La astronauta Wang Yaping se convirtió en la primera mujer china en hacer una caminata espacial, la cual tuvo como objetivo avanzar en la construcción de la estación espacial Tiangong, informaron el lunes las autoridades del país asiático.
La piloto y coronel del ejército de 41 años es parte de la misión Shenzhou-13, lanzada en octubre. Tiangong, que significa “Palacio celestial”, es el más reciente logro en el esfuerzo de China por convertirse en potencia espacial, tras enviar un vehículo a Marte y sondas a la Luna.
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El módulo central de la estación ingresó este año en órbita y deberá estar operativa para 2022. Wang y su colega Zhai Zhigang salieron del módulo la noche del domingo, saludando a la cámara mientras llegaban al exterior de la estación para instalar un aparato de suspensión y conectores de transferencia.
“Esto marca la primera actividad extravehicular de la tripulación del Shenzhou-13 y es también la primera caminata en la historia espacial china en la que participa una mujer astronauta”, dijo la Agencia Espacial Tripulada China en un comunicado.
“El proceso fue tranquilo y exitoso”, agregó la agencia en el comunicado divulgado el lunes. Tiangong deberá permanecer operativo por al menos 10 años, y Wang es la primera mujer en visitarla. El comandante de la misión, Zhai, es un expiloto de combate que en 2008 realizó la primera caminata espacial china.
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La operación del domingo se dio semanas después de que Wang, Zhai y el tercer tripulante, Ye Guangfu, despegaron del centro de lanzamiento Jiuquan en el desierto de Gobi, noroeste de China. Ye, quien permaneció dentro de la nave durante la caminata, es un piloto del Ejército Popular de Liberación.
El trabajo de la misión involucra instalar equipo y tecnología de prueba para futuras construcciones, y realizará al menos una caminata espacial más. El equipo deberá pasar seis meses en la estación. Un equipo previo que visitó Tiangong regresó a la Tierra en septiembre después de tres meses en la estación.
Fuente: AFP.
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Christina Koch, pionera del espacio ganó el Premio Princesa de Asturias
La astronauta estadounidense Christina Koch, quien en abril se convirtió en la primera mujer en participar en una misión espacial a la Luna, ganó ayer miércoles en España el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2026. Koch “ha contribuido a extender las fronteras de la humanidad”, indicó el fallo del premio, convocado por la Fundación Princesa de Asturias, heredera al trono de la Corona española.
La astronauta, de 47 años, se apoyó en “un amplio trabajo colectivo, cuya ejemplaridad se proyecta a todos a través del mensaje de la misión espacial Artemis II: ‘Tierra, sois un equipo’“, destacó el fallo, leído por Adrián Barbón, presidente regional de Asturias. Koch integró Artemis II junto a los también estadounidenses Reid Wiseman y Victor Glover y el canadiense Jeremy Hansen, una misión que culminó con éxito una travesía alrededor de la Luna, volviendo al satélite medio siglo después del programa Apolo.
Después de despegar desde Florida el 1 de abril, se aventuraron más lejos en el espacio que ningún ser humano antes. Regresaron diez días más tarde con cientos de gigabytes de datos del primer viaje lunar desde la última misión Apolo en 1972.
“Un propósito común”
Nacida en Michigan en 1979 y con sueños de ser astronauta desde pequeña, Koch fue seleccionada entre 36 candidaturas de 16 nacionalidades que optaban al galardón este año. Su trayectoria es “una inspiración para futuras generaciones —sobre todo de mujeres— y un símbolo de la capacidad humana para superar retos y desafíos a través del trabajo, la colaboración y la empatía”, destacó una nota de prensa de la Fundación Princesa de Asturias.
“Echaré de menos estar tan cerca de tanta gente y tener un propósito común, una misión común, trabajar duro en ello todos los días a cientos de miles de kilómetros de distancia con un equipo en tierra”, señaló Koch cuando todavía se encontraba en Artemis.
Primera mujer en viajar a la luna, Koch, que comenzó su carrera como astronauta en 2013, rompió otras marcas, como en 2019 cuando realizó la primera caminata espacial íntegramente femenina de la historia y en 2020, cuando marcó el récord femenino de permanencia en el espacio, con 328 días.
Los Premios Princesa de Asturias, instituidos en 1981 y considerados los más prestigiosos del mundo iberoamericano, están dotados con 50.000 euros (58.000 dólares) y una escultura creada por el fallecido artista catalán Joan Miró.
El último de la serie
El de Concordia es el último de los ocho galardones de esta edición de los premios, que anualmente, y a ritmo de uno por semana, otorga la Fundación Princesa de Asturias. El año pasado, en esta categoría, el reconocimiento fue para el Museo Nacional de Antropología de México, por su prolongada labor de “defensa y preservación” del patrimonio de la humanidad.
En otras ediciones fueron premiados en esta sección el chef español José Andrés y su ONG humanitaria World Central Kitchen y otras organizaciones como Médicos Sin Fronteras, Cáritas Española y Mary’s Meals.
Este año, el ciclo de premios se inauguró con el Premio Princesa de Asturias de las Artes, que recayó en la cantante estadounidense Patti Smith.
El de Comunicación y Humanidades se otorgó al estudio de animación japonés Ghibli, cofundado por Hayao Miyazaki, el de Investigación Científica a los químicos británicos David Klenerman y Shankar Balasubramanian y al biofísico francés Pascal Mayer y el de Cooperación Internacional a la bóveda global de semillas de Svalbard.
El galardón de Ciencias Sociales recompensó al historiador británico Timothy Garton Ash, el de los Deportes al futbolista argentino Lionel Messi y el de las Letras al británico Julian Barnes. Los galardones son entregados por la princesa Leonor, heredera al trono de la Corona española, y los reyes Felipe VI y Letizia en octubre en una ceremonia en Oviedo, capital de Asturias.
Fuente: AFP.
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Un conejito de peluche se colará en la Estación Espacial Internacional
Cuando la próxima misión a la Estación Espacial Internacional (EEI) despegue la semana que viene desde Cabo Cañaveral, en el sur de Estados Unidos, un recuerdo especial se colará a bordo: un conejito de peluche. La astronauta estadounidense Jessica Meir, integrante de la tripulación de cuatro miembros, reveló el domingo que llevará consigo este juguete que pertenece a su hija de tres años.
Los astronautas que van a la EEI, que orbita a 400 kilómetros sobre la Tierra, suelen llevar pequeños objetos personales para tener cerca durante su estancia de varios meses en el espacio. “Tengo un pequeño conejo de peluche que pertenece a mi hija de tres años, y en realidad ella tiene dos de estos porque uno fue un regalo”, dijo Meir, de 48 años, en una rueda de prensa en línea.
“Así que uno se quedará aquí abajo con ella, y el otro estará allí con nosotros, viviendo aventuras todo el tiempo”, añadió. La agencia espacial estadounidense NASA prevé que la Crew-12 de SpaceX parta el miércoles temprano rumbo a la EEI en un cohete Falcon 9 de SpaceX.
La misión reemplazará a la Crew-11, que regresó a la Tierra en enero, un mes antes de lo previsto, durante la primera evacuación médica en la historia de la estación espacial. Meir, bióloga marina y fisióloga, se desempeñó como ingeniera de vuelo en una expedición de 2019-2020 EEI y participó en las primeras caminatas espaciales realizadas exclusivamente por mujeres.
El domingo reflexionó sobre los desafíos de ser madre y sobre lo difícil que será separarse de su pequeña durante ocho meses.
“Pero espero que algún día se dé cuenta de que esta ausencia fue significativa”, y “ojalá la inspire a ella y a otras personas en el mundo”, añadió. Meir viajará con Jack Hathaway, de la NASA; Sophie Adenot, de la Agencia Espacial Europea; y el cosmonauta ruso Andrey Fedyaev.
Esta tripulación será una de las últimas en vivir a bordo de este laboratorio científico del tamaño de un campo de fútbol. Habitada de forma continua durante el último cuarto de siglo, la envejecida EEI está programada para ser impulsada hacia la órbita terrestre antes de estrellarse en un punto aislado del océano Pacífico en 2030.
El final de la EEI
El final programado de la Estación Espacial Internacional (EEI) en 2030 marca también el de un cuarto de siglo de cooperación entre países en el espacio, un sector que se ha vuelto más que nunca crucial.
“Es un momento muy interesante en la evolución de la exploración”, considera Lionel Suchet, director general delegado del Centro Nacional francés de Estudios Espaciales (CNES), en declaraciones a AFP.
“La historia de los vuelos tripulados es, ante todo, la carrera espacial. Los rusos se centraron en los vuelos de larga duración, con estaciones. Los estadounidenses, en los vuelos de corta duración, con la Luna. Eran dos vías separadas y una lógica de competición”, explica este ingeniero que coordinó numerosos proyectos durante los primeros años de la EEI, poco después de haber visto cómo se desorbitó la estación Mir, la antecesora rusa de la EEI, en 2001. “Uno de los puntos positivos de la EEI es que construimos un programa de cooperación, el único que sigue existiendo hoy”, apunta.
“Catedral”
“La EEI es una catedral dedicada a la cooperación humana y a la colaboración más allá de las fronteras, las lenguas y las culturas”, afirma por su parte John Horack, exdirector de la división científica y de sistemas de misión de la NASA. “Desde hace más de 25 años, tenemos gente en el espacio las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año. Esto demuestra que podemos encontrar soluciones en lugar de pelearnos cuando deseamos interactuar unos con otros”, insiste Horack, titular de la Cátedra Neil Armstrong de Política Aeroespacial en la Universidad Estatal de Ohio.
Pero lógicamente el material se ha ido deteriorando con el tiempo.
La NASA anunció en 2024 que había elegido a SpaceX, de Elon Musk, para construir un módulo capaz de impulsar la EEI --de un tamaño parecido a un campo de fútbol-- hacia la atmósfera terrestre, lo que permitirá destruirla tras ser retirada en 2030.
“Este módulo reducirá la velocidad de la EEI y permitirá una entrada precisa sobre el océano Pacífico, lejos de la tierra firme, de poblaciones y de cualquier otro peligro potencial. Varios grandes artefactos espaciales, entre ellos la Mir y el Observatorio de Rayos Gamma, fueron desorbitados de este modo, aunque la EEI es mucho mayor que esos dos últimos”, explica Horack.
Privatización del espacio
Después de 2030, China será el único país que posea una infraestructura de este tipo en órbita baja, con su estación Tiangong. Estados Unidos apuesta por estaciones espaciales privadas, que podrían acoger tanto a astronautas de la NASA como a otros clientes. “Entramos en una era en la que las estaciones espaciales --como las lanzaderas, los satélites-- tendrán una dimensión mucho más comercial”, estima Horack.
“Serán construidas y explotadas por empresas privadas, a menudo compañías que colaboran a escala mundial, cuyos clientes serán las agencias espaciales nacionales, los programas espaciales...”, añade.
Varias empresas estadounidenses ya trabajan en estos proyectos, entre ellas Axiom Space y Blue Origin. También es el caso de compañías europeas.
Pero “el modelo de negocio será ampliamente institucional porque sabemos que a los países siempre les interesa enviar astronautas en órbita baja”, matiza Suchet.
“Termina una era”, zanja por su parte Horack. “Debemos crecer como seres humanos en nuestra capacidad para viajar por el espacio y en el uso del espacio para mejorar la vida social, económica, educativa y la calidad de vida de todos, en todas partes del mundo”, concluye citando al exdirector de la Agencia Espacial Europea Jean-Jacques Dordain: “Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, vayamos juntos”.
Fuente: AFP.
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León XIV evocó el primer alunizaje y llamó a Buzz Aldrin
El papa León XIV llamó ayer domingo al astronauta Buzz Aldrin y visitó el observatorio astronómico del Vaticano en Castel Gandolfo para marcar el 56 aniversario de la primera vez que un hombre pisó la Luna. “Esta noche, 56 años después del alunizaje del Apolo 11, hablé con el astronauta Buzz Aldrin”, escribió en X el papa estadounidense.
"Juntos compartimos el recuerdo de una hazaña histórica, un testimonio del ingenio humano, y reflexionamos sobre el misterio y la grandeza de la Creación", escribió. Después de Neil Amstrong, fallecido en 2012, Aldrin fue la segunda persona en pisar la Luna, en la histórica misión Apolo 11 que puso a Estados Unidos al frente de la carrera espacial.
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Aldrin, un cristiano devoto, tomó la comunión en la superficie lunar utilizando un equipo de viaje que le dio su pastor presbiteriano. El papa dijo que bendijo al astronauta estadounidense de 95 años durante la llamada. León XIV visitó también el Observatorio Vaticano, situado sobre una colina cercana a la residencia veraniega papal de Castel Gandolfo.
Fotos del Vaticano mostraron al papa mirando por un telescopio en el observatorio, una de las más antiguas instituciones de investigación astronómica del mundo, donde los científicos combinan el estudio de los astros con la teología.
Fuente: AFP.
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SpaceX completó caminata espacial
- AFP
La misión Polaris Dawn de SpaceX amerizó ayer domingo en las costas de Florida, Estados Unidos, después de que su tripulación hiciera historia con la primera caminata espacial efectuada por astronautas no gubernamentales.
La cápsula Dragon se posó en el océano a las 3:37 locales (7:37 GMT), según imágenes retransmitidas por SpaceX en directo. Un equipo fue desplegado inmediatamente para recuperar la nave y los cuatro tripulantes. El empresario y multimillonario Jared Isaacman, dueño de la compañía financiera Shift4, lideró la misión, junto a dos ingenieras de SpaceX, Sarah Gillis y Anna Menon, y un antiguo miembro del ejército del aire estadounidense, Scott Poteet. La nave despegó el martes del centro espacial Kennedy, en Florida, y se adentró en el espacio más lejos que ninguna otra tripulación después de las misiones lunares Apolo, hace más de medio siglo.
Llegaron a una altitud de 1.400 km, más de tres veces la distancia orbital de la Estación Espacial Internacional (EEI). Sarah Gillis y Anna Menon se convirtieron en las dos mujeres que viajaron a más distancia de la Tierra.
El jueves, a bordo de la cápsula Dragon, la órbita se redujo a unos 700 km para la caminata espacial, en la que Isaacman abrió la escotilla y salió al vacío agarrado de una estructura llamada “Skywalker” con una vista de la Tierra de fondo.