© 2018 Economist Newspaper Ltd, Londres. Todos los derechos reservados. Reimpreso con permiso.

La cifra final de fallecimientos en Puerto Rico fue más de cien veces mayor que el cálculo inicial.

Con ráfagas de vientos implacables de 193 kilómetros por hora, se esperaba que fuera mortífero el huracán que tocó tierra en Puerto Rico el 20 de septiembre del 2017. El huracán María provocó destrucción en toda la isla, interrumpiendo la energía eléctrica, las comunicaciones y el agua potable en casi todas las casas. Sin embargo, parecía que la mayoría de los 3,3 millones de isleños habían escapado de la peor suerte: dos semanas más tarde, la cifra oficial de fallecimientos reportada por el gobierno de la isla fue de solo dieciséis personas.

El presidente Donald Trump aprovechó mucho el bajo número de fallecidos cuando visitó San Juan el 3 de octubre. “Hemos salvado muchas vidas… Si vemos una catástrofe verdadera como Katrina y los cientos de personas que murieron… dieciséis contra literalmente miles de personas… podemos estar muy orgullosos”. A pesar de que la cifra de muertos aumentó lentamente durante las semanas que siguieron, de 16 a 64 fallecimientos, siguió siendo asombrosamente pequeña dada la severidad de la tormenta.

Con la sospecha de que la verdadera cifra fuera mayor, muchos otros intentaron dar una mejor estimación. En diciembre, The New York Times analizó los informes de mortandad y calculó que el huracán había matado a 1.052 personas en el período hasta el 31 de octubre. Para un artículo publicado en el New England Journal of Medicine en mayo se encuestó a sobrevivientes del huracán y se calculó que habían fallecido entre 793 y 8.498 personas.

El gobernador de la isla, Ricardo Rosselló, también dudaba de la cifra oficial. Esta contaba principalmente las muertes directas ocasionadas por escombros arrastrados por el viento y cosas por el estilo, pasando por alto las muertes por apagones y falta de agua que provocaron complicaciones médicas. En febrero, Rosselló comisionó a epidemiólogos de la Universidad George Washington para que realizaran un informe independiente con el fin de llegar a un conteo más preciso.

Ese informe fue publicado el 28 de agosto, 342 días después de que el huracán tocara tierra. Los académicos calcularon una cifra final con base en la mortandad excesiva observada más allá de lo que se hubiera esperado en condiciones climatológicas normales. En conjunto, su conteo final de fallecimientos fue de entre 2.658 y 3.290. Esto significaría que María ha sido el peor huracán que haya afectado a Estados Unidos en 118 años.

CIFRA ABSURDA

Es absurdo que la cifra de 64 muertos siguiera siendo oficial durante tanto tiempo. A pesar de que es difícil verificar la información fidedigna acerca de los fallecimientos después de un desastre natural –todavía se impugna el conteo oficial de muertos del huracán Katrina en el 2005–, el despacho del gobernador hubiera podido hacer mucho más para difundir la duda inherente en el conteo oficial. Después de que Nueva Orleans fue azotada por Katrina, su alcalde simplemente dijo que la cifra de muertos “conmocionaría al país”.

Por el contrario, el bajo número de fallecimientos reportados en Puerto Rico bien puede haber hecho disminuir el sentido de urgencia de llevar a cabo labores de socorro. Una tercera parte de los estadounidenses dijo que donaron dinero durante los primeros días posteriores al desastre, lo cual es bajo según los niveles de generosidad del país. Mientras tanto, Puerto Rico está en bancarrota, la economía se contraerá ocho por ciento este año y los jóvenes y las personas con talento están saliendo en oleadas. El número de turistas se ha reducido a la mitad y la isla aún está en espera de 80.000 millones de dólares de fondos federales para ayudar a su recuperación.