Muchos de nuestros hábitos diarios condicionan nuestra postura; desde pasar largas horas sentadas frente a la computadora trabajando, hasta nuestra manera de pararnos para caminar y realizar actividades.

Desde chicas nos enseñaron a no “andar jorobadas”, y a “sentarnos bien”, pero ¿cómo logramos la postura correcta? Es algo que debe educarse día a día, no basta con pararse frente al espejo y decidir andar rectas por la vida.

Y esto puede desarrollarse a través de ejercicios, habilidades físicas y una actitud positiva. “La postura incide en nuestro sistema respiratorio, circulatorio, digestivo, musculoesquelético y emocional”, afirma Mariel Bobek, referente del Low Pressure Fitness.

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Un método nació en el 2014 de la mano de Tamara Rial y Piti Pinsach, ante la necesidad de un cambio en el modo de entrenar la zona media del cuerpo. Un estudio realizado por Stuart McGill, profesor de biomecánica de la columna vertebral en la Universidad de Waterloo, Canadá; explica que los abdominales tradicionales puede ser perjudiciales para la espalda.

¿En qué consiste?

El Low Pressure Fitness (LPF) consiste en un entrenamiento global, donde se re-educa la postura, la respiración y la conciencia corporal. El objetivo de este método es fortalecer la zona media del cuerpo para que responda mejor al aumento de presión en la cavidad torácica, abdominal y pélvica.

“Explicado de manera simple: Nuestros órganos, por el sólo hecho de latir, producen una presión interna que intenta salir. Imaginate si a esa presión natural le sumás los esfuerzos de levantar peso, deportes de impacto, un embarazo, o simplemente el paso del tiempo”, explica Bobek en su cuenta de Instagram.

“¿Cómo se contiene esa presión? Con un abdomen bien programado, un diafragma flexible y un suelo pélvico capaz de sostener los órganos internos. ¿Qué podría pasar si no nos ocupamos de disminuir esa presión interna? Generar hernias, incontinencia urinaria, prolapsos, diástasis, déficit en los patrones respiratorios y circulatorios, entre otras patología”, agrega.

El LPF realiza a través de ejercicios posturales y técnicas de respiración hipopresivas. Como toda disciplina posee varios niveles. Una vez que se aprenden las posturas y los patrones respiratorios, le siguen los ejercicios con mayor intensidad.

Entre sus beneficios están el tonificar los músculos profundos del abdomen y otorgar flexibilidad a aquellos que tienden a la contracción como, por ejemplo, el diafragma. También estabiliza la columna.

Al tener una postura correcta se alivian los dolores de espalda y se eliminan los malos hábitos adquiridos por el sedentarismo. Fortalece los abdominales y el suelo pélvico, evitando por ejemplo la incontinencia.

Mejora el estado anímico en general. Al respirar correctamente enviamos suficiente oxígeno al cerebro y le ayudamos a gestionar mejor el estrés y la ansiedad. Al relajar el diafragma, mejora los procesos digestivos y esto favorece al tránsito intestinal.