El enorme esfuerzo de 400,000 personas que puso a los astronautas en la Luna hace 50 años llevó a nuevas innovaciones que se extendieron a la vida pública, recuerda la NASA.
“El mundo miraba” el lanzamiento hace 50 años del Apolo 11
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Cabo Cañaveral, Estados Unidos | AFP | por Leila MACOR.
Hace 50 años, el 16 de julio de 1969, tres astronautas estadounidenses despegaron de Florida hacia la Luna en una misión que cambiaría la forma en que la humanidad concibe su lugar en el Universo.
"Nosotros, la tripulación, sentimos el peso del mundo en nuestros hombros, sabíamos que todos no estarían mirando, amigo o enemigo", dijo el piloto del módulo de comando Michael Collins desde el Centro Espacial Kennedy.
Él, Buzz Aldrin y Michael Collins, se reúnen este martes en la misma plataforma de lanzamiento, en una ceremonia que a su vez marcará el arranque de una semana de conmemoraciones de la misión Apolo 11.
Su comandante y el primer hombre que pisó la Luna, Neil Armstrong, falleció en 2012.
Pero Aldrin y Collins, de 89 y 88 años respectivamente, se encontrarán en la plataforma 39A del Centro Espacial Kennedy, exactamente a las 09H32 (13H32 GMT), para recordar el momento en que despegaron hace medio siglo.
Su nave espacial tardó cuatro días en llegar a la Luna antes de que el módulo lunar, conocido como "Eagle", tocara suelo en la superficie del satélite el 20 de julio de 1969. Armstrong salió de la cápsula y a las a las 02H56 GMT del 21 de julio de 1969, de noche en Estados Unidos, y de madrugada en Europa, pisó suelo lunar.
Collins permaneció en órbita lunar en el módulo de comando Columbia, el único medio de transporte que los astronautas tenían de regresar a la Tierra.
"Siempre pienso que un vuelo a la Luna es como una larga y frágil cadena de acontecimientos", dijo Collins, de 88 años, en el primero de muchos eventos planificados durante este semana.
El exastronauta rememoró que la misión se dividió en pequeños objetivos, como conseguir ir más rápido que la velocidad de escape de la Tierra, necesaria para liberarse de la fuerza de la gravedad terrestre, o reducir la marcha para orbitar sobre la Luna.
Aldrin ha sido relativamente más esquivo con la prensa y no participó en el acto con su excompañero de viaje.
Activo en Twitter y siempre con calcetines con la bandera estadounidense, Aldrin ha sufrido problemas de salud y familiares que culminaron en marzo pasado con una tregua a una disputa judicial con sus hijos sobre sus finanzas
Aldrin es el segundo hombre que pisó la Luna. Solo cuatro de los 12 hombres que han estado en suelo lunar están vivos.
El hombre olvidado
A diferencia de sus excompañeros, Collins se ha pasado medio siglo respondiendo preguntas sobre si se sintió solo o excluido.
"Siempre me preguntaron si no soy la persona más solitaria en toda la historia solitaria de todo el sistema solar solitario cuando estaba solo en esa órbita solitaria", recordó. "Y la respuesta es 'no, me sentí bien'".
"Me sentí muy feliz de estar donde estaba y de ver cómo se desarrollaba esa complicada misión".
"Podría haber disfrutado de un café caliente, si quería música, también tenía. El viejo Módulo de Comando del Columbia tenía todas las facilidades que necesitaba, y era bastante grande y realmente disfruté mi tiempo en vez de sentirme terriblemente solo".
Collins agregó que se le ofreció la oportunidad de ser comandante del Apolo 17, pero lo rechazó porque no quería pasar otros tres años lejos de su esposa y sus hijos pequeños.
¿Qué vino después?
Ni Estados Unidos ni ningún otro país ha sido capaz de volver a la Luna desde 1972, el año de la última misión de Apolo.
El presidente George Bush prometió hacerlo en 1989, así como su hijo el presidente George W. Bush en 2004, quien aseguró que iría más allá: a Marte.
Pero ambos tuvieron que enfrentarse a un Congreso que no tenía interés en destinar enormes fortunas y una opinión pública que había cambiado considerablemente desde la Guerra Fría.
El presidente Donald Trump volvió a lanzar la carrera por reconquistar la Luna y retomar la idea de explorar Marte, tras asumir el mando en 2017. Pero el efecto inmediato de esta decisión ha creado cierta turbulencia en la agencia espacial NASA.
La última semana, el administrador de la NASA propuesto por Trump, Jim Bridenstine, despidió al jefe de exploración humana espacial Bill Gerstenmaier, al parecer por desacuerdos sobre el ultimátum impuesto por el presidente de volver a la Luna antes de 2024.
Cinco años parecen un tiempo insuficiente para desarrollar esta misión, puesto que ni el cohete, ni la cápsula para alunizar, ni los trajes espaciales están terminados.
“No tenemos tiempo que perder, si vamos a tener un nuevo liderazgo, tiene que ocurrir ahora”, dijo Bridenstine a CSPAN la semana pasada.
El nuevo cráter visible como una mancha blanca rodeada por un halo oscuro, situada ligeramente a la derecha del centro de la imagen y señalada con flechas negras. Foto: NASA/AFP
El cráter del siglo: la NASA descubre nueva formación en la Luna
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Un investigador de la NASA descubrió un masivo y recién formado cráter en la Luna, un hecho que solo sucede “una vez por siglo o incluso más”, según científicos. El cráter, denominado “McGetchin”, mide 222 metros de ancho, indicó la NASA en una publicación en su blog.
Se cree que se formó en la primavera de 2024 tras el impacto de un cometa o un asteroide contra la Luna. Los investigadores describen el objeto que lo provocó como del tamaño de un edificio de tres a seis pisos de altura. “Los científicos estiman que un impacto de esta magnitud ocurre en la Luna alrededor de una vez por siglo, o incluso más”, dijo la Nasa.
Aunque el cráter ha estado allí por años, no fue descubierto sino hasta que Robert Wagner, un investigador del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO, en inglés) de la NASA, lo notó durante un nuevo escaneo de la superficie lunar.
El cráter apareció como una “gran mancha brillante rodeada por un halo oscuro” en las imágenes de la sonda LRO, que estudia la Luna desde 2009. Un estudio publicado el miércoles en la revista científica Science Advances determinó que era el cráter nuevo más grande jamás descubierto en el sistema solar.
Aunque la Luna tiene numerosos cráteres, muchos de ellos más grandes que McGetchin, estudiar la formación de uno en tiempo real podría ayudar a ampliar el conocimiento sobre la geología de la Luna. Ese conocimiento serviría para preparar mejor a las futuras misiones tripuladas al satélite, que actualmente son planeadas tanto por Estados Unidos como por China.
En la Luna, desde la antigüedad, se apoyaron poderosos y poderosas para predicciones, prospecciones agrícolas y consolidar sus propios sistemas de poder
Desde la más remota antigüedad, la Luna fue utilizada para predicciones, prospecciones agrícolas y para legitimar a los poderosos.
El 25 de mayo de 1961, el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy (1917-1963), ante el Congreso de aquel país anunció por primera vez que una de las metas de su administración era llevar un estadounidense a la Luna. La Guerra Fría (1947-1991) estaba en desarrollo.
En la por entonces llamada “carrera espacial”, los estrategas de su país evaluaban que sus adversarios de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se habían puesto en ventaja. De hecho, el 4 de octubre de 1957, “los rusos” pusieron en órbita el Sputnik 1, primero de los satélites artificiales de la historia.
Casi dos años más tarde, el 13 de setiembre de 1959, la nave espacial de la URSS Luna 1, como estaba previsto, se estrelló contra el suelo lunar cuando el satélite natural del planeta Tierra se encontraba en fase Gibosa Creciente. Por si algo faltaba, el 12 de abril de 1961, el líder soviético Nikita Jrushchov (1894-1971) volvió a marcar.
Aquel día, el astronauta Yuri Gagarin (1934-1968), a bordo de la Vostok 1, orbitó la Tierra durante ciento ocho minutos. El conflicto por la supremacía del capitalismo por sobre el socialismo parecía no ir bien para los norteamericanos. Kennedy sentía y sabía que era necesario recuperar el prestigio mundial que su país tenía cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial y, en el orden interno, reconstruir la confianza.
META
Con esa convicción, aquel jueves del quinto mes del año el mandatario pidió más fondos al Congreso porque aseguró creer “que esta nación debe comprometerse a lograr la meta, antes de que termine esta década, de hacer aterrizar a un hombre en la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra”. Dieciséis meses más tarde –el 12 de setiembre en la Universidad de Rice– fue más allá.
“Elegimos ir a la Luna en esta década (…) no porque sea fácil, sino porque es difícil”. El 20 de julio de 1969, dos estadounidenses, Neil Armstrong (1930-2012) y Buzz Aldrin (96), a bordo de Apolo 11, alunizaron y regresaron. Kennedy no pudo verlo. Fue asesinado el 22 de noviembre de 1963, en Dallas.
Mundialmente, de todas formas, se instaló la idea de que Estados Unidos triunfó en la carrera espacial. ¿Habrá sido así? Sospecho que Kennedy (y sus asesores) –cuando lanzaron el compromiso lunar, por llamarlo de alguna manera, como operación concreta de comunicación política– tuvieron a la vista que, desde la más remota antigüedad, la Luna fue utilizada para legitimar a los poderosos y unificar a las sociedades con rituales colectivos.
“La Luna, el espacio, los extraterrestres son temas que siempre pagan bien”, me dijo alguna vez Samuel “Chiche” Gelblung (1944-2026), en el transcurso de una charla de verano entre colegas. Y creo que es así, pero no solo para los contenidos de los medios. Pese a ello, entonces y hasta ahora, para algunos, ese señalamiento y algunos otros –más populares– ya no aplican.
¿Un ejemplo? Estar “en la luna”, aquella frase estigmatizante que llega hasta la actualidad desde la Edad Media cuando los antiguos astrónomos pasaban largas horas con sus ojos fijos en los cielos nocturnos, con la que se denostaba coloquialmente de quienes padecían de problemas de atención o vivían despistados, comenzó a perder sentido.
Pero vuelvo a la Luna y me atrevo a sostenerla como recurso “de última”. Jenaro Gajardo Vera (1919-1998) –abogado, pintor y poeta– fue el sexto de la decena de hijos e hijas que tuvieron el médico Delfín Gajardo Merino y su esposa en Chile. Fue fundador de la Sociedad Telescópica Interplanetaria de la ciudad chilena de Talca, donde se afincó desde 1951.
El primer ministro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Nikita Jrushchov, y el 35.º presidente de los EE. UU., John Fitzgerald Kennedy, utilizaron la Luna como meta a alcanzar durante la “carrera espacial” en tiempos de la Guerra Fría
COMITÉ DE RECEPCIÓN
Tal vez, entre los propósitos más relevantes de esa organización, de la que también formaba parte el obispo Manuel Larraín Errázuriz (1900-1966), estaba el de “formar un comité de recepción a los primeros visitantes extraterrestres” que llegaran a nuestro planeta. Pero más allá de ello, Jenaro deseaba fervorosamente ser miembro del muy bien reputado Club Social, que se fundara allá por 1875 y cuyas puertas hasta hoy permanecen abiertas en la calle 3 Oriente 1 y 2 Sur de Talca.
Pero –para acceder a ese deseo– debía acreditar ser propietario. Grave. Gajardo Vera, vaya contradicción, solo era poseedor de su buen nombre y honor, pero con ello no aplicaba. Ingenioso –además de aficionado a la astronomía– el 25 de setiembre de 1954 logró que el notario público César Jiménez Fuenzalida certificara con toda formalidad que aquel “poeta es dueño desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475,99 kilómetros, denominado Luna, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: a Norte, Sur, oriente y poniente: el espacio sideral”.
Así se lee en el acta que emitió Jiménez Fuenzalida. Más aún, se cotillea en Talca que, en 1969, el trigesimoséptimo presidente de Estados Unidos, Richard Nixon (1913-1994), previo a la misión Apolo 11 y a través de una carta, le pidió autorización para descender en la Luna.
Aquella misiva –si existiera– nadie dice públicamente haberla visto. Sin embargo, el poeta exhibió, tal vez en alguna reunión en el Club Social de Talca, la que fue su respuesta. “En nombre de Jefferson, de Washington y del gran poeta Walt Withman, autorizo el descenso de Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que me pertenece, y lo que más me interesa no es solo un feliz descenso de los astronautas, de esos valientes, sino también un feliz regreso a su patria. Gracias, señor presidente”.
Antes de morir, a los 79 años, Jenaro hizo conocer su voluntad. “Dejo a mi pueblo la Luna, llena de amor por sus penas”. Recuerdo que a mi regreso de un viaje a Chile en cuyo transcurso caminé las calles de Talca, un querido colega periodista, EA, descreyó. Con un fragmento del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 entre sus manos, leyó en alta voz. “El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no es objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera”.
Jenaro Gajardo Vera (1919-1998), ciudadano chileno residente en Talca. Registró la Luna para tener una propiedad y poder asociarse al Club Social de aquella ciudad el 25 de septiembre de 1954
UN TEMA QUE PAGA BIEN
Lo sé y no es un dato menor, pero esto sucedió y, sin dudas, es una historia tan atrapante como verificable, atiné a responder. “La Luna, el espacio, los extraterrestres, son temas que siempre pagan bien”. El debate finalizó con risas.
“Seducir y suceder son palabras constituidas casi con las mismas letras. Uno solo de esos signos es el que lo cambia todo, pero –en este caso– sus efectos son definitivamente vinculantes a la hora de producir sentido”, explicaba con frecuencia un muy viejo colega periodista y académico –CP– a quien, en las sobremesas, le encantaba apabullar a las y los comensales con sus juegos de palabras.
“De hecho y, para que se entienda –agregaba con engolado tono de viejo locutor que nunca lo fue– para que la intención de seducir se cumpla en plenitud (y se pueda respetuosamente comentar), tiene que suceder”. Como corolario, sentenciaba: “La política, finalmente, es un acto de seducción masiva”. Y algún grado de razón tenía. La gestión política está marcada por esas dos palabras que se aplican con demasiada frecuencia.
PRIMAVERA
Faltan pocos días para el inicio de la primavera. El invierno resiste. Los que saben lo exculpan. Señalan a El Niño como el causante del invierno extendido… y de todo lo malo que climáticamente –tal vez– habrá de suceder. Sin embargo, a poco del inicio del sábado, ateridos de frío y en procura de ser alcanzados por la calidez que irradian los leños crepitantes, el semicírculo que nos organiza espacialmente a este grupo de amigos y dos amigas se estrecha en torno de la hoguera.
Los copones hoy se colman con un Chateau Subsónico Cambiador Malbec Ancellotta del 2023. El Valle de Uco, en la provincia argentina de Mendoza, genera elixires. Detrás de un enorme ventanal la Luna –gigante– alumbra con generosidad extrema.
“!Lunazaaa…!”, exclamó Mirna. “El sueño de Lorca (Federico García, 1898-1936)”, replicó AF. “De hecho se lo suele mencionar como ‘el poeta de la luna’ que para él y su cosmos creativo era donde convergían misterios, tragedia…”, agregó. “Justamente con su Romance de la Luna, inicia una de sus obras más recordadas como lo es Romance Gitano”, dice ER a quien interrumpo.
“‘La luna vino a la fragua / con su polisón de nardos. El niño la mira, mira / El niño la está mirando. / En el aire conmovido mueve la Luna sus brazos / y enseña lúbrica y pura, / sus senos de duro estaño / Huy luna, luna, luna…’ y podría seguir”, digo a los amigos y las dos amigas que me observan incrédulos y sonrientes recitar.
SIMBOLISMO
“En el sistema de símbolos en la obra de Federico García Lorca aparece el de la luna como el de mayor significación por su variedad de manifestaciones”, puntualiza AF, mientras lee un reporte de la británica Universidad de Cambridge.
“Pero a la Luna también le escribieron Becquer (Gustavo Adolfo), Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Miguel de Unamuno, por solo mencionar a algunos”, apunta ER. Una vez más, brindamos. ¿Habrá quedado lejos o perdido en la historia de la literatura la época en que las y los poetas formaban parte de la vida cotidiana?
Mi mirada se pierde en ninguna parte. No tengo la respuesta. Tampoco la busco ni lo intento. “Yo no le canto a la Luna / porque alumbra y nada más / le canto porque ella sabe / de mi largo, caminar”, compuso alguna vez Atahualpa Yupanqui (1908-1992), cantautor argentino, recordó JT.
Tengo la convicción de que tímidamente tarareaba. Sonrió. “Horacio Ferrer (1933-2014), enorme poeta uruguayo y rioplatense, la vio ‘rodando por Callao…’”, agregó Delia. “¿Es o será posible ignorar a la Luna?”, desafió. “Es verdad, no se la puede ignorar, pero es preciso aceptar que la Luna emerge muchísimo menos en las producciones poéticas –como símbolo– desde el inicio del siglo XXI y, aunque no se puede sostener que ha desaparecido, tal vez se esté dando un desplazamiento temático drástico respecto de lo que eran las tradiciones romántica, modernista o vanguardista del siglo XX en las producciones poéticas”, polemiza CM, muy callado hasta el momento.
EN EXTINCIÓN
“Desde las últimas producciones tangueras de autores como Julián Centeya, Celedonio Flores o hasta el propio Ferrer a la Luna la estrellaron contra el pavimento bonaerense o contra los paredones… desde entonces, quizás, la Luna está en extinción y, por qué no decirlo, en el corazón de las ciudades iluminadas a pleno es cada noche más difícil poder verla”, enfatizó. Pero como abogado sus anécdotas y reflexiones rumbearon hacia otros relatos no menos poéticos, pero en algunos casos preñados de hipocresía.
Dennis Hope (82) es un empresario estadounidense que también se dice dueño de la Luna y justamente por ello vende “títulos de propiedad” inmobiliarios en el espacio exterior desde hace ya largo tiempo porque comenzó en el siglo pasado. Luego de un divorcio controversial y en el borde de la bancarrota, en California, mientras contemplaba la Luna desde el borde de una carretera, pensó al único satélite natural de la Tierra como un territorio sin dueño.
RES NULLIUS
“El principio de res nullius”, acotó JM. Retomó la marcha. Condujo hasta su casa y, una vez allí, revisó detalladamente el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 que claramente prescribe que la Luna “no es objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera”.
Dennis interpretó que el texto va dirigido solo a los Estados y, por tanto, se produce un “vacío legal” en este tratado porque no menciona ni alude en esa prohibición a personas o empresa privadas. Desde esa perspectiva, sustentándose en las leyes de asentamiento estadounidenses, se declaró formalmente propietario de la Luna, Mercurio, Marte, Venus, Júpiter y varias de las “lunas” de ese planeta.
Registró aquella declaración en una oficina del condado de San Francisco en noviembre de 1980, notificó formalmente a las Naciones Unidas (ONU), al Gobierno de los Estados Unidos, al de la URSS que nunca respondieron ni objetaron. Desde entonces, a través de la empresa de su propiedad The Lunar Embassy (La Embajada Lunar) comercializa y entrega títulos de propiedad que incluyen el “derecho de mineral”, por lo que a cada adquirente le asigna un diploma que opera como título de propiedad numerado y sellado junto con un mapa cartográfico de ubicación del inmuueble, una copia de la “Constitución Lunar” redactada por Hoppe, una declaración de ciudadanía y el pasaporte emitido por el “Gobierno Lunar”.
“COMPRADORES”
Entre algunos de los más notables de dos millones de compradores se encuentran los expresidentes estadounidenses Ronald Reagan, Jimmy Carter y George W. Bush, además de otras celebridades. “No dejo de pensar en la idea de seducir y suceder asociada con la política”, dice Delia mientras levanta nuevamente su copa.
“‘Trump (Donald, 80 años, presidente norteamericano) afirma que la Luna le pertenece a EE.UU.’ en el portal de noticias mxcontrapunto”, dice JT que con suma atención lee en la pantalla de su teléfono inteligente y prosigue: “🌕🇺🇸 @realdonaldtrump afirmó en una publicación en Truth Social que “la Luna es nuestra”, en el marco de nuevas propuestas sobre la política espacial de Estados Unidos”.
El sábado amanece. Las dudas se despejan. “La Luna, el espacio, los extraterrestres, son temas que siempre pagan bien”.
En la noche del 27 y la madrugada del 28 de agosto, la Tierra se interpondrá entre el Sol y la Luna y cubrirá cerca del 93 % del disco lunar. Foto: Gentileza
La Luna se teñirá de rojo y nueve telescopios apuntarán al cielo desde la Costanera
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Dentro de 6 días, entre la noche del 27 y la madrugada del 28 de agosto, la Tierra se colocará entre el Sol y la Luna, proyectando su sombra sobre la superficie del satélite natural. El fenómeno será aprovechado por la comunidad astronómica y el público podrá observarlo gratuitamente desde la Costanera Norte de Asunción, donde el Museo de Ciencias (MuCi) desplegará nueve telescopios para seguir el eclipse.
La actividad comenzará a las 22:00 del jueves 27, en la zona próxima al Palacio de López y las letras corpóreas #YoAmoAsu. El acceso será gratuito, pero requerirá inscripción previa a través de la plataforma de entradas del MuCi.
El MuCi organizará una jornada gratuita de observación con nueve telescopios en la Costanera Norte de Asunción, donde el eclipse alcanzará su punto máximo a la 1:19. Foto: Gentileza
El fenómeno
Se trata de un eclipse lunar parcial profundo, durante el cual la sombra terrestre cubrirá aproximadamente el 93 % del disco de la Luna. La luz solar que atraviesa y se refracta en la atmósfera de nuestro planeta dará al satélite una tonalidad rojiza, fenómeno conocido popularmente como “Luna de Sangre”.
Para acercar este espectáculo celeste al público, el MuCi instalará nueve telescopios computarizados, tres pertenecientes al museo y seis aportados por grupos de aficionados. Los equipos, con aperturas de entre 8 y 11 pulgadas, permitirán observar tanto el desarrollo del eclipse como los cráteres y las tonalidades que adquirirá la superficie lunar.
En Paraguay, el momento de mayor intensidad se producirá a las 1:19 del viernes 28, mientras que el fenómeno concluirá alrededor de las 4:00. Durante la jornada, especialistas y colaboradores del MuCi acompañarán las observaciones y explicarán los principales aspectos del evento astronómico.
La iniciativa busca convertir la observación del cielo en una experiencia de divulgación científica accesible para toda la familia. Además, servirá como anticipo de la futura Terraza de Astronomía del MuCi, prevista en la nueva sede del museo en la Costanera.
La participación estará abierta a niños, jóvenes y adultos. Los menores deberán permanecer acompañados por un adulto responsable. Se recomienda llevar agua, binoculares y mantas para quienes deseen permanecer durante varias horas al aire libre.
A diferencia de un eclipse solar, observar un eclipse lunar no representa un riesgo para la vista, por lo que no se requieren anteojos especiales para contemplarlo.
Un cohete Falcon 9 de SpaceX se exhibe en una instalación de SpaceX el 4 de agosto de 2026 en Hawthorne, California. Foto: Justin Sullivan/Getty Images/AFP
Parte de un cohete de SpaceX se estrelló contra la Luna
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Parte de un cohete de SpaceX, del tamaño aproximado de un autobús, se estrelló contra la Luna, tal como estaba previsto, dijeron científicos ayer miércoles, después de que un telescopio en Chile registró una nube de escombros. La colisión, que no fue intencional, no representó ningún peligro para la Tierra y se espera que haya dejado un cráter lunar, que las agencias espaciales, incluida la NASA, aún esperan poder documentar.
Los científicos tenían previsto que la segunda etapa del Falcon 9 impactara la superficie lunar alrededor de las 6:35 GMT del miércoles. Y así ocurrió, informó el Observatorio Europeo Austral en las redes sociales, basándose en registros del Very Large Telescope. El telescopio “detectó líneas espectrales”, una suerte de “huellas dactilares químicas” de “gas de sodio y litio en la nube de impacto que duró entre 5 y 10 minutos después de la colisión”, explicó el Observatorio.
“Es probable que el sodio se originara en el suelo lunar, mientras que el litio podría proceder del propio cohete”, añadió en su publicación. Según observadores científicos, el impacto a 8.690 kilómetros por hora “era inevitable”. Al compartir la publicación del Observatorio Europeo Austral, Benjamin Fernando, del Laboratorio Nacional de Los Álamos en Nuevo México, declaró a la AFP: “Puedo confirmar que el impacto se produjo”.
El cohete Falcon 9 de SpaceX, la empresa de Elon Musk, despegó en enero de 2025 junto con dos módulos de alunizaje. Su propulsor regresó a la Tierra, pero la parte superior permaneció en el espacio para impulsar a los alunizadores en su trayectoria.
En general, en este tipo de misiones, SpaceX lleva a cabo una maniobra para asegurarse de que la segunda etapa “sea segura de acuerdo con las normas y reglamentos pertinentes”, explicó Julianna Scheiman, directora de Ciencia de la NASA y de Programas Dragon en SpaceX, en una rueda de prensa el lunes.
La NASA espera establecer pronto una misión humana permanente en la Luna, por lo que es fundamental comprender mejor los desechos espaciales en órbita lunar. La Luna soporta habitualmente impactos de desechos espaciales, incluidos meteoroides. Las colisiones artificiales son menos frecuentes.