Científicos argentinos revelaron que el aumento de la temperatura y la disminución de la salinidad producen alteraciones en el fitoplancton de la Antártida, según un estudio realizado en la base Carlini, informó este viernes la agencia científica de la Universidad Nacional de La Matanza.
“Con un aumento de temperatura durante siete días, ya se generan alteraciones en la composición de estas comunidades”, explicó la bióloga Julieta Antoni, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científica y Técnicas de Argentina (Conicet).
“También está descripto que las olas de calor serán más frecuentes en los próximos años”, dijo Irene Schloss, investigadora del Instituto Antártico Argentino.
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Según lo observado en experimentos realizados bajo esas condiciones, “hubo una especie de fitoplancton típicamente subantártica que creció mucho más que el resto, una especie que no había sido registrada en la Antártida antes”.
El fitoplancton marino está constituido por microorganismos que se estima producen entre el 50 y 60% del oxígeno del planeta.
El estudio se realizó con muestras tomadas en Caletta Potter, al norte de la península, sometidas a aumento de la temperatura y disminución de la salinidad.
La investigación halló además que “creció una especie de alga que es cosmopolita”, dijo Antoni.
“En la Antártida, además, por el aumento en el deshielo asociado a este aumento de temperatura, se vierte una mayor cantidad de agua dulce en estas bahías marinas que poseen aguas saladas. Entonces, lo que nosotros estudiamos es qué ocurre con el fitoplancton si se dan estas condiciones de altas temperaturas y baja salinidad”, indicó.
“Con la disminución de la salinidad, proliferaron especies de algas muy chiquitas, que pertenecen a grupos nanoplanctónicos”, dijo la bióloga.
Se estima que estas alteraciones impactarán en “uno de los consumidores principales de este fitoplancton que es el krill, que a su vez es consumido por una gran variedad de animales del ecosistema antártico”.
Schloss dijo que desde 2010 se realizan experimentos para medir el impacto del cambio climático en el fitoplancton.
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En la última década se realizaron estos ensayos en 2011, 2014 y 2016, con conclusiones publicadas, y otro en 2020, cuyo informe aún está en proceso.
“Los valores con los que estamos simulando estos experimentos son los que estaban predichos para alcanzarse en los próximos 50 años, pero lamentablemente la última temporada (2020) nos mostró temperaturas del agua que ya estaban en estos valores tan elevados, o sea que no es una buena noticia para el ambiente”, subrayó.
Fuente: AFP.
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La nueva inflación del agua amenaza con encarecer servicios y presionar a las economías
El cambio climático empieza a convertirse en un factor de costos para gobiernos, empresas y hogares. Las inversiones necesarias para garantizar agua segura podrían trasladarse a las tarifas y generar una nueva presión inflacionaria.
Durante décadas, el agua fue considerada un servicio básico de bajo costo relativo y con una disponibilidad que parecía garantizada. Sin embargo, el cambio climático está modificando esa ecuación económica. En un planeta en el que los extremos climáticos se vuelven más frecuentes —con regiones que enfrentan sequías prolongadas y otras que soportan inundaciones históricas— el acceso al agua comienza a transformarse en un factor de presión sobre las finanzas públicas, las empresas de servicios y el bolsillo de los consumidores.
Un reciente estudio de la Universidad de Stanford advierte que varias ciudades de Estados Unidos podrían duplicar sus tarifas de agua hacia mediados de siglo debido a la combinación de tres factores: menor disponibilidad del recurso, infraestructura envejecida y la necesidad de ejecutar grandes inversiones para adaptar los sistemas de abastecimiento al nuevo escenario climático.
La investigación, publicada en la revista Nature Sustainability, revela una tendencia que podría repetirse en distintas economías: el cambio climático genera nuevos costos de producción y esos costos terminan trasladándose a los usuarios mediante mayores tarifas de servicios públicos.
El fenómeno representa una nueva forma de presión inflacionaria. Así como el aumento del precio del petróleo encarece el transporte y los alimentos, el incremento del costo del agua puede impactar en múltiples sectores productivos, desde la industria y la agricultura hasta los servicios urbanos.
En Estados Unidos, el valor promedio del agua potable ya aumentó durante las últimas décadas a un ritmo superior al de la inflación, debido principalmente al deterioro de las redes y a la necesidad de renovar una infraestructura que requiere inversiones multimillonarias. Ahora, el factor climático agrega una nueva capa de costos.
El caso analizado por los científicos en Santa Cruz, California, muestra el desafío que enfrentan muchas ciudades: después de aplicar medidas de ahorro y eficiencia, las autoridades deben recurrir a soluciones más costosas, como plantas de reutilización de aguas residuales, nuevos sistemas de almacenamiento y obras para garantizar el suministro en períodos de sequía.
La consecuencia económica es directa: las inversiones necesarias para asegurar la disponibilidad del recurso terminan reflejándose en las facturas de los consumidores.
Paraguay frente al desafío de administrar su ventaja hídrica: Aunque Paraguay posee una posición privilegiada por sus abundantes recursos hídricos, con una de las mayores disponibilidades de agua dulce per cápita de la región, el país tampoco está aislado de esta nueva realidad económica.
Los ciclos de sequías severas y bajantes extraordinarias de los ríos Paraguay y Paraná demostraron en los últimos años que la disponibilidad del agua puede tener efectos directos sobre la economía nacional. La reducción del calado afectó la logística fluvial, elevó costos de transporte y generó impactos sobre sectores estratégicos como la exportación agrícola y energética.
Al mismo tiempo, las inundaciones recurrentes exigen mayores inversiones en infraestructura urbana, sistemas de drenaje, protección de comunidades vulnerables y mantenimiento de caminos, recursos que compiten con otras prioridades del presupuesto público.
Para Paraguay, el desafío económico no pasa únicamente por disponer del recurso, sino por desarrollar infraestructura suficiente para administrarlo de manera eficiente. La expansión urbana, el crecimiento industrial y la llegada de nuevas inversiones aumentarán la demanda sobre los sistemas de agua potable y saneamiento.
En este contexto, la gestión del agua comienza a formar parte de la agenda de competitividad de los países. Las naciones que logren anticiparse con inversiones inteligentes en infraestructura resiliente tendrán mejores condiciones para atraer capital, sostener su producción y reducir los impactos económicos de los eventos climáticos extremos.
El cambio climático dejó de ser solamente un problema ambiental. Se convirtió en una variable económica que afecta costos, inversiones, inflación y planificación empresarial. La próxima gran discusión mundial no será solo quién tiene agua, sino quién tiene la capacidad financiera y tecnológica para garantizarla.
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Los océanos del mundo batieron récord de calor en junio último
Los océanos del mundo registraron el mes de junio más cálido del que se tiene registro y podrían batir nuevos récords en 2026, debido al efecto combinado del fenómeno de El Niño y el calentamiento global, anunció este miércoles el observatorio europeo Copernicus. Según los datos del servicio marino del organismo, la temperatura promedio en la superficie oceánica, que cubre dos tercios del planeta, fue de 20,98°C en junio y batió el máximo previo de junio de 2024 (20,89°C).
El primer semestre de 2026 en su conjunto es el segundo más cálido jamás registrado, solo por detrás de los primeros seis meses de 2024. “Las condiciones actuales podrían indicar el inicio de una nueva fase, que nos llevará, una vez más, a territorio desconocido”, advirtió Carlo Buontempo, director del Servicio Copernicus sobre Cambio Climático, citado en un comunicado.
“Con temperaturas oceánicas en estos niveles y El Niño en el horizonte, es probable que veamos cómo se rompen otros récords de temperatura en los próximos meses”, agregó.
Las temperaturas fueron particularmente altas en junio en el centro y el este del Pacífico ecuatorial, la zona que sufre de lleno el efecto de El Niño, un fenómeno climático natural que calienta las aguas superficiales y provoca episodios de sequía, inundaciones y temperaturas récord en todo el mundo.
Así, el océano Pacífico tropical registró su primer semestre más cálido de la historia (26,91°C). Superó por muy poco el récord anterior establecido en 2016.
“Entre los años más calurosos”
Según los expertos, El Niño —llamado así en referencia al Niño Jesús, ya que el fenómeno se observó por primera vez alrededor de la época navideña— podría convertirse, a finales de año, en uno de los más intensos jamás registrados.
“Con la llegada de un año de El Niño (...), cabe esperar que 2026 figure entre los años más calurosos jamás registrados”, declaró Simon van Gennip, oceanógrafo de Mercator Ocean International, durante una conferencia de prensa virtual.
“Aún es imposible decir por cuánto exactamente”, agregó.
En 2024, el último año hasta la fecha marcado por este fenómeno, la temperatura promedio en la superficie de los océanos había alcanzado un nivel récord de 20,9°C, antes de descender ligeramente al año siguiente, según las estadísticas de Copernicus.
Este fenómeno climático natural, que se repite de cada dos a siete años, se suma a una tendencia más profunda de calentamiento de los océanos debido a la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
De hecho, los océanos desempeñan un papel regulador del clima al absorber el 90 % del exceso de calor generado por las actividades humanas, en particular la quema de petróleo, gas y carbón.
Ola de calor marina
Desde principios de año, el 82 % de la superficie oceánica mundial ha experimentado olas de calor marinas. Y casi la mitad ha sufrido episodios de intensos a extremos.
El océano Pacífico tropical y el mar Mediterráneo se han visto particularmente afectados.
El Mediterráneo, un mar muy sensible a los cambios atmosféricos, ha experimentado oleadas de calor en prácticamente toda su superficie (98 %) durante el primer semestre, y registró una temperatura récord de 24,34°C en junio de 2026.
El noroeste del Mediterráneo, en particular, se vio afectado por una temporada cálida que alcanzó el lunes un pico de intensidad sin precedentes para la zona, con una diferencia promedio de 5,2°C respecto a los valores normales, informó el martes el Instituto de Ciencias del Mar (CSIC), con sede en Barcelona.
Ese organismo destacó que este récord se debió en gran parte a la ola de calor que acaba de atravesar Europa.
Las oleadas de calor marinas ponen a prueba a las especies marinas menos móviles, llegando incluso a provocar mortandades masivas entre corales, erizos de mar o moluscos, entre otros.
“Es importante monitorear estos fenómenos, ya que tienen repercusiones importantes en el clima”, señaló Van Gennip, y agregó que estas altas temperaturas podrían “aportar energía adicional a la atmósfera” para crear “circunstancias favorables” a fenómenos de lluvias extremas.
Fuente: AFP.
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La Antártida registró una temperatura récord para junio de 15,4°C
La península antártica registró una temperatura récord para junio de 15,4°C, con derretimientos de hielo atípicos en la llegada del invierno austral, informaron climatólogos a la AFP. El nuevo pico, jamás registrado para esa región de la Antártida en el sexto mes del año, se anotó el 6 de junio en la Base Esperanza, una base científica argentina situada en la península Trinidad.
Allí el récord anterior era de 13.3°C y databa de 1998. La cifra está muy por encima del promedio de las máximas de junio en la Base Esperanza, de -6.2°C. “Se batieron récords de temperaturas muy altas, muy inusuales para la época”, dijo el jueves pasado a la AFP el climatólogo José Luis Stella, del Servicio Meteorológico Nacional argentino.
El especialista señaló que, aunque toda la Argentina “se presentó anómalamente cálido este comienzo de junio”, en la península antártica se registraron marcas de “hasta 20°C por encima de lo normal”. Entre el 5 y 6 de junio las bases argentinas Marambio y San Martín también midieron récords: con 11.8°C y 9.4°C superaron marcas previas de 9.2°C y 7.8°C respectivamente.
La máxima media en junio en esas locaciones es -10.7°C y -5.6°C.
Raúl Cordero, académico de la Universidad de Groningen en Países Bajos, dijo a la AFP que esta “ola de calor que afectó el extremo norte de la península antártica” no fue un evento aislado.
“Confirma una tendencia”, dijo Cordero, y añadió que a menos que se detenga “el calentamiento global este tipo de eventos continuarán produciéndose de forma cada vez más frecuente”.
Sin embargo, el científico del clima Thomas Caton Harrison, del Servicio Antártico Británico, dijo a la AFP que “existen pruebas fiables de que el cambio climático influye, pero el efecto es complejo en esta región”.
“Dado que la Antártida experimenta grandes oscilaciones de temperatura, es necesario recopilar una gran cantidad de datos a lo largo de muchos años para comprender el clima subyacente”, planteó.
Ambos especialistas coinciden en que las temperaturas están al alza en la región desde hace años y que algunos de sus efectos ya son visibles.
“Una cantidad sorprendente de precipitaciones ha caído en forma de lluvia en lugar de nieve”, dijo Caton Harrison.
“Esto tiene repercusiones para los ecosistemas polares, como las colonias de pingüinos, y supone un desafío para mis colegas que trabajan en las bases antárticas, ya que las abundantes lluvias líquidas generan escorrentía y formación de hielo”, explicó.
En la Base Esperanza las temperaturas máximas diarias han estado sobre cero de manera consecutiva durante las últimas tres semanas, y Cordero planeó que eso provocó que “amplias zonas en el extremo norte del continente blanco permanecen sin nieve”. “Una postal insólita en paisaje antártico durante el invierno”, dijo.
Fuente: AFP.
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Hantavirus Andes: qué saben los científicos argentinos
El hantavirus Andes circula desde hace décadas en la Patagonia argentina y chilena, transmitido por roedores silvestres. Pero el brote vinculado al crucero “Hondius” puso el foco en una característica excepcional de esa variante: su capacidad de transmitirse entre personas. ¿Cómo se comporta el roedor que lo transmite? ¿Hay factores ambientales que expliquen su propagación? ¿Por qué es tan difícil de estudiar?
El reservorio del virus Andes en la Patagonia es el ratón “colilargo”, Oligoryzomys longicaudatus. El contagio inicial ocurre por exposición a saliva, orina o heces de roedores infectados, en general en ambientes cerrados. Para el biólogo Raúl González Ittig, profesor asociado de genética de poblaciones de la Universidad Nacional de Córdoba, los casos que registra Argentina pueden vincularse a una secuencia ambiental: lluvias intensas asociadas a El Niño, más vegetación y mayor disponibilidad de alimento para los roedores.
Más roedores no significa necesariamente un brote, pero sí más oportunidades de contacto. “Hay más individuos y hay mayor probabilidad de que algún trabajador rural se infecte”, dijo a la AFP González Ittig. En cambio, la sequía y los incendios, que suelen ocurrir en verano en la región, “hacen disminuir las poblaciones de roedores”, explicó el especialista.
De todos modos, en los casos de transmisión interhumana, el único roedor culpable es el que causó el primer contagio.
En esos casos “no es aplicable lo que se sabe o sospecha respecto a la asociación o influencia de factores medioambientales”, dijo a la AFP la infectóloga María Ester Lázaro, médica jubilada del Hospital Zonal de Bariloche cuya tesis doctoral se basó en hantavirus Andes.
Más allá de los brotes conocidos -en la Patagonia argentina en 1996 y 2018, y ahora en el crucero- la transmisión entre personas es reportada muy ocasionalmente en la región.
Contagio interhumano: no es mutación
El epidemiólogo Rodrigo Bustamante, del hospital de Bariloche, precisa que la transmisión interhumana de la cepa Andes “no es una regla sino un evento excepcional que requiere contacto estrecho de menos de un metro durante treinta minutos”.
Tampoco se comporta como el covid-19 o la gripe. “Es mucho menos transmisible”, dijo Bustamante a la AFP. “Acá necesitan un contacto mucho más cercano, generalmente son convivientes”.
Los científicos rechazan la idea de que una mutación reciente haya convertido al virus Andes en transmisible entre humanos.
“Es un virus muy estable, a diferencia del del covid-19 o la gripe. Cada hantavirus ha evolucionado desde tiempos ancestrales con su roedor hospedero sin sufrir mutaciones relevantes”, dijo Lázaro.
“Lo que no sabemos -prosigue- es por qué el virus Andes, en vez de generar un caso aislado al infectar a una persona, es luego capaz de transmitirse a otra en algunas ocasiones, e incluso generar cadenas de transmisión de varios eslabones” como se observó en 1996 y 2018.
Al respecto, González Ittig responde: “Yo pienso que el virus siempre tuvo esa propiedad”.
Probablemente “los humanos empezaron a ocupar los ambientes en donde vivían los ratones. No fue una mutación puntual”, considera.
Difícil de estudiar
“El problema del hantavirus es que son tan pocos los casos, sobre todo en nuestra zona (...) que necesitas mucho tiempo para tener un número mínimamente decente (significativo, ndlr) para sacar conclusiones”, dijo Lázaro.
Bustamante plantea el mismo obstáculo desde la experiencia hospitalaria en Bariloche. En su hospital, cuenta, “normalmente tenemos de 2 a 4 casos de hantavirus al año”.
También pesa la evolución clínica. Al comienzo, el paciente puede parecer sano o tener una gripe con diarrea o vómitos. “Al cuarto día, en cuestión de horas, el paciente pasa de un estado que parece una gripe a estar ya en un respirador”, explica Lázaro.
Esa dínámica produce obstáculos “para hacer el interrogatorio del itinerario de los pacientes, de dónde estuvieron, y también para ensayos clínicos”, dice.
Entretanto, en Tierra del Fuego, de cuya capital Ushuaia salió el barco “Hondius”, los científicos discuten si el roedor local es el mismo colilargo o una subespecie, sobre la que existe un debate respecto de su potencial rol como reservorio de hantavirus.
Especialistas del Malbrán, el instituto nacional que estudia enfermedades epidemiológicas, viajarán el lunes a Ushuaia para realizar esta investigación.
En lo que va de la campaña epidemiológica, que se extiende por 12 meses desde junio cada año, se han registrado 102 casos de distintas cepas de hantavirus en Argentina, casi el doble de los 57 de los que existe registro en igual período anterior.
Fuente: AFP.