WASHINGTON.

Avance bilateral para Estados Unidos y México que hace a un lado a Canadá: ¿Los negociadores del TLCAN podrán concretarlo?

“Es un día muy importante para el comercio, un gran día para nuestro país”, alardeó el presidente Donald Trump el 27 de agosto. El motivo de su regocijo era cierto avance en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre Estados Unidos, México y Canadá. Enrique Peña Nieto, el presidente mexicano, confirmó que Trump había llegado a un “arreglo” bilateral con México. Los encargados de las relaciones públicas de la Casa Blanca anunciaron que Trump mantuvo su promesa de renegociar el TLCAN y logró una “victoria para los agricultores, ganaderos, trabajadores y empresas norteamericanos beneficiosa para ambas partes”.

La fecha límite para publicar una versión concreta del pacto es el 31 de agosto, y en esa misma fecha el gobierno estadounidense planea notificarle al Congreso la intención de Trump de suscribirlo. Deben actuar rápido para que Peña pueda firmar antes del 1 de diciembre, cuando asumirá el cargo Andrés Manuel López Obrador, un instigador de izquierda. Ambos quieren que se llegue a un acuerdo para esa fecha: Peña para que sea parte de su legado y López Obrador para poder concentrarse en su proyecto de política nacional.

Cuando The Economist se envió a prensa, los negociadores todavía sostenían conversaciones intensas. Cabe destacar que, si bien Canadá todavía no se había sumado al convenio, sus negociadores parecían optimistas. Trump declaró que, si los canadienses no aceptan sus términos, procederá sin ellos y aplicará aranceles a los automóviles de ese país. Sin embargo, las hostilidades al interior de Estados Unidos y la buena imagen política interna que le daría resistir el embate de Trump, quizá sean incentivos suficientes para que Canadá mantenga firme su postura de solo aceptar un acuerdo trilateral.

No obstante, incluso si no se concreta, este acuerdo preliminar es significativo porque ha puesto de manifiesto el tipo de términos que Trump pretende imponerles a los socios comerciales de Estados Unidos. Al parecer, un acuerdo comercial trumpiano no solo involucra sesgos (como sucede en todos los pactos comerciales), sino amenazas (muchas más de las acostumbradas). En comparación con otros acuerdos comerciales suscritos en años recientes, es una mezcla incómoda entre concesiones para la izquierda y los intereses empresariales. Aumenta la incertidumbre para las empresas y administra los mercados con mucho mayor rigor.

El gobierno de Trump reforzó el tono de izquierda al ofrecer “las normas laborales más sólidas y exigibles incluidas en un acuerdo comercial”. Supuestamente, tales normas reforzarán reglas que, según quejas de los sindicatos estadounidenses, eran fáciles de ignorar (aunque no se sabe con exactitud cómo lo harán). Se evitarán las disposiciones que permiten a los inversionistas promover acciones en contra de gobiernos extranjeros y se eliminarán algunos sectores (tampoco se sabe si será suficiente para complacer a quienes han expresado preocupación por el poder corporativo). El propósito de varias disposiciones es complacer a los cabilderos corporativos, como la protección concedida durante diez años a medicamentos conocidos como biológicos y una prórroga de 50 a 75 años a los derechos de autor.

Trump había dicho en un principio que quería una cláusula de extinción conforme a la cual el nuevo TLCAN se diera por terminado después de cinco años a menos que todas las partes convinieran en lo contrario. Cedió un poco en este punto. Después de seis años de aplicación, se revisará el TLCAN y se dará por terminado después de otros diez años si todas las partes no convienen en prorrogarlo. Durante la vigencia del acuerdo, se harán revisiones cada seis años. En teoría, el objetivo de esta disposición es evitar los desequilibrios que se generaron con el tiempo en el original, según Trump en detrimento de Estados Unidos, además de notificar a las empresas con tiempo para que reorganicen sus relaciones si resulta imposible llegar a un acuerdo.

TRANSMISIÓN AUTOMÁTICA

La mano de Trump es visible sobre todo en las nuevas reglas de origen aplicables a los automóviles, una industria que ocupó la atención de los negociadores en parte debido a su contribución al déficit comercial bilateral de Estados Unidos con México. Todos los acuerdos comerciales establecen condiciones que los productos deben cumplir para recibir un trato preferencial. De otra forma, los fabricantes europeos o japoneses de autopartes, por ejemplo, podrían aprovechar convenios que sus gobiernos no negociaron. Este cambio resulta sorprendente debido a la medida en que se endurecieron las condiciones existentes y se añadieron otras nuevas.

Los mexicanos aceptaron un requisito más alto para el contenido regional de los automóviles (cambia del 62,5 al 75 por ciento) y la eliminación de vacíos que permitían que algunas autopartes quedaran exentas de hecho. Un porcentaje mínimo de acero y aluminio debe provenir de la región. La disposición más inusual establece una proporción mínima de la producción que deben realizar empleados con un salario de más de 16 dólares por hora.

El objetivo de todas estas disposiciones es mejorar los incentivos para que los fabricantes de automóviles ubiquen su producción en Estados Unidos. Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial de México, afirma que el 70 por ciento de las plantas automotrices mexicanas cumplen las nuevas reglas sobre autopartes y metal. Así que la renegociación podría movilizar empleos a Estados Unidos, si en respuesta los fabricantes modifican sus cadenas de suministro o aumentan la oferta de vehículos que cumplen los requisitos en el país y venden aquellos que no los cumplen en otras regiones. Sin embargo, también es posible que decidan importar más autopartes de áreas fuera de la región del TLCAN y pagar los consecuentes aranceles del 2,5 por ciento. En cualquier caso, lo más probable es que los consumidores tengan que pagar más.

La característica más trumpiana son los métodos de intimidación a los que recurrió para imponer el nuevo acuerdo. El 28 de agosto corrieron rumores acerca de la existencia de una nota complementaria independiente que exentará algunas exportaciones mexicanas de automóviles de aranceles estadounidenses que lleguen a imponerse por motivos de seguridad nacional. Flavio Volpe, presidente de la Asociación de Fabricantes de Partes Automotrices, un grupo industrial de Canadá, cuestiona cuán exigible será el nuevo acuerdo. Por lo regular, los tratados comerciales se respetan por convicción, ya que los miembros se adhieren a ellos porque todos los involucrados reciben beneficios. En este caso, es evidente que los acuerdos se han concertado mediante amenazas.

Algunas de estas características del nuevo TLCAN quizá ayuden a convencer a los electores estadounidenses que no confían en los acuerdos comerciales convencionales. Quizá incluso sea mejor que la desaparición del TLCAN por completo. No obstante, en vista de la forma en que se han celebrado las conversaciones, además de la brecha evidente entre lo que prometía el acuerdo y la realidad que parece estarse concretando, el futuro no estará exento de problemas.