Los niños cuyos padres son elegibles para Medicaid (un programa de seguros de salud del Gobierno de Estados Unidos para gente de escasos recursos) son mucho más propensos a que se les receten medicamentos psicotrópicos.

En un documental publicado recientemente, "Take Your Pills", Leigh, una pecosa estudiante de último año de una universidad, se sienta en su cama y reflexiona sobre su relación con Adderall, un estimulante ampliamente utilizado para tratar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), una condición que le dificulta concentrarse o controlar algunos impulsos. "Adderall para mí siempre fue, como, para cuando estás desesperado … Estás como, necesito esto ahora mismo porque necesito ser mi mejor yo, más inteligente y más rápida", comenta, después de calcular qué puntuación necesitará. en un examen inminente para aumentar su calificación final. Más tarde, Nathanael, un ingeniero de programación con penetrantes ojos azul-verdosos que desarrolla programas con un gato acurrucado en su regazo, también relata cómo Adderall le permitió trabajar intensamente hasta la medianoche: el sueño de cualquier desarrollador de programas de informática.

Según un estudio realizado por la Escuela de Salud Pública del Instituto Milken, en la Universidad George Washington, en el 2011, el 12% de los niños y adolescentes estadounidenses tenían un diagnóstico de TDAH, un aumento del 43% desde el 2003. IMS Health, una empresa de información y servicios de atención médica, descubrió que las ventas de estimulantes recetados como los utilizados para tratar el TDAH se quintuplicaron entre el 2002 y el 2012 alcanzando un volumen de casi US$ 9 mil millones. Personas como Leigh y Nathanael, que a veces recurren a medicamentos para lidiar con la presión, a menudo vienen a la mente como consumidores típicos de tales cosas. Pero no son los únicos. Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Maryland revela altas tasas de diagnóstico psiquiátrico y uso de medicamentos entre los estadounidenses pobres y muy jóvenes.

El estudio, que fue publicado en JAMA Pediatrics, una revista médica mensual revisada por profesionales de medicina y publicada por la Asociación Médica Estadounidense, siguió la evolución de 35.244 niños nacidos en un estado no identificado de la región del Atlántico Medio de los Estados Unidos (Delaware, Maryland, Nueva Jersey, Nueva York y Pensilvania) desde el 2007 y los siguió hasta el final del 2014, cuando cumplieron siete años de edad. Todos los niños se inscribieron en Medicaid, que brinda atención médica gratuita o económica a los estadounidenses de bajos ingresos. A la edad de ocho años, cuando los niños generalmente están aprendiendo sobre las fracciones y el sistema solar, casi el 20% de los chicos había recibido un diagnóstico psiquiátrico. Esa tasa en la población en general es de alrededor del 14%, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud Infantil. Algo más del 10% de los niños en el grupo de estudio recibieron medicamentos para alterar su estado mental.

Dinci Pennap y Julie Zito, respectivamente, un candidato al grado de Ph.D. y profesor de la Facultad de Farmacia, de la Universidad de Maryland, dirigió a los investigadores a estudiar diagnósticos que incluyen TDAH, trastornos del aprendizaje, trastornos de ansiedad, depresión y trastornos del espectro autista. El TDAH fue la afección diagnosticada más prevalente y los estimulantes fueron los fármacos más prescritos. La investigación también sugiere tasas sorprendentemente altas de diagnóstico psiquiátrico entre los niños pequeños que reciben cuidado de crianza. Casi el 60% de los niños en hogares de guarda tuvieron ese diagnóstico, en comparación con el 17% de los niños elegibles según los ingresos de sus familias que rondan o están por debajo del nivel federal de pobreza.

NIÑOS POBRES SON MÁS PROPENSOS

El hallazgo de que los niños pobres son más propensos a ser medicados se hace eco de investigaciones previas. Un estudio realizado por investigadores de Columbia y Rutgers Universities y publicado en el 2009 encontró que los niños con la cobertura de Medicaid reciben medicamentos antipsicóticos, que se usan para tratar afecciones como el trastorno bipolar, a un ritmo cuatro veces mayor que los niños asegurados de forma privada y con frecuencia por menos condiciones severas.

"Un problema es que estamos medicando el comportamiento", manifiesta Pennap, autor principal del estudio de Maryland. "Si a un niño no le va bien en la escuela, están medicados porque podrían estar en hogares y sus padres tienen tres trabajos y no tienen la posibilidad para explorar los problemas subyacentes o las opciones no médicas". Zito culpa parcialmente a la publicidad divulgada directamente para los consumidores de drogas y la necesidad de alcanzar soluciones rápidas. Su preocupación más apremiante es que ha habido poco escrutinio de los efectos a largo plazo de exponer a los niños pequeños a tales medicamentos. "Tienen corazones pequeños, cerebros pequeños e hígados pequeños. Realmente no sabemos cómo la fisiología de los niños pequeños se verá afectada por estas potentes drogas", reflexiona Zito. En la mayoría de los escenarios, es probable que los niños pobres tengan menos de todo que los pequeños de familias más adineradas: menos oportunidades educativas, menos alimentos saludables, vecindarios menos seguros. Cuando se trata de drogas psicotrópicas, sin embargo, lo opuesto es la verdad.