AlphaGenome, nueva herramienta de IA para entender el genoma humano
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AlphaGenome, la herramienta de inteligencia artificial (IA) de Google hecha pública el miércoles, da un paso más en la comprensión del genoma al analizar cómo determinadas porciones del ADN regulan la actividad de los genes en la célula. El decodificación del conjunto del genoma humano en 2003 “nos dio el libro de la vida, pero leerlo sigue siendo un desafío”, destacó Pushmeet Kohli, vicepresidente de investigación de Google DeepMind, con motivo de la presentación de AlphaGenome en la revista Nature.
“Tenemos el texto” —la sucesión de 3.000 millones de pares de nucleótidos A, T, C y G que componen el ADN—, pero “comprender la gramática y la manera en que ésta gobierna la vida constituye la próxima gran frontera de la investigación”, subrayó ante la prensa. Solo 2 % de las secuencias de ADN “codifican” directamente proteínas, indispensables para el funcionamiento de los organismos vivos.
El 98 % restante desempeña un papel de “director de orquesta”: coordina, protege y regula la expresión de la información genética en cada una de nuestras células. Estas secuencias, llamadas “no codificantes”, contienen numerosas variantes asociadas a enfermedades. Es justamente ésto lo que AlphaGenome estudia, complementando otros modelos desarrollados por el laboratorio de IA de Google: AlphaMissense (análisis de las secuencias codificantes del ADN), AlphaProteo (diseño de proteínas) y AlphaFold (predicción de la estructura de proteínas, que obtuvo el premio Nobel de Química en 2024).
El modelo de aprendizaje profundo (en el que una red neuronal aprende a reconocer automáticamente patrones complejos) fue entrenado con datos procedentes de grandes consorcios públicos, que midieron experimentalmente estas propiedades en cientos de tipos de células y tejidos en humanos y ratones. Es capaz de analizar una larga secuencia de ADN y “predecir” la influencia de cada par de nucleótidos en distintos procesos biológicos de la célula.
Fundamental pero no perfecto
Ya existían otros modelos, pero debían adoptar un compromiso entre la longitud de las secuencias analizadas y la precisión de la resolución.
Una secuencia larga —de hasta un millón de pares de nucleótidos— es “necesaria para comprender el entorno regulador completo de un único gen”, explica Ziga Avsec, uno de los coautores del proyecto.
La precisión de la resolución permite estudiar el efecto de variantes genéticas comparando las predicciones de secuencias mutadas con las de secuencias no mutadas.
Otro avance es que AlphaGenome modela simultáneamente la influencia de la secuencia sobre once procesos biológicos, mientras que hasta ahora los científicos debían utilizar varios modelos.
Esta herramienta “puede acelerar nuestra comprensión del genoma ayudando a cartografiar la ubicación de los elementos funcionales y a determinar sus roles a nivel molecular”, estima Natasha Latysheva, también coautora.
“Esperamos que los investigadores lo enriquezcan con más datos y modalidades”, señala Kohli sobre el modelo, que ya fue probado por 3.000 científicos de 160 países y que ahora está disponible en código abierto para la investigación no comercial.
“Identificar con precisión las diferencias en nuestros genomas que nos hacen más o menos susceptibles a desarrollar miles de enfermedades es un paso clave hacia mejores tratamientos”, observa Ben Lehner, responsable de genómica generativa y sintética en el Wellcome Sanger Institute, de Cambridge.
El investigador, que no participó en el proyecto, pero probó el modelo, lo considera “muy eficaz”, aunque todavía “lejos de ser perfecto”.
“Los modelos de IA son tan buenos como los datos utilizados para entrenarlos”, y la mayoría de los conjuntos de datos existentes “son demasiado pequeños y no están suficientemente estandarizados”, explica en una reacción al organismo británico Science Media Center (SMC).
AlphaGenome no es una “solución milagrosa para todas las cuestiones biológicas”, ya que la expresión de los genes “es influida por factores ambientales complejos, pero constituye una herramienta fundamental”, coincide Robert Goldstone, responsable de genómica en el Francis Crick Institute, citado en el mismo texto. Según él, esta nueva herramienta permitirá a los científicos “estudiar y simular de manera programática las bases genéticas de las enfermedades complejas”.
La IA se encarece y las empresas ajustan su uso, tras boom inicial
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La inteligencia artificial (IA) se encarece cada vez más, y las empresas empiezan a replantearse su entusiasmo por esta tecnología disruptiva. Tras la irrupción del ChatGPT, las empresas del sector adoptaron una estrategia habitual en Silicon Valley: cobrar precios muy bajos para enganchar a los clientes. Kevin Simback, de la incubadora de start-ups Delphi Labs, lo llama la era de la “inteligencia subvencionada”, una etapa en que los inversionistas asumían básicamente el costo para que las empresas pudieran ofrecer IA a precios reducidos.
“Pero eso está cambiando”, advirtió Simback. Ha comenzado una era en la que las grandes empresas de IA necesitan realmente ser rentables. De hecho, compañías líderes como OpenAI y Anthropic buscan salir a bolsa a finales de este año. Los precios están subiendo en todos los segmentos, y uno de los grandes motivos son los agentes de IA.
A diferencia de un chatbot que solo responde preguntas, los agentes realizan tareas específicas: reservan citas, escriben código o gestionan archivos. Y son caros de ejecutar, porque una única tarea puede activar a decenas de agentes que trabajan a la vez, y cada uno suma costos. Esos cargos se miden en “tokens”, la unidad básica que usan las empresas de IA para facturar a los clientes. Una sola tarea impulsada por agentes puede consumir decenas de veces más tokens que un simple mensaje de chat.
Mientras tanto, los chips informáticos y los centros de datos necesarios para respaldar toda esta IA no dan abasto con la demanda, lo que provoca escasez de capacidad de cómputo y añade aún más incertidumbre a un sector incipiente. “El costo de uso de la IA para la programación ha aumentado de forma exponencial”, señaló Mark Barton, de la consultora tecnológica Omniux.
Ante este nuevo paradigma, algunos cuestionan el despliegue a mansalva de la IA.
“En algunos casos, se está viendo que el coste de los tokens supera el coste del empleado en uno o dos meses, simplemente porque la usan demasiado”, señaló Jack Gold, analista de J.Gold Associates.
Un gasto más inteligente
Incluso Meta —que a principios de este año animaba a los empleados a usar tantos tokens como fuera posible como medida de productividad— ha revisado su postura.
“Nadie debería usar herramientas de IA solo por el hecho de usarlas”, escribió el director de tecnología, Andrew Bosworth, en un memorando al personal citado por The Wall Street Journal.
El director de operaciones de Uber fue más allá esta semana y dijo que todo este gasto en IA no muestra ningún aumento apreciable de productividad.
Para recortar costos, algunas empresas optan por modelos de IA gratuitos y de código abierto que cualquiera puede descargar. No son tan potentes como el ChatGPt de OpenAI o el Claude de Anthropic, pero son suficientes para muchas tareas.
Otras eligen modelos más pequeños y especializados (los SLM, Small Language Models), diseñados para sectores concretos como el inmobiliario o las finanzas, en lugar de los grandes modelos de propósito general (los LLM, Large Language Models), base del ChatGPT, Claude o Gemini.
La diferencia de precio puede ser abismal.
“El gran modelo monolítico cuesta 15 dólares por millón de tokens, pero uno puede reducirlo a unos cinco centavos si usa el modelo más pequeño”, explicó Adrian Balfour, de la consultora Enverso.
Todo apunta a que la IA tenderá a convertirse en un insumo básico, donde el modelo específico pesará menos que su costo y su adecuación a cada uso. Pero no conviene descartar todavía a los modelos de última generación de los grandes actores. “Los usuarios más avanzados” siempre estarán dispuestos a pagar por lo mejor, aseguró John Belton, de Gabelli Funds. “La tarta es cada vez más grande”, agregó.
El pasado 25 de mayo, el papa León XIV firmó su primera carta encíclica, “Magnifica humanitas”, enfocada en la necesidad de “la protección
de la persona humana frente a la inteligencia artificial”
León XIV. “Magnifica humanitas”. IA y la continuidad jurídica del Estado Vaticano
Ricardo Rivas
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Ricardo Rivas
Periodista
X: @RtrivasRivas
Fotos: AFP
Desde una perspectiva sociocultural y sensorial me animo a sentenciar que la digitalidad es envolvente e inmersiva. Y lo es tanto que mucha de esa virtualidad (algunas veces aumentada) la percibimos como auténtica.
“La IA (inteligencia artificial) es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta con regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora”. Es palabra del papa León XIV (70). Claro, preciso y un indicio vehemente de que aborda reflexivamente ese tipo de sistemas desde largo tiempo. Seguramente, también opera algunos de ellos. Parece saber (y asumir) que –como una suerte de deidad impura y disruptiva– la IA avanza con posibilidades ciertas de estar en todas partes, en todo tiempo y en todo lugar o, más grave aún, de percibirla omnipresente.
“Es demasiado tarde para lágrimas”, podría decir que se planteó León parafraseando al escritor y poeta argentino Alejandro Dolina ante la inevitabilidad de la IA que, en verdad, no es una sola. No. Hay muchas inteligencias artificiales y, con algunas de ellas, interactuamos incluso inadvertidamente cuando transitamos los ecosistemas digitales que supimos (aunque no siempre quisimos) conseguir. Como millones soy un adoptivo digital más que convive con apenas dos generaciones –hasta el momento– de nativos y criados en la digitalidad, por decirlo de alguna manera.
Desde una perspectiva sociocultural y sensorial me animo a sentenciar que la digitalidad es envolvente e inmersiva. Y lo es tanto que mucha de esa virtualidad (algunas veces aumentada) la percibimos como auténtica. A tal extremo que alguno o alguna de quienes habitamos esas virtualidades podríamos creer que estamos de vuelta de todo sin haber ido a ninguna parte.
DILEMÁTICO
¿Qué es real? ¿Qué es virtual? ¿Qué es lo que es o… lo que creemos que es y no lo es, aunque sí lo es porque es parte activa de una suerte de neosocialización que pareciera socializar sin ser social porque hasta hoy pareciera que tiende a la individuación y, por qué no decirlo, a la fragmentación, a la desigualdad, a la inequidad… porque poco más de tres mil millones de personas en la tan maltratada aldea global no puede acceder a la internet (a la red de redes) por múltiples imposibilidades? Sobre eso reflexiona León y por ello propone “afrontarla” no solo para “regularla”, sino para comprenderla, “desarmarla y hacerla acogedora”. No será fácil. ¿Hay algún desafío que lo sea?
Sobre el mediodía del pasado lunes 25, en Roma, en el Aula del Sínodo de la Ciudad del Vaticano, el pontífice (en latín “pontifex”, el hacedor de puentes) rubricó públicamente y dio a conocer su primera carta encíclica a la que llamó “Magnifica humanitas”, con la que hace foco sobre “la protección de la persona humana frente a la inteligencia artificial”.
La reflexión papal, volcada en ese texto, hay quienes la inscriben dentro del marco de otra encíclica, “Rerum novarum”, que el 15 de mayo de 1891 el papa León XIII (1810-1903) dio a conocer frente al inicio de la que históricamente conocemos como Segunda Revolución Industrial.
A la hora de presentar “Magnifica humanitas”, el secretario de Estado Vaticano, cardenal Pietro Parolin, precisó que el texto no hace foco sobre la IA, sino que aborda lo que esos sistemas tecnológicos significan para la humanidad “en una época marcada por transformaciones rápidas, profundas y responsables”.
Por su parte, el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, cardenal Víctor Manuel Fernández, destacó que el pontífice categoriza como “magnífica” a la humanidad pese a la capacidad que evidencia tener para hacer el mal frente a cada ser humano que posee una dignidad infinita y sublime capacidad para amar.
La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos enfrentar. Por eso, no basta con regularla, es necesario desarmarla y hasta hacerla acogedora”, sostiene León XIV
PREOCUPACIÓN
A su tiempo, el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Humano Integral, destacó –como preocupación– que si bien la IA “es un gran logro humano (…), su rápido avance supera la capacidad de asimilación social” porque tiene impacto en nuestra “casa común”.
Pero más allá de los decires de los relatores mencionados, la encíclica de León XIV es de alto contenido ético y social porque a pesar de las inequidades y desigualdades crecientes; a la emergencia de múltiples violencias; a la desprotección del medioambiente y al aceleramiento de la deshumanización que percibe el líder de la Iglesia de Roma, aboga por el respeto de la dignidad humana, que es “infinita” y a pesar de ello se encuentra amenazada porque la humanidad transita “una crisis antropológica” que subordina a la persona a los diseños económicos que priorizan la productividad con el propósito de optimizar la rentabilidad, lo que “produce soledad, desigualdad y violencia estructural” a la vez que exclusión y “descarte”.
Tengo claro –muy claro– que son muchos los domingos en los que en estas dos páginas de La Nación abordamos como tema –como objeto noticiable– las inteligencias artificiales y sus eventuales consecuencias para la humanidad. Y, desde ese lugar, ha llegado la hora de preguntar, de preguntarme y de preguntarles si acaso sabemos, creemos saber o imaginamos… ¿qué es la IA?
Uno de los “padres de las IA” dice que son sistemas que “se cultivan sobre una estructura modelada a partir del cerebro, alimentados por una enorme herencia de pensamiento y lenguaje humano”. En ese contexto, es mucho más complejo de entender la IA para la humanidad que cualquier otro desarrollo tecnológico. Preocupan, además, los que podrían ser sus efectos sociales colaterales o… tal vez, no deseados, para llamarlos de alguna manera (quizás inexacta, pero) posiblemente comprensible para todos y todas.
Pero… ¿es necesario que el papa León XIV y su antecesor Francisco (1936-2025), líderes religiosos de las y los católicos, se preocupen (y ocupen) por las inteligencias artificiales? ¿Es un tema doctrinario… de fe?, algunas y algunos plantean con mirada crítica.
INCENTIVOS Y RESTRICCIONES
Tomo posición y respondo. Claramente sí porque, según un relevante operador en ese ecosistema tecnológico, “todos los laboratorios de inteligencia artificial de vanguardia operan dentro de un conjunto de incentivos y restricciones que a veces pueden entrar en conflicto con hacer lo correcto. (Porque) para mantenerse comercialmente viables, (por) permanecer en la vanguardia de la investigación, (por) la presión geopolítica, (por) el orgullo y la ambición, (…) por más sinceramente que cualquiera de nosotros intente hacer lo correcto, siempre estaremos influenciados por esos incentivos”.
El papa Francisco (1936-2025), en Apulia, Italia, el 14 de junio de 2024, ante el G7, hasta donde llegó invitado por la primera ministra italiana Giorgia Meloni, sostuvo que “la Sagrada Escritura atestigua que Dios ha dado a los hombres su Espíritu para que tengan ‘habilidad, talento y experiencia en la ejecución de toda clase de trabajos’”. Las y los desarrolladores y financistas más influyentes de la aldea global lo escucharon con atención.
“La ciencia y la tecnología son, por lo tanto, producto extraordinario del potencial creativo que poseemos los seres humanos”, agregó y, desde su creencia, impetró: “La inteligencia artificial se origina precisamente a partir del uso de este potencial creativo que Dios nos ha dado”.
Prosiguió. La IA, “como sabemos, es un instrumento extremadamente poderoso, que se emplea en numerosas áreas de la actividad humana: desde la medicina al mundo laboral, desde la cultura al ámbito de la comunicación, desde la educación a la política. Y (justamente por ello) es lícito suponer, entonces, que su uso influirá cada vez más en nuestro modo de vivir, en nuestras relaciones sociales y en el futuro, incluso en la manera en que concebimos nuestra identidad como seres humanos”.
Con precisa narrativa añadió: “El tema de la inteligencia artificial, sin embargo, a menudo es percibido de modo ambivalente: por una parte, entusiasma por las posibilidades que ofrece; por otra, provoca temor ante las consecuencias que podrían llegar a producirse (dado que) estamos atravesados por dos emociones: somos entusiastas cuando imaginamos los progresos que se pueden derivar de la inteligencia artificial, pero, al mismo tiempo, nos da miedo cuando constatamos los peligros inherentes a su uso (porque) ciertamente, la llegada de la inteligencia artificial representa una auténtica revolución cognitivo-industrial, que contribuirá a la creación de un nuevo sistema social caracterizado por complejas transformaciones de época (que) podría permitir una democratización del acceso al saber, el progreso exponencial de la investigación científica, la posibilidad de delegar a las máquinas los trabajos desgastantes; pero, al mismo tiempo (y en tono de advertencia preocupante, sostuvo que) podría traer consigo una mayor inequidad entre naciones avanzadas y naciones en vías de desarrollo, entre clases sociales dominantes y clases sociales oprimidas, poniendo así en peligro la posibilidad de una ‘cultura del encuentro’ y favoreciendo una ‘cultura del descarte’”.
Luego, el papa Francisco exhortó a “una reflexión a la altura de la situación”. En ese contexto ubico a “Magnifica humanitas”.
APRENDIZAJE AUTOMÁTICO
IA… ¿qué son estos sistemas? Son el resultado de las investigaciones que se desarrollan “del aprendizaje automático (ML)” que es “un campo de estudio de la inteligencia artificial que se ocupa del desarrollo de algoritmos estadísticos capaces de aprender de los datos y generalizar (nuevos) datos desconocidos para realizar tareas sin necesidad de programación explícita, explican coincidentes publicaciones especializadas en tecnología”.
Christopher Olah (33), canadiense, en 2025 fue incorporado al ranking de archimillonarios que publica la revista Forbes. Por entonces –si se quiere unos pocos meses atrás– su fortuna alcanzaba a los 1.200 millones de dólares. El 10 de marzo pasado la misma publicación reportó a Christofer en el puesto 567 entre las personas más ricas del mundo, con un “patrimonio neto en tiempo real” de 7.000 millones de dólares.
Forbes consigna además que “es cofundador y director de investigación sobre interpretabilidad en Anthropic, empresa que desarrolla sistemas de inteligencia artificial a gran escala”. Detalla también que “en 2021, cofundó Anthropic junto con otros seis exempleados de OpenAI” (otra firma del sector) y que “los inversores privados valoraron (a la nueva empresa) en 380.000 millones de dólares”.
Corría febrero pasado cuando el editor de esa biografía corta de Olah puntualiza que Anthropic “tiene acuerdos de colaboración con Alphabet, la empresa matriz de Google, y con Amazon”. Pero, antes de ello, en OpenAI, este joven ganó experiencia cuando se “desempeñó un cargo similar” y “fue investigador en Google Brain”. Precisa luego que Christopher Olah “no fue a la universidad”. ¿En qué trabaja profesionalmente? Investiga el aprendizaje automático (ML).
“Hoy los padres están preocupados por la mente de sus hijos; las personas por el futuro de su trabajo. Estas no son preguntas que un laboratorio pueda responder”, dice Christopher Olah, uno de los padres de la IA, en el Vaticano
REDES NEURONALES
¿Qué es la interpretabilidad de las redes neuronales (NN)? “Es un modelo computacional inspirado en la estructura y las funciones de las redes neuronales biológicas” (como las que tiene cualquier humana y/o humano) y, dentro de ese desarrollo, procurar “la interpretabilidad mecanicista” con la que se apunta a “comprender el funcionamiento interno de las NN”.
Christopher Olah, el pasado lunes 25, estaba junto a León XIV y, junto al él (y con él) justificó su presencia desde una perspectiva ética a la que definió como “nuestro deber hacia los pobres del mundo” para luego detallar tres de sus preocupaciones porque “existe una posibilidad real de que la inteligencia artificial desplace el trabajo humano a una escala enorme”.
Pausadamente, prosigue, “si eso ocurre, apoyar a quienes resulten desplazados será un imperativo moral de proporciones históricas”. Advierte luego que “esta tarea será bastante difícil”, pero va más allá para hacer público que lo “preocupa que gran parte del diálogo actual ignore un desafío aún mayor (como lo es que) el desarrollo de la inteligencia artificial está concentrado en un pequeño número de naciones ricas”.
Así las cosas, Olah lanza un interrogante que inquieta: “¿Cómo podemos garantizar que los beneficios de la inteligencia artificial se compartan globalmente?” y, sin dilación, responde: “No tenemos un mecanismo para ello. Es un problema sin resolver y es precisamente el tipo de problema que históricamente la Iglesia se ha negado a permitir que el mundo ignore”.
INTERPELACIÓN
Con serenidad prosigue para hacer pública “la necesidad de imaginación y ambición moral respecto a (lo que él llama) florecimiento humano”. Desde ese lugar, entonces, uno de los “padres de la IA” reflexiona e interpela a la aldea global en alta voz.
“Si los modelos de inteligencia artificial van a estar ampliamente presentes (en la cotidianidad), ¿cómo será una vida floreciente para las personas, las familias y el mundo? Hoy, los padres ya están preocupados por la mente de sus hijos; las personas, por el futuro de su trabajo. (Y) Estas no son preguntas que un laboratorio pueda responder”, advierte. “Son preguntas que tradiciones como la suya (dice mirando al papa León) han sostenido durante milenios, y necesitamos que sigan sosteniéndolas en este nuevo momento de la historia”.
Sin resuello Christopher Olah sostiene que “la tercera necesidad” ante las IA es la de “discernimiento sobre la naturaleza misma de los modelos de inteligencia artificial”. Con perfume de autocrítica el joven expresa lo que interpreto como sus temores.
“Soy científico”, precisa. “Dirijo un equipo de investigación que estudia la estructura interna de estos modelos, lo que realmente sucede dentro de ellos. Y (en tono confesional revela) seré honesto: seguimos encontrando (en nuestro trabajo) cosas misteriosas, incluso inquietantes. (Porque) Encontramos estructuras que reflejan resultados de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. Encontramos estados internos que funcionalmente reflejan alegría, satisfacción, miedo, dolor e inquietud. (Y) No sé qué significa eso, pero creo que merece un discernimiento continuo”.
Sinceridad conmovedora. León XIV, el pontífice en su rol de jefe de Estado, como en 1891 León XIII frente a la Segunda Revolución Industrial y, tal vez, Eugenio IV frente a la irrupción de la imprenta de tipos móviles de Johannes Gutenberg en la ciudad de Maguncia, del Sacro Imperio Romano Germánico, se ubicó junto con las y los vulnerables. Nada nuevo. Simplemente, renueva el principio de continuidad jurídica de los Estados.
La súplica del alcalde de São Paulo genera asombro en Argentina
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La súplica del alcalde de São Paulo, Ricardo Nunes, para que empresas no vengan a Paraguay, sigue dando de qué hablar y en esta ocasión las manifestaciones retumbaron en Argentina, donde un conocido periodista se mostró asombrado y habló del pedido realizado a la gigante de internet, Google.
Un sorprendido Eduardo Feinmann se hizo eco de las declaraciones de la autoridad de la ciudad más rica de Brasil, a través del aire de la famosa Radio Mitre. El conductor, junto con su equipo, comentaron ampliamente lo expresado por el jefe de la urbe brasileña.
“Tenemos una ciudad de 12 millones de habitantes con este nivel de complejidad. Y todos aquí ya lo saben, pero es importante decir que Paraguay, desafortunadamente, muchas empresas de aquí se van para allá, una pérdida terrible para nosotros. Google no se va para allá, por Dios, ¡fabriquen aquí!”, fue la frase que sigue resonando y que fue mencionada en la inauguración del Centro de Ingeniería de la compañía de Mountain View en la capital paulista. En el sitio se encontraba el presidente de Google Brasil, Fabio Coelho.
Feinmann catologó lo mencionado como un “grito desesperado” por parte del alcalde de la ciudad más rica del Brasil, ante lo que se puede llamar el fenómeno de Paraguay como destino de inversiones del país vecino.
Pero eso no fue todo, considerando que recordó algunas de las ventajas que ofrece el país a las empresas que buscan afincarse. “¿Por qué ruega el alcalde de la ciudad más rica de Brasil? Porque 232 empresas brasileñas ya se fueron a Paraguay, porque las consultas de las empresas de São Paulo para mudarse a Paraguay subieron 50 %, porque en 2025, 23.500 brasileños pidieron residencia permanente en Paraguay, ¿ustedes se dan cuenta de lo que estamos hablando, no?”, destacó.
Posteriormente, enumeró algunas diferencias que juegan a favor de Paraguay, como el bajo costo de la energía y que impuestos gravan el 10 %, mientras que en Brasil rondan el 30 %, en algunos casos. “Empresarios, profesionales y jubilados, todos buscando lo mismo: menos impuestos, menos burocracia, más libertad. Por eso se están yendo de Brasil a Paraguay y un intendente, un alcalde, está pidiendo por favor no te vayas a Paraguay, es increíble ¿no?”, expresó Feinmann asombrado.
Un integrante del programa acotó que el costo del metro cuadrado de vivienda en Asunción está casi al mismo precio que Buenos Aires. “La construcción en Paraguay está volando”, resaltó.
La marca Lupo se encuentra operando actualmente en Paraguay. Foto: Archivo
Marcas de Brasil
La situación es real y se está sintiendo en el país vecino. Marcas como Lupo, Döhler y otras están invirtiendo decididamente en Paraguay para operar desde el territorio nacional y expandirse en la región. El Régimen de Maquila es un poderoso imán que atrae a las compañía, ya que les permite emprender a nivel local y exportar con beneficios.
Anthropic alcanza una valorización de USD 965.000 millones
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La empresa de inteligencia artificial Anthropic informó el jueves que recaudó 65.000 millones de dólares en una nueva ronda de financiación que valora al creador de Claude en 965.000 millones de dólares, superando por primera vez a su rival OpenAI antes de una esperada salida a bolsa. La compañía de San Francisco, fundada por extrabajadores de OpenAI, triplicó prácticamente en tres meses su valoración (380.000 millones en febrero), tras el cierre de una nueva ronda de financiación récord liderada por los fondos de inversión Altimeter Capital, Dragoneer, Greenoaks y Sequoia Capital.
"Estos fondos nos ayudarán a atender la demanda histórica que estamos experimentando, mantenernos a la vanguardia de la investigación y llevar Claude a más lugares de trabajo", declaró Krishna Rao, director financiero de Anthropic. La ronda también incluye 15.000 millones de dólares de compromisos ya anunciados por parte de gigantes de la computación en la nube, entre ellos 5.000 millones de Amazon.
La start-up afirma que su facturación anualizada (una extrapolación a 12 meses de los ingresos recientes) ha superado el umbral de 47.000 millones de dólares, frente a 14.000 millones cuando realizó su ronda de financiación en febrero. Este salto ilustra la adopción acelerada de sus herramientas profesionales, entre las que destaca Claude Code, su asistente de programación para desarrolladores.
El auge de Anthropic se basa en una apuesta: entregar la IA generativa prioritariamente a las empresas. OpenAI, por su parte, había apostado primero por el mercado de consumo, ampliamente dominado por su modelo ChatGPT y por las herramientas Gemini de Google. Este éxito, no obstante, ha ido acompañado de grandes dificultades para Anthropic a la hora de atender la demanda de capacidad de cálculo, por falta de suficientes chips y servidores.
Para hacer frente a la explosión de esta demanda, Anthropic firmó recientemente acuerdos por varios gigavatios de capacidad con Amazon, Google y Broadcom, así como una asociación con SpaceX, el grupo de Elon Musk.
Valorada ahora por encima de su principal rival OpenAI, cuyo último tramo de financiación en marzo la situó en 852.000 millones de valoración, se espera que Anthropic salga a bolsa de aquí a finales de año, según los analistas y los mercados financieros. Por su parte, OpenAI se dispone a presentar su documentación previa a su salida a bolsa, según varios medios, mientras que SpaceX publicó su expediente la semana pasada, en camino hacia un posible récord de una salida a los mercados.