017, las exportaciones de los países más ricos (Japón, Corea del Sur y Taiwán) y de los más pobres (como Filipinas y Vietnam) aumentaron a un ritmo de dos dígitos. Este año, el ritmo bajó notoriamente. Para nuestra sorpresa, las exportaciones chinas han resistido mucho más; en septiembre registraron un aumento de un 15% con respecto al año anterior. Sin embargo, se debe a que las empresas enviaron todo lo que pudieron antes de la entrada en vigor de los aranceles. La disrupción se asoma en el horizonte.
A algunos les parece positivo. En este momento, Samsung Electronics, de Corea del Sur, ya genera un tercio de su producción global en Vietnam, y planea ampliarla. Las inversiones japonesas en Vietnam experimentan un auge. En An Phat se percibe una emoción casi sobrecogedora debido a la oportunidad que tienen de obtener clientes nuevos de grandes dimensiones, y que no solo les compren bolsas de plástico. La empresa está haciendo cambios para convertirse en fabricante de refacciones complejas para lavadoras, teléfonos móviles y otros productos. Adquirió robots modernos y planea duplicar el número de empleados el año entrante. Su esperanza es que la guerra comercial sea un cuento de hadas que transforme sus bolsas harapientas en inmensas riquezas.

