- San Francisco, Estados Unidos. AFP.
Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, anunció el miércoles pasado que el asistente de inteligencia artificial Meta AI ya cuenta con mil millones de usuarios que acceden al menos una vez al mes. Zuckerberg había hecho un anuncio similar en abril y destacó nuevamente el hito el miércoles durante la reunión anual de accionistas de Meta, luego de que sus competidores mostraran sus cifras en días recientes.
La compañía integró Meta AI en sus servicios con la esperanza de que se convierta en el asistente de IA más utilizado del mundo. Para diciembre de 2024, 3.350 millones de personas en todo el mundo se conectaron a diario al menos a alguna plataforma de Meta. En WhatsApp e Instagram, el asistente de IA es de fácil acceso y aparece sin necesidad salir de las aplicaciones.
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Google, que encabeza la lista de competidores de Meta, implementó “IA Overviews”, una herramienta que responde a búsquedas con texto generado con IA. Ese servicio “cuenta con más de 1.500 millones de usuarios”, dijo la semana pasada Sundar Pichai, CEO de Google.
“Google está llevando la IA generativa a más personas que cualquier otro producto en el mundo”, enfatizó. Dado el éxito de ChatGPT, el asistente de IA lanzado por OpenAI a finales de 2022, los gigantes tecnológicos han invertido decenas de miles de millones de dólares para crear herramientas que le compitan.
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Meta y YouTube pierden juicio
Ambos gigantes fueron declarados responsables en juicio por adicción a redes sociales en EE. UU.
- AFP
Un jurado de Los Ángeles declaró ayer miércoles a Meta y YouTube responsables de haber perjudicado a una joven mediante el diseño adictivo de sus plataformas de redes sociales, y ordenó a las empresas pagar 6 millones de dólares en concepto de daños, incluidos 3 millones de dólares en daños punitivos.
El veredicto otorga a los demandantes en más de un millar de casos similares pendientes una ventaja considerable y envía a la industria tecnológica la señal de que los jurados están dispuestos a responsabilizar a las empresas de redes sociales por el impacto de sus decisiones de diseño en la salud mental de sus usuarios.
El panel otorgó 3 millones de dólares en daños compensatorios, asignando a Meta el 70 % de la responsabilidad por el perjuicio sufrido por la demandante –lo que supone una parte de 2,1 millones de dólares– y a YouTube el 30 % restante, es decir, 900.000 dólares.
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Justicia de EE. UU. declara responsables a Meta y YouTube por adicción a redes sociales
Un jurado de Los Ángeles declaró el miércoles a Meta y YouTube responsables de haber perjudicado a una joven mediante el diseño adictivo de sus plataformas de redes sociales, y ordenó a las empresas pagar 3 millones de dólares en daños.
La decisión abre la puerta a posibles indemnizaciones mucho mayores.
El jurado respondió afirmativamente a las siete preguntas que se le plantearon sobre ambas compañías, y concluyó que Meta y YouTube fueron negligentes en el diseño y funcionamiento de sus plataformas y que esa negligencia fue un factor central en el daño causado a la demandante.
Los jurados también determinaron que ambas empresas sabían o deberían haber sabido que sus servicios representaban un peligro para los menores, que no advirtieron adecuadamente a los usuarios de ese peligro y que un operador razonable de una plataforma sí lo habría hecho.
“La hora de rendir cuentas ha llegado”, dijeron los abogados de la demandante en un comunicado.
Un portavoz de Meta señaló que la empresa “respetuosamente discrepa” con el veredicto.
El panel atribuyó a Meta el 70 % de la responsabilidad por el daño sufrido por la demandante -una parte de 2,1 millones de dólares de la indemnización compensatoria- y a YouTube el 30 % restante, es decir, 900.000 dólares.
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“Tres millones de dólares es un tirón de orejas para empresas como Meta y YouTube, que son dos de los mayores vendedores de publicidad del mundo”, dijo Jasmine Engberg, de Scalable, que hace un seguimiento de la industria de las redes sociales.
“Pero si estas empresas se ven obligadas a rediseñar sus productos, eso supone una amenaza existencial para sus modelos de negocio”, enfatizó.
El jurado determinó que ambas compañías actuaron con malicia, conducta abusiva o fraude, una conclusión que abona el terreno para una fase separada de daños punitivos.
Legalmente responsables
La demandante, identificada en los documentos judiciales por sus iniciales K.G.M. y presentada solo como Kaley en el juicio, es la figura central de un caso modelo que podría determinar si las empresas de redes sociales pueden ser consideradas legalmente responsables de perjudicar la salud mental de los menores.
Kaley comenzó a usar YouTube a los seis años, descargando la aplicación en su iPod Touch para ver videos sobre brillo labial y un juego infantil en línea.
Se unió a Instagram a los nueve, burlando un bloqueo que su madre había implementado para mantenerla fuera de la plataforma.
Declaró ante el jurado que su uso casi constante de las redes sociales “realmente afectó (su) autoestima”, y afirmó que las aplicaciones la llevaron a abandonar aficiones, tener dificultades para hacer amigos y compararse constantemente con los demás.
En los alegatos finales, el abogado de la demandante, Mark Lanier, presentó el caso como una historia de codicia corporativa.
Sostuvo que funciones como el desplazamiento infinito (scrolling), la reproducción automática de videos, las notificaciones y los contadores de “me gusta” fueron diseñados para fomentar un uso compulsivo entre los jóvenes.
Meta y YouTube sostuvieron en todo momento que los problemas de salud mental de Kaley no tenían nada que ver con sus plataformas.
El abogado de Meta, Paul Schmidt, destacó la conflictiva relación de Kaley con su madre y puso a los jurados una grabación en la que aparentemente se escucha a la madre gritarle e insultarla.
YouTube cuestionó cuánto tiempo pasaba realmente Kaley en su plataforma; su abogado dijo al tribunal que los registros de uso mostraban que ella promediaba poco más de un minuto al día en las mismas funciones que sus abogados calificaron de adictivas.
El jurado rechazó los argumentos de la defensa en las siete preguntas de cada formulario de veredicto que les fue entregado.
Un jurado diferente de Nuevo México determinó el martes que Meta era responsable de poner en peligro a los niños al hacerlos vulnerables a depredadores en sus plataformas, y a otros riesgos.
La fiscalía había solicitado la indemnización máxima de 2.200 millones de dólares, pero el jurado otorgó una cantidad menor, de 375 millones de dólares.
Fuente: AFP
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Desde el Viceministerio de Industria trabajan en fortalecer el mercado de la inteligencia artificial
El potencial energético con el que cuenta Paraguay es uno de sus principales atractivos a la hora de ser analizado por los inversionistas como un destino para sus empresas, pero también exige pensar a futuro y no solo ver lo que se puede generar a partir de este recurso, sino cómo aprovecharlo de mejor manera.
En conversación con el programa “Así son las cosas”, emitido por GEN y Universo 970 AM, el viceministro de Industria, Javier Viveros, destacó que es un camino aún largo el que debe recorrer Paraguay en materia de atracción de empresas que no solo se dediquen a rubros que necesitan energía, sino que a su vez las mismas generen esa energía necesaria.
“Tenemos un potencial energético y podemos ir reemplazando la criptominería por la inteligencia artificial”, comentó Viveros, al tiempo de explicar que es clave generar políticas públicas robustas que respalden estas inversiones y que a su vez generen mejores condiciones competitivas para el país con la generación de nuevas fuentes energéticas.
Remarcó que no será fácil lograr atraer 4.000 millones de dólares en inversiones a un país que aún no trabaja en el área de la inteligencia artificial y, por sobre todo, con una estructura de negocio a nivel nacional que aún no explora estas posibilidades, pero reconoció que se dan fuertes pasos para dejar un camino trazado con reglas de juego claras.
“Esto no debe ser una industria extractiva de recursos de Paraguay; esto tiene que ser una industria que venga para generar más oportunidades para nuestra ciudadanía y para dejar capacidad instalada en Paraguay”, finalizó el viceministro.
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Humanidad vs. tecnología
DESDE MI MUNDO
- Por Carlos Mariano Nin
- marianonin@gmail.com
A veces me paro a mirar cómo miramos cuando nadie nos ve. No lo que vemos, sino cómo nos detenemos, o no, frente a lo que pasa. Con qué prisa pasamos de largo. Con qué facilidad registramos el dolor como si fuera parte del paisaje cotidiano.
El otro día vi un accidente sobre Cacique Lambaré. Hubo un golpe seco, de esos que te dejan sin aire por algunos instantes. La escena quedó suspendida entre el ruido de los autos y los gritos.
Pero lo que más se me quedó fue otra cosa: la gente acercándose… no para ayudar, sino para filmar.
Celulares en alto. Pantallas encendidas. Manos firmes para grabar, pero no para socorrer. Y mientras tanto, alguien entre hierros retorcidos gritaba de dolor pidiendo auxilio. Alguien que necesitaba una mano más que una cámara.
Las imágenes comenzaron a circular. En minutos ya estaban en las redes. Se multiplicaron los comentarios, los “me gusta”, las reacciones, como si fuera que el dolor también pudiese medirse en clics.
Y ahí, en ese contraste, vi algo que venimos arrastrando sin darnos cuenta hace tiempo, más allá de que la tecnología llegó para acercarnos, nos aleja de la humanidad.
Hoy estamos más conectados que nunca. En Paraguay, como en gran parte del mundo, el celular ya no es un lujo: es una extensión de la vida cotidiana. Nos informa, nos comunica, nos acompaña.
Pero también, lentamente, nos va desplazando de lo esencial.
Así, mientras miramos a través de una pantalla, ya casi no nos miramos a los ojos. Mientras compartimos lo que pasa afuera, no registramos lo que pasa al lado nuestro. Mientras más acumulamos contactos, más crece una sensación silenciosa de soledad.
Es una paradoja incómoda. Una especie de progreso que, en el fondo, nos vuelve más solos.
No es que la tecnología sea el problema. Sería demasiado fácil decir eso y ni siquiera soy experto.
Pero creo que el problema es lo que hacemos con ella. O lo que dejamos de hacer mientras la usamos.
Hay algo profundamente humano que no se puede delegar. Ni automatizar. Ni subir a la nube. El gesto de acercarse. La decisión de quedarse. La simple acción de estar.
Y eso es lo que, poco a poco, parece estar perdiendo espacio.
Las máquinas pueden facilitarnos la vida. Pueden ordenarla, optimizarla, incluso anticiparla. Pero no pueden reemplazar lo que sentimos cuando algo nos toca de verdad.
Al final, entre tanta pantalla encendida y tanto contenido que se acumula sin pausa, lo que realmente importa sigue estando en otro lugar, quizás al lado nuestro.
En lo que vemos y hacemos cuando nadie nos está mirando. En lo que somos cuando no hay un botón de “compartir”. En lo que elegimos hacer cuando la vida, de golpe, nos pone frente a alguien que necesita algo más que un “me gusta”.
En ese momento, habría que dejar el celular.
Pero esa es otra historia.