“Cuando no tengas motivación, deberás ser disciplinado”, es una frase dicha por muchos entrenadores a sus alumnos. A todos nos emociona empezar una actividad nueva. Arrancar es el paso más sencillo, el desafío es ser constante.
Por: Natalia Delgado
Para una persona que nunca realizó actividad física, elegir puede ser agotador. Existen muchas disciplinas para realizar, desde baile hasta el crossfit. Correr o nadar. La cuestión es elegir una que se adapte a nuestra rutina diaria y empezar.
Si se acierta con el ejercicio seleccionado, puede ser que durante la primer etapa permanezca la constancia, pero ¿cómo se mantiene esa motivación a lo largo del tiempo?
Dejar de pensar en el ejercicio como tal, y mentalizarnos que lo hacemos porque es tiempo de que nos dedicamos a nosotras mismas es un comienzo. Hay días que cuesta salir de casa, que la cama y una película son mucho más tentadoras que ir a entrenar, pero saber identificar la necesidad real de un descanso a diferencia de la pereza es fundamental.
Incentivarse con factores externos es otra opción. Desde pensar en el objetivo que buscamos, recordar como nos sentíamos antes de empezar a entrenar, incluso las amistades que creamos con las personas que hacen lo mismo y hasta la sensación de satisfacción que sentimos cuando volvemos a casa después de nuestra actividad ayudará a motivarnos.
Para que la pereza y las excusas no ganen hay que priorizar el ejercicio como algo importante del día a día. Muchas veces se elige faltar porque surge un plan poco importante un rato antes. Si pensamos en entrenar como una prioridad, no lo será y con el paso del tiempo se volverá a abandonar el hábito.
En el caso de que no podamos faltar a compromisos sociales, ser flexible también ayuda a mantener la rutina. Esto quiere decir que, si siempre entrenas a la noche, y te sale un happy hour con la gente del trabajo, lo mejor sería que busques otro horario para entrenar.
Si se tuvo un mal día, el cansancio es abrumador o simplemente no hay ganas, hacer ejercicio es exactamente lo que se necesita para sentirse mejor. Entrenar produce hormonas de alivio y felicidad en el cuerpo, ayudando a eliminar el estrés y las tensiones, otro motivo más para pensar en la actividad como una prioridad.
Y ahora, ¿qué tal para arrancar de vuelta el entrenamiento con una mentalidad renovada?

