En los últimos días ha trascendido un informe que dice que en mil años más la fisonomía humana sufrirá un gran cambio debido a la sobreexposición a ciertas tecnologías. Asegura que no solo afectará a la postura del cuerpo, sino que también modificará el cráneo, volviéndose más grueso debido a los altos niveles de radiación, por lo que la estructura ósea se engrosará para evitar que los rayos lleguen al cerebro.
Luego de recopilar varios estudios para la demostración de los cambios, fue creado un modelo en 3D llamado Mindy y fabricado por Toll Free Forwarding. Según lo mencionado por los especialistas, las partes del cuerpo que se verán afectadas son aquellas que reciben mayor presión al tiempo de hacer uso de los aparatos tecnológicos.
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Caleb Backe, de Maple Holistics, explicó a Troll Free Forwarding que pasar horas mirando tu teléfono tensa al cuello y hace que tu columna pierda el equilibrio y, como consecuencia de ello, los músculos del cuello tienen que hacer un esfuerzo adicional para sostener su cabeza.
Así mismo, se destacó que sentarse durante horas en la oficina al frente de la computadora significa que el torso se estira frente a las caderas, en lugar de apilarse recto y alineado, por lo que el nuevo humano tendría la espalda encorvada, el cuello ancho, las manos en forma de garra y como si todo fuera poco, se le sumaría un segundo párpado.
Este modelo fue realizado en base a proyecciones científicas, resaltando algunas de las posibles consecuencias físicas de podría sufrir el ser humano en un futuro no muy lejano a raíz de la utilización prolongada de artefactos tecnológicos.
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Peña promulga el acuerdo Mercosur–Unión Europea
El presidente Santiago Peña oficializó la ley que aprueba el histórico tratado de libre comercio entre Mercosur y la Unión Europea, en una decisión que abre puertas a exportaciones ampliadas, inversiones, tecnología y empleo para Paraguay, un país que vuelve a posicionarse como protagonista del comercio global.
El anuncio fue breve pero cargado de significado. A través de su cuenta en X, el presidente Santiago Peña celebró un hito que, más allá de su dimensión legal, tiene un fuerte impacto económico y estratégico para Paraguay. Dijo que “Asunción fue la cuna del Mercosur y hoy vuelve a ser protagonista. Promulgué la ley que aprueba el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, abriendo una etapa de enormes oportunidades para nuestro país”.
Ese mensaje sintetiza la visión con la que el Ejecutivo mira la incorporación formal del país al tratado comercial que conectará a los productores paraguayos con uno de los mercados más grandes y exigentes del mundo.
La promulgación de la ley que aprueba el acuerdo de libre comercio entre Mercosur y la Unión Europea no es solo un acto administrativo, es la culminación de décadas de negociaciones y un giro concreto en la estrategia de inserción internacional de Paraguay.
Este tratado, que había sido negociado durante más de 25 años y firmado en Asunción en enero de 2026, representa una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con un mercado potencial que supera los 700 millones de consumidores.
Qué gana Paraguay con este acuerdo. Según el propio mandatario a través de X, la ley permitirá que productos paraguayos ingresen al mercado europeo con mejores condiciones, lo cual amplía las posibilidades exportadoras de sectores estratégicos como alimentos, maíz, soja, carne y manufacturas ligeras.
Peña también destacó que el acuerdo facilita la llegada de tecnología, maquinaria e insumos europeos a menores costos, un factor clave para fortalecer la competitividad de la industria nacional y sectores productivos con alto contenido tecnológico.
Desde el Gobierno afirman que este paso está alineado con una visión de integración comercial, atracción de inversiones en sectores avanzados y generación de empleo de calidad para los paraguayos.
Una alianza que vuelve protagonista a Paraguay. El propio presidente hizo hincapié en el simbolismo de la ciudad de Asunción como cuna del Mercosur en 1991, subrayando que la promulgación de la ley significa una reafirmación del rol histórico y actual del país en el comercio regional.
Este anuncio se suma a un contexto global donde los acuerdos de libre comercio, como el firmado entre la UE y Mercosur, son vistos como apuestas por la cooperación, la apertura y la integración económica frente a tendencias proteccionistas en algunas regiones del mundo.
La normativa aprobada ahora busca transformar el tratado en resultados concretos para la producción, la inversión y el empleo en Paraguay. El Poder Ejecutivo destaca que la articulación entre el sector público y privado será clave para aprovechar las oportunidades que ofrece este acuerdo histórico, que no solo reduce barreras arancelarias sino que también genera un marco previsible para la entrada de capital, tecnologías y nuevos mercados.
En pleno 2026, Paraguay se coloca en una posición estratégica para competir internacionalmente y atraer inversiones que fortalezcan su estructura productiva y generen empleo, mientras que sus exportadores acceden, por primera vez con condiciones diferenciadas, a uno de los mercados más exigentes del planeta.
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La misión Artemis II calienta propulsores para ir a la Luna el 1 de abril
Más de medio siglo después de que la última tripulación del programa Apolo volara a la Luna, tres hombres y una mujer se preparan para un viaje al satélite natural de la Tierra que se perfila como una nueva página en la exploración espacial estadounidense. La esperada misión Artemis II de la NASA está programada para despegar desde Florida tan pronto como el 1 de abril. No van a alunizar. Sobrevolarán el satélite natural de la Tierra, como lo hizo el Apolo 8 en 1968.
Los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto con el canadiense Jeremy Hansen, realizarán el viaje de aproximadamente 10 días. La odisea trae una serie de primicias, incluyendo la primera vez que una mujer, un astronauta negro y un no estadounidense parten en una misión a la Luna. También es el primer vuelo tripulado del nuevo cohete de la NASA, llamado SLS.
El descomunal cohete de color naranja y blanco está diseñado para hacer varios viajes de regreso a la Luna en los próximos años, con el objetivo de establecer una base permanente que ofrecerá un punto de partida para exploraciones posteriores. “Estamos volviendo a la Luna porque es el próximo paso en nuestro periplo a Marte”, dijo en un pódcast de la NASA Wiseman, comandante de Artemis II.
¿Nueva carrera espacial?
El programa Artemis, nombrado en honor a la diosa hermana gemela de Apolo, tiene como objetivo probar las tecnologías necesarias para poder enviar humanos a Marte, un viaje mucho más largo. Una ambición de por sí desafiante, que también enfrenta la presión de que China no lo haga antes.
China tiene la meta de llevar humanos a la Luna en el 2030 y apunta al polo sur lunar, entre otras cosas por su potencial de ricos recursos naturales. La competencia remite a la carrera espacial de los años 1960 entre Estados Unidos y la Unión Soviética, aunque el profesor Matthew Hersch, de la Universidad de Harvard, sostiene que esa rivalidad fue “única” y “no se repetirá en mucho tiempo”.
Hersch dijo a la AFP que los chinos no están “en realidad compitiendo con nadie, sino con ellos mismos”. La inversión en el programa lunar de Washington es significativamente menor ahora que en la era de la Guerra Fría, pero ha cambiado radicalmente en cuanto a tecnología.
“La tecnología de cómputo que soporta a la tripulación de Artemis 2 sería casi inimaginable para la tripulación del Apolo 8, que fue a la Luna en una nave con la electrónica de una tostadora moderna de última generación”, comparó Hersch.
Aún así, Artemis 2 no estará exenta de riesgos, según admite la propia NASA.
La tripulación abordará una nave espacial que nunca ha transportado seres humanos ni ha viajado a la Luna, que se encuentra a más de 384.000 kilómetros de la Tierra, es decir, aproximadamente 1.000 veces más lejos que la Estación Espacial Internacional.
“No aceptamos nada que no sea perfecto; de lo contrario, estamos aceptando un riesgo mayor”, dijo a la AFP Peggy Whitson, exjefa de astronautas de la NASA.
“Este es un proceso importante que todos tienen que adoptar para que realmente podamos tener éxito, porque tenemos que vivir con esa conciencia, por nuestra historia en los vuelos espaciales, de que cuando pasan accidentes la gente morirá”, dijo Whitson.
Minimizar los riesgos y prevenir un desastre implicará que la tripulación realice una serie de chequeos y maniobras mientras aún se encuentren en las proximidades de la Tierra.
Si todo sale bien, seguirán rumbo a la Luna y una vez allí, sobrevolarán su cara oculta. En ese momento se interrumpirán las comunicaciones con la Tierra: se espera que los cuatro astronautas se conviertan en los seres humanos que hayan viajado más lejos de nuestro planeta, superando el récord de Apolo 13.
Calendario exigente
El objetivo de la tripulación será verificar que tanto el cohete como la nave espacial estén en condiciones para operar, con la esperanza de abrir el camino para un alunizaje en 2028, último año de la presidencia de Donald Trump. Ese plazo ha sorprendido a los expertos, en parte porque Washington depende de los avances tecnológicos del sector privado.
Los astronautas precisarán un segundo vehículo para bajar en la superficie de la Luna, un módulo que está en desarrollo por parte de empresas espaciales rivales propiedad de los multimillonarios Elon Musk y Jeff Bezos. El programa Artemis también ha sufrido demoras y enormes sobrecostos.
Aún así, la NASA espera que Artemis II pueda recrear el raro momento de unidad y esperanza que se vivió con Apolo 8, cuya tripulación sobrevoló la Luna la víspera de la Navidad de 1968. A la sombra de un año tumultuoso, aproximadamente mil millones de personas sintonizaron por televisión el monumental viaje de Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders.
Los astronautas que inmortalizaron la famosa fotografía “Earthrise” tomada desde la órbita lunar, recibieron el crédito de haber “salvado 1968”. Casi 60 años después, el país está de nuevo sumido en una profunda división e incertidumbre, y la tripulación del Artemis II pronto tendrá la oportunidad de sembrar algo de inspiración.
Cuatro astronautas seleccionados
Estos son los cuatro astronautas seleccionados para la misión de la NASA Artemis II, los primeros en viajar a la Luna en más de cinco décadas. Con ello se convertirán en las nuevas figuras de la exploración espacial estadounidense. Los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch embarcarán con su colega canadiense Jeremy Hansen el 1 de abril para un viaje de unos 10 días que consistirá en volar alrededor de la Luna, sin alunizaje.
La tripulación incluye a la primera mujer, la primera persona negra y el primer no estadounidense en participar en una misión de este tipo, una diferencia considerable con la era Apolo.
Reid Wiseman
A sus 50 años, Reid Wiseman será el comandante de la misión. Nacido en Baltimore, se unió a la NASA en 2009 tras una larga carrera en la Marina estadounidense.
Para Wiseman, la misión cumple un sueño que alguna vez consideró imposible.
En 2014 realizó una misión de 165 días en la Estación Espacial Internacional y luego fue jefe de la oficina de astronautas de la NASA.
Tras la muerte de su esposa por cáncer en 2020, crió solo a sus dos hijas, hoy adolescentes, a quienes explicó abiertamente los riesgos inherentes a su profesión y del viaje que está por emprender.
“Les dije ‘Aquí está el testamento, aquí están los documentos (...) Y si me pasa algo, esto es lo que les va a pasar a ustedes’”, contó. “Es parte de esta vida”.
Victor Glover
Victor Glover, de 49 años, será el piloto de la nave Orion.
Veterano de la Marina y padre de cuatro hijas, fue seleccionado por la NASA en 2013.
Su interés por el espacio comenzó al ver un lanzamiento del transbordador espacial de la NASA por televisión. “Pensé: ‘De verdad quiero conducir uno de esos’”.
En 2020 se convirtió en el primer afroestadounidense en participar en una misión de larga duración en la Estación Espacial Internacional.
Con Artemis II, será el primer hombre negro —y primera persona no blanca— en viajar a la Luna, un hito que él atribuye al camino abierto por pioneros como Guion Bluford, el primer afroestadounidense en ir al espacio.
Christina Koch
Christina Koch, de 47 años, será la primera mujer en integrar una misión lunar.
Ingeniera de formación y exploradora experimentada, ha trabajado en entornos extremos como la Antártida.
Desde niña soñaba con ser astronauta y creció viendo imágenes icónicas del programa Apolo.
Seleccionada también en 2013, ostenta el récord del vuelo espacial más largo realizado por una mujer, con 328 días, y participó en la primera caminata espacial realizada exclusivamente por mujeres, junto a Jessica Meir.
“Siempre le digo a la gente: haz lo que te dé miedo”, dice sobre su lema personal. “Y eso significa que tengo que seguir mi propio consejo”.
Con Artemis II suma otro hito a su trayectoria en la NASA.
Jeremy Hansen
El canadiense Jeremy Hansen, de 50 años, completa la tripulación y será el primer no estadounidense en orbitar la Luna. Expiloto de combate de la Real Fuerza Aérea Canadiense, ingresó a la Agencia Espacial Canadiense en 2009.
Ha trabajado como enlace con la Estación Espacial Internacional y como instructor de nuevas generaciones de astronautas.
Cuenta que cuando era niño se cruzó con una fotografía de Neil Armstrong en la Luna, un momento que despertó su pasión por la exploración espacial. Artemis II será su primer viaje más allá de la órbita terrestre. Con él, este padre de tres hijos cumplirá un sueño.
Fuente: AFP.
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Melania Trump sorprende con un androide en la Casa Blanca
La primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, llevó a un invitado sorpresa a un evento en la Casa Blanca el miércoles: un robot humanoide que camina y habla. En lugar de su esposo, el presidente Donald Trump, el androide “Figure 3” caminó a su lado en la apertura de la cumbre de la coalición global “Forjando juntos el futuro”.
Melania Trump, de 55 años, dedicada como primera dama a los temas de inteligencia artificial y entornos digitales, convocó a este foro sobre cómo empoderar a los niños mediante la tecnología educativa. “Gracias, primera dama Melania Trump, por invitarme a la Casa Blanca”, dijo el robot gris y negro gesticulando sus manos, en sus breves palabras iniciales.
Luego se retiró por el mismo lugar por el que había llegado. Hubo aplausos en el acto en el Salón Este de la Casa Blanca, que reunió a cónyuges de jefes de Estado y de gobierno de todos los continentes. “Es justo decir que usted es mi primer invitado humanoide, fabricado en Estados Unidos, a la Casa Blanca”, dijo Melania, nacida en Eslovenia, al leer un discurso.
La exmodelo, madre del hijo menor del presidente, Barron, de 20 años, continuó hablando sobre cómo la inteligencia artificial basada en humanoides se utilizará pronto para educar a los niños. “Imaginen a un educador humanoide llamado Platón. El acceso a los estudios clásicos es ahora instantáneo”, afirmó. “Previsiblemente, nuestros hijos desarrollarán un profundo pensamiento crítico y capacidades de razonamiento independiente”.
En los últimos meses, Melania Trump ha adoptado un papel cada vez más público, tras haber sido una presencia esquiva en la Casa Blanca al comienzo del segundo mandato de su esposo.
Ha organizado varios actos sobre IA y la protección de los niños en internet. Pero también ha emprendido varios proyectos lucrativos, incluido un documental titulado “Melania”, realizado mediante un acuerdo multimillonario con Amazon, y un audiolibro de sus memorias narrado por IA.
Fuente: AFP.
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Humanidad vs. tecnología
DESDE MI MUNDO
- Por Carlos Mariano Nin
- marianonin@gmail.com
A veces me paro a mirar cómo miramos cuando nadie nos ve. No lo que vemos, sino cómo nos detenemos, o no, frente a lo que pasa. Con qué prisa pasamos de largo. Con qué facilidad registramos el dolor como si fuera parte del paisaje cotidiano.
El otro día vi un accidente sobre Cacique Lambaré. Hubo un golpe seco, de esos que te dejan sin aire por algunos instantes. La escena quedó suspendida entre el ruido de los autos y los gritos.
Pero lo que más se me quedó fue otra cosa: la gente acercándose… no para ayudar, sino para filmar.
Celulares en alto. Pantallas encendidas. Manos firmes para grabar, pero no para socorrer. Y mientras tanto, alguien entre hierros retorcidos gritaba de dolor pidiendo auxilio. Alguien que necesitaba una mano más que una cámara.
Las imágenes comenzaron a circular. En minutos ya estaban en las redes. Se multiplicaron los comentarios, los “me gusta”, las reacciones, como si fuera que el dolor también pudiese medirse en clics.
Y ahí, en ese contraste, vi algo que venimos arrastrando sin darnos cuenta hace tiempo, más allá de que la tecnología llegó para acercarnos, nos aleja de la humanidad.
Hoy estamos más conectados que nunca. En Paraguay, como en gran parte del mundo, el celular ya no es un lujo: es una extensión de la vida cotidiana. Nos informa, nos comunica, nos acompaña.
Pero también, lentamente, nos va desplazando de lo esencial.
Así, mientras miramos a través de una pantalla, ya casi no nos miramos a los ojos. Mientras compartimos lo que pasa afuera, no registramos lo que pasa al lado nuestro. Mientras más acumulamos contactos, más crece una sensación silenciosa de soledad.
Es una paradoja incómoda. Una especie de progreso que, en el fondo, nos vuelve más solos.
No es que la tecnología sea el problema. Sería demasiado fácil decir eso y ni siquiera soy experto.
Pero creo que el problema es lo que hacemos con ella. O lo que dejamos de hacer mientras la usamos.
Hay algo profundamente humano que no se puede delegar. Ni automatizar. Ni subir a la nube. El gesto de acercarse. La decisión de quedarse. La simple acción de estar.
Y eso es lo que, poco a poco, parece estar perdiendo espacio.
Las máquinas pueden facilitarnos la vida. Pueden ordenarla, optimizarla, incluso anticiparla. Pero no pueden reemplazar lo que sentimos cuando algo nos toca de verdad.
Al final, entre tanta pantalla encendida y tanto contenido que se acumula sin pausa, lo que realmente importa sigue estando en otro lugar, quizás al lado nuestro.
En lo que vemos y hacemos cuando nadie nos está mirando. En lo que somos cuando no hay un botón de “compartir”. En lo que elegimos hacer cuando la vida, de golpe, nos pone frente a alguien que necesita algo más que un “me gusta”.
En ese momento, habría que dejar el celular.
Pero esa es otra historia.