Entre bocanadas de incienso y humo de marihuana, una multitud sonriente vestida con atuendos como de duendes o algunos solo con pintura en el cuerpo baila en un entramado de majestuosos claros de bosque cerca del pueblo de Tidewater, Oregon. Otros meditan en posturas de yoga. Algunos acarician cristales o se miman unos a otros retorciéndose suavemente en arrumacos grupales. En algunos letreros muy coloridos se lee “Rediseña el paradigma”, “Hazle el amor al misterio” y, en las veredas que conducen a los sanitarios de compostaje, “Hacia allá para defecar con conciencia”. Un orador que remplaza al DJ en el escenario principal proclama que los humanos “nacieron para servir a la Tierra” y guía a las personas, muchas con los brazos levantados, en oración hacia los cuatro puntos cardinales.

Así comenzó el Festival Beloved, en el cual unas 2.500 personas pusieron tiendas de campaña o despilfarraron en una “glamorosa” yurta de lujo durante cuatro días de actividades “sagradas” que terminaron el 13 de agosto. Estas incluyeron yoga kundalini y “galactivado”, cánticos del alma sufíes, sanación con sonidos de cuencos de cristal, poesía medicinal, masajes tailandeses, narraciones latinas, chamanismo de los indios estadounidenses, meditación con gong inspirada en información de la NASA sobre el espacio profundo, rituales de duelo de la tribu Dagara de Burkina Faso e interpretaciones delirantes de danzas extáticas orientales. Sorprendentemente, este corresponsal no vio que nadie se tomara selfies. El Festival Beloved tiene que ver con la comunidad, no con el ego, dice su fundador, Elliot Rasenick, así es que todos los que asistan deben sentirse cómodos haciendo “contacto visual profundo con desconocidos”. El precio de los boletos comenzaba en 265,77 dólares.

Beloved es solo uno entre la floreciente constelación de festivales “transformacionales” que se extienden desde su bastión en el oeste de Estados Unidos. Contados por decenas y con nombres como SoulPlay, Sonic Bloom, Kinnection Campout, Stilldream, Wanderlust y Symbiosis, conjugan ambientalismo con espiritualidad pagana comunal que algunos visitantes avivan con drogas psicodélicas. Muchos de estos festivales, incluido Beloved, prohíben la venta de alcohol. Los dogmas de esta subcultura incluyen la exaltación de la sexualidad, el arte participativo y la “expresión propia radical”, un término popularizado por Burning Man, el abuelo de los festivales transformacionales, que abre su asamblea anual a unas 70.000 personas en el desierto de Nevada el 26 de agosto. Pero debido a que en la era de Trump hasta el ocio es política, muchos también confieren un objetivo adicional al movimiento. La idea, comenta Rasenick, es “usar la celebración para crear el cambio” en un mundo estrujado por perversidades.

Los devotos de los festivales transformacionales debaten la forma de lograr el deseado cambio político. Sin embargo, muchos dicen que comienza con introducirse en una conciencia alternativa al “honrar” el agua, la tierra, los animales, la comida y la ropa orgánica, los pueblos oprimidos y cosas por el estilo. Moss Kane, un asistente a Beloved que trabaja en Sanación Chamánica de Dos Espíritus, un consultorio en Portland, Oregon, cree que el auge de los festivales transformacionales ya ha comenzado a mermar el “decrépito poder” del capitalismo malo mediante el surgimiento de más gente con almas más viejas y sabias.

Otros esperan efectuar cambios políticos con un enfoque de izquierda más tradicional. Beloved organiza talleres sobre diversidad, igualdad de género y el uso de la empatía para combatir el “divisionismo”. Marji Marlowe, quien dirigió el Santuario del Círculo de la Protección de Beloved este año, dice que gran parte de su trabajo es sensibilizar a los asistentes acerca de los privilegios que gozan los blancos sin habérselos ganado. Beloved también ofrece enseñanzas sobre la equivocación de “apropiarse” de las culturas, por ejemplo, al ponerse tocados de plumas, afirma su gerente de comunidad, Dez Ramírez. Debido a la mezcla cultural del programa de Beloved, esta propuesta quizá deje perplejos a algunos, pero otros festivales transformacionales hacen lo mismo. Lightning in a Bottle, un festival anual de California que atrae a unas 20.000 personas, impone una prohibición a las “culturas como disfraces”, aunque de todas formas muchos de los asistentes se visten de forma extravagante.

Pocos de los que asisten a Beloved desean hablar sobre el presidente Donald Trump. ¿Podría ser una señal de que muchos participantes, desmoralizados por su auge, eligen cada vez más retirarse a la comodidad de la comunidad transformacional, en vez de lanzarse al activismo en el terreno político más amplio? A Rasenick le preocupa que esto esté sucediendo en realidad y que sea parte de la creciente polarización política de Estados Unidos. Julian Reyes, de Keyframe Entertainment, una productora de películas, libros y música sobre cultura transformacional con sede en San Francisco, cree que el número de asistentes a esos festivales casi se ha duplicado en poco más de tres años, un período que coincide más o menos con el ascenso político de Trump.

Hay otros factores que sin duda desempeñan un mayor papel en la creciente asistencia a los festivales transformacionales. En primer lugar, han aprovechado el descenso de las juergas urbanas, donde la policía ha acabado con el consumo de “drogas recreativas” como el éxtasis. Al contratar oradores, los festivales transformacionales han atraído gente aficionada a TED, una popular serie de conferencias. Algunos aficionados a los festivales transformacionales se han desalentado por el burdo mercantilismo y la cultura de moda asociados con grandes festivales de música con olor a cerveza como Coachella y Lollapalooza. Jonah Haas, director de mercadotecnia de Lucidity, un festival transformacional para cerca de 5.000 campistas cerca de Santa Bárbara, California, con entradas agotadas cada año, señala lo que es quizá la mayor explicación de este crecimiento. En cuanto a la religión, una cuarta parte de los adultos estadounidenses se declara atea, agnóstica o “nada en especial”, de acuerdo con el Centro de Investigación Pew, proporción que se ha incrementado considerablemente. Parece que esto ha hecho que mucha gente ansíe tener la experiencia de la devoción religiosa sin las irritantes creencias relacionadas al culto.