No es un buen momento para andar produciendo energía sin descanso.

Algunos la llaman la escisión del carbono cero, otros una herejía. Los investigadores, los legisladores y los ambientalistas, unidos por la necesidad de detener el calentamiento global, están divididos en cómo proceder. Muchos creen que la energía renovable, en especial la eólica y la solar, es la que, por mucho, debe ser la protagonista. Sin embargo, unos cuantos necios se aferran a la energía nuclear, que también está libre de carbono, pero tiene un problema de imagen. Los dos bandos apenas se hablan entre sí.

Por ello, estas tres palabritas “recursos cero carbono” en un proyecto de ley que llegó al escritorio del gobernador de California, Jerry Brown, el 29 de agosto son tan importantes. Esta legislación no solo comprometería al estado a generar el 60 por ciento de su electricidad a partir de recursos renovables para el 2030, en un aumento de un mandato anterior que estipulaba que debía ser el 50 por ciento. Además, hace un llamado a generar el cien por ciento de la energía a partir de “recursos cero carbono” y renovables para el 2045, lo cual podría incluir la energía nuclear. Claro está que, para entonces, otras tecnologías libres de emisiones como las baterías, el hidrógeno y la captura y la retención de dióxido de carbono de las plantas de combustibles fósiles, podrían ser más baratas y mejores que separar núcleos. No obstante, la energía atómica tendría posibilidades si sigue utilizándose y, en lo que se refiere a cuestiones ecológicas, lo que hace California lo suelen hacer los demás.

En el 2017, casi un 30 por ciento de la electricidad del estado provino de fuentes renovables, como las energías eólica y solar que representaron un diez por ciento cada una. La energía nuclear representó alrededor del nueve por ciento. Hace una década, la energía solar solo representaba un 0,22 por ciento y la eólica, un 2,25 por ciento, mientras que la energía nuclear producía un 15 por ciento de la energía eléctrica. El relativo declive de la energía nuclear refleja, en parte, una tendencia mundial señalada en el Informe sobre el estado mundial de industria nuclear, emitido el 4 de septiembre. Durante la última década, la inversión en energías renovables se ha disparado, mientras que se ha estancado para la energía nuclear. Esto se debe a los precios decrecientes de los paneles solares y las turbinas eólicas, el gasto cada vez mayor, al igual que la dificultad, de construir instalaciones nucleares y de gas natural baratas.

Un documento de trabajo que publicaron el mes pasado James Bushnell y Kevin Novan de la Universidad de California, en Davis, subraya el desafío que las energías renovables suponen para la energía nuclear y otras fuentes de energía de carga base, como el carbón. El documento demuestra que la producción promedio al mediodía de las granjas solares grandes en California aumentó diez veces entre el 2012 y el 2016. Esto ha tenido un enorme impacto en los precios al mayoreo de la energía. El precio promedio en tiempo real alrededor del mediodía ha disminuido marcadamente, mientras que los precios han aumentado después del anochecer. Los autores descubrieron que cuanta más capacidad solar se instale, peor será para los generadores de carga de base; es decir, los que producen electricidad en todo momento. La nueva mezcla de energía recompensa a las turbinas de gas que se pueden encender por unas cuantas horas para satisfacer la máxima demanda en la noche.

No obstante, debido a que la capacidad solar adicional producirá energía en momentos en los que ya hay un exceso, habrá un declive en los rendimientos para mayor inversión en la capacidad solar. Esto señala una enorme falla en los mandatos estatales, como el de California, que da por hecho que la inversión se destinará a las energías renovables incluso si los precios de mercado son bajos. Los autores favorecen más bien un precio del carbón (California ya tiene un sistema de comercio de emisiones), que ayude a estimular la inversión en la prestación de energías limpias en los momentos en los que el sol no brilla.

En el 2017, se instalaron en todo el mundo alrededor de 150 gigavatios de energía eólica y solar, en comparación con tres gigavatios de energía nuclear. Sin embargo, aunque tantos elementos favorecen las energías renovables, la energía atómica no está muerta. La energía nuclear todavía provee más del doble de la energía eléctrica mundial que la energía eólica, y 5,5 veces más que la solar, en parte debido a que funciona todo el tiempo en lugar de hacerlo de manera intermitente. En junio, el presidente Donald Trump instruyó a su secretario de energía, Rick Perry, tomar medidas de emergencia a fin de mantener las plantas nucleares y de carbón funcionando, citando consideraciones de seguridad nacional. En abril, Nueva Jersey dio a conocer un plan para recompensar a las plantas de energía nuclear por producir energía libre de emisiones, como parte de la meta del estado de producir energía cien por ciento limpia para el 2050.

China será fundamental para el futuro de la energía nuclear. Fue responsable de tres de las cuatro nuevas plantas nucleares que se conectaron a la red el año pasado en todo el mundo, tiene la mayor cantidad de reactores en construcción y en junio introdujo dos nuevas clases de diseño. Además, también es líder de energías renovables en el mundo. La empresa de energía nuclear propiedad del estado en Rusia, Rosatom, está vendiendo su tecnología en el extranjero de manera rotunda.

El informe sobre el estado mundial de la industria nuclear, cuyos autores se consideran a sí mismos críticos de la misma, menciona otra posible razón por la cual la energía nuclear es resiliente: su utilidad en los programas de armas nucleares. No solo las plantas nucleares son la única forma de producir material físil esencial para las armas, sino que además proveen la capacitación, la investigación y las capacidades industriales para programas como el de los submarinos nucleares. El informe explica que tan solo en los últimos años las personas con información privilegiada han comenzado a reconocer, en países como Estados Unidos, que es difícil sostener una capacidad de armamento nuclear sin un programa nuclear civil paralelo. Eso puede ayudar a explicar el compromiso de mantener vivos los planes para construir plantas nucleares entre las grandes potencias militares en Occidente y en Asia, aunque una mezcla de energías renovables y gas natural podría ser mucho más barata. Estas sospechas solo amplían la grieta entre los dos bandos de cero carbono.