“Cuando no tengas motivación, deberás ser disciplinado”, es una frase dicha por muchos entrenadores a sus alumnos. A todos nos emociona empezar una actividad nueva. Arrancar es el paso más sencillo, el desafío es ser constante.
Por: Natalia Delgado
Para una persona que nunca realizó actividad física, elegir puede ser agotador. Existen muchas disciplinas para realizar, desde baile hasta el crossfit. Correr o nadar. La cuestión es elegir una que se adapte a nuestra rutina diaria y empezar.
Si se acierta con el ejercicio seleccionado, puede ser que durante la primer etapa permanezca la constancia, pero ¿cómo se mantiene esa motivación a lo largo del tiempo?
Dejar de pensar en el ejercicio como tal, y mentalizarnos que lo hacemos porque es tiempo de que nos dedicamos a nosotras mismas es un comienzo. Hay días que cuesta salir de casa, que la cama y una película son mucho más tentadoras que ir a entrenar, pero saber identificar la necesidad real de un descanso a diferencia de la pereza es fundamental.
Incentivarse con factores externos es otra opción. Desde pensar en el objetivo que buscamos, recordar como nos sentíamos antes de empezar a entrenar, incluso las amistades que creamos con las personas que hacen lo mismo y hasta la sensación de satisfacción que sentimos cuando volvemos a casa después de nuestra actividad ayudará a motivarnos.
Para que la pereza y las excusas no ganen hay que priorizar el ejercicio como algo importante del día a día. Muchas veces se elige faltar porque surge un plan poco importante un rato antes. Si pensamos en entrenar como una prioridad, no lo será y con el paso del tiempo se volverá a abandonar el hábito.
En el caso de que no podamos faltar a compromisos sociales, ser flexible también ayuda a mantener la rutina. Esto quiere decir que, si siempre entrenas a la noche, y te sale un happy hour con la gente del trabajo, lo mejor sería que busques otro horario para entrenar.
Si se tuvo un mal día, el cansancio es abrumador o simplemente no hay ganas, hacer ejercicio es exactamente lo que se necesita para sentirse mejor. Entrenar produce hormonas de alivio y felicidad en el cuerpo, ayudando a eliminar el estrés y las tensiones, otro motivo más para pensar en la actividad como una prioridad.
Y ahora, ¿qué tal para arrancar de vuelta el entrenamiento con una mentalidad renovada?
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Un instrumento para la paz
- Por Marcelo Pedroza
- Psicólogo y magíster en Educación
- mpedroza20@hotmail.com
En la concepción de Crisipo de Solos (281 a. C. - 208 a. C.), filósofo griego y una figura relevante de la escuela estoica antigua, la lógica no constituye un ejercicio meramente abstracto ni una disciplina separada del resto de la filosofía. Por el contrario, forma parte de una estructura orgánica en la que se encuentra unida a la física y a la ética.
Y tiene como finalidad principal examinar la corrección de los juicios humanos, ya que es precisamente en el ámbito del juicio donde se origina la orientación de la conducta. De este modo, la lógica no se limita a establecer reglas formales del razonamiento, sino que se convierte en un instrumento destinado a ordenar la vida racional del ser humano.
La razón de esta función ética de la lógica radica en la idea estoica del conocimiento y de la acción. Crisipo, quien también es considerado fundador de la gramática como disciplina específica en Grecia, sostenía que los seres humanos no se ven perturbados por los acontecimientos en sí mismos, sino por los juicios que elaboran acerca de ellos. Las impresiones que llegan al alma requieren siempre un acto de asentimiento por parte de la razón. Cuando este asentimiento se concede de manera precipitada o errónea, surgen los juicios falsos y, con ellos, las pasiones que desordenan la vida interior. En cambio, cuando el juicio se formula de acuerdo con la razón, el alma conserva su equilibrio y la acción se orienta hacia la virtud. Así, la lógica cumple una función decisiva: educar la facultad de juzgar para evitar el error que conduce a la perturbación del alma.
Esta relación entre pensamiento y acción revela por qué la lógica posee una dimensión profundamente ética. La rectitud del razonamiento no solo asegura la coherencia intelectual, sino que también constituye la base de la vida moral. El ser humano que aprende a juzgar correctamente aprende al mismo tiempo a gobernarse a sí mismo. En esta perspectiva, el dominio del pensamiento se convierte en el fundamento del dominio de las pasiones y de la conducta justa.
La ética estoica se articula además con una visión del mundo profundamente unitaria. El cosmos se encuentra atravesado por una razón universal que ordena todas las cosas. El ser humano participa de esa racionalidad cósmica y, por ello, posee una dignidad particular dentro del orden natural. Vivir conforme a la naturaleza significa morar acorde a esa razón universal que también habita en el interior del alma humana. De este principio surge una dimensión moral que se expresa en el respeto hacia uno mismo y hacia los demás. Respetarse a sí mismo implica no traicionar la propia naturaleza racional mediante juicios falsos o pasiones desordenadas; respetar a los otros supone reconocer que todos los seres humanos participan de la misma razón universal.
Desde esta perspectiva, la paz entre los seres humanos no es simplemente un ideal político o social, sino una consecuencia directa de la comprensión filosófica de la naturaleza humana. Cuando los individuos reconocen que todos comparten la misma racionalidad fundamental, desaparece la raíz de muchos conflictos basados en el error, la ignorancia o el juicio precipitado. La lógica, al educar la razón y corregir los juicios, contribuye indirectamente a la armonía entre los hombres, pues reduce las pasiones que suelen originar la discordia.
Esta concepción se encuentra estrechamente vinculada con la teoría estoica del alma. Para Crisipo, el alma no es una sustancia separada del cuerpo, sino una realidad material compuesta de pneuma, un soplo vital que organiza y vivifica el organismo. En el ser humano este pneuma alcanza su grado más elevado de perfección al manifestarse como razón. El alma posee diversas funciones –percepción, pensamiento, memoria e impulso hacia la acción–, pero todas dependen de un principio rector denominado hegemonikón, el centro directivo donde se producen los juicios y se otorga o se niega el asentimiento a las impresiones.
El equilibrio moral depende precisamente del correcto funcionamiento de este principio rector. Cuando el hegemonikón ejerce su función racional de manera adecuada, el alma mantiene su armonía y las acciones del individuo se orientan hacia la virtud. Por el contrario, cuando el juicio se deja arrastrar por impresiones engañosas, el alma se desordena y surgen las pasiones que conducen al conflicto interior y exterior. Así, la lógica aparece nuevamente como una disciplina indispensable, ya que permite educar la capacidad del alma para juzgar con claridad.
En este sentido, el pensamiento de Crisipo muestra una profunda unidad entre lógica, antropología y ética. La corrección del razonamiento no es un ejercicio puramente intelectual, sino una práctica destinada a preservar la armonía del alma y a orientar la convivencia humana.
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5 hábitos a evitar para mantener la salud digestiva
Cuidar la salud digestiva no solo depende de lo que se come, sino también de los hábitos cotidianos. La gastroenteróloga Juliana Suárez compartió una serie de prácticas que, desde su experiencia clínica, prefiere evitar para mantener el buen funcionamiento del sistema gastrointestinal.
La especialista enfatiza que muchas molestias digestivas pueden prevenirse con conductas simples y advierte sobre errores frecuentes que, a largo plazo, pueden generar complicaciones.
1. Saltarse el desayuno
Según Suárez, la primera comida del día activa el reflejo gastrocólico, un mecanismo que pone en movimiento el sistema digestivo, especialmente el colon. Permanecer demasiadas horas con el estómago vacío puede agravar cuadros de dispepsia y dificultar el tránsito intestinal.
2. Automedicarse por períodos prolongados
El uso sostenido de fármacos para la acidez, la diarrea, el estreñimiento o el dolor abdominal sin supervisión médica puede ocultar la causa real del problema. “Los síntomas digestivos siempre tienen un origen y taparlos con medicamentos sin un diagnóstico puede significar perder tiempo valioso”, advierte.
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3. Reducir el consumo de frutas y verduras
Eliminar estos alimentos —muchas veces por seguir dietas de moda— puede generar un déficit de fibra y alterar la microbiota intestinal. La especialista recomienda priorizar alimentos frescos y disminuir el consumo de ultraprocesados y grasas saturadas para favorecer el equilibrio digestivo.
4. Permanecer demasiado tiempo en el inodoro
Forzar la evacuación durante largos períodos no es recomendable. Suárez aconseja no permanecer más de cinco minutos, ya que pujar en exceso puede dañar los músculos del piso pélvico y aumentar el riesgo de hemorroides, desgarros o prolapsos.
5. Realizar “limpiezas” de colon
Las prácticas como enemas de café o preparados caseros carecen de sustento médico y pueden provocar complicaciones. “El colon y el hígado no necesitan limpiezas, se depuran solos”, subraya la profesional. En caso de estreñimiento, lo indicado es tratar la causa y no recurrir a soluciones extremas.
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Prevención antes que corrección
Para la gastroenteróloga, el enfoque debe centrarse en la prevención. Mantener una alimentación rica en fibra, hidratarse adecuadamente y consultar ante síntomas persistentes son pilares para preservar la salud digestiva.
Pequeños cambios en la rutina pueden marcar una gran diferencia, especialmente en un contexto donde los trastornos gastrointestinales son cada vez más frecuentes.
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El arte de transformarnos 1 % a la vez
Gabriela Teasdale
Presidenta de la Fundación Transformación Paraguay
Iniciamos un nuevo año y con él llega ese ritual casi automático de escribir metas. Nos llenamos de ilusión, pero seamos honestos, muchas veces tenemos sueños altísimos, pero hábitos bajísimos. Queremos resultados extraordinarios, pero nuestro nivel de compromiso con nosotros mismos no siempre está a la altura de lo que soñamos.
Si hoy mirás a tu alrededor te vas a dar cuenta de algo revelador. Tu cuenta bancaria es un indicador reactivo de tus hábitos financieros. Tu peso actual es un indicador reactivo de tus hábitos alimenticios. Incluso el orden de tu casa es un indicador de tus hábitos de limpieza. En definitiva no obtenemos simplemente lo que deseamos sino que obtenemos lo que somos según nuestros procesos diarios. Si tenemos metas altas pero hábitos bajos, lo más probable es que cosechemos más consecuencias negativas que resultados positivos.
Para que este año no sea simplemente más de lo mismo quiero invitarte a pasar de la rutina fría al ritual con propósito. James Clear, autor de Hábitos Atómicos, explica que para que un hábito se mantenga el ciclo debe ser obvio, atractivo, sencillo y satisfactorio. Sin embargo, antes de la técnica, necesitamos entender qué hay en el fondo de nuestras acciones.
Imaginá tu vida como un árbol donde los frutos son tus resultados. Si tu meta es la libertad financiera pero tus frutos son deudas, de nada sirve intentar cambiar el fruto a la fuerza. Tenés que ir a la raíz y revisar los valores que te mueven. Si tu valor raíz no es la abundancia, el tronco que representa a tus hábitos será siempre débil. Para cosechar prosperidad primero tenés que ser una persona que valora la abundancia, porque solo así el hábito de ahorrar o controlar tus gastos fluirá naturalmente. Si tus valores no sostienen tu meta, el hábito se vuelve una carga superficial que se termina abandonando.
A veces nos paralizamos porque la meta parece una montaña inalcanzable, olvidando que el éxito es el residuo de mejorar apenas un 1% cada día. En ese pequeño avance es donde la disciplina le gana a la emoción. Esos días donde el cansancio o la falta de tiempo aparezcan y la mente te susurre que abandones, aplicá la regla de los 5 segundos de Mel Robbins. Contás 5-4-3-2-1 y pasás a la acción sin negociar con tu comodidad.
Honrar la vida significa entender que no hay tiempo que perder, que se trata de construir incluso cuando no hay ganas y que todo se centra en el “¿Quién soy?”, tu identidad. Para tener más claridad sobre este proceso, dejame decirte que existen tres niveles de cambio que son los resultados que obtenés, los procesos que hacés y la identidad en lo que creés. La mayoría se enfoca solo en el resultado, pero la verdadera transformación es de adentro hacia afuera. No se trata solo de leer un libro sino de convertirte en un lector. Cuando cambias tu creencia sobre quién sos, el hábito deja de ser una lucha y se convierte en una expresión de tu identidad.
Este 2026 te desafío a que te conozcas más para alinear tus valores con tus metas. El autoconocimiento es la base de la constancia y la disciplina es, en el fondo, una forma de amor propio. Es decirte a vos mismo que valorás tanto tu propósito que no te vas a fallar. Que este nuevo año nos encuentre construyendo desde la raíz y honrando nuestra existencia con hábitos que reflejen la luz y el potencial que ya habita en nosotros.
¡Feliz 2026!
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La disciplina como arma: El liderazgo que produce resultados, aunque caiga mal
Claudio Laterza
CEO de Banco Basa
En tiempos recientes, el liderazgo se ha contaminado de un discurso blando, optimista y peligrosamente ingenuo. Se nos dice que un buen líder debe ser agradable, flexible, comprensivo, siempre accesible. Una figura casi terapéutica.
Pero la historia y la filosofía estratégica son claras: la disciplina, no la simpatía, es lo que sostiene a un equipo bajo presión. Y en un mundo corporativo donde la presión es permanente, el líder que evita la incomodidad está condenado a producir resultados mediocres.
Los grandes estrategas jamás confundieron liderazgo con popularidad. Sun Tzu afirmaba que el comandante que no impone orden en su ejército no solo fracasa: traiciona a sus propios soldados. Clausewitz veía la disciplina como antídoto contra la fricción -esa fuerza caótica que destruye incluso los planes mejor diseñados-. Y Maquiavelo advertía que un líder preocupado por caer bien inevitablemente cae primero.
La disciplina tiene mala reputación porque incomoda. Obliga a la confrontación, exige estándares, expone incompetencias y elimina excusas. Pero esa incomodidad es exactamente el punto. Nada grande se construye sin tensión. Nada excelente se logra sin rigor. El líder que se disculpa por exigir calidad o puntualidad está confesando que le importa más la aprobación social que el resultado estratégico.
Un equipo disciplinado no es un equipo militarizado; es un equipo orientado hacia el propósito, donde las reglas existen para proteger la misión, no los egos. La disciplina libera energía: elimina la necesidad de renegociar expectativas, cierra espacios a la ambigüedad, reduce la fricción interna y crea un entorno donde las personas saben exactamente qué se espera de ellas.La libertad real -la de ejecutar con autonomía y confianza- solo existe cuando hay límites claros.
Convertir la disciplina en un arma estratégica implica tres acciones concretas:
1. Establecer estándares innegociables.No se trata de microgestión; se trata de definir qué nivel de excelencia es aceptable y qué comportamientos no tienen espacio en la operación. Un estándar ambiguo es un equipo desorganizado.
2. Practicar la corrección inmediata. El error repetido no es un error: es incompetencia tolerada. Corregir en el momento no es agresión; es respeto por el equipo. La omisión silenciosa es la verdadera falta ética.
3. Mantener coherencia incluso cuando desgasta. La disciplina que solo existe cuando es cómoda no es disciplina: es teatro. La consistencia bajo presión es el pilar del liderazgo confiable y la fuente silenciosa de autoridad.
El costo de este enfoque es evidente: no todos te van a querer. Algunos incluso te van a resistir, sabotear o criticar. La disciplina revela quién está comprometido y quién solo está ocupando un espacio. Pero el líder estratégico entiende que la aprobación pasajera es irrelevante comparada con la credibilidad que nace de los resultados.
La simpatía es volátil. El respeto se construye. Y en cualquier organización que aspire a competir en mercados reales -no en simulacros corporativos- la disciplina es el arma que marca la diferencia entre un equipo que apenas sobrevive y uno que conquista terreno.
Porque al final, el liderazgo no se mide por cuántas sonrisas genera, sino por la claridad, la fuerza y los resultados que deja en su camino.