© 2018 Economist Newspaper Ltd, Londres 13 de abril, 2018. Todos los derechos reservados. Reimpreso con permiso.
Decir lo siento puede ser una experiencia enriquecedora. Para Mark Zuckerberg, quien esta semana soportó dos días de preguntas ante el Congreso, las recompensas del arrepentimiento no solo son metafóricas. A lo largo de su comparecencia, mientras el jefe de Facebook se disculpaba por la filtración de datos acerca de 87 millones de usuarios a una firma de campañas políticas, las acciones de su empresa aumentaron un 5,7 por ciento y su propio valor neto alcanzó los 3.200 millones de dólares.
Los accionistas sin duda se sintieron aliviados con la actuación robótica pero libre de errores de Zuckerberg. Incluso los críticos más feroces de la firma deberían reconocer todo lo que ha hecho desde que se reveló la noticia sobre Cambridge Analytica en marzo. Zuckerberg le dio la bienvenida a la idea de la regulación y cautelosamente respaldó una próxima ley europea en torno a la protección de datos. Al decir explícitamente que Facebook era responsable del contenido en su plataforma, ha abierto la puerta a que se le adjudique más responsabilidad por el material que se transmite en ella. Sin embargo, el repunte en el precio de las acciones también señala algo preocupante: ni la firma ni los legisladores estadounidenses han entendido la necesidad de un cambio radical.
Comencemos con Facebook. Zuckerberg le dijo al Congreso que cualquier firma que haya crecido a la velocidad de Facebook estaba destinada a cometer errores. Sin embargo, la excusa de haberla creado en su dormitorio universitario se está haciendo insuficiente. Facebook es la sexta firma más valiosa del mundo que cotiza en la bolsa. Gastó 11,5 millones de dólares en cabildeo en Washington en el 2017. Su parloteo interminable acerca de la "comunidad" sirve de poco, pues en repetidas ocasiones y de manera flagrante ignoró los derechos de los usuarios de controlar sus propios datos. La empresa ha llevado a cabo muchos cambios pequeños en semanas recientes, desde hacer que las configuraciones de privacidad sean más claras hasta prometer una auditoría a las aplicaciones sospechosas. No obstante, debería ir mucho más allá.
Una investigación interna acerca de cómo han estado usando los datos de los usuarios de Facebook las aplicaciones de terceros no es suficiente para restaurar la confianza: se debería pedir a una firma externa que lleve a cabo un análisis independiente de la propia conducta de Facebook. Eso ayudaría a abordar preguntas que siguen sin respuesta; Cambridge Analytica podría ser solo una de muchas organizaciones que tal vez hayan obtenido datos de los usuarios, por ejemplo. La designación de un presidente independiente sería otra manera de mejorar la calidad del debate y el escrutinio dentro de Facebook. Junto con otras firmas tecnológicas, debe nombrar un ombudsman de la industria cuyas actividades incluyan hacer que sea más fácil para los investigadores independientes acceder a las plataformas.
Sin embargo, en vez de abrirse, el riesgo es que Facebook levante muros: su decisión de eliminar a corredores de datos externos de la plataforma tiene el efecto conveniente tanto de proteger los datos de los usuarios como de arraigar su poder como fuente de esos datos.
SE BUSCAN: LEGISLADORES BIEN INFORMADOS
Aunque Facebook hiciera todo esto, aún habría necesidad de tener regulación para proteger datos en Estados Unidos. Zuckerberg tiene la mayoría de los derechos de voto en la empresa: un presidente independiente no evitaría que tuviera el control final. El modelo de negocio basado en publicidad de la empresa es un fuerte incentivo para convertir los datos personales de los usuarios en blancos para los anuncios. Facebook no ha dicho nada acerca de permitir a la gente que decida no ser rastreada en toda la web. Es inherentemente difícil para los usuarios de servicios en línea tomar decisiones informadas acerca de cómo deben almacenarse sus datos. En cualquier caso, estos problemas abarcan a más firmas, no solo a Facebook.
Eso nos lleva a la otra preocupación que plantearon las audiencias de esta semana: la capacidad de los creadores de políticas de idear buena legislación. Mientras Zuckerberg fue competente, sus inquisidores a menudo mostraron tener poco conocimiento del asunto. Uno al parecer no sabía que la empresa generaba ganancias con publicidad; otro estaba más interesado en hacer que Facebook instaurara el cable de fibra óptica en su estado. Con el fin de ser de utilidad para los usuarios, la economía de datos requiere políticas bien pensadas y un cambio profundo en la manera en que se dirigen las firmas de tecnología. Según la evidencia de esta semana, ninguna de estas opciones parece probable.

