Primera misión rusa a la luna en 50 años despegó con éxito
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Rusia lanzó el viernes su primera misión robótica a la Luna en casi 50 años con el objetivo de dar un nuevo impulso a su programa espacial que acumuló dificultades en los últimos años y que está aislado por el conflicto en Ucrania. El lanzamiento del módulo Luna-25 es la primera misión rusa a la Luna desde 1976, una era en la que la extinta Unión Soviética estaba en la vanguardia de la conquista del espacio.
Pero desde la caída de la URSS, Moscú se enfrenta a una serie de dificultades como la falta de financiamiento y los escándalos de corrupción. El cohete Soyuz que transporta esta sonda de casi 800 kilos despegó desde la base espacial de Vostochni, en el extremo oriente, a las 2:10 de Moscú (23:10 del jueves), según imágenes difundidas en directo por la agencia espacial Roscosmos.
La aeronave se elevó dejando atrás una espesa nube de humo y llamas que destacaba en el cielo grisáceo. Está previsto que el aparato llegue en cinco días a la órbita lunar, donde estará entre tres y siete días para escoger un buen lugar para el alunizaje en la zona del polo sur del satélite.
“Está previsto que la nave entre en órbita lunar (...) el 16 de agosto, con un alunizaje en la superficie del satélite natural de la Tierra previsto para el 21 de agosto al norte del cráter Boguslawsky”, el polo sur lunar, precisó Roscosmos en un comunicado.
“Por primera vez en la historia va a haber un alunizaje en el polo sur lunar. Hasta ahora, todo el mundo alunizaba en la zona ecuatorial”, afirmó Alexander Blojin, un alto cargo de Roscosmos, en una entrevista al diario oficial Rossíiskaya Gazeta. La agencia espacial rusa prevé una misión de un año con el objetivo de recoger muestras y analizar el suelo para llevar a cabo “investigaciones científicas a largo plazo”.
Este lanzamiento se produce en un contexto de aislamiento del programa ruso, ya que Roscosmos está vetado por las potencias occidentales. En sintonía con su estrategia diplomática, Rusia busca desarrollar la cooperación espacial con China. El analista independiente ruso Vitali Yegorov afirmó que esta misión es una prueba para el programa espacial de Moscú. “La pregunta más importante es: ¿Puede alunizar?”, planteó a AFP.
El presidente ruso, Vladimir Putin, prometió continuar con el programa espacial, pese a las sanciones, citando como ejemplo el momento en el que la URSS envió el primer hombre al espacio en 1961, en medio de las tensiones con Occidente. “Estamos guiados por la ambición de nuestros ancestros para seguir adelante, pese a las dificultades y los intentos para obstaculizarnos”, dijo el año pasado en una vista a Vostochni.
El director de Roscosmos, Yuri Borisov, reconoció en junio que la misión es “arriesgada”. “En el mundo, la posibilidad de éxito de ese tipo de misiones se calcula en un 70 %”, dijo en una reunión con Putin. El primer piso del lanzador Soyuz cayó a 28 km de la localidad de Shájtinski, en la región de Jabarovsk, anunció el gobernador regional, Mijail Degtiariov, en Telegram.
Las autoridades evacuaron a los habitantes una hora antes del lanzamiento, aunque pudieron regresar a sus casas unas horas después. La última misión soviética a la Luna en 1976, Luna-24, trajo a la Tierra muestras del suelo del satélite. El sector espacial es una fuente de orgullo en Rusia, ya que los soviéticos lanzaron el primer satélite en órbita, el Sputnik, lograron poner al primer animal en órbita con la misión de la perra Laika y después enviaron al primer hombre al espacio, el cosmonauta Yuri Gagarin.
Sin embargo, Estados Unidos se impuso en la carrera espacial cuando Neil Armstrong llegó a la Luna en 1969. El programa espacial ruso, que depende en gran medida de tecnologías soviéticas, tiene dificultades para innovar y sufre la falta de financiamiento, ya que Moscú prioriza el gasto militar.
Además, ha estado manchado por escándalos de corrupción y fracasos de lanzamientos, y tuvo que enfrentarse a una competencia cada vez mayor de Estados Unidos, China y de empresas privadas como SpaceX, del multimillonario Elon Musk.
Candidatos a concejales debatieron sobre el papel de la cultura en Asunción
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El Centro Cultural de la República “El Cabildo” marcó un hito al poner a la Cultura en el centro del debate político sobre el futuro de Asunción. Esta semana fue escenario del conversatorio con candidatos a la Junta Municipal capitalina bajo el lema: “Cultura en la Arena Política”, donde se analizó el papel de la cultura dentro de las políticas públicas y del desarrollo de la capital.
Desde el centro cultural señalaron que la propuesta surgió como un espacio plural, con reglas comunes, tiempos de intervención, réplicas y participación del público. Fueron invitados los candidatos Diego “Arki” Sotomayor de la Lista 1 del Partido Colorado, Carina Benítez Yegros, Lista 2 del Partido Liberal Radical Auténtico y Sebastián Garay, de la Lista 3 Unidos por Asunción, quienes expusieron y contrastaron sus planteamientos sobre distintos aspectos de la gestión cultural municipal.
Uno de los aspectos más destacados de la jornada fue el nivel de intercambio desarrollado entre los panelistas, quienes abordaron la cultura desde distintas perspectivas y llevaron la discusión más allá de la dimensión artística para situarla dentro de los grandes desafíos de la gestión de Asunción. Respondiendo a la premisa: ¿Qué lugar debe ocupar la cultura en la construcción de la ciudad?.
El intercambio permitió poner sobre la mesa ideas, propuestas y diferentes visiones respecto al presupuesto cultural, las políticas para los barrios, el patrimonio, los espacios públicos, las bibliotecas, las industrias creativas, los mecanismos de financiamiento, la gestión y la transparencia.
La diversidad de perspectivas enriqueció una conversación que pocas veces ocupa el centro de la agenda política, pero que atraviesa directamente la vida cotidiana de los ciudadanos.
Conversación necesaria
En la apertura, Maricruz Méndez Vall, en representación del director general del CCR El Cabildo, Aníbal Saucedo Rodas, destacó la importancia de generar instancias de diálogo sobre aquellos asuntos que trascienden la coyuntura y que inciden en la transformación cualitativa de las ciudades.
Señaló que habitualmente las discusiones públicas se concentran en “lo político, lo urgente, lo prioritario”, mientras otros aspectos vinculados con la construcción y transformación de las ciudades permanecen como una asignatura pendiente. En ese contexto, subrayó el papel de las universidades y las academias en la generación de estos espacios y la necesidad de mantener abierto el camino para el intercambio de ideas.
Cultura, barrios, patrimonio y gestión
El debate permitió profundizar una agenda amplia que incluyó presupuesto cultural, políticas para los barrios, patrimonio, espacios públicos, industrias creativas, gestión y transparencia, entre otros asuntos.
La discusión permitió instalar una mirada de la cultura como una dimensión transversal de la gestión municipal, vinculada con la planificación urbana, el acceso ciudadano, la recuperación y utilización de los espacios públicos, la identidad y las decisiones presupuestarias.
Desde esa perspectiva, el intercambio trasladó al ámbito municipal cuestiones que forman parte de la vida cotidiana de los habitantes y que requieren políticas públicas sostenidas.
Para el CCR El Cabildo, la realización de esta jornada reafirma el valor de sus espacios como ámbitos destinados no solo a la promoción y difusión cultural, sino también al encuentro ciudadano, al intercambio de ideas y a la reflexión sobre los desafíos que atraviesan a la sociedad.
Científicos chinos probaron células solares especialmente adaptadas para aprovechar la escasa luz que llega a varios metros bajo la superficie del mar. Foto: Pexels
Lo que faltaba: China convierte el fondo del mar en una nueva fuente de energía solar
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China viene acelerando sus avances científicos y tecnológicos en distintos frentes, desde el histórico aterrizaje en el lado oculto de la Luna hasta el desarrollo de un “Sol artificial”, además de sus progresos en inteligencia artificial. Ahora, sus investigaciones también se sumergen en el océano con un objetivo tan ambicioso como novedoso: generar electricidad desde el fondo del mar.
El avance fue informado este lunes por la agencia RT y corresponde a científicos de la Universidad de Yunnan, quienes probaron con éxito lo que presentan como la primera planta solar submarina del mundo en aguas del mar de China Meridional. Científicos chinos pusieron a prueba con éxito una planta solar submarina capaz de producir electricidad a profundidades de hasta 10 metros, un desarrollo que podría cambiar la forma de alimentar equipos que operan bajo el agua.
La tecnología utiliza células fabricadas con perovskita de haluro de plomo, un material que puede ser diseñado para aprovechar determinadas longitudes de onda de la luz. Esto resulta clave bajo el agua, donde la radiación solar pierde gran parte de su intensidad a medida que aumenta la profundidad.
El sistema consiguió generar electricidad a 2, 6 y 10 metros de profundidad y permitió cargar baterías y encender un LED durante las pruebas. Foto: X
El agua bloquea primero buena parte de la luz roja y del infrarrojo, que es aprovechada habitualmente por los paneles solares convencionales. A unos 10 metros, apenas queda cerca del 10 % de la luz y predomina una iluminación azul verdosa y mucho más débil.
Los investigadores adaptaron las células para aprovechar precisamente esa luz disponible. En pruebas de laboratorio, una pequeña celda logró convertir el 34,71 % de la luz submarina simulada en electricidad. Posteriormente, el equipo fue protegido con goma, vidrio y resina para resistir el agua salada y la presión.
La prueba en condiciones reales se realizó cerca de la isla Weizhou. Un robot llevó los dispositivos hasta profundidades de 2, 6 y 10 metros, donde consiguieron cargar baterías y encender un LED. La producción alcanzó 1.416 milivatios-hora a dos metros, 752 milivatios-hora a seis metros y 324 milivatios-hora a 10 metros.
El experimento apunta a una posibilidad que podría resultar clave para la exploración oceánica: alimentar de manera autónoma sensores, cámaras y robots submarinos, reduciendo la necesidad de recuperar periódicamente estos equipos para recargar sus baterías.
El nuevo cráter visible como una mancha blanca rodeada por un halo oscuro, situada ligeramente a la derecha del centro de la imagen y señalada con flechas negras. Foto: NASA/AFP
El cráter del siglo: la NASA descubre nueva formación en la Luna
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Un investigador de la NASA descubrió un masivo y recién formado cráter en la Luna, un hecho que solo sucede “una vez por siglo o incluso más”, según científicos. El cráter, denominado “McGetchin”, mide 222 metros de ancho, indicó la NASA en una publicación en su blog.
Se cree que se formó en la primavera de 2024 tras el impacto de un cometa o un asteroide contra la Luna. Los investigadores describen el objeto que lo provocó como del tamaño de un edificio de tres a seis pisos de altura. “Los científicos estiman que un impacto de esta magnitud ocurre en la Luna alrededor de una vez por siglo, o incluso más”, dijo la Nasa.
Aunque el cráter ha estado allí por años, no fue descubierto sino hasta que Robert Wagner, un investigador del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO, en inglés) de la NASA, lo notó durante un nuevo escaneo de la superficie lunar.
El cráter apareció como una “gran mancha brillante rodeada por un halo oscuro” en las imágenes de la sonda LRO, que estudia la Luna desde 2009. Un estudio publicado el miércoles en la revista científica Science Advances determinó que era el cráter nuevo más grande jamás descubierto en el sistema solar.
Aunque la Luna tiene numerosos cráteres, muchos de ellos más grandes que McGetchin, estudiar la formación de uno en tiempo real podría ayudar a ampliar el conocimiento sobre la geología de la Luna. Ese conocimiento serviría para preparar mejor a las futuras misiones tripuladas al satélite, que actualmente son planeadas tanto por Estados Unidos como por China.
En la Luna, desde la antigüedad, se apoyaron poderosos y poderosas para predicciones, prospecciones agrícolas y consolidar sus propios sistemas de poder
Desde la más remota antigüedad, la Luna fue utilizada para predicciones, prospecciones agrícolas y para legitimar a los poderosos.
El 25 de mayo de 1961, el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy (1917-1963), ante el Congreso de aquel país anunció por primera vez que una de las metas de su administración era llevar un estadounidense a la Luna. La Guerra Fría (1947-1991) estaba en desarrollo.
En la por entonces llamada “carrera espacial”, los estrategas de su país evaluaban que sus adversarios de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se habían puesto en ventaja. De hecho, el 4 de octubre de 1957, “los rusos” pusieron en órbita el Sputnik 1, primero de los satélites artificiales de la historia.
Casi dos años más tarde, el 13 de setiembre de 1959, la nave espacial de la URSS Luna 1, como estaba previsto, se estrelló contra el suelo lunar cuando el satélite natural del planeta Tierra se encontraba en fase Gibosa Creciente. Por si algo faltaba, el 12 de abril de 1961, el líder soviético Nikita Jrushchov (1894-1971) volvió a marcar.
Aquel día, el astronauta Yuri Gagarin (1934-1968), a bordo de la Vostok 1, orbitó la Tierra durante ciento ocho minutos. El conflicto por la supremacía del capitalismo por sobre el socialismo parecía no ir bien para los norteamericanos. Kennedy sentía y sabía que era necesario recuperar el prestigio mundial que su país tenía cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial y, en el orden interno, reconstruir la confianza.
META
Con esa convicción, aquel jueves del quinto mes del año el mandatario pidió más fondos al Congreso porque aseguró creer “que esta nación debe comprometerse a lograr la meta, antes de que termine esta década, de hacer aterrizar a un hombre en la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra”. Dieciséis meses más tarde –el 12 de setiembre en la Universidad de Rice– fue más allá.
“Elegimos ir a la Luna en esta década (…) no porque sea fácil, sino porque es difícil”. El 20 de julio de 1969, dos estadounidenses, Neil Armstrong (1930-2012) y Buzz Aldrin (96), a bordo de Apolo 11, alunizaron y regresaron. Kennedy no pudo verlo. Fue asesinado el 22 de noviembre de 1963, en Dallas.
Mundialmente, de todas formas, se instaló la idea de que Estados Unidos triunfó en la carrera espacial. ¿Habrá sido así? Sospecho que Kennedy (y sus asesores) –cuando lanzaron el compromiso lunar, por llamarlo de alguna manera, como operación concreta de comunicación política– tuvieron a la vista que, desde la más remota antigüedad, la Luna fue utilizada para legitimar a los poderosos y unificar a las sociedades con rituales colectivos.
“La Luna, el espacio, los extraterrestres son temas que siempre pagan bien”, me dijo alguna vez Samuel “Chiche” Gelblung (1944-2026), en el transcurso de una charla de verano entre colegas. Y creo que es así, pero no solo para los contenidos de los medios. Pese a ello, entonces y hasta ahora, para algunos, ese señalamiento y algunos otros –más populares– ya no aplican.
¿Un ejemplo? Estar “en la luna”, aquella frase estigmatizante que llega hasta la actualidad desde la Edad Media cuando los antiguos astrónomos pasaban largas horas con sus ojos fijos en los cielos nocturnos, con la que se denostaba coloquialmente de quienes padecían de problemas de atención o vivían despistados, comenzó a perder sentido.
Pero vuelvo a la Luna y me atrevo a sostenerla como recurso “de última”. Jenaro Gajardo Vera (1919-1998) –abogado, pintor y poeta– fue el sexto de la decena de hijos e hijas que tuvieron el médico Delfín Gajardo Merino y su esposa en Chile. Fue fundador de la Sociedad Telescópica Interplanetaria de la ciudad chilena de Talca, donde se afincó desde 1951.
El primer ministro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Nikita Jrushchov, y el 35.º presidente de los EE. UU., John Fitzgerald Kennedy, utilizaron la Luna como meta a alcanzar durante la “carrera espacial” en tiempos de la Guerra Fría
COMITÉ DE RECEPCIÓN
Tal vez, entre los propósitos más relevantes de esa organización, de la que también formaba parte el obispo Manuel Larraín Errázuriz (1900-1966), estaba el de “formar un comité de recepción a los primeros visitantes extraterrestres” que llegaran a nuestro planeta. Pero más allá de ello, Jenaro deseaba fervorosamente ser miembro del muy bien reputado Club Social, que se fundara allá por 1875 y cuyas puertas hasta hoy permanecen abiertas en la calle 3 Oriente 1 y 2 Sur de Talca.
Pero –para acceder a ese deseo– debía acreditar ser propietario. Grave. Gajardo Vera, vaya contradicción, solo era poseedor de su buen nombre y honor, pero con ello no aplicaba. Ingenioso –además de aficionado a la astronomía– el 25 de setiembre de 1954 logró que el notario público César Jiménez Fuenzalida certificara con toda formalidad que aquel “poeta es dueño desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475,99 kilómetros, denominado Luna, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: a Norte, Sur, oriente y poniente: el espacio sideral”.
Así se lee en el acta que emitió Jiménez Fuenzalida. Más aún, se cotillea en Talca que, en 1969, el trigesimoséptimo presidente de Estados Unidos, Richard Nixon (1913-1994), previo a la misión Apolo 11 y a través de una carta, le pidió autorización para descender en la Luna.
Aquella misiva –si existiera– nadie dice públicamente haberla visto. Sin embargo, el poeta exhibió, tal vez en alguna reunión en el Club Social de Talca, la que fue su respuesta. “En nombre de Jefferson, de Washington y del gran poeta Walt Withman, autorizo el descenso de Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que me pertenece, y lo que más me interesa no es solo un feliz descenso de los astronautas, de esos valientes, sino también un feliz regreso a su patria. Gracias, señor presidente”.
Antes de morir, a los 79 años, Jenaro hizo conocer su voluntad. “Dejo a mi pueblo la Luna, llena de amor por sus penas”. Recuerdo que a mi regreso de un viaje a Chile en cuyo transcurso caminé las calles de Talca, un querido colega periodista, EA, descreyó. Con un fragmento del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 entre sus manos, leyó en alta voz. “El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no es objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera”.
Jenaro Gajardo Vera (1919-1998), ciudadano chileno residente en Talca. Registró la Luna para tener una propiedad y poder asociarse al Club Social de aquella ciudad el 25 de septiembre de 1954
UN TEMA QUE PAGA BIEN
Lo sé y no es un dato menor, pero esto sucedió y, sin dudas, es una historia tan atrapante como verificable, atiné a responder. “La Luna, el espacio, los extraterrestres, son temas que siempre pagan bien”. El debate finalizó con risas.
“Seducir y suceder son palabras constituidas casi con las mismas letras. Uno solo de esos signos es el que lo cambia todo, pero –en este caso– sus efectos son definitivamente vinculantes a la hora de producir sentido”, explicaba con frecuencia un muy viejo colega periodista y académico –CP– a quien, en las sobremesas, le encantaba apabullar a las y los comensales con sus juegos de palabras.
“De hecho y, para que se entienda –agregaba con engolado tono de viejo locutor que nunca lo fue– para que la intención de seducir se cumpla en plenitud (y se pueda respetuosamente comentar), tiene que suceder”. Como corolario, sentenciaba: “La política, finalmente, es un acto de seducción masiva”. Y algún grado de razón tenía. La gestión política está marcada por esas dos palabras que se aplican con demasiada frecuencia.
PRIMAVERA
Faltan pocos días para el inicio de la primavera. El invierno resiste. Los que saben lo exculpan. Señalan a El Niño como el causante del invierno extendido… y de todo lo malo que climáticamente –tal vez– habrá de suceder. Sin embargo, a poco del inicio del sábado, ateridos de frío y en procura de ser alcanzados por la calidez que irradian los leños crepitantes, el semicírculo que nos organiza espacialmente a este grupo de amigos y dos amigas se estrecha en torno de la hoguera.
Los copones hoy se colman con un Chateau Subsónico Cambiador Malbec Ancellotta del 2023. El Valle de Uco, en la provincia argentina de Mendoza, genera elixires. Detrás de un enorme ventanal la Luna –gigante– alumbra con generosidad extrema.
“!Lunazaaa…!”, exclamó Mirna. “El sueño de Lorca (Federico García, 1898-1936)”, replicó AF. “De hecho se lo suele mencionar como ‘el poeta de la luna’ que para él y su cosmos creativo era donde convergían misterios, tragedia…”, agregó. “Justamente con su Romance de la Luna, inicia una de sus obras más recordadas como lo es Romance Gitano”, dice ER a quien interrumpo.
“‘La luna vino a la fragua / con su polisón de nardos. El niño la mira, mira / El niño la está mirando. / En el aire conmovido mueve la Luna sus brazos / y enseña lúbrica y pura, / sus senos de duro estaño / Huy luna, luna, luna…’ y podría seguir”, digo a los amigos y las dos amigas que me observan incrédulos y sonrientes recitar.
SIMBOLISMO
“En el sistema de símbolos en la obra de Federico García Lorca aparece el de la luna como el de mayor significación por su variedad de manifestaciones”, puntualiza AF, mientras lee un reporte de la británica Universidad de Cambridge.
“Pero a la Luna también le escribieron Becquer (Gustavo Adolfo), Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Miguel de Unamuno, por solo mencionar a algunos”, apunta ER. Una vez más, brindamos. ¿Habrá quedado lejos o perdido en la historia de la literatura la época en que las y los poetas formaban parte de la vida cotidiana?
Mi mirada se pierde en ninguna parte. No tengo la respuesta. Tampoco la busco ni lo intento. “Yo no le canto a la Luna / porque alumbra y nada más / le canto porque ella sabe / de mi largo, caminar”, compuso alguna vez Atahualpa Yupanqui (1908-1992), cantautor argentino, recordó JT.
Tengo la convicción de que tímidamente tarareaba. Sonrió. “Horacio Ferrer (1933-2014), enorme poeta uruguayo y rioplatense, la vio ‘rodando por Callao…’”, agregó Delia. “¿Es o será posible ignorar a la Luna?”, desafió. “Es verdad, no se la puede ignorar, pero es preciso aceptar que la Luna emerge muchísimo menos en las producciones poéticas –como símbolo– desde el inicio del siglo XXI y, aunque no se puede sostener que ha desaparecido, tal vez se esté dando un desplazamiento temático drástico respecto de lo que eran las tradiciones romántica, modernista o vanguardista del siglo XX en las producciones poéticas”, polemiza CM, muy callado hasta el momento.
EN EXTINCIÓN
“Desde las últimas producciones tangueras de autores como Julián Centeya, Celedonio Flores o hasta el propio Ferrer a la Luna la estrellaron contra el pavimento bonaerense o contra los paredones… desde entonces, quizás, la Luna está en extinción y, por qué no decirlo, en el corazón de las ciudades iluminadas a pleno es cada noche más difícil poder verla”, enfatizó. Pero como abogado sus anécdotas y reflexiones rumbearon hacia otros relatos no menos poéticos, pero en algunos casos preñados de hipocresía.
Dennis Hope (82) es un empresario estadounidense que también se dice dueño de la Luna y justamente por ello vende “títulos de propiedad” inmobiliarios en el espacio exterior desde hace ya largo tiempo porque comenzó en el siglo pasado. Luego de un divorcio controversial y en el borde de la bancarrota, en California, mientras contemplaba la Luna desde el borde de una carretera, pensó al único satélite natural de la Tierra como un territorio sin dueño.
RES NULLIUS
“El principio de res nullius”, acotó JM. Retomó la marcha. Condujo hasta su casa y, una vez allí, revisó detalladamente el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 que claramente prescribe que la Luna “no es objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera”.
Dennis interpretó que el texto va dirigido solo a los Estados y, por tanto, se produce un “vacío legal” en este tratado porque no menciona ni alude en esa prohibición a personas o empresa privadas. Desde esa perspectiva, sustentándose en las leyes de asentamiento estadounidenses, se declaró formalmente propietario de la Luna, Mercurio, Marte, Venus, Júpiter y varias de las “lunas” de ese planeta.
Registró aquella declaración en una oficina del condado de San Francisco en noviembre de 1980, notificó formalmente a las Naciones Unidas (ONU), al Gobierno de los Estados Unidos, al de la URSS que nunca respondieron ni objetaron. Desde entonces, a través de la empresa de su propiedad The Lunar Embassy (La Embajada Lunar) comercializa y entrega títulos de propiedad que incluyen el “derecho de mineral”, por lo que a cada adquirente le asigna un diploma que opera como título de propiedad numerado y sellado junto con un mapa cartográfico de ubicación del inmuueble, una copia de la “Constitución Lunar” redactada por Hoppe, una declaración de ciudadanía y el pasaporte emitido por el “Gobierno Lunar”.
“COMPRADORES”
Entre algunos de los más notables de dos millones de compradores se encuentran los expresidentes estadounidenses Ronald Reagan, Jimmy Carter y George W. Bush, además de otras celebridades. “No dejo de pensar en la idea de seducir y suceder asociada con la política”, dice Delia mientras levanta nuevamente su copa.
“‘Trump (Donald, 80 años, presidente norteamericano) afirma que la Luna le pertenece a EE.UU.’ en el portal de noticias mxcontrapunto”, dice JT que con suma atención lee en la pantalla de su teléfono inteligente y prosigue: “🌕🇺🇸 @realdonaldtrump afirmó en una publicación en Truth Social que “la Luna es nuestra”, en el marco de nuevas propuestas sobre la política espacial de Estados Unidos”.
El sábado amanece. Las dudas se despejan. “La Luna, el espacio, los extraterrestres, son temas que siempre pagan bien”.