El arpista y compositor paraguayo cumplirá 40 años de carrera internacional en junio de este año y para celebrarlo realizará un concierto hoy 27 de abril del 2022 en la sala “Brasilia” de La Maison de l’Amèrique Latine, a las 19:00hs.
El evento es organizado por la Embajada de Paraguay en Francia en conjunto con la “Casa de America Latina en Francia”. Contará con la participación de invitados de honor como el grupo “Perú Andino”, Ricardo Delgado, Orlando Rojas, Kike Lucena, Andrea González, Enrique Capuano y Javier Samudio. Músicos con los cuales Ismael ha trabajado en estas 4 décadas.
La carrera de Ledesma ha sido vasta y se desarrolló en diversos países del mundo, en compañía de agrupaciones y la mayor parte de su vida como solista.
Cuarenta años de carrera internacional
Ismael Ledesma llegó a Francia en junio de 1982 invitado por su tío el músico Kike Lucena, quien ya residía en ese país. El primer día de su llegada Ledesma actuó en un barco de paseo por el río Sena, desde ese momento empezó su verdadera carrera como artista en el exterior.
Indicó que cuarenta años de carrera significan mucho para él ya que recuerda como empezó desde cero en Francia, con 10 dólares en su bolsillo. Explica que su personalidad inquieta, curiosa e independiente lo motivaron a explorar un nuevo mundo, a descubrir otras costumbres y sobre todo a experimentar una nueva manera de vivir lejos su país y de su familia.
Ismael señala que: “El balance es más que positivo, porque aprendí a sobrevivir en un país extraño y prácticamente sin ayuda alguna. Viví experiencias solo y asumí mi vida como artista, escalando posiciones. Empecé prácticamente en la calle, luego en pizzerías, restaurantes y hoteles hasta llegar a los grandes teatros. Mi anhelo era poder presentarme en los importantes escenarios del mundo y poder estar codo a codo con artistas de renombre. Hasta que lo logré y esas son las victorias que más me brindan satisfacción”.
Agrega también: “Superé mis traumas, mis complejos de inferioridad y me siento como un artista que ha cumplido y que ha alcanzado sus sueños, además siempre he trabajado para brindar la mejor imagen de la cultura de mi país, Paraguay. Vengo de una familia extremamente humilde, nunca olvido de dónde vengo. No buscaba ser una estrella, lo que siempre quise es obtener el respeto por lo que hago”.
Fueron cuarenta años de constante movimiento, aprendizaje y adaptación. Indicó que su carrera como solista continúa y ha encontrado la total conexión humana que buscaba con sus compañeros de Ysando Trío, Orlando Rojas y Andrea González, con quienes disfruta buenos momentos dentro y fuera del escenario.
En la época de pandemia, Ledesma se refugió en la creación, produciendo dos discos “Normandia” en 2021 e “Ismael Ledesma Symphonique” en el 2022. Finalmente, destaca que sigue creyendo en esa importante minoría que gusta de su música y que lo sigue alentando: “Solo quiero decir Gracias por acompañarme a llegar a estos 40 años de carrera internacional”.
Dejanos tu comentario
El arpa paraguaya y la necesidad de políticas que sostengan su práctica
- Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Archivo/Gentileza
Un esfuerzo por debatir la realidad del instrumento emblemático del folclore nacional se dio entre destacados cultores del mismo buscando acuerdos para defender su enseñanza y práctica a nivel país. Enseñanza académica, la posibilidad de llegar a escuelas y colegios, esfuerzos para la difusión, aparecen como propuestas para revitalizar la presencia de sus mágicas 36 cuerdas.
El gran maestro Marcos Lucena sostiene que “el arpa tiene la bendición de ser el instrumentos de los ángeles y está citado más de 40 veces en la Biblia. Es el instrumento más antiguo de cuerdas y de ella nacen todos los demás”, dice presentando a su compañera este ejecutor de arpa paraguaya y también de arpa clásica en la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA). Explica entonces que aunque existe una idea extendida de que hay un importante número de arpistas, no se sabe a ciencia cierta cuántos son en el país.
Recuerda su colega Martín Portillo que con Sonidos de la Tierra “habíamos organizado un recorrido y reunimos 420 arpistas, la mayoría estudiantes, pero también profesionales que eran aquí de la capital y el departamento Central, pero la verdad es que no sabría precisar un número nacional de arpistas”.
Alicia Brizuela, arpista y docente, apunta que “el panorama del arpa nacional es rico en tradición, pero enfrenta desafíos de visibilidad y profesionalización. Se estima que existen muchos ejecutores en el país, entre profesionales, estudiantes y aficionados, aunque la cifra exacta varía según las zonas. La mayoría se concentra en ámbitos culturales y festivales, pero aún falta un registro oficial que permita dimensionar con precisión la comunidad arpística”, señala.
Lo hace en el marco del conversatorio “Maestros del arpa paraguaya”, una iniciativa de la Asociación de Músicos del Paraguay (AMP) concebida como un espacio de encuentro, reflexión y aprendizaje en torno al instrumento que tuvo lugar en la semana en el salón auditorio Carlos Lara Bareiro de la institución.
“La expectativa es que surja un compromiso colectivo entre músicos, instituciones y autoridades para impulsar políticas públicas que fortalezcan la enseñanza y práctica del arpa”, expone.
TRADICIONES Y REALIDAD
El joven arpista Reynaldo “Koki” Cabañas recuerda que “generaciones atrás, la difusión y la enseñanza del arpa se daban de una forma mucho más orgánica. Se aprendía en el entorno cercano, a través de familiares, amigos o vecinos que tocaban. En las reuniones familiares era supercomún que se armaran esos momentos de peña, que en la práctica terminaban siendo una verdadera escuela, un aula viva de nuestra música popular”.
Apunta que “hoy en día la realidad es otra y la música folclórica ya no se difunde de la misma manera. Los espacios donde una persona puede ir a escuchar arpa paraguaya son muy pocos; se fueron reduciendo o quedaron casi inexistentes. Y esto influye muchísimo en el incentivo de un alumno para continuar con el estudio. De hecho, cada vez cuesta más lograr que un estudiante empiece con el arpa y, sobre todo, que sostenga el proceso en el tiempo”, explica.
A pesar de compartir ese cuadro de situación, Lucena entiende que “el arpa paraguaya se encuentra en su mejor momento. La cantidad de jóvenes que se inscriben en los conservatorios para estudiarla es impresionante”, destaca.
TÉCNICAS Y ESTUDIO
La idea de los arpistas es promover una formación técnica integral que abarque la lectoescritura, la armonía y la aplicación de técnicas clásicas y contemporáneas para darle mayor volumen al aprendizaje del instrumento.
Lucena destaca que Agustín Pío Barrios, Mangoré, es el mejor ejemplo: su técnica es clásica y con ella amplió las posibilidades de expresión y técnica en la guitarra creando una escuela guitarrística clásica paraguaya, que lo catapultó como uno de los genios de la guitarra universal y es estudiado en todos los conservatorios del mundo”.
“La lectoescritura es lo que permite al instrumentista descifrar repertorio de cualquier índole y poder ampliar su panorama de conocimiento. Tanto en repertorio universal como nacional, tener acceso a nuevas técnicas de ejecución del instrumento y también poder escribir nuevas creaciones. Es fundamental porque en Paraguay folclóricamente componemos de forma empírica no académica”.
Portillo agrega que “el conocimiento de la armonía y las técnicas clásicas y contemporáneas facilitan muchísimo el aprendizaje”.
Cabañas, que se formó en arpa clásica en Buenos Aires, comenta que “hay muchísimas técnicas que son compartidas, pero en el arpa clásica, con pedales, se fue acumulando casi toda la información de la historia de la música occidental. Hay muchísimos problemas técnicos a los cuales por ahí nos enfrentamos por primera vez los que tocamos las arpas folclóricas –ya sea paraguaya, llanera, jarocha– que ya fueron resueltos hace años atrás en la técnica clásica”, apunta.
“Desde cómo resolver una melodía, qué dedos utilizar para que sea más ‘fácil’ o cómo acompañar dependiendo el estilo y la época. La ventaja de estudiar o adentrarse en el mundo del arpa de pedales es que nos da muchísimas herramientas para poder después desarrollar casi cualquier estilo musical, ya que nos entrena para leer y escribir partituras específicamente para el instrumento en estilos muy diversos”, apunta.
QUÉ HACER A FUTURO
Brizuela entiende que, para desarrollar el instrumento, además de institucionalización se hace trascendente apostar a la formación docente. “Debemos tener maestros especializados, una mayor difusión cultural con más conciertos, festivales y espacios de promoción y una apuesta a la investigación y documentación creando archivos y estudios que fortalezcan la identidad del arpa nacional”, dice para ofrecer un marco general.
También “facilitar el acceso a instrumentos con programas de apoyo para que jóvenes puedan adquirir arpas, podría ser por ejemplo mediante la ayuda de empresas privadas”, propone.
Cabañas entiende que “haría falta un boom a nivel de marketing, mediático tal vez, para que vuelva a despertar el interés en el público general”. Igual sostiene que las variaciones en las formas pueden ayudar.
“En el arpa paraguaya hay un terreno muy virgen en cuanto a la información que encontramos disponible para poder abarcar distintos estilos de música y para luego poder tomar esas herramientas y crear lo propio, ya sean arreglos de música paraguaya o directamente tocar por ejemplo un standard de jazz. Por eso considero muy importante que el arpista también aprenda a tocar otro instrumento que ya tenga ‘incorporados’ esos distintos lenguajes. De esta forma, la adaptación y creación de esos lenguajes en el arpa puede darse de forma más orgánica”, señala.
Otro aspecto importante es “la internacionalización del arpa paraguaya. Sería bueno promover intercambios culturales, becas y presentaciones en el extranjero para posicionarla como símbolo de identidad. Esto no solo fortalecería la práctica local, sino que abriría oportunidades para que intérpretes nacionales se proyecten globalmente. De hecho, ya existen arpistas paraguayos en el exterior, pero es importante que las oportunidades se den a muchos más intérpretes”.
Portillo apunta que “la música evoluciona, es infinito esto, no te podría decir exactamente qué es lo que estaría faltando, pero todo es bienvenido y, por supuesto, lo que puedan ir desarrollando los jóvenes, la nueva generación”, dice para concluir pidiendo que estos espacios de discusión sobre el instrumento se vayan concretando “en diferentes lugares del país”.
El recuerdo de los maestros
“Estamos en una búsqueda constante para que el instrumento siempre esté presente”, dice Martín Portillo. El arpista destaca ese legado de Félix Pérez Cardozo, “que le puso en el escenario al arpa paraguaya como un instrumento protagonista porque antes en toda Latinoamérica se utilizaban las arpas como acompañamiento para cantos, coros de iglesias, etc.”.
A partir de allí, grandes ejecutores fueron perfeccionando técnicas y creando una obra profusa y atesorada por el pueblo “hasta que después vino el gran maestro Nicolás Caballero, que le dio un realce más elevado al arpa paraguaya utilizando los mediotonos mediante llaves especiales que creó al efecto”, recuerda.
Enseñar en colegios
Alicia Brizuela propone la inclusión formal del instrumento en los programas de estudio de escuelas y colegios del país y trabaja para ello en un proyecto que elevará próximamente a la Cámara de Diputados. “Requiere voluntad política y respaldo institucional”, apunta.
La docente recuerda que “una formación integral asegura que los estudiantes no solo aprendan a ejecutar el instrumento, sino también a comprender la música en su totalidad. La lectoescritura musical permite interpretar y crear partituras; la armonía desarrolla la capacidad de acompañar y componer; y las técnicas clásicas y contemporáneas brindan versatilidad, conectando tradición con innovación. Esto forma músicos completos, capaces de dialogar con diferentes estilos y escenarios.
Koki Cabañas agrega que “dominar estos recursos le otorga al artista un entendimiento más abarcativo, permitiéndole abordar diferentes estilos, y organizar ideas musicales coherentes para cada contexto, ya sea como solista, como acompañante o integrante de una agrupación. Asimismo, lo capacita para dejar un registro de su trabajo y compartirlo de forma práctica a través del lenguaje universal que implica la lectoescritura”.
Cabañas celebra lo ocurrido en el conversatorio porque “busca generar conciencia, abrir diálogo y construir consensos. La expectativa es que surja un compromiso colectivo entre músicos, instituciones y autoridades para impulsar políticas públicas que fortalezcan la enseñanza y práctica del arpa. También se espera que sea un espacio de inspiración, donde nuevas generaciones encuentren motivación para acercarse al instrumento”.
Del mismo participaron el maestro Papi Basaldúa, reconocido como Tesoro Vivo de la Nación, disertando sobre “el arpa paraguaya como bandera. Composición, itinerancia y legado”, aportando la perspectiva de más de cinco décadas de carrera internacional como embajador cultural.
Por su parte, Lucas Zaracho, integrante de la Orquesta Nacional de Música Popular Paraguaya (ONAMP), expuso sobre la composición y la experimentación en las nuevas rutas de itinerancia artística.
También lo hicieron Jorge Cáceres, arpista aregüeño conocido como Cigarro Po’i, con su charla “Trayectoria y transmisión del arpa paraguaya”, revisitando los códigos de la ejecución empírica y la identidad comunitaria, y el maestro Rito Pedersen, que resumió saberes de sus más de sesenta años de trayectoria.
Dejanos tu comentario
Félix Pérez Cardozo: la cuna del arpa que busca diversificar su economía
La caña de azúcar, el cultivo más representativo del distrito, así como la miel de caña.
A 186 kilómetros de la capital del país se encuentra el distrito de Félix Pérez Cardozo, una localidad del departamento de Guairá, con un gran potencial económico que busca atraer nuevas inversiones. La zona destaca por su alta actividad productiva, lo que la convierte en un punto para el desarrollo empresarial, proyectándose como destino para fortalecer y diversificar la economía local.
También conocida como “Cuna del arpa”, cuenta con unos 7.000 habitantes, según estimaciones locales. El intendente de la ciudad, Carlos Román Fernández, dijo a La Nación/Nación Media que la comunidad se dedica principalmente a la agricultura, la ganadería (vacuna, porcina, equina) y el bordado, siendo la caña de azúcar el cultivo más representativo del distrito, así como la miel de caña.
En la zona también se desarrollan huertas familiares y se cultivan maíz, poroto y maní, principalmente para consumo local. En cuanto a la producción de caña de azúcar, la mayoría de los productores registrados en el municipio poseen entre media hectárea y dos hectáreas y media, mientras que los productores más grandes llegan a manejar 10, 20 o incluso más de 30 hectáreas. Este cultivo constituye la principal fuente de trabajo del distrito, complementado por la producción de miel de caña, realizada de forma artesanal por varios productores locales con una cantidad de elaboración que varía según la temporada y la demanda semanal.
La tierra fértil disponible en la zona permite que la comunidad se enfoque principalmente en la agricultura, con un fuerte énfasis en la huerta familiar, cuyos productos se venden en Villarrica, tanto en mercados como en supermercados.
Otro sector económico importante es el bordado del aopo’i, actividad en la que participan tanto hombres como mujeres del distrito. Los productos confeccionados incluyen camisas, chombas, manteles, cubre manteles y camineros, los cuales se distribuyen principalmente en localidades cercanas como Yataity y Villarrica, e incluso en otras regiones del país. Actualmente, el distrito cuenta con alrededor de 70 a 80 bordadores activos de esta artesanía, mientras que en el rubro de la caña de azúcar existen 57 productores asociados y unas 130 familias involucradas en su cultivo. La producción de miel de caña es manejada por aproximadamente 6 ingenios, que trabajan en coordinación.
ATRACTIVOS TURÍSTICOS
En cuanto a los atractivos turísticos que reflejan su historia, cultura y tradiciones, posee uno de los sitios más visitados: el museo del ferrocarril, que además alberga una escuela de arpa. Así también, cuenta con un mausoleo donde descansan los restos de la figura emblemática del distrito, el arpista y compositor paraguayo Félix Pérez Cardozo, reconocido como el Rey del Arpa Paraguaya, quien dio origen al nombre de la ciudad.
Entre otros atractivos, posee una laguna muy visitada, así como espacios destinados a la pesca y la producción de artesanía, lo que convierten al distrito en un destino turístico que combina historia, cultura y naturaleza, atrayendo tanto a turistas como a visitantes locales.
El distrito recibe a una importante cantidad visitantes al año en lugares como el mausoleo y el museo. Además, cada año en setiembre se celebra tradicionalmente su festival en conmemoración a la fundación del distrito, en el marco de las fiestas patronales, atrayendo entre 4.000 y 5.000 personas y se proyecta que la concurrencia siga creciendo año tras año.
El intendente consideró fundamental la llegada de empresas o fábricas que generen empleo local, ya que se visualizan oportunidades especialmente en tecnología e industria, aprovechando la tierra fértil, el agua abundante y el capital humano capacitado que existe en la comunidad.
A su vez, dijo que se tienen puertas abiertas a los inversores y visitantes interesados en conocer y contribuir al crecimiento del distrito, ya que el objetivo es que la comunidad pueda desarrollarse, atraer inversiones y ofrecer un lugar donde tanto los habitantes como los nuevos proyectos puedan prosperar.
Dejanos tu comentario
Arpa paraguaya se luce en Dublín en festejos de St. Patrick’s Day
Compatriotas residentes en la capital irlandesa pusieron un toque de cultura paraguaya en la tradicional fiesta.
La cultura paraguaya se hizo sentir con fuerza el fin de semana en la capital irlandesa durante las celebraciones de San Patricio, donde la Comunidad de Paraguayos en Irlanda participó en un festival multicultural presentando música, danza y tradiciones del Paraguay ante un público internacional, según se informó.
La actividad se realizó en el emblemático parque St Stephen’s Green, uno de los espacios más representativos de la ciudad de Dublín, donde comunidades de distintos países compartieron expresiones culturales en el marco de las festividades nacionales de Irlanda.
En este escenario, la comunidad paraguaya ofreció una vibrante presentación artística que incluyó el sonido del arpa paraguaya por la artista Panambi Cáceres, la dulce voz de Noemí Sarubbi, danza tradicional, vestimenta típica y la distribución de la tradicional chipa paraguaya.
El sonido del arpa despertó la curiosidad y el entusiasmo del público presente. Su presencia también evocó una conexión cultural con Irlanda, país donde el arpa ocupa un lugar fundamental en su identidad nacional y en su historia.
BAILARINAS
Las bailarinas paraguayas aportaron color y entusiasmo al festival con coreografías tradicionales y trajes típicos que reflejan la riqueza del folklore nacional, generando aplausos y gran interés entre los asistentes.
La vestimenta tradicional utilizada en estas danzas también recuerda una conexión histórica entre Paraguay e Irlanda a través de Eliza Lynch, la mujer irlandesa que llegó al Paraguay en el siglo XIX y que con el tiempo se convirtió en una figura emblemática de la historia paraguaya.
Su legado continúa siendo un símbolo del vínculo histórico entre ambos países, un lazo que hoy también se refleja en los intercambios culturales y en la presencia de comunidades paraguayas que promueven su identidad y tradiciones en el exterior.
“La participación de la comunidad paraguaya representó, sin dudas, una oportunidad para compartir la riqueza cultural del país sudamericano con el público europeo, llevando la música, la danza y el sonido del arpa guaraní hasta el corazón de Dublín”, señala el material informativo.
Dejanos tu comentario
Kambapu, una reivindicación de la sonoridad afro en Paraguay
- Jimmi Peralta
- Fotos: Cristóbal Núñez
Con motivo del Día Internacional de la Música, que se celebró ayer 22 de noviembre en honor a santa Cecilia, el arpista paraguayo Francisco Giménez habla de sus inicios, su trayectoria y cómo su pasión por el arpa y el arte tienen algo de mística y mandato espiritual.
Ninguna historia es igual a otra y, sin embargo, las vidas parecen recorrer las mismas tramas una y otra vez. Son contadas variaciones las que constituyen a ese bucle, que en sí mismo o por acción de los ojos del intérprete parecerían dibujar el mismo trazo.
Si aquella frase “cuenta tu aldea y serás universal” expresa lo central de la relación íntima entre lo particular y lo universal, vale de todos modos detener esa homogeneización para ponerle un matiz: algunas historias, algunas aldeas, algunas personas son más parecidas entre sí que otras y contarlas posiblemente hable de sus iguales.
En la víspera se recordó a santa Cecilia, patrona de los músicos, y en nombre de ellos se presenta la historia de uno de sus representantes paraguayos, el arpista Francisco Giménez, destacado por su labor nacional e internacional, actualmente embanderado con su creación, el kambapu, un género de música paraguaya que fusiona la galopa, la polca y los ritmos afroparaguayos.
INICIOS
Nacido en Villarrica, Francisco tuvo como primera pasión al fútbol. Pero finalmente él, al igual que su padre carpintero y poeta y su madre artesana textil, usaría las manos para su arte y su oficio.
“Mi tío era arpista, él vivía con nosotros en casa y tocaba el arpa de tanto en tanto en Villarrica. Mi tío me quería enseñar y yo le decía que no. Yo andaba detrás de la pelota”, comenta Francisco.
Aquel hermano de su madre de alguna forma, y a pesar de estar convaleciente, fue dejando señales en el camino que concluirían por ser la hoja de ruta de Giménez. “Un año antes de fallecer mi tío, Luis Bordón fue a hacer un concierto en Villarrica. Papá fue a pedirle que lo visitara en nuestra casa, porque tío era un admirador suyo, pero por su salud no iba a poder ir al concierto. Fueron a mi casa, tocaron ahí para él. Yo no le daba mucha pelota a esas personas”, narra. “Tío murió un 23 de diciembre. Al día siguiente un vecino nuestro nos invitó a pasar la Navidad en su casa para que no pasemos solos esos momentos. Y de repente el vecino este, don Cristaldo, prendió su tocadisco y puso un LP, ahí comenzaron a sonar unos villancicos navideños en arpa. Esa fue la primera vez que me llamó el sonido del arpa de Luis Bordón y me acerqué al parlante”, continúa.
En ese momento, el padre de Francisco se percató de que el encanto de aquel sonido había tocado la piel de ese niño de 12 años. Ahí mismo nace un acuerdo familiar: iba a empezar a estudiar por tres meses y, de acuerdo con su rendimiento, iba a seguir o no. ¿Dónde conseguiría para su arpa? Aquel tío había dejado una carta heredando su único bien al niño, su arpa.
JOVEN DESTACADO
Rápidamente logró aprender las primeras técnicas, comenzó a escuchar de día y de noche los cassettes que podía comprarse de Luis Bordón en un hogar cargado de música paraguaya. Su debut escénico fue el aniversario de Radio Guairá.
Ya a los 16 años, Diego Sánchez Haase, por entonces arpista y estudiante de armonía los fines de semana en Asunción, lo invitó a participar de un concurso de arpa en la capital.
“Me inscribí, papá me dijo ‘no importa si no ganamos’. Yo vine a conocer a las grandes figuras del jurado. Toqué ‘Che noviakuemi’, de Herminio Giménez, ‘Canto de pajarito’, de Luis Bordón, y ‘Pájaro campana’. Finalmente gané ese concurso y obtuve dos viajes y un arpa como premio”, recuerda.
Ese concurso fue la bisagra que abriría un nuevo universo en la relación de Francisco con su arpa.
“Y a partir de ese premio venía todos los fines de semana a tocar a Asunción en un local que se llamaba Peña Kapi’i. Me acuerdo que ganaba 10.000 guaraníes por noche en aquella época. Me acuerdo que el pasaje desde Villarrica estaba 2.500. Venía y tocaba jueves, viernes y sábado. Después ya tocaba en cuatro a cinco locales en una noche”, rememora sobre cómo se convirtió en un músico profesional, misión que estaba explícita en aquel acuerdo con su padre, que le había dicho que el apoyo familiar dependía de su compromiso profesional con el instrumento, sujeto a una amenaza si es que tomaba el camino de la bohemia. “Ahapýta ndehegui la nde arpa” (voy a quemar tu arpa), le habría dicho. El pacto con su madre era terminar el colegio.
INTERNACIONAL
“Yo, desde el momento que empecé con la música, me mentalicé y mis padres me mentalizaron de que tenía que salir de acá para perfeccionarme, no tenía que pensar en quedarme en Paraguay”, refiere.
Sus primeros años fuera del país fueron seis. Desde Suiza desarrolló una carrera que incluía al resto del continente europeo. Primero integró el dúo Pérez y Pérez, de Andrés y Lorenzo Pérez. Después trabajó con Rubén Domínguez y luego con Lucho Martínez.
“Lo que se recreaba por entonces era el estilo y el repertorio que había metido (Luis Alberto del) Paraná en el mercado europeo. Era la época que recién empezaban a salir los discos compactos. La Phillips de aquella época reeditó todas las grabaciones de Paraná en formato CD. Entonces, estaba nuevamente en un apogeo”, recuerda.
EL RETORNO
“Vine en el 96, trabajé con Safuán. Aprendí todo de la avanzada con él, la música como producto para un mercado. El equilibrio entre el estudio y el gusto”, comenta y presenta en su historia un eje en su formación y su presente, Óscar Nelson Safuán.
“Cuando estaba en el extranjero empecé a componer, fueron cuatro temas en avanzada. Quería mostrarle a Safuán al llegar a Paraguay y se organizó una locreada para que le pueda mostrar. ‘Iporã’ (es lindo), me dijo… y grabamos. A muchos les gustó y a muchos no les gustó”, recuerda sobre cómo surgió su disco “Francisco Giménez y su joven arpa”.
Desde ese momento la vida laboral del arpista estaba creciendo, con trabajos contantes en Buenos Aires, donde el tipo de cambio lo favorecía, podía vivir en su tierra y hacer lo que le gustaba.
“El disco que más satisfacción me dio fue el disco grabado para Telecel en aquella época, 1998. En una sola tirada se distribuyeron 70.000 copias en una misma semana y reclamaron algunos usuarios. A las dos semanas aumentaron la tirada y con eso llegaron a 100.000 copias. Hasta hoy nunca más se editó esa cantidad en una sola tirada. Y satisfacción en la parte económica también, hasta hoy me sigue dando regalías aquel disco”, comenta sobre un apogeo celebrativo de su carrera.
EL KAMBAPU
“Recuerdo que con Safuán grabamos dos temas de Mauricio Cardozo Ocampo y Sánchez Quell, ‘Kamba la Mercé’ y ‘San Baltazar’. Y la grabación se hizo con acompañamiento de tamboriles de Kamba Kua. Y yo hice la parte del arpa. En ese proceso se me acerca Safuán y me dice ‘Kamba Kua ko Francisco ha’e peteî fuente rítmica muy importante (Francisco, Kamba Kua es una fuente rítmica muy importante), hay que investigar ahí a ver qué puede salir, es algo paraguayo también’. En ese momento me dijo eso a mí. Eso me entró en un oído y me salió por el otro”, confiesa. Pero lo que le dijo su maestro no terminó de salir de su mente y, tras su muerte, se habría hecho aún más presente aquella expresión.
“Fui a Europa. Pasado un tiempo me puse a pensar en eso y me prometí ir a Kamba Kua a conocer. Ahí conocí a Lázaro Medina y me mostraron los distintos ritmos rituales que tienen. Después me puse nuevamente a escuchar ‘San Baltazar’, de Mauricio Cardozo Ocampo. Escuché algo que no había escuchado antes. Hay tres compases con acentuaciones afro en la introducción, pero él no lo hace ahí con percusión, sino con el arco del violín”, comenta.
De esta asimilación Francisco se convirtió en el creador de un nuevo género de la música paraguaya llamado kambapu, una propuesta que vincula y pone sobre la mesa la cultura afrodescendiente del Paraguay.
“Este proyecto primero fue como un mandato que me había dado Safuán. Después comencé a investigar sobre la historia y la cultura afro. En el mismo libro de Mauricio Cardozo Ocampo se habla de la influencia afro en la música paraguaya, especialmente en las galopas. Esa investigación me ayudó muchísimo para fundamentar históricamente mi trabajo. Yo no quería una música africana en Paraguay, quería música paraguaya, pero que se sienta una reminiscencia de la presencia afro dentro de nuestra cultura”, puntualiza.
Lo que empezó como una curiosidad pasó a ser una reivindicación de una “cultura que siempre estuvo tapada. Intencionado o no, nunca se le reconoció a esta cultura la importancia que tiene y el grado de porcentaje de influencia que registra en nuestra cultura nacional para la conformación del ser paraguayo”, sentencia.
RASTROS RÍTMICOS DE LA SONORIDAD AFRICANA
La musicología encuentra rastros rítmicos de la sonoridad africana en la música paraguaya y ese era un camino no solo interesante de seguir para Francisco, sino que al mismo tiempo justo.
“La galopa tiene un ritmo de bombo que es, según Cardozo Ocampo, de origen afro. Sobre esa base traté de fusionar la polca con uno de los ritmos de Kamba Kua que ellos llaman santo sapatu. Entonces, lo que hice fue llevar esas figuras del bombo de la galopa a las notas del bajo, después juntar el sonido de santo sapatu. Es así que un compás se compone de mitad polca, mitad afro. La melodía la planteo sobre esta base, con más énfasis en lo rítmico, bien sincopado, como un hermanito menor de la guarania y la avanzada”, graficó.
Así empezó el kambapu, con cuatro composiciones que vinieron de una necesidad y después de una misión social. La historia de kambapu se encuentra desarrollada en un par de entregas documentales realizadas por su compañera, Lucy Morínigo, disponibles en Youtube.
El arte heredado, la familia, la pasión temprana, el talento, los desafíos, el desarraigo, el aprendizaje y una nueva propuesta de identidad dibujan la historia de Francisco Giménez, una historia que representa a tantos otros músicos paraguayos.
LO QUE MÁS LE COSTÓ
El mercado local reducido hizo que por generaciones no pueda desarrollarse en el país una industria cultural, lo que obligó a muchos talentosos a elegir entre abandonar su pasión o su tierra. Por eso, el éxito y el desarrollo internacional de los artistas pueden tener un reverso difícil.
“Yo intenté varias veces radicarme en mi país. Cuando no venía bien la cosa, volvía a hacer giras nuevamente. Lo más difícil es reinsertarse después de estar largas temporadas afuera, en varios sentidos. En ese tiempo no había redes sociales y para reinsertarte dentro del ambiente artístico de nuevo y para laburar era todo un tema, porque tenía que venir y promocionar que estaba de nuevo en el país. Y volver a entrar en el circuito es muy difícil, es como comenzar de nuevo. Después me puse a pensar ‘yo no puedo vivir con un pie acá y el otro allá’. Tuve que decidirme. Y finalmente me quedé acá, pero costó. Uno decide quedarse, pero de repente aparece una tentación, una buena oferta, pero si toma la oferta se queda con la incertidumbre de no saber qué hacer al volver”, concluye.