El trío paraguayo integrado por jóvenes músicos se enfoca en los sonidos del jazz, el jazz sudamericano y la música popular paraguaya.
Majuja Trío está conformado por Magalí Benítez (piano), Julieta Morel (batería) y Jair Galeano (bajo eléctrico) y lanza su primer single denominado “Viaje Paralelo”, una composición del bajista Josías Montanía.
El trío nace en las clases de ensamble de la Licenciatura en Música de la Universidad Nacional de Asunción con el propósito de estudiar y descubrir la música popular instrumental desde un formato de tres, buscando diversas sonoridades dentro de la música popular paraguaya contemporánea, el jazz y el jazz sudamericano.
Desde su conformación en el 2017, Majuja Trío fue presentándose en importantes espacios de difusión cultural de Asunción como: Drácena, Mburucujazz y otros. También participó en eventos como el Showcase de Factoría Instrumental (2020), el Jazz Day de Drácena(2021) y como parte de los conciertos paralelos del Festival ASUJAZZ (2021).
”Viaje Paralelo” fue estrenado el viernes 6 de mayo y está disponible en las plataformas digitales Spotify, iTunes, YouTube Music, Deezer y más. Además, el grupo brindó un concierto de lanzamiento el pasado viernes 13 de mayo en El Granel.
Majuja Trío tiene como premisa la difusión de obras de autores nacionales populares, además de desarrollar y afianzar su carrera como trío dentro de la escena local. Aquí te dejamos su música.
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Jazz in Marciac 2026: el prestigioso festival francés volvió a reunir a las grandes figuras del jazz
- Por David Sánchez, desde Marciac (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
La 48.ª edición de Jazz in Marciac, uno de los festivales de jazz más importantes de Europa, concluyó tras celebrarse del 20 de julio al 5 de agosto en la localidad de Marciac, en la región francesa de Occitania. Durante más de dos semanas, el pequeño municipio del suroeste de Francia volvió a convertirse en un punto de encuentro para miles de aficionados gracias a una programación que combinó leyendas del género, artistas contemporáneos y conciertos gratuitos repartidos por todo el pueblo.
Desde su creación en 1978, el festival ha crecido hasta consolidarse como una referencia internacional del jazz. Cada verano recibe a cientos de miles de visitantes y ofrece una programación que trasciende el escenario principal, con exposiciones, actividades culturales, gastronomía local y el tradicional Festival Bis, dedicado a conciertos gratuitos y al descubrimiento de nuevos talentos.
En esta edición, el cartel volvió a destacar por su equilibrio entre el jazz más clásico y propuestas de otros géneros cercanos. Uno de los conciertos más esperados fue el de Sting 3.0, que inauguró la programación principal con todas las entradas agotadas. También sobresalieron las actuaciones de Pat Metheny, una de las figuras más influyentes del jazz contemporáneo; Diana Krall, que regresó al festival con su inconfundible repertorio; Marcus Miller, con su homenaje a Miles Davis; y Kool & The Gang, que aportó el toque de funk y soul a la recta final del evento.
El festival también reunió a algunos de los nombres más respetados de la escena jazzística internacional, como Samara Joy, Cécile McLorin Salvant, Kenny Garrett, Richard Bona, Roberto Fonseca, James Carter, Ibrahim Maalouf, Anne Paceo, Youn Sun Nah y Émile Parisien, consolidando una programación que mezcló diferentes generaciones y estilos musicales.
Como es habitual, Jazz in Marciac no se limitó a los conciertos nocturnos bajo su emblemática carpa. Las calles y plazas del pueblo acogieron actuaciones gratuitas, exposiciones de arte, actividades culturales y espacios dedicados a la gastronomía de la región de Gascuña, convirtiendo el festival en una experiencia que fue más allá de la música y que reforzó su identidad como uno de los grandes acontecimientos culturales del verano francés.
Tras cerrar su 48.ª edición, Jazz in Marciac confirmó una vez más su posición entre los festivales de jazz más prestigiosos del mundo, manteniendo una fórmula que combina artistas de primer nivel, un entorno único y una fuerte apuesta por la difusión de la cultura y el talento emergente.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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José Villamayor: “Este es un disco que habla de la luz y de la esperanza”
- Jimmi Peralta
- Fotos: Gentileza
El reconocido guitarrista José Villamayor vuelve a hurgar entre las sonoridades del jazz y el 6x8 nacional. En este diálogo con La Nación del Finde, habló sobre su último álbum y cómo los 10 temas que lo componen constituyen “un recorrido que avanza hacia la luz”.
La apuesta por la música producida en el país se encuentra muchas veces en medio de la tensión entre lo posible y lo proyectado, realidad y sueños. La tenacidad en el trabajo y el compromiso con los objetivos son los que, entre otros elementos que atañen al talento, permiten el surgimiento de cada nuevo nuevo proyecto.
En este sentido, José Villamayor es un guitarrista de la escena jazzística local con una carrera de más de dos décadas. Recientemente presentó “Aires nacionales II”, un nuevo registro personal grabado en formato de sexteto, en el que plasma su búsqueda sonora y sensibilidad entre los géneros que lo constituyen internamente: el jazz y la música paraguaya.
Villamayor, quien logra este disco con apoyo de Matías Insaurralde y la producción de Sergio Cuquejo en Spirit And Sound, contó en estudio con la participación de Vetner López, Juan Pablo Giménez, Giovanni Primerano, Bruno Muñoz, Ezequiel Takebe, Dani Pavetti y Nico Vera.
–¿Cómo definirías tu último álbum?
–Para mí, “Aires nacionales II” es un disco que habla de la luz y de la esperanza. Creo mucho en el poder emocional que tiene la música y en lo que puede generar en quien la escucha. Por eso pensé el álbum como un viaje, diseñado para escucharse en orden, con un recorrido simbólico. El disco comienza con “Gota de luz”, que representa ese pequeño destello de esperanza que todos necesitamos para sentir que vamos por el buen camino. Y termina con “La esperanza de un nuevo día”, que funciona como un recordatorio de que cada mañana ofrece una nueva oportunidad, una nueva esperanza. De alguna manera, el álbum va desde esa primera chispa de fe hasta una esperanza más plena: un recorrido que avanza hacia la luz.
HILO CONDUCTOR
–¿Qué hilo conductor une los dos discos de “Aires nacionales” o cómo se proyecta uno a través del otro?
–Para mí, el hilo conductor entre ambos discos es la idea original que dio nacimiento al proyecto “Aires nacionales”: agrupar mis músicas con “aires nacionales”, valga la redundancia; pasar por el filtro del jazz y del folclore. No desde un lugar estrictamente tradicional, sino desde mi propia mirada, mi tiempo y mi bagaje. Lo que une a ambos discos es esa búsqueda de tocar nueva música con “aires nacionales”, aunque cada uno lo hace desde sonoridades distintas. El primer disco está grabado con una formación más reducida y completamente acústica, con instrumentos de madera como el contrabajo, el requinto, la guitarra y la percusión, lo que genera una estética más orgánica y cercana a lo folclórico. En cambio, “Aires nacionales II” amplía la paleta tímbrica: aparece una convivencia entre lo acústico y lo eléctrico. Esa mezcla mantiene la raíz del proyecto, pero explora nuevas texturas y colores sonoros.
–¿Qué búsquedas musicales y/o sensibles pensás que predominan en este material?
–Pienso que en este disco la búsqueda musical y sensible no están separadas, sino que funcionan como una misma cosa. La intención principal es generar sensaciones en el oyente: que la música pueda transmitir ideas desde lo emocional, casi en la piel, a medida que avanza el recorrido del álbum. Cada obra propone un clima particular.
–¿Podrías hablarnos de lo que plantea cada una de las propuestas?
–En “Gota de luz” me interesa que se perciba esa esperanza inicial, ese destello o chispa de fe. “Una hoja al viento” invita a una filosofía de dejarse llevar con serenidad, con cierta paz, como el viaje de una hoja al viento. “La raíz del alma” apunta a ese reconocimiento del mundo interior, de aquello profundo que define a cada persona. “Ñandutí” busca conectar con la belleza estética de nuestra cultura, mientras que “La fiesta de la vida” transmite celebración y energía colectiva, ese lado extraño y maravilloso de estar vivos. Hay también espacios más introspectivos o reflexivos: “Pya’e” sugiere esa sensación de rapidez permanente del mundo moderno, esa ansiedad constante de actualización donde parece que nunca terminamos de asentarnos. La idea misma de la obra es que incomode un poco, que nos acelere, que nos haga sentir corporalmente ese pulso vertiginoso en el que vivimos. “Paseo por el río” propone un viaje hacia lo vulnerable y lo interno. “Canción para los sobrevivientes” conecta con una memoria emocional compartida, marcada por experiencias globales como la pandemia. Finalmente, “Arasunu” se vincula con una idea de misterio y de conexión con el tiempo: el trueno como símbolo de algo ancestral que permanece inmutable, más allá de los cambios tecnológicos o culturales, y que nos une con quienes vivieron antes que nosotros.
RECURSOS
–Con los años fuiste aprendiendo y cambiando… ¿Qué cosas dan los años a la hora de escuchar o tocar música?
–Creo que una de las cosas más importantes que dan los años es la necesidad de no mostrar todo el tiempo todo lo que uno sabe. Cuando empezás a tocar, muchas veces querés demostrar constantemente los recursos, abrir el abanico técnico para que se vea todo lo que podés hacer. Con el tiempo esa mirada cambia: empezás a entender las herramientas musicales más como recursos y, sobre todo, como recursos emocionales que como elementos de exhibición. La técnica deja de ser un fin en sí mismo y pasa a estar al servicio de la música, de lo que la música necesita decir. Al comienzo, cuando uno arranca, suele estar muy conectado con el lado emocional. Después aparece la academia o el estudio profundo, y uno queda fascinado con las posibilidades teóricas y técnicas, a veces alejándose un poco de esa esencia inicial. Pero con los años se vuelve al origen, a la idea primaria de la música como una experiencia de conexión y bienestar, tanto para quien la toca como para quien la escucha.
–¿Qué aporta a la mirada y el oficio del músico el ejercicio de la docencia?
–Para mí, ese contacto permanente con nuevas energías y miradas nutre mucho y renueva mi propio lenguaje musical. La docencia también me permite mirar la música desde otra perspectiva, volver a repensarla y redescubrirla constantemente a través de los procesos de otros. Algo muy interesante, además, es que con el tiempo voy conociendo el nacimiento de muchas promesas musicales. Varios alumnos míos, con los años, terminan convirtiéndose en colegas dentro de distintas agrupaciones, incluso en las mías, y eso es algo que me genera una enorme satisfacción, tanto humana como musical.
–¿Cómo surge para vos la necesidad o el oficio de componer?
–En mi caso, la composición no siempre parte de una búsqueda planificada, sino más bien de apariciones espontáneas de ideas. Muchas veces surgen en medio de la vida cotidiana: caminando, manejando en silencio, en medio de la práctica o también en determinados estados emocionales donde siento la necesidad de plasmar algo. Cuando eso sucede, intento registrarlo de inmediato, generalmente grabándolo en el celular. Cuando no tengo la posibilidad, trato de retener la idea en la cabeza lo más posible para después grabarlas, aunque a veces no lo logro. La gran mayoría de las veces quedan como ideas registradas que luego retomo y desarrollo con mayor profundidad. Es un proceso muy ligado a la inspiración, pero también al trabajo posterior: volver sobre esa idea, darle forma y transformarla en obras que puedan ser compartidas.
EL JAZZ Y LA MÚSICA PARAGUAYA
–¿Por qué elegiste explorar desde el jazz la música paraguaya?
–Explorar la música paraguaya tiene que ver directamente con mi propia vivencia musical. Por un lado, el folclore paraguayo y, por otro, el jazz, después de tantos años de estudiarlo, tocarlo y vivirlo. De manera natural, entonces, esos dos mundos empiezan a convivir dentro de mi lenguaje y aparecen a la hora de componer. Si bien escribo música en otros estilos, en este proyecto decidí agrupar aquellas obras que comparten esos “aires nacionales”: una sonoridad, una estética y una raíz vinculada a lo paraguayo, vistas a través del filtro de mi propio bagaje. Por eso el repertorio responde a ese concepto más que a una limitación estilística de mi producción en general.
–¿Editar se debe a un impulso personal?
–En mi caso, grabar un disco no tiene tanto que ver con una decisión individual. Porque si dependiera solo de mí, probablemente estaría produciendo y grabando constantemente, además de tocar. La realidad es que para que un proyecto discográfico se concrete tienen que darse muchas condiciones. Por un lado, la disponibilidad de los músicos: poder coordinar ensayos, que todos tengan el tiempo para estudiar el repertorio y trabajar el material, y que además estén disponibles justamente aquellos músicos que uno considera idóneos para el proyecto. Muchas veces eso es complejo, porque la mayoría vive la música también como sustento diario o tiene otras prioridades laborales que dificultan sostener un proceso largo de ensayos y grabación. Por otro lado, están las condiciones económicas propias de producir un material. Grabar un disco implica costos y una estructura que necesita cierta viabilidad para poder realizarse. Entonces, más que un impulso personal, la grabación termina siendo el resultado de que coincidan las condiciones humanas, de tiempo y económicas necesarias para que el proyecto sea posible.
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El CCPA Jazz Quintet rinde tributo a la guarania por su centenario
El Jazz Quintet del CCPA - Centro Cultural Paraguayo Americano se vuelve a presentar el martes 23 de setiembre, a partir de las 20:30, con un concierto que fusiona la melancolía de la guarania con la libertad y la riqueza armónica del jazz, en el Teatro de las Américas, ubicado en José Berges entre Brasil y Estados Unidos, en Asunción, con entrada libre y gratuita.
Será un concierto homenaje a la guarania, celebrando obras de compositores modernos paraguayos en este año en que se cumplen los 100 años de la creación de la guarania por José Asunción Flores, a partir del estreno de su obra “Jejui” en enero de 1925, en un hotel de Asunción. Cabe recordar, que el 2025 fue declarado “Año de la Guarania” por el Gobierno paraguayo.
El CCPA Jazz Quintet está integrado por Diana Quiñones en trombón, Magno Molinas –nuevo integrante- en piano/teclado, Paula Rodríguez contrabajo y band leader, José Burguez en batería, y a Bruno Muñoz reemplazando en esta ocasión a Oliver Duarte en saxo.
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Quinteto del CCPA celebra a las compositoras de jazz
El Jazz Quintet del Centro Cultural Paraguayo Americano (CCPA) se presenta el martes 29 de julio, a las 20:30, con un repertorio con lo mejor de las composiciones de mujeres en el jazz. El concierto lleva el nombre de “Celebrating Women Composers in Jazz”, y será en el Teatro de las Américas (José Berges 297 entre Brasil y Estados Unidos, Asunción), con entrada libre y gratuita.
“Celebramos a las mujeres del jazz con un amplio recorrido y atravesando diversos periodos y géneros de composiciones de mujeres jazzistas. Desde las compositoras más tradicionales: Melba Liston, Geri Allen, Tania María, hasta las actuales, como Esperanza Spalding, Ej Hwang y más”, indica una nota de prensa del centro cultural.
El CCPA Jazz Quintet está integrado por Diana Quiñones en trombón, Magalí Benítez en piano/teclado, Paula Rodríguez en contrabajo y directora de la banda, José Burguez en batería, y Bruno Muñoz reemplazando en esta ocasión a Oliver Duarte en saxo. Además, como cantante invitada estará Emilia Olazar.
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Esta última artista había integrado Las Negras, una banda que formó con su hermana, conocida artísticamente como Lucero Sarambí; así como juntas integraron el Dúo Láser, y aportó coros en su canción solista “Oda al amor desapegado” (2023). La joven participó en “Caracol” (2021), primer sencillo del álbum “Hallarse” de Paulo Correa; y en “Retina” (2021) de Intrinsick, proyecto de Sofía Orrego y John Aguiar.
También fue parte de la campaña “Colores en Órbita” (2021) de la colección de prendas de la tienda Rotunda, que incluyó a Sari Carri y Ally; interpretando la canción “Be With Me” de Bagòó, una banda de la cual fue vocalista, con Víctor Álvarez (piano), Marcelo Ortigoza (piano), Jair Galeano (bajo, saxo, contrabajo) y José Burguez (batería), y que lanzó el EP de cuatro canciones titulado “Bad Oktobar” (2021).
Con el mencionado cuarteto participó en el festival Jazz Day Asunción 2021; y se sumó a Unus Mundus Grupo en el Jazz Day Misiones (Argentina). Para shows en vivo se asoció en sendos dúos con el pianista Víctor Álvarez y el guitarrista Hugo Zayas, o en su formato de banda denominado Emi Olazar Soul Experience. Colaboró con Novique MC (Fernando Silvera, también conocido como Eneveku) en su canción “Buscando”, incluida en el disco “Ellas, Vol. 2” (2021), con apoyo de GuerrillaSoul Experimento y Ndaipori Frontera. Además, participó de las siete canciones de la grabación en vivo “Raven & Band (Live Session)” (2022).
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